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Una vez escuché decir que no hay nada permanente.... excepto el cambio. Ésta se hizo una frase que empecé
a tomarla como mía. Significó que no tenía que oponerme, ni asustarme de las cosas que van transformándose
y cambiando, sino que es parte del juego de la vida. Me ayudó a tomar las cosas de otro modo. Un poco a la espera
y otro poco con inquietud de saber qué nos depara el destino.
Si el mundo cambia es lógico que nosotros como seres que sobrevivimos durante mucho tiempo a los cambios del mundo, también cambiemos, porque eso es parte de la adaptación para la que estamos preparados. Esa preparación puede tener raíces en lo genético si es que es posible atribuirle a la genética el gobierno de todos los procesos de la evolución de la vida. ¿Habrá un sustrato genético que promueva los cambios para sobrevivir en este mundo hipercambiante?. Es posible que si pero también queda lugar a dudas. Pienso que en realidad estamos sometidos a un frenético cambio psicológico como nunca estuvo las especie humana desde los comienzos de su existencia, y tal vez sin precedentes respecto a cualquier cambio que el ser humano haya tenido que tolerar en su historia de evolución. Estamos "preparados" para adaptarnos a esto que estamos viviendo, y eso realmente da cuenta de la plasticidad de la que estamos "hechos", y me parece que semejante poder de adaptación va más allá de lo genético, porque no podría justificarse que genéticamente estemos capacitados para algo, cuando nunca en las historia del ser humano hubo un "entrenamiento" para que los genes adquirieran "experiencia" de tanto cambio. Parece que si no podemos justificar del todo nuestro sistema adaptativo a los genes, deberíamos mirar para otro lado en nuestra búsqueda sobre el porqué somos tan plásticos y adaptables. Y acá es donde se abre un interrogante al que siempre llegamos cuando queremos ahondar más en la mayoría de los temas que el hombre plantea para dilucidar sus dudas existenciales: lo que va más allá de lo físico. Nunca tuvo el hombre experiencias para adaptarse a convivir con miles de radiofrecuencias circulando alrededor, radiaciones de muchos tipos, emociones desencadenadas por la gran cantidad de percepciones diferentes cada día, y muchos otros eventos a los que nos somete la vida en ciudades como las actuales. Pero aun así nos adaptamos, sin experiencia previa... Lo que me planteo es saber es si lo psíquico cambia lo físico o es al contrario. Que tienen relación, no hay duda. Es una especie de querer saber si está primero el huevo o la gallina. Creo que si apelamos al poder de la imaginación, donde todo es posible, podríamos decir que lo que gobierna lo "físico" es el poder de la mente. Toda invención o proyecto se empieza imaginándolo. Una vez imaginado puede plasmarse en el mundo real. Una necesidad nos impulsa a imaginar una solución. Tal vez haya detractores a esta postura, sabemos que en el ámbito científico está lleno de necios incorregibles en busca de pruebas que ya tienen ante sus vistas. Sería muy arriesgado de mi parte tratar de inquirir sobre de dónde viene la imaginación, porque tal vez tenga que incursionar en algún tema escabroso y eso es más complicado todavía. Lo cierto es que tenemos un gran poder, que permite que salgamos triunfantes a todo requerimiento de transformación. Con imaginación, todo cambio es posible, no tengo dudas de ello. Si no nos "pensáramos" como viviendo en una sociedad como la actual, no podríamos estar haciéndolo. Y como lo único permanente es el cambio, deberíamos aceitar bien la imaginación, y decir que para salir airoso en este mundo tan cambiante, lo único permanente debe ser tener siempre a disponibilidad el recurso de nuestra imaginación que nos da la plasticidad para solucionar todos nuestro problemas y crear una vida que aproveche las circunstancias para lograr la felicidad que buscamos. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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A partir de la aparición de la ciencia empírica y dialéctica, nuestro universo se transformó en una gran máquina, lenta y predecible, al igual que nuestras vidas privadas. La tecnología sin alma, nos llevó a grandes descubrimientos (ya que ya habíamos sido afectados por los grandes olvidos) y estos descubrimientos, a guerras más sangrientas donde no es necesario ver los ojos del enemigo para aniquilarlo. También tuvimos cosas positivas, como mejor medicina, transporte rápido, comunicaciones, computadoras y teléfonos digitales. El hombre de hoy en día no podría vivir sin su teléfono celular. Es casi imposible cruzarse con alguien en la carretera, o caminando por las calles, sin que esté hablando, en ese mismo momento, por teléfono. Es imposible, también, conversar con un amigo, con una novia u otro hombre de negocios sin tener que soportar interrupciones constantes. Nos veo cada vez más automatizados... y cada vez más estúpidos... En países desarrollados, los temas de conversación, si los hay, son superficiales e inocuos. Todo transcurre... en un ámbito de aburrimiento absoluto. Entonces se recurre a los escapes rápidos: música poderosa y mucho alcohol. Y nos enfermamos cada vez mas. Y los líderes de las naciones, por ser mediocres, autómatas, superficiales y, al igual que la tecnología, sin alma, nos conducen a destinos inciertos a los que marchamos como los zombies del Mundo Feliz de Bradbury. Todo está montado como una gran máquina, lista para responder automáticamente y provocar más daño si se le infringe alguno. En el imperio de la máquina y los hombres sin honor todo se está marchitando. El fondo del mar parece un gran cenicero repleto de los restos de lo que otrora fueran hermosos corales, los bosques caen, los animales silvestres son asesinados. Y las personas, las personas, están indefensas ante cualquier ataque que pueda venir desde el cielo, volando como las aves, trayendo muerte y destrucción. No puedo callarlo: ¿sabían que, hace muchos, muchos años, el Líbano era considerado un paraíso sobre la tierra? Pues, hoy, lo hemos convertido en un infierno. Y así hemos hecho con todo. Quiero cambiarlo. Quiero volver al universo con alma, donde todo tenía una. Quiero retornar a las épocas inocentes cuando se plantaba un árbol pequeño sobre la tumba de los muertos queridos. Cuando se festejaba con ellos el 31 de octubre (sí: no era fiesta de disfraces y espantos, sino de unión con los muertos queridos). Cuando para matar a alguien en una guerra había que mirarlo a los ojos y sentir su sangre. Cuando el valor era necesario. Cuando los bosques nos empujaban a los valles y los animales silvestres acechaban en las sombras. Cuando no podíamos acarrear bombas hacia tierras desconocidas e ignoradas. Y el petróleo no era una preocupación cotidiana. Cuando las hadas retozaban en los bosques y los cuentos de los bardos nos embriagaban de emoción. Quiero otra época de Honor, de ese gran misterio perdido, de dioses escuchando y hablando, de hombres que eran como esos dioses, o, por lo menos, trataban de imitarlos. No de este Dios olvidado, silencioso y ausente. Quiero que el druida me visite y cure a mis hijos con sus artes, y me lea el futuro mirando el vuelo de las aves. Quiero dedicar sólo cuatro horas al día al sustento de mi familia. No toda la vida... Quiero una tierra donde no se escuchen discursos estúpidos y mentirosos. Donde las telenovelas y el fútbol estén descartados. Donde los celulares sean basura. Una tierra de hierba fresca y árboles frondosos, de verduras regadas con mi sudor, de hombres bebiendo cerveza y riendo, de mujeres poderosas tratadas con real igualdad. ¡Tanto hemos perdido a favor de un progreso sin rumbo y una religión continuadora de la moral imperialista romana! ¡Tanto nos han mentido! Tanto, que creemos que la mentira es verdad. Y las personas claman desde sus jaulas sin barrotes, presas por el miedo y el control excesivo de los Estados, que lo ejercen, también, por temor. "Puedes pensar lo que quieras, siempre que lo que quieras sea lo correcto, y lo correcto es lo que nosotros te decimos que es correcto". No... es mejor no pensar... mejor no preguntarse por qué alguien se pude inmolar en un acto terrorista, o qué siente una familia cuando los misiles entran por los techos de sus casas. De dónde surge tanto odio... Dios sigue ausente, los lideres religiosos se expresan a favor de la paz, sin comprometerse. Los políticos siguen hablando de triunfos y derrotas donde sólo hay muerte y derrota. Quiero darle un abrazo a cada hermano musulmán, coreano, norte-americano, francés, español, mexicano... a cada hermano del pueblo; y decirle: "no somos nosotros", es el mal, ese mal que tanto temimos que reinara, ese mal del que nos advirtieron los profetas... él es el culpable... Cambiar... No es "necesario"... es imperativo. O moriremos en medio de toda esta miseria y terror. Cómo hacerlo, es la cuestión. Más violencia no es el camino. Comenzar por percibir el alma en todas las cosas es el principio. Tomarse tiempo para sentir el mar, los atardeceres, los árboles y los zorros del bosque. Desvincularse de los vicios de la civilización es el segundo paso. Aprender a separar la mentira de la verdad. Expresarse. Quejarse. No dar, nunca más, el voto, a un mediocre mentiroso. Exigir que se vaya, si nos ha engañado. No permitir la tala de un árbol más, ni la caza de zorros, ni la matanza de focas bebé... Pero, sobre todo: ¡salir a la calle para impedir la matanza de pueblos enteros! Tirar el celular a la basura. Dormir pacíficamente durante las noches. Olvidar esa idea de que tenemos que poseerlo todo y acostarnos con todo el mundo. Intentar ver que el piso de Tierra es mejor que la mejor de las lozas. No permitir que nos roben el tiempo en nuestros empleos. No hacerlo con nuestros empleados si somos empresarios. Respetar el tiempo de los demás, es respetar la vida. En vez de acumular, probemos el compartir y repartir. Lo que fluye, no se pudre. Antes de plantearse ser un líder político, observar si somos honestos, veraces, honorables de verdad. Si dejamos todo esto para mañana ya no habrá un mañana. exclusivo para «S.O.S. Psicólogo» y www.fiann6.com
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Juan Carlos Laborde (Iain Mac Labraidh)
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Iain Mac Labraidh
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Esta es una historia de un joven que decidió cambiar para tener una mejor relación con un ser querido, pero que no funcionó.
¿Tomar la decisión de cambiar para bien siempre resulta correcto? Está pregunta se hace día a día este joven, sin encontrar una respuesta. El es un joven de 30 años vivía en la provincia de Mendoza y a los 25 años vino a la ciudad a buscar trabajo y a realizar algún estudio, hasta que conoció a la mujer de su vida. Ella es pediatra y su familia se constituye por su papá y su hermano mayor. Hace varios años está en pareja con ella. Cuando se fue a vivir con este muchacho su suegro aceptaba la pareja pero no lo convivencia, ya que se iban a establecer en la casa de ésta. Para los dos resultó un cambio muy difícil, el suegro tenía que aprender a compartir su vida con un nuevo integrante, y para el joven la experiencia consistió en aprender a vivir lejos de su familia y afrontar la convivencia con su pareja. El suegro desde un principio desconfiaba acerca de la capacidad del joven para hacer feliz a su hija y no le faltara nada, porque no tenia casi estudio y hasta el momento no trabajaba, además ella era de una clase media y su novio era bastante pobre. Pero con el tiempo, el señor se dio cuenta que lo que pensaba sobre él no era así, porque era muy trabajador y luchaba día a día para hacerla feliz a su hija, y desde ahí cambió su forma de tratarlo, empezó a quererlo y a cuidarlo como a un hijo. Cuando este cambio se produjo, el nuevo integrante de la familia empezó a sentirlos más como suyos a estas nuevas personas que la rodeaban. El problema comenzó a surgir con un integrante de la familia ya emancipado: el hermano de la novia, ya que él al principio no lo aceptaba, tal vez por celos de perder a su hermana, y porque el muchacho no pertenecía a su clase. Tal vez también temía que la haga sufrir a su hermana, pero con el paso de los meses, hizo un intento de acercamiento prudente, al darse cuenta que su hermana ya no le iba a pertenecer más como antes. El joven al sentirse rechazado por su cuñado, se entristeció en relación al tema y empezó a afectarle e indignarle la situación que le generaba los encuentros con ésta persona. Con ánimo de establecer una relación mas sana, el joven decidió intentar un acercamiento, a través de mensajes de amistad y cordialidad, los cuales siempre fueron rechazados de una forma indiferente. Él hacia todo esto porque tenia una familia muy grande pero todos eran muy unidos. Ante estas actitudes de desplante él empezó a sentir que sus cambios no servían para nada, que la verdad no valía la pena, ya que esta persona estaba acostumbrada solamente a tratar con personas de alto nivel a la cual él no pertenecía. Después de tantas desilusiones, que tuvo este joven por parte de su cuñado, decidió buscar otro cambio distinto al realizado al principio: de comportarse como él lo trataba, con indiferencia. El cambio que adoptó era para no sentir bronca por la situaciones de apatía que existía ni gastar energías para reconstruir una relación que nunca existió, posiblemente por la diferencia del nivel social de las personas, y otra porque la verdad que nunca sentirá cariño por él, por ser muy egoísta, además de estar celoso de que su hermana sea feliz, y tal vez otras causas más. Como verán acá existen varios cambios. El joven paso del resentimiento a la apertura, y una vez visto que no resultaba, decidió cambiar, ni para mal ni para bien, solamente para estar bien con él mismo y no sentirse dolido y además para poder mantener todo en calma. Acá uno ve fácilmente que si uno decide tener una mejor relación con alguien no depende siempre de uno, sino también del otro. Es decir que uno pone la semillita y el otro tiene que regala continuamente para que florezca una bella amistad, de lo contrario sucede lo que paso con estos dos jóvenes en donde el cambio que realizó este chico por su cuñado no funcionó. Nunca nos pongamos mal si deseamos cambiar alguna actitud nuestra y no resulta. Tal vez sea porque no estemos realmente cambiando o porque desde la otra parte no se acepte nuestro cambio. |
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Prof. Carla Manrique
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