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No he pedido permiso al padre Batut para incluir, en este número sobre la tristeza, su editorial semanal de
la parroquia. No he tenido tiempo de hacerlo y ruego al autor que me perdone, pero es porque es una
exaltación realista de nuestra «condición humana» de la que hablo muy a menudo a mis alumnos, en mis artículos y tanto
como puedo. Condición que no es fácil asumir! desgraciadamente! He aquí la voz de la verdad que honoro.
¡Con que facilidad la humanidad olvida su propia fragilidad! Ella que tendría que ver cada día la evidencia, y
sin embargo no piensa en ello. Vive como si su supervivencia fuera natural cuando es un milagro constante.
Hoy en día, es corriente oír deplorar los daños causados a la tierra por la actividad del hombre. Hay
algo tranquilizador en esta auto acusación, pues el hombre es el que domina su destino. Lo que hace mal, lo
puede rehacer mejor. Puede reaccionar, poner un término a la polución, a los desastres ecológicos de todas clases
En resumen, para el bien como para el mal, conserva el dominio de los acontecimientos, o al menos así lo cree, como
el borracho que se tranquiliza diciéndose que «¡el día que lo decida, dejaré de beber!»
Nada de esto en los horribles dramas a los que asistimos en este momento, impotentes ante las imágenes sin
piedad que nos transmiten nuestras pantallas de televisión. La humanidad no puede incriminar a nadie, ni a
los contaminadores, ni a los terroristas
Ni siquiera a Dios pues ya no cree en él.
En las Escrituras, sin embargo, es la conciencia misma de su fragilidad la que orienta al hombre hacia Dios.
El hombre bíblico, paradójicamente, es consciente a la vez de su fragilidad y de su grandeza «hace volver al hombre
al polvo
lo has hecho un poco menos que un dios, coronándolo de gloria y de honor».
Intentando, según nuestros medios, hacer llegar a nuestros hermanos humanos tan terriblemente afectados la
ayuda que esperan, rogando por la víctimas y por los que siguen en vida pero en condiciones de precaridad
terroríficas, repitamos de nuevo el salmo 89, y recemos por nuestro mundo, en este cambio de año, lo que pide el
salmista: «Enséñanos la verdadera medida de nuestros días, para que nuestros corazones descubran la sabiduría»
(Salmo. 89, 13).
Padre Jean-Pierre Batut
Un toque de impotencia teñido de gris. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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¡Si supieras, hija mía, en como era mi madre! Una flor magnífica encerrada en un invernadero por la suprema voluntad de los demás. La diferencia entre mi madre y los demás es que, en primer lugar, no se volvió loca en aquel medio geriátrico que, en realidad, no era más trágico que el mundo que nos rodea. Se había dejado encerrar simplemente, sin más, pues había aceptado el encierro como solución a la crueldad del entorno que desde su más tierna infancia la había juzgado frívola. Frívola, tu también lo dirás un día hija mía cuando, a la edad que ella tenía, tus hijos te obliguen a interrogarte: el entorno se habrá vuelto entonces casi hostil pues ya no serás la misma de tu juventud luminosa. ¿Podrás preguntarte a cuál de mis hijas me dirijo? No tendrás nunca esa duda, pues la diferencia será que tu podrás comprender y los otros no. Acepto que hoy luches por tu porvenir, pero sobretodo que no sea exclusivamente material, reflexiona sobre la dependencia hacia alguien. Ama al hombre de tu vida, ama a los hombres de tu vida, pero siendo libre como un pájaro en el cielo, independiente, y te lo digo porque en las generaciones que nos han precedido, las mujeres no eran libres, salvo mi abuela que ya era una mujer «distinta», Presidenta de la sociedad de historia con el presidente Irigoyen (1916-1930) y el general de los Ejércitos. Ya fumaba en los años treinta, y viajaba por todo el mundo en barco para dar conferencias en Europa. Mi bien amada madre no osó, supongo, sobrepasar la imagen de su propia madre. No hablo como analista, con conceptos, hablo como ser humano. Mi querida abuela educó a su hija según un modelo mas bien sensual, diferente de su propio modelo intelectual. Mi madre se dejó hacer, y tu, querido Hervé, la viste en el final de su vida aceptar tiernamente su destino de reclusa, pero sabes también que ella es la que me hizo tal como soy hoy. ¡Al respecto de la letra «E» que da misterio a mi firma! Me llamo Emma como mi abuela, soy la intelectual que ella fue, pero con esta dominante animal de mi querida mamá que sólo contaba al final de sus días con su instinto de supervivencia y su sensualidad que he heredado para apreciar hasta los más mínimos placeres de la vida como comer y sobretodo amar la belleza de la vida incluso en reclusión. La diferencia, hija mía, en comparación con mi madre está en que soy capaz de poder decir: «basta, ça suffit, it's enough, en voilà assez, io sonno estanea, no puedo más, en todos los idiomas.» Ella no supo nunca decir: «Basta». En el reloj de arena, el tiempo pasa y despierto de mi largo sueño de mujer de deber. Un día te tocará hacerlo a ti, hoy te deseo que los logres antes de que toda la arena del reloj haya pasado. Sé libre como los pájaros, sigue las estaciones, migra cuando el invierno cruel de los sentimientos humanos te abandone, busca nuevos horizontes, no te encierres en una rutina de tristeza, gana, sé siempre una triunfadora. Ningún duelo es imposible. Hasta el adiós a un ser querido será para ti acoger la alegría profunda de amarlo diferentemente. No estés triste.
Hecho en Paris para ti, mi querida hija.
***
Un esbozo de tristeza ante un mundo de mentiras que se hunde. Es el día de la Santa Familia, el domingo 26 «honrar al padre y a la madre » ¡Sigo caminando: no hay más que ruinas! Dentro de unas horas, el «blues» pasará barrido por el huracán de la realidad por vivir, de las construcciones por hacer, una y otra vez y una vez más allá de las tinieblas que contemplo con los ojos bien abiertos. Creo que he ignorado mi complicidad en la reestructuración de este mundo falso, ilusorio, fácil y seductor. Me había identificado con mi sorpresa permanente ante los hechos que ocurrían a mi alrededor. La pausa de esta tarde me ha lanzado al horror de esta situación. He querido convencerme de que todo estaba bien, de que los otros sabían, de que cada uno vivía su destino, de la manera mas consciente posible y que si algo malo pasaba, sólo podía ser a causa de circunstancias adversas. En este momento descubro que había manipulación y a veces, por no decir siempre, bien voluntaria. En el ajedrez de la vida, sólo fuí un peón salvado por la humildad que sentía al ser solo peón para los jugadores. Ya está, el blues se va. He llegado al segundo asalto y me he trasmutado en alfil. Pero quién es el rey en el tablero de mi historia ? El rey que protejo y que está detrás de mí tras haber sido enrocado por la torre. Se trata seguramente de mi padre terrestre, y del padre eterno allá arriba que da la oportunidad al inocente de conseguir sin hacer el mal, con su conciencia despierta, dar sentido a la vida y a veces gustar los milagros. ***
Y he aquí que las flores de la alegría están vivas en el balcón del 5°. Estamos en invierno. Y como en los mitos extremos de los que habla Levy Strauss, esperan mi pregunta como si se tratara del Graal. ¿Porqué estáis aquí sin marchitarse? Me atrevo a preguntar y la flor responde que frena su ciclo para no hacerlo antes de haber comprendido el sentido de su efímera belleza. Detrás de cada tristeza hay también la posibilidad de comprender su sentido. Te pregunto tristeza, porque sabiéndote efímera, querría comprender tu presencia de ayer a la tarde, cayendo la noche ella me responde: "frena, date tiempo, contempla, escucha, no controles, ama sin temer, vive sin urgencia, sé justa, libera tus sentidos, muerde la vida, tiernamente, a veces apasionadamente otras, pero vive. Cesa de estar aquí sólo para los demás, deja tu silencio, grita verdades, galopa con tu caballo hacia horizontes de serenidad en los que el cielo y el mar se confunden. Ya no calles, grita a corazón abierto en las noches frías en fin: para, frena, déjate vivir más allá de las contingencias, acepta crecer, envejecer, morir y nacerás a lo que no dejas florecer en ti "
Traducido por Monserrat del francés el 13 de enero del 2005 y le doy las gracias, porque traducirme me lleva
a preguntarme otras cosas y el idioma materno se entra en mis huesos y genera ramas y complica los sentimientos.
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Tendremos que hacer algo para que los franceses entiendan tus artículos y nuestros
hispanohablantes los míos que no llego a tener tiempo de traducir, pero en fin y más allá de los problemas de
idiomas deseo contestarte amigo mío, no creas que a mi los problemas no se me suceden unos a otros.
Creo ser realmente optimista y creo serlo tanto que reduzco a pasajeros mis estados de tristeza.
Hoy cambié todos los muebles del consultorio de lugar y creé armonía y me olvidé que hay mucho negro en el horizonte de salud de los que me rodean. No un negro pequeño como un punto o una brizna de tristeza sino una sombra de Aconcagua en la caída de la tarde. Como verás, yo también veo el futuro como un desafío, controlo mis emociones y capitalizo cada instante de luz para mejorar mi calidad de vida. Yo también voy a forjar lo mejor en el tiempo que me resta. Me despierto como vos con alegría y me siento protagonista y creadora de mi propia historia, porque con Amdo Nervo y hoy lo comprendo mejor que hace 20 años, "veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino" y naturalmente cuando planté rosales siempre tuve rosas. De acuerdo con vos que el esfuerzo es adoptar la posición del método científico y nuestra práctica lo prueba: tenemos menos problemas si abordamos al paciente con el más claro deseo en nosotros de encontrar en él la falla que nos permitirá explorar hacia su curación. Para concluir son nuestros estados de ánimo que condicionan en un gran porcentaje el éxito de nuestra búsqueda y dan sentido a nuestra existencia. Afectuosamente, volviendo de una tristeza pasajera, pero porqué no fecunda te digo hasta ya. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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"Cada día que pasa voy perdiendo juventud y salud, la situación económica no mejora para la gran mayoría, en
la cual me incluyo, los problemas se me suceden unos a otros y no me dan respiro para un merecido descanso,
el trabajo se me vuelve cada vez más aburrido, las distracciones que antes eran efectivas ya no lo son. Muchas
veces se suman a mis dificultades, la de mis seres queridos y no queridos, y me afectan. En definitiva si hago
un recorrido de mi vida así, se me hace difícil vislumbrar en el futuro un cambio creíble hacia una vida feliz. Si alguien no percibe tristeza en este panorama que relato es porque es increíblemente optimista."
Para el que está zambullido en el mar de pensamientos como los anteriores durante mucho tiempo, no es difícil diagnosticar una depresión crónica o simplemente un estado de tristeza permanente. Podría decirse de la persona que es un poco "negativa" y para ser más suave "muy prudente" Muchos podrían asegurar que la vida es así, que no hay otra forma de vivir. Podrían dar pruebas de que las cosas son así. Sería difícil refutar esas pruebas y hasta podrían convencernos de la autenticidad de esa visión de las cosas. Los estados de tristeza pueden ser permanentes o pasajeros, motivados por una serie fortuita de hechos que se acumulan y nos dan transitoriamente o continuamente una visión negativa o pesadumbrosa de la vida. "Cada día que pasa tengo más experiencia en las cosas de la vida. Hay errores en los que ya no caigo. Veo que dejo atrás la inexperiencia, y mis habilidades son cada día más, en cada vez más áreas de mi vida. Voy aprendiendo a amar en forma más profunda y duradera y soy capaz de satisfacer mis necesidades más fácilmente que antes. El futuro lo veo como un desafío hacia todo lo que aprendí, un reto para poder superarme a mí mismo y lograr estar cada día más alegre. Ya puedo decir que disfruto de lo que me propongo disfrutar, porque aprendí a controlar mis emociones y hallarle el lado positivo a todo. Podría no salir de vacaciones y disfrutar maravillosamente de una película, un álbum de fotos o un rato de navegación por Internet, si no cuento con dinero para hacer otra cosa. En definitiva, creo que tengo mucho por vivir, especialmente respecto a mejorar la calidad de mi vida. De este modo no me importa tanto la cantidad de años que me quedan, sino todo lo que puedo hacer con lo que me resta. Sé que voy a forjar lo mejor, en cada segundo que tenga por delante, porque tengo la experiencia y la voluntad de hacerlo. Soy un humilde ser humano, pero que siente que nada esta vedado para nuestra especie si hay amor en el corazón. Cada día me despierto con alegría y emoción al pensar que cada segundo es único e irrepetible en toda la historia de la humanidad y yo soy el protagonista. Estoy en situación de representar un papel único y lo asumo con alegría." Resignificando las experiencias de la vida en un sentido o en otro, es como se conforman el pesimista y el optimista. La intención o voluntad es tal vez lo que define el impulso hacia un tipo de vivencias o el otro. El triste es el que ve el aspecto negativo de lo que le rodea, el que jerarquiza del pasado la parte más dolorida, y el que ve en el futuro desolación y más sufrimiento. Si vemos algún documental científico, en general, podemos decir que son optimistas. Si no hallaron la solución a algún problema, aseguran que lo van a lograr en poco tiempo. Cuentan en general sus triunfos y los que vendrán. ¿Qué los hace ser optimistas? ¿Qué pasa con sus fracasos? Parece que el gran avance de los últimos siglos, los potencia para esperar del futuro un avance igual o mejor que el ya obtenido. Los fracasos quedan ocultos o menospreciados, ya que la comunidad científica no pone el énfasis en ellos. Es más, diría que quedan capitalizados como el mismísimo camino al triunfo. Si los científicos se apoyan en sus triunfos, hacen a un lado sus pesares, y eso les sirve para seguir avanzando con entusiasmo hacia adelante. Se podría decir que esa postura optimista es parte del método científico, ¿por qué no podemos nosotros emular a la ciencia respecto a la postura frente a nuestras vidas? ¿No ponen los científicos su voluntad e intencionalidad en ver lo positivo de sus logros? ¿No resignifican ellos un fracaso, diciendo que les generó la base para el triunfo final? ¿Edison no probó miles de veces antes de lograr lo que buscaba?, ¿no tuvo mil fracasos y un solo triunfo en cada invento? El esfuerzo en adoptar una visión u otra de la vida, es casi el mismo. Por eso depende de nuestra voluntad el elegir y seguir un camino u otro. Dirigir nuestros pensamientos hacia lo agradable o hacia lo desagradable es nuestra opción en la vida. Todos los hechos que se desarrollan en el mundo tienen una interpretación optimista o pesimista. Los humanos atribuimos significado a las cosas. Está en nosotros elegir nuestros significados y por consiguiente nuestro estado de ánimo. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Tristeza. Con ella me casé de muy niño. Hemos compartido tantas cosas. La conozco tan bien me ha
acompañado tanto
Existen pueblos enteros que han hecho de la tristeza su folclore. Esta en Argentina, Uruguay, Estados Unidos. Sin duda, son pueblos tristes. La tristeza no es sufrimiento, ni siquiera melancolía. El sufrimiento surge cuando uno afronta los grandes dolores de la existencia: pérdida, vejez, enfermedad, muerte. La melancolía es el recuerdo de instantes del pasado, generalmente asociados a personas o situaciones que significaron algo importante para nosotros. En cambio, la tristeza es un sentimiento suave, casi tibio y acogedor y cotidiano. En budismo diríamos que es un estado basado en la falta de energía, producido por desarmonía. Pero prefiero verla con el cariño de una amiga que me ha ayudado a crecer, escribir y pensar (en ese orden). Creo que la tristeza se origina en la conciencia de la levedad de la vida, mientras que la angustia es el ingreso a la desesperación surgida de dicha levedad. Se me hace difícil pensar que una persona con verdadera conciencia de la realidad concreta pueda estar siempre alegre. Yo no creo en un Dios que nos juzgue al final de los tiempos, ni en un paraíso más allá de la muerte; pero tengo la esperanza de que esta Tierra, que es nuestro hogar, alguna vez, sea utilizada con sensatez. Mientras tanto, mientras esto no suceda, permítanme estar, legalmente, triste. Me han prometido vida eterna y advertido sobre las consecuencias de no aceptar a Jesús en mi vida, pero nada de eso me da temor o esperanzas. Me causa tristeza comprobar que mis compañeros en esta existencia tratan de imponer sus opiniones como si fueran verdades universales. Es triste la historia del hombre. Y cómo cada grupo humano teje su relato cotidiano. Es triste que el romanticismo sea un invento de Hollywood. Que ya no haya caballeros andantes. Que el honor sea una fantasía. Que no haya damas dulces. Que se haya negado el valor de la feminidad durante tanto tiempo, Que los poderosos del mundo maten por petróleo. Que los hombres se odien por diferencias religiosas. De vez en cuando, es cierto, hallo solaz en una puesta de Sol, una extraña flor surgida de las entrañas de una ciénaga, un picaflor en mi jardín, o la vista de una cintura graciosa. Mi alegría consiste en llevar con elegancia mi tristeza. Por lo demás, fingir felicidad me haría sentir tonto. No niego el valor de una sonrisa. Una amiga mía ensayaba una frente al espejo cada mañana. Ella sostenía que la alegría genera sonrisas y las sonrisas, alegría. La admiro profundamente. La tristeza se manifiesta como ironía. El humor agudo surge de una profunda tristeza. El Universo es una inmensa ironía. Los gnósticos dicen que la Creación es producto del dios de la oscuridad, Ialdabaoth, quien creó el cosmos a espaldas del verdadero Dios de la Luz, porque la Creación, en sí misma, es la crucifixión del espíritu en la materia. Los agnósticos, en cambio, adoran a ese Dios de la oscuridad, al que le han puesto infinidad de nombres; pero aseguran que los hombres somos criaturas malditas, separadas de ese Dios, imperfectas, pecadoras. Será por esto que matan sin piedad en nombre de sus dioses. Siento que la vida se ríe internamente de todo esto. Nos asombra cada mañana con cada amanecer. Y el Sol está allí, a pesar de tantos dioses que se disputan la verdad. Creo que lo que llamamos imperfección es la cualidad de la vida de manifestarse en formas tan diferentes. Me asombra. ¿Y por qué, entonces, estoy triste? Porque, con todo esto, aún no me alcanza para comprenderlo Mi tristeza se basa en la pobreza de mi entendimiento. Me doy clara cuenta de que no sé ni entiendo nada; al mismo tiempo que comprendo que todo el mundo está en la misma condición. Hemos llenado los espacios de nuestra ignorancia con fábulas y hay legiones de personas dispuestas a hacer guerras para probar que son verdades. Y en los momentos de verdadera lucidez, entiendo que las cosas importantes son bien pocas y simples. Nunca viviremos en un mundo perfecto, porque la vida misma se basa en el movimiento y el movimiento en la imperfección y el desequilibrio. Las cosas van hacia algún lado en busca de algo que les falta. La tristeza y la angustia nos mueven y producimos verdaderos milagros en las épocas de crisis. El Renacimiento se gestó en el vientre oscuro del medioevo. Y el deseo y la búsqueda son la matriz de nuestra existencia. El Buda enseñó: "Este mundo de sufrimientos es el Nirvana (el paraíso)". La perfección subyace en las manifestaciones de imperfección. La tristeza, esta tristeza eterna y omni-abarcante, es el motor de nuestra búsqueda, el vientre fértil de nuestra vida. exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Juan Carlos Laborde
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La tristeza es algo natural que nos atrapa, queriendo arruinar nuestra armonía ¿qué quiere decir esto? Es muy fácil
de explicarlo: todos pasamos en nuestras vidas por momento de felicidad, alegría y bienestar que luego se convierten
en un gran desconsuelo, pena y dolor. Esto es lo que conforma a la tristeza en algo oscuro que no queremos
aceptar, porque odiamos sentirnos así. Pero no debemos rendirnos ante esta situación, tenemos que luchar para derrotar
todo aquello que nos hace sentir tan mal. Pero es imposible no caer en estado de angustia, porque como sabemos no
todo es color de rosa. Existen dos momentos extremos en nuestras vidas, uno es la felicidad lo maravilloso, como se
dice "vivir en el paraíso", lo bueno, y el otro es el oscuro, no querido por nadie, lo malo, pero en el que estamos más de
una vez, y es la tristeza.
Les voy a contar una anécdota mía. Yo era una persona que cambiaba de estado de ánimo continuamente, y esto me sucedía porque me dejaba influir por las situaciones que me pasaban, no podía estar feliz por mucho tiempo, cada cosa que veía, escuchaba y me pasaba, me ponía triste y sin ganas de hacer nada. Me dejaba llevar por los sentimientos de dolor y no veía las partes buenas, solo las feas, diciendo lo que diría la mayoría de ustedes ¿por qué a mí? ¿Por qué tanta dolor? "No quiero sufrir más " Pero un día dije ¡basta! no quiero caer en esta angustia. Yo no puedo solucionar todo, solo puedo tratar de hacer lo mejor por mí. De ahí en adelante, me propuse salir de mi encierro, estar con mis amigos y disfrutar un poco más de la vida que tan linda es. Me di cuenta que estaba recluida en mi casa viendo la televisión que muestra todo lo negativo que sucede y sufriendo con mis problemas. De ese modo no iba a solucionar nada, porque el alejamiento y el encierro nos lleva a la depresión. Por eso hoy intento no ser pesimista sino más bien optimista. Un consejo como amiga: nunca dejen que sus emociones de tristeza les invadan la vida, peleen contra ella porque si no caerán en la depresión, desde donde es difícil salir solo. Como les había dicho antes la tristeza es algo que está en la existencia de todos nosotros y que tenemos que buscarle una solución para que sea pasajera. Es recomendable en esos momentos estar con nuestros seres queridos o hacer cosas que sabemos que nos hacen bien, es decir, nos entretenga para no estar mal. Esto no solo les pasa a los jóvenes y grandes, sino también a los chicos, por eso cuando vemos un niño que no se comporta como es habitual es seguro que le esta pasando algo que lo pone mal y triste. Si ustedes se sienten afligidos, desconsolados, nostálgicos, etc. es seguro que esta padeciendo de tristeza y deben, como ya le dije, hacer algo por ella. |
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Prof. Carla Marnique
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Al haber asistido en directo estas últimas semanas al drama atroz del maremoto en Asia del sur, me parece una
enorme ligereza escribir sobre mis pequeñas tristezas que tan grandes me parecían cuando las estaba viviendo. Que los
lectores sean pues indulgentes y tomen este texto por lo que es, una tontería que quiere aportar un poco de esperanza.
El sentimiento de tristeza ha estado, desgraciadamente, a menudo presente en mi vida. Pero no ha venido nunca sólo, sin razón, lo que sin duda habría demostrado una patología o un problema mayor que los que me habitaban. Además, nunca ha estado presente demasiado tiempo. Sin ser el más importante, ni el más profundo, me parece interesante contar un momento de mi vida cargado de tristeza que encuentro, por su origen y por su final, muy poco original y al mismo tiempo muy revelador. Ocurrió hace tres meses, cuando mi pareja decidió romper nuestra relación. Durante varios días larguísimos, estuve triste como no lo había estado nunca. Me despertaba en plena noche y, a penas disipadas las brumas del sueño, un enorme y profundo sollozo me sacudía. Me sentía desgraciada, y triste, y abandonada, y triste, y decepcionada, y mi vida se había terminado, y Durante el día, me tenía que esforzar en pensar en otra cosa, en trabajar; me hubiera gustado irme a esconder en un rincón para llorar. Si mis amigos intentaban consolarme, decirme cosas positivas como «no te merecía», me lo tomaba mal. Se supone que ellos me tenían que compadecer y no intentar hacerme reaccionar, pues yo aún no tenía ni fuerzas ni ganas de hacerlo. En realidad, necesitaba pasar por esta etapa de tristeza absoluta para hacer el duelo. Y un buen día, me sorprendí mirando hacia adelante en lugar de hacia atrás, y los sentimientos que me habitaban ya no eran los mismos. Ya no me sentía ni abandonada, ni desgraciada, ni triste. Sólo estaba decepcionada por el fracaso de una relación en la que creía y sobretodo decepcionada por mí misma que había escogido tan mal a mi pareja. Pues, como tan bien decía el título de un artículo de la última letra de SOS «¡Yo no elegí elegir tan mal!» Y de repente ya no estaba triste. Entonces, me di cuenta de que otras veces, durante varios días larguísimos, ya había estado triste como no lo había estado nunca, de que ya me había despertado en plena noche, triste y desgraciada, y abandonada y de que ya me había sentido tan triste que mi vida se había terminado. Y de que lo había olvidado. Tristeza del duelo, tristeza de la decepción, tristeza de la separación, tristeza de la ausencia la tristeza no viaja sola. Al principio invasora como un invitado indelicado, acaba siempre, para hacerse perdonar, por marcharse discretamente, de puntillas, sin prevenirnos, haciéndose remplazar por el optimismo, por la alegría o por la esperanza. |
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Montserrat Muniente
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