La naturaleza humana, ¿consiste en tener como prioridad la supervivencia? Es una pregunta que muchos nos hacemos, cuando vemos la forma como se tratan, en muchas oportunidades, los seres humanos. Si buscamos la supervivencia, todo lo demás, como por ejemplo la solidaridad, queda en segundo plano.

Para tratar de explicar lo que sucede, sin caer en cuestiones esotéricas, se me ocurrió un día, tratar de encontrar en los "errores de cálculo" los motivos por los cuales las personas actúan egoístamente.

En una oportunidad estaba yo esperando el transporte público en una calle de Buenos Aires, y un automóvil con imperfectos mecánicos se detuvo e impedía la circulación de la caravana de vehículos que estaban amontonándose detrás. Vi que a cincuenta metros de dónde me encontraba estaba el "colectivo" que estaba esperando. Ahí se me ocurrió que si ayudaba al conductor del vehículo descompuesto a empujarlo para ponerlo en mejor posición, beneficiaba a este señor y me beneficiaba yo al poder acceder al transporte que esperaba. Consideré que mi cálculo era bueno, que las cuentas cerraban bien. Ayudaba a otros y me ayudaba a viajar más rápido. En ese mismo hilo de pensamientos, le propongo a un joven que estaba también esperando el mismo transporte que yo, que juntos asistiéramos al conductor del vehículo descompuesto. Para mi asombro, me dijo que no, que él estaba esperando el transporte (que justamente estaba detenido a cincuenta metros). En consecuencia, su cálculo fue, a mi modo de ver, erróneo, porque su rechazo a hacer algo (solidaridad) lo estaba perjudicando en su tiempo de viaje. No vio "más allá de sus narices" (es decir a cincuenta metros) y su egoísmo o "error de cálculo" lo mantuvieron "frenado" en una espera.

Como no conté con ayuda, me ofrecí al automovilista para empujar, y juntos pudimos disolver el atascamiento. Pude rápidamente subir a mi transporte y ganar tiempo. También debo decir que parece que el joven que también esperaba, se percató de su "error" y no se animó (tal vez por vergüenza) a subir al colectivo que yo había tomado, quedándose en espera del siguiente.

En otras ocasiones el cálculo no es tan evidente como éste. En el caso que comenté las causas y los efectos están próximos en el tiempo y se pueden percibir sus consecuencias enseguida.

La mayoría de las veces no ayudamos, no damos parte de lo que es "nuestro" en bien de otros, porque creemos que el otro, (o bien otros cualesquiera) nunca van a venir en nuestra ayuda. Yo creo que en las sumas totales de las acciones o bien en las parciales, los cálculos cierran al menos en un equilibrio saludable.

Y el tema de compartir es un tema muy ligado al de la generosidad y la solidaridad. Sin estas "virtudes" no es posible compartir nada. "Virtudes" digo por no decir, de acuerdo a esta forma de mirar las cosas, "ser habilidoso en las matemáticas".

Ya los filósofos de la antigüedad hablaban de algo como lo que estoy desarrollando, no es invento mío nada de esto.

Reconozco que es difícil, compartir nuestras cosas. Es más, también suele hacérsenos difícil compartir cuando nos sobran las cosas. Nuestro error de cálculo es que consideramos lo que tenemos como de nuestra posesión absoluta y no tenemos en cuenta que en gran medida las cosas no son de nadie, y que si dejamos de estar nosotros, pasan de mano en mano, y por último terminan en el medio del cual surgieron, es decir el mundo, o la naturaleza. Podríamos dar cualquier ejemplo para ver esto. Una propiedad, puede ser nuestra hoy. Podemos cambiarla por unos billetes o bien por unos papeles (venderla), y tal vez "poseer" otra propiedad diferente, pero la antigua quedó a merced de su suerte, y ya perdemos control sobre ella. Nuestras posesiones son transitorias, y no hay ser humano que se haya llevado nada de este mundo. Es más siempre deja sus huesos....

En mi política de "hacer mejores cálculos" trato de compartir lo que tengo, con moderación sí, pero teniendo presente las necesidades de los demás. Sé que si los ayudo me va a llegar el "reembolso" en algún momento. Confío en que es así.

La naturaleza se mantuvo en equilibrio durante miles o millones de años, y sus leyes deberían afectarnos por pertenecer a este mundo. En la naturaleza, existen cadenas de equilibrio, en donde las diferentes especies se complementan entre sí, quieran o no. Algunos seres dan la vida para alimentar a otros, y juntos comparten un sistema que se mantiene en equilibrio. Compartir a veces es perder y otras ganar.

Si nuestra naturaleza es solo la supervivencia, que está ligada con el pensar en uno antes que en los otros, no se entenderían los actos de generosidad, que van al límite de afectar esa supervivencia.

La "naturaleza humana", nos recuerda periódicamente que no podemos acumular cosas en forma indefinida. Necesitamos compartir lo que tenemos. La muerte nos recuerda periódicamente que no podemos "acumular vida", no hay modo. Por eso lo mejor es compartir la nuestra con la de nuestros semejantes, que están en la misma situación que nosotros: la de compartir. Si tenemos riqueza, compartir la riqueza. Si somos pobres, compartir nuestra pobreza. De las pocas cosas que podemos llevarnos de este mundo, creo que el amor de los demás hacia nosotros es la más trascendente. Y si nos queda "crédito" a nuestro favor, tal vez nos lo paguen en la "otra vida". Confío en la matemática. Las cuentas siempre tienen resultados justos y exactos.

Licenciado Alejandro Giosa



Siete de la mañana. Un cartel en el Beltway de Washington DC indica: Share the road (comparta la carretera). Esto implica toda una filosofía en la conducción de automóviles por vías rápidas que, según estudios, reduce notablemente los accidentes de tránsito.

"Share the road" incluye tener en cuenta a los otros conductores y moverse como un gran organismo viviente y armónico, donde cada uno puede discernir quien tiene la prioridad de paso de acuerdo con pautas pre-establecidas. Así, miles de automóviles que, de otra forma, se trabarían en inmensos aglomeramientos, fluyen con cierta agilidad por la hiper-transitada ruta.

Otro ejemplo diferente es el constituido por lo que ocurre en las calles de Puerto Rico, donde la filosofía predominante parece ser: "llegue primero". Aquí el conductor se encuentra con situaciones sorprendentes de "hambre carretero", que lo llevan a pasar grandes peligros para su vida y a soportar inmensos aglomeramientos de autos, llamados "tapones".

Un sabio antiguo decía que "como es arriba, es abajo" y que todas las cosas están relacionadas entre sí.

Así, existen dos formas de ver y afrontar la vida.

Una, es considerar que somos individuos separados del contexto, absolutamente independientes y autosuficientes, criterio que, probablemente, surja de considerar que Dios es algo aparte del Universo y que todas las criaturas que lo habitan son solamente "criaturas" imperfectas y malvadas. Esta filosofía es propia de la teología cristiana ortodoxa y de algunas formas del hinduismo, como la vidchistadvaita.

Otro aspecto es advertir que respiramos el mismo aire, pisamos la misma Tierra, absorbemos la energía del mismo Sol y somos como un gran organismo del cual Dios es el cerebro.

Entonces, el cartel debería decir Share the Earth (comparta la Tierra) y cada cual transitaría considerando la dirección y las necesidades de los otros conductores, evitando, así, gran parte de los accidentes fatales llamados guerra, pobreza, rebelión, abuso y abandono.

A veces uno tiende a pensar que el comportamiento de los hombres se origina en pautas religiosas, pero, en verdad, las pautas religiosas surgen del pensamiento de los hombres, toda vez que las llamadas "escrituras sagradas", dictadas por Dios mismo, son pergeñadas por interpretadores de la verdad, arrogantes y obtusos; de otra forma no albergarían tantas contradicciones.

Como contrapartida, tiene uno el libro de consulta de La Vida, escrito en las páginas de La Naturaleza, la cual casi nadie duda que fue creada por Dios (o por algún mecanismo automático del cosmos, según los ateos), que nos puede brindar ideas de contexto bien diferentes a las de los credos religiosos.

La Vida no parece ser un acto individualista y aislado. Las mil cosas del Universo parecen funcionar en forma interactiva. Se necesitan dos para engendrar un nuevo ser o por lo menos una mujer y un científico acto compartido. Los niños necesitan a sus padres por largo tiempo. Compartimos con maestros, médicos, astrónomos, basureros toda una experiencia de dependencia y mutua gestión.

Luego, en este contexto, aparecemos actuando en competencia con otros, egoístas, impacientes, fanáticos, fundamentalistas, autoritarios.

No hay gobernantes, ni sacerdotes en la vida real. Esos son solo disfraces personales. Sólo hay criaturas que se alimentan y sostienen mutuamente.

Es verdad se puede decir que la competencia es parte de la vida, pues los animales (nosotros incluidos) se devoran unos a otros para sobrevivir. Y triunfan los mas fuertes. Y, entonces, las empresas y las instituciones son los elefantes de la civilización. Y el hombre es la hormiga.

Mi perro, por ejemplo, cree que todo tiene que ver con él. Si me ve enojado se esconde, porque siente que estoy enojado con él. Si me ve feliz se pone a jugar conmigo porque cree que es por él.

Así es el mundo animal. En el Reino animal, los grandes se aprovechan de los chicos y éstos temen y adulan a los grandes.

Teníamos la esperanza de que el Reino Humano fuera diferente.

La filosofía de la producción y el consumo nos arrimó al Mundo animal, los noticieros podrían ser documentales de la National Geographic Society.

Eric Fromm escribía que el hombre debe marchar hacia su humanización. Es decir: nuestro objetivo no es el llamado "progreso" con sus connotaciones tecnológicas, sino el "ser cada día más humanos".

Los antiguos griegos, por ejemplo, concebían este asunto de la humanización y elevación espiritual; pero conservaban esclavos como parte de su organización social, esclavos sin los cuales no podían, los patricios, gozar del "ocio filosófico" tan mentado. Es decir: elaboraron un sistema de vida muy humanizado, pero no pudieron compartirlo.

Por nuestra misma concepción filosófica del universo, o porque no nos hemos detenido a pensar en ninguna, creemos que el Sol es una roca inmensa en ignición y la Tierra un terrón de barro. La ciencia parece seguir corroborando una teoría mecánica de la evolución del Cosmos, sin poder explicar, aún, el por qué ni el origen de esa evolución.

La pregunta fundamental sería "¿qué cosas son realmente "cosas" en este universo?". ¿Parece algo poco importante?. ¿Son las piedras sólo "cosas"?. ¿Es el Sol una "cosa"? Es decir… las "cosas" no tienen vida los seres sí…

¿Puede, entonces, La Vida, generar "cosas sin vida"?

O, visto de otra forma: ¿hay en el universo cosas sin vida y seres con vida?

Cuando alguien muere. ¿Puede decirse que en ese cuerpo ya no hay vida? Otro tipo de vida, sin duda, pero vida al fin (perdón, me refiero a la vida de las bacterias, microorganismos y parásitos; no a la "vida espiritual").

Tal vez, una pieza de granito no carezca de vida, sino que participa de una forma diferente de vida. No puede decirse que "no sienta" porque reacciona a los cambios atmosféricos, es posible que su experiencia vital sea lentísima y le lleve millones de años evolucionar (a este paso, más o menos el mismo tiempo que nos llevaría a nosotros).

Pero, aún sosteniendo que las piedras son inermes, sería muy difícil decir que el Sol o la Tierra también lo son.

Los antiguos consideraban "seres" a los Astros y a las fuerzas de la naturaleza. Después, el tiempo y una pautada evolución teológica, los transformó en cosas y trasladó sus poderes a santos, ángeles y arcángeles, o, para quienes gusten de lo esotérico, a sephirots, tronos, poderes, soten senshins, etc.

Entonces perdimos el respeto por las "cosas" y empezamos a valernos de ellas sin considerar que estábamos poniendo en riesgo la vida misma (de las cosas... y, por supuesto, de nosotros).

Es decir: para la cultura de la producción es fundamental considerar al Cosmos como una cosa (con sus seres incluidos) porque, de otra forma, la explotación de los recursos sería algo inmoral.

Mala noticia: el uso sensato de los recursos no es inmoral, pero su explotación masiva es criminal.

¿Cómo podemos compartir, si lo que hemos aprendido es a explotar?

Ahora: ¿qué sucede cuando una cosa es explotada?

Se deshace, muere, desaparece. Porque la explotación es un sistema opuesto a la vida.

Una canción mapuche decía: "no se debe cavar pozos, ni gritar en los bosques, porque esto hiere a la tierra". Aquellos aborígenes ignorantes de Las Pampas trataban al planeta como si fuera una persona.

La visión orgánica del cosmos, de la Creación toda, lleva a la consideración moral del uso de los recursos.

Esta consideración es contraria a los intereses de una cultura de explotación de los recursos naturales y del tiempo de las personas.

Esta consideración es asimilable a una cultura de respeto por la naturaleza y la vida.

El Sol es un señor que no requiere de sacrificios humanos, ni de nuestras plegarias. Por suerte no hemos llegado a Él, aún, para explotar sus recursos. Sin embargo, nos permite compartirlos, sin que nadie pueda cobrar por ellos.

La Tierra, en cambio, esta Señora Madre paciente y abnegada, se tomó como misión albergar a estas criaturas angustiosamente desconsideradas que actúan como virus planetarios. Estamos en Ella, no queremos compartir, sino acaparar, sus recursos todos ellos hasta que se extinga su vida y la nuestra.

Carolina, Puerto Rico, 22 de marzo del 2005
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



Lo maravilloso en el mundo eres tú naturaleza. Compartís con nosotros tus espacios verdes, tus ricos aromas, tus bonitos colores y tus fascinantes sonidos. En tu compartir das un toque de magia, de bondad y alegría. Vives contenta compartiendo tu lindo espacio de alegría y hermosura. Brindas sorprendentes lugares, en donde disfrutamos y

compartimos ciertos momentos de amor y tristeza. Eres nuestra cómplice de esos momentos románticos y de esos momentos en que nos enamoramos junto a ti.

Nosotros convivimos en tu mundo pero a la vez nos aprovechamos de ti, no te cuidamos como te mereces, te maltratamos sin razón y te dañamos sin sentido, pero igual sigues luchado para entregarnos lo mejor.

Deberíamos ser más concientes de esta mala actitud que tenemos, deberíamos darnos cuenta del daño que te causamos y por eso tendríamos que ser más solidarios contigo.

No nos haces daño al contrario quieres darnos lo más bonito de ti.

Se que estás triste y preocupada al vernos tan despiadados y poco amables contigo.

Te preguntarás sin encontrar respuesta «¿qué les pasa, por qué me maltratan?» y solo dirás que nosotros no sabemos compartir el amor.

Somos felices con lo que nos das todos los días, nos gusta todo lo que compartís con nosotros tienes tanta bondad que nos sorprendes.

Nos recibes todos los días con el canto de los pajaritos, con los perfumes de las lindas flores, con el silbido y el agradable y coqueto baile de los imponentes árboles, con un paisaje atractivo lleno de mariposas, palomas, hojitas, frescura y belleza.

Pero sé que tienes miedo de deteriorarte, de desaparecer por el maltrato que recibes día a día.

El tema acá es compartir, ella comparte con su espacio y nosotros compartimos con los cuidados.

Si no la contamináramos, lastimáramos, dejáramos de atender y si no la ensuciáramos no perdería sus atractivos y nos seguiría brindando sus servicios naturales.

Compartamos con lo que podamos, pero compartamos.

Seamos responsables de los actos, seamos agradecidos con lo que comparte con nosotros.

Si no sabemos compartir aprendamos a hacerlo.

Aprendamos de la naturaleza, ¡que buen ejemplo es! porque ella nos necesita y nosotros necesitamos de ella aprendamos a quererla y a compartirla lo mejor que podamos, que tan bien le haría a nuestra madre tierra.

Ella comparte toda su bondad mientras el hombre la mezquina tendríamos que imitar a la naturaleza porque es mas sabia y justa que el hombre.

Prof. Carla Marnique



Enviar a un(a) amigo(a)
    enviar a un(a) amigo(a)    
   Imprimer/Imprimir
    imprimir    
   Vuestra opinión sobre estos artículos
    vuestra opinión sobre estos artículos    

Regreso en visualización clásica