¿Debo acusarme sin piedad ó tratar de comprender mi sufrimiento sin palabras de toda mi vida?

He estado celosa de todo y de todos.

Solamente conocí momentos de paz en los cuales mi historia desaparecía, momentos de paz contemplando un fuego o la llama de un cirio Pascual en una iglesia. Por el resto todo ha sido guerra, batallas permanentes por ser mejor, sin mancha, pero aún en esas circunstancias yo estuve celosa de esa parte de mi que se elevaba buscando a Dios mientras que otra parte de mi quedaba pegada a la tierra y aún más bajo perdida en mi infierno interior.

No tengo palabras hoy, todo se diluye, no puedo escribir ni describir, la ausencia puebla mi alma. Miro el fuego de la chimenea; el mismo fuego en tiempos tan diferentes!, él tiende como siempre hacia lo alto y yo no se dónde estoy. La brasas sin llamas me hacen pensar en ciudades iluminadas, me paseo entre las casas y los edificios sin historia personal como cuando tenía 17 años.

Viví en Córdoba, en Argentina. Alrededor de la casa que alquilamos había un terreno cubierto de matorrales indefinibles, nunca pensé entonces que podrían estar poblados de víboras ó de alacranes. Solo veía con los ojos de la imaginación la naturaleza en libertad. Por las noches de verano y rudo calor iluminaba estrellas de Navidad y las tiraba entre las altas hierbas y me acostaba sobre ellas para contemplar bosques iluminados y selvas impenetrables. Yo soñaba ya entonces con ciudades desconocidas. Me he contentado siempre con soñar mil paisajes sin siquiera tener deseos mi coraje para salir de mi espacio interior para explorar el mundo.

Sin siquiera saberlo siempre estuve celosa de aquellos que osaban la vida dejando los sueños para las noches de reposo.

Ni tenía amigas, siempre fuí terriblemente joven y terriblemente vieja. Los otros hablaban de cosas banales yo no tenía nada para decir ni para contar. No tuve ninguna muñeca, un grupo de adultos me rodeaban. No fueron malos, fueron indiferentes y tuve mucho frío.

Las chicas comenzaron temprano a mirar a los muchachos con ojos dulces. No yo. Yo las miraba. ¿Celosa? Tal vez pero sobre todo impotente. Desde los seis años el Colegio de hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia no me había ayudado para nada a osar el mundo.

Me enclaustré detrás de una equívoca noción de pecado que justificaba mi encierro.

En todo caso no estuve nunca conscientemente celosa. Admiraba a los otros sin por eso desear imitarlos. La vida en casa se redujo siempre a lecciones sumarias. No hubo cuídados especiales para mi. ¿Austeridad? No: indiferencia.

En fin que celosa de todos y de todo me construí una razón: me prometí que un día cuando los otros hubieran cesado con sus historias banales y sus comedias ligeras yo me transformaría en alguien como se debe y respetable.

Me casé sin haber tenido muñecas, al hacerlo partí lejos de mi ciudad, me corté del mundo sin jamás haberlo penetrado. Hoy estoy celosa de esa parte de mi inocente porque la otra vez la realidad sin piedad.

Aprendí a aceptar. Siempre fuí y al mismo tiempo: demasiado joven y demasiado vieja. Pasé mi vida a decodificar a los otros, sus mensajes, sus deseos, sus ambiciones a tal punto que a veces mi facilidad para disfrutar de las cosas simples y humildes de la vida me espanta.

Mi lecho es pequeño, mi lámpara no es pretenciosa, tampoco envidio. Cuando el mundo viene hacia mi yo lo recibo, cuando él se va no me ocupo de querer fijarlo.

A pesar de todo tengo temores arcaicos porque sufro de amor pero nada me falta.

Tengo miedo de la soledad que ha sido mi amiga y mi horror.

No sería capaz de quedarme sola en una casa como esa de mi infancia porque ella estaría sin duda plena de recovecos y de cosas imaginadas. Mi casa fue la casa del silencio.

En fin estoy celosa de las gentes que viven en una comunidad porque los hombres pasan y las comunidades restan luego no estaría nunca sola.

Creo que soy celosa de aquellos que han encontrado la paz no importa a cuál edad. Yo solo conocí la paz de manera pasajera entre las olas del mar ó con mis hijos en los brazos.

Esta separación entre la parte de mi que va hacia lo alto y ésta que queda aquí abajo es una solución para vivir lo mejor posible en mi cuerpo y cumplir la parte de misión que me ha sido dada en la Tierra.

Perdón a todos aquellos que han podido ser víctimas de mis celos pero de mi parte yo no puedo ni siquiera detestar a quienes me han hecho ó me hacen mal y a veces tratan sin éxito de destruirme.

Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Cuando uno está involucrado con un sentimiento, todo lo que pueda decirse sobre el tema, se convierte en simple opinión. Todos de alguna manera, tuvimos celos alguna vez. Es importante aclarar esto, porque lo que pueda exponerse acerca de este sentimiento es solo una perspectiva personal, cargada de subjetividad, producto de la experiencia propia y la de nuestros semejantes.

También consideraría para tratar este tema, solamente los celos en pareja, ya que también están los celos entre hermanos, entre amigos y otros, que pueden tener puntos en común, y puntos que no coinciden.

Los celos pueden llevarnos a destruir al objeto supuestamente amado. Me pregunto si hubo amor alguna vez, cuando al final todo termina en destrucción. No creo que un sentimiento se transforme en otro. Me parece difícil. Prefiero considerar que en tal caso, solo hubo pasión y no amor, como sucede en muchas parejas.

El amor va mejor acompañado del perdón, que del odio.

Podríamos aclarar que los celos no siempre van escoltados de infidelidad. La mayoría de las veces se generan por indicios mal interpretados, aunque causen igual efecto que los que proceden de una verdadera infidelidad.

Desconozco el motivo por el cual los seres humanos tenemos sentimientos tan dispares como el amor y el odio, el altruismo y la posesividad, pero para bien o para mal, es así.

Siempre pensé que los celos están ligados a la posesividad. Si no existiera la codicia, es decir la ambición por poseer algo, los celos no tendrían el lugar que tienen dentro de la vida de las personas.

Intuyo que influye en la "capacidad para tener celos", también el tema de la autoestima. Si uno tiene baja estima, cualquier indicio acerca de que nuestro ser querido, nos abandona por otra "persona mejor", puede ser catastrófico, tanto por el hecho de perder a alguien al que supuestamente no satisfacemos convenientemente, como por la situación de temer no hallar nuevamente a otra persona que ocupe el lugar que queda vacante.

Entonces tenemos ya dos elementos a considerar entre otros posibles: la posesión o codicia y la baja autoestima.

Me gustaría profundizar un poco en estos dos temas, sabiendo que hay otros factores como sentimientos, creencias, valores, culturas, etc que pueden ser también considerados.

Solemos creer que podemos tomar posesión de las personas del mismo modo que lo hacemos con las cosas, y eso nos lleva a cometer infinidad de errores. Tememos perder a alguien del mismo modo que tememos perder una lapicera.

Codiciamos a las personas como a posesiones a las que podemos retener una vez compradas, pensando que la gente no cambia con el tiempo y las circunstancias de la vida.

Esa cosificación de los seres humanos nos impide apreciar la evolución de las personas, y no nos permite tampoco la posibilidad de cambiar nosotros para adaptarnos a esa evolución que sufre nuestro entorno, produciendo una mecanicidad difícil de superar. En la vida, cuando alguien no cambia y se adapta a los cambios del ambiente, suele llegar el momento en que las circunstancias superan las capacidades de respuesta de las personas y sorprenden teniendo que afrontar situaciones para la que no están preparadas. ¿Cómo pudo sucederme esto?

Si uno logra percibir el cambio en uno y en la gente que nos rodea, y fluye de acuerdo a eso, es menos probable que la existencia nos sorprenda con circunstancias que no podemos controlar.

Si uno mantiene la relación con el ser amado, siempre fluida respecto a los cambios del medio ambiente, es más probable que el temor por la pérdida sea menos significativo que si la relación está anquilosada por el tiempo.

Además, considerar al ser humano en general como ser volitivo, con intencionalidad propia, y con un espíritu imposible de capturar, nos abre la percepción hacia otra perspectiva de la posesión. Es limitado lo que podemos capturar de nuestros semejantes.

Desterrar el sentimiento de posesión sobre las cosas y las personas, me parece que es el reto más importante, en cuanto a mejora de espíritu que tenemos los seres humanos como misión evolutiva. Y no está claro todavía si lo vamos a lograr. Todos sabemos que no nos llevamos nada de este mundo, pero no actuamos en consecuencia. Es más, tal vez si algo podemos llevarnos al "otro mundo" es la compañía del espíritu del ser amado cuando el momento nos llega (por estar en el hipotético mismo nivel), y eso no se gana con ataduras corporales, sino espirituales.

Respecto a la segunda cuestión que quería profundizar, la autoestima, me gustaría marcar una pequeña diferencia entre estima y orgullo.

En general se piensa que tener estima es estar orgulloso de lo que uno es.

Por mi parte me gusta considerar que no siempre orgullo y amor hacia sí mismo es lo mismo. En lo personal trato de no estar orgulloso, de lo que soy o lo que hago, porque si mi autoestima depende de cuestiones circunstanciales, la percepción de la imagen de mí mismo decaería, dadas eventuales circunstancias desfavorables, es decir cuando las cosas no me salen o "lo que soy" socialmente sufre algún revés. En cambio el amor que siento por mi persona, intento sea un cariño permanente, que esté protegido de los vaivenes de la vida. Y ese sentimiento es el que trato de cultivar como autoestima.

Es cierto que la estima que no necesita de eventos extraordinarios en el nivel social (con nuestros semejantes), es más sutil y delicada de cuidar. Tiene que ser sincera, porque no podemos mentirnos a nosotros mismos. Tiene que ser fiel, en cuanto no admite traiciones. Tiene que carecer de codicia, porque no podemos fijarla a nosotros por la fuerza. Tiene que ser humilde porque cabe siempre la posibilidad de perderla y tener que volver a trabajar para lograrla.

Muchas veces las personas, cuando logran tener una estima callada como la que acabo de definir, también logran una estima social, brotada del amor que emana de un ser que ante todo se ama a sí mismo. Amar a otros como a sí mismo, implica que se cumpla también la segunda premisa. De esa autoestima es de la que hablo.

En definitiva y concluyendo parecería como que la virtud tiene buenos amigos, ya que cuando es bien entendida, y ejercida, se va combinando para generar un circulo virtuoso, en donde queda poco lugar para la expresión de los defectos humanos.

¿Podría una persona con buena autoestima ser tajantemente celosa?

Vale la pena observar a nuestros semejantes en busca de estas interesantes respuestas…

Licenciado Alejandro Giosa



Ciencias Veterinarias
Por Med. Vet. Julio Bernal: julio@healthig.com - Fac. de Ciencias Veterinarias de La Plata

El Centro de Investigaciones en Genética Básica y Aplicada (CIGEBA) de Veterinaria reúne a un grupo interdisciplinario de expertos que están abocados en la realización de modernos estudios genéticos en distintas especies animales en general y en los equinos en particular. En este sentido se pueden mencionar los tests de filiación mediante técnicas de ADN, que permiten identificar la paternidad de un caballo en casos dudosos; los análisis que ayudan a la justicia a resolver casos de abigeato o robo de ganado y los estudios que se realizan en la raza Criollo Argentino y que permitieron obtener, por primera vez en la Argentina, una caracterización genética de esta raza propia de nuestro país. El centro ofrece un servicio a terceros denominado "Diagnóstico genético en animales domésticos".

Virología

La Cátedra de Virología de la Facultad tiene varias líneas de investigación relacionadas con la salud equina, en particular de enfermedades virales. Como parte de un convenio que mantiene la institución con el JICA (Japan International Cooperation Agency) algunos científicos del área tuvieron la oportunidad de capacitarse y obtener sus doctorados, en temas relacionados con los equinos en Universidades japonesas. En base a estos trabajos, la Cátedra de Virología realiza distintas pruebas de diagnóstico que se ofrecen como servicios a terceros destinado tanto a médicos veterinarios de la actividad privada como a organismos oficiales veterinarios y laboratoristas. Estos análisis comprenden: Anemia Infecciosa Equina; Arteritis viral equina, Influenza equina, Herpes virus, que incluye enfermedades como Rinoneumonitis y Aborto Equino.

Fisiología deportiva

En agosto de 1999, fue inaugurado el Centro de Desarrollo de Ciencia y Tecnología aplicada al equino de deporte, cuyas modernas características y equipamiento lo colocan a la par de los mejores de Sudamérica. Se dispone de un Laboratorio de Fisiología del Ejercicio para evaluar y estudiar distintos aspectos relacionados con la performance del atleta equino.

Entre estos equipos cabe destacar una cinta motorizada, llamada treadmill.

Esta cinta permite que los expertos del centro puedan analizar distintos parámetros fisiológicos de los caballos durante la realización de un ejercicio cuya intensidad pueden regular. Mientras que el animal está ejercitando en la cinta se le pueden hacer hasta veinte estudios diferentes, gracias a las posibilidades del equipo, que permite realizar no sólo pruebas de entrenamiento y rendimiento físico sino además investigar diferentes patologías.

De allí que mediante la combinación del uso de la treadmill, en complementación con una técnica llamada videoendoscopía en movimiento, se logra de esta única manera arribar a un diagnóstico para dichas patologías. Además de los estudios fisiológicos también análisis de doping de equinos deportivos.

Hospital de clínicas

Dentro de las actividades que se realizan en el Hospital de Clínicas «Dr. Heraclio Rivas» de la UNLP existe un área que tiene que ver con los grandes animales. Allí se atienden casos derivados de la actividad privada y también casos de seguimiento compartido. Funciona como consultorio externo para terapias intermedia e intensiva (internaciones). Dispone de servicios de diagnóstico complementario y laboratorio de análisis clínicos. Por su parte, su quirófano cuenta con un equipo de anestesia inhalatoria y una camilla hidráulica que permite realizan cualquier tipo de cirugía.

Consultas: UNLP, calle 60 y 118, La Plata. E-mail: bernal@fcv.unlp.edu.ar

Health I. G. News



Nuestra sociedad tiene bien en claro que los celos son un defecto del carácter, tan reprobable como la envidia. Sin embargo, aceptamos a la ambición como casi una virtud, cuando no una muestra de fortaleza de la personalidad.

Y por qué asocio a estas tres características que parecen no tener puntos en común?

Pues será porque, tal vez, si los tienen.

En el budismo se declara a la envidia como un "veneno de la mente", pero no se dice nada acerca de los celos y la ambición.

Algunas personas dicen que no hay amor sin celos. Y la mayoría aseguran que jamás han sentido esta emoción poco grata.

Los celos, como la envidia, se basan, al parecer, en un sentimiento de baja autoestima.

Entonces por qué los emparentamos con la ambición que sería un indicativo de alta autoestima…?

Básicamente porque los tres surgen de la necesidad fundamental de afianzar la existencia de nuestro ego.

La envidia surge de la comparación con otros egos, misma que se torna desdichada al percibir ilusoriamente que los demás son mejores o más felices.

La ambición es el impulso por superar a los demás en todos los terrenos.

Los celos provienen del deseo de posesión que trasladamos de las cosas a las personas.

En los celos hay envidia, porque existe la creencia no manifiesta de que esa persona puede amar más a otra que a nosotros.

También hay ambición, porque alberga la esperanza de una posesión absoluta del otro.

Y, en el fondo, son una manifestación del poder individual frustrado por la imposibilidad real de que las personas nos pertenezcan.

El derecho de propiedad es un intento de reglamentar y fijar las pertenencias. Desde muchos puntos de vista resulta utópica la creencia de que objetos o personas puedan pertenecernos, ya que todos están signados, incluso nosotros mismos, por el defecto de la temporalidad.

Pero al ego le resulta pavoroso convivir con la brevedad de la vida, porque se sabe temporal como todo fenómeno.

Entonces, se fija a las cosas, se adhiere, para adquirir existencia real.

Analizándolo desde otro punto de vista, nuestra personalidad necesita de los reflejos de la realidad para asegurarse de que está viva.

Odiamos la oscuridad y el silencio, porque se parecen demasiado a la muerte.

Los celos, entonces, surgen como un impulso incontenible para evitar que nos quiten lo que nos pertenece, porque, desde el punto de vista egótico, lo que nos pertenece es lo que somos.

Por lo tanto, es bastante improbable que alguien no sienta celos, o envidia, o ambición.

Es tan poco realista pensar que carecemos de estos defectos, como creer que la posesión afianza de alguna manera nuestra existencia egótica.

Por qué, sin embargo, algunas personas parecen menos afectadas que otras por estos procesos?

Creo que la sabiduría juega un papel importante en estas inclinaciones.

Para muchos puede confundirse con conformismo. Pero creo que la sabiduría difiere de este último porque carece del condimento de la impotencia.

La sabiduría es potencia pura.

En contra de lo que se considera popularmente, no tiene que ver con la información, sino con cierto aspecto de la existencia que está relacionado con la forma de ver las cosas.

Alguien que ve "la realidad tal cual es", sabe que no puede poseer nada, más que por un corto tiempo. Que los placeres más gloriosos y los sufrimientos más profundos llegan a su fin en algún momento. Que la riqueza fluye desde la abundancia a la carencia, para volver a la abundancia y así sucesivamente. Que los sentimientos crecen y decrecen hasta transformarse en hábitos.

Nada sobrevive a la muela del tiempo.

Así, se despojan de las tensas cargas de la ambición y la posesión y se deciden a vivir existencias más relajadas, donde las metas tienen una razón práctica y no afirmativa.

Finalmente, luego de mucho hacer girar la rueda de la razón, nos encontraremos con que el origen de los celos, así como de todo mal que nos aqueja, es la ignorancia.

Basados en la imposibilidad de afianzar la existencia de nuestro ego individual, viviríamos un tránsito más relajado, disfrutando del placer de compartir y afrontando los pasajes de carencia con la certeza de que son pasajeros.

Seríamos un poco menos egoístas y mucho más irónicos.

El Ser es inaprensible, no hay forma de fijarlo o institucionalizarlo, Nada hay que confirme nuestra existencia, excepto el hecho de que existimos. Un automóvil, una propiedad inmueble o una pareja espectacular son fenómenos temporales que en nada afectan nuestra seidad.

Transitamos sobre el planeta, él, a su vez, transita por el sistema, éste por el Universo y el último por el espacio infinito. Nada hay que pueda explicarnos adónde vamos ni por qué viajamos. Y todo lo que queramos poseer significará una mera ambición de oruga, aunque no podamos renunciar al acto de desear.

Carolina, Puerto Rico, abril del 2004
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



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