Continuando con el proceso, nos enfrentamos con el hallazgo del alma y su forma se denomina «ánima» en el hombre y «animus» en la mujer, siendo ambas imágenes del sexo opuesto que llevamos como individuos en nosotros, pero, también, como seres pertenecientes a la especie. «Ánima» es, por lo tanto, el aspecto femenino inconsciente del hombre y «animus» es el aspecto masculino inconsciente de la mujer. Todo lo latente se proyecta en la psiquis, en razón de este principio vivimos, como individuos, nuestro propio fondo sexual contrario.

Así como se objetiva la sombra, proyectándola en alguien, se elige como objeto amoroso a quien posee las cualidades de la propia alma. Es probable que una valoración subjetiva errada adjudique a un objeto amoroso, condiciones que no posee. ¿Razones para el error? Muchas. La más común, es, sin embargo, la necesidad neurótica de afecto, motivada por deficiente solución de las etapas, las más de lamentar son las consecuencias del despertar.

Dice el lenguaje popular: «todo hombre lleva su Eva».

El animus y el ánima pueden manifestarse en operaciones internas o externas. Las primeras son sueños, fantasías, visiones donde aisladamente o reunidas logran expresión los rasgos del sexo contrario. Las segundas las hallamos allí donde un individuo del otro sexo se convierte en portador proyectivo de la imagen sexual opuesta inconsciente.

Las condiciones de nuestra imagen del alma son el barómetro de nuestra condición psíquica interior y merecen especial atención para el conocimiento de «sí mismo». Las manifestaciones de la imagen del alma son inagotables, suelen ser muy complejas, no unívocas y poseen las características de la naturaleza contraria. El ánima puede ser doncella, demonio, bruja, mendiga, prostituta, diosa, etc. En el arte llega a ser la Kundry de Parsifal o la Andrómeda de Perseo, así como el animus puede ser Barba Azul, Sigfrido, Rodolfo Valentino.

El sexo opuesto inconsciente está reprimido en sus manifestaciones, cargado de cierto positivismo por falta de evolución y necesidad de adaptación. Esos mitos suscitan la emoción masiva, pero la masa es completamente distinta de lo individual.

Animus y ánima, también pueden manifestarse como animales objetos de carácter femenino o masculino, los cuales, si no han alcanzado la figura humana, se presentan en pura instintividad.

«La primera portadora de la imagen del alma es la madre, después las mujeres que excitan el sentimiento del hombre en sentido positivo o negativo.»

El desplazamiento de la libido es quizá el problema básico de la evolución de la personalidad –complejo de Edipo. El: «Dejarás a tu padre y a tu madre…» de los versículos bíblicos. En nuestra sociedad, encaminada hacia el patriarcado, la figura de lo anímico sexual femenino en el hombre busca como objeto amoroso la imagen femenina receptáculo de dichas tendencias inconscientes, aquella que puede recibir sin reparos la proyección de su alma. En la mujer ocurre lo propio con respecto al hombre.

En una sociedad patriarcal, el animus será el más poderoso. Caso preciso en la mujer de hoy, con su innegable aumento de capacidades psíquicas, su sentido algo liberado de la vida y su valor para la lucha en cualquier ambiente. En una sociedad matriarcal, el ánima será más poderosa y la balanza se inclinará hacia la manifestación no inhibida de lo femenino.

Lo expuesto nos explica cómo, muchas veces, al contraer matrimonio, puede ocurrir que el contrayente se case con la peor de sus debilidades o con la mejor de sus virtudes indiferenciadas que en el animus, como en el ánima, son dos instancias fundamentales: la «superior» y la «inferior», la «clara» y la «oscura», con sus correspondientes signos positivos y negativos.

Tanto el ánima como el animus se desarrollan a través de cuatro aspectos, femeninos en el primer caso, masculinos en el segundo. De la primera son aspectos que Jung llamó con el nombre de mujeres. Eva que fue la primera en aparecer, representa relaciones biológicas y sexuales: es la mujer que se embaraza; la segunda es Elena, la cual como en el segundo Fausto, representa un nivel romántico y estético, pero, no obstante, aún está caracterizada por elementos sexuales; la tercera es María, la virgen, que eleva el amor a alturas de devoción espiritual; la cuarta es Sofía, la sabiduría, que trasciende incluso lo más santo y lo más puro.

Las figuras del animus son: 1) el deportista, personificación del mero poder físico, atlético y musculoso; 2) el ejecutivo que posee capacidad e iniciativa para actuar; 3) el profesor o sacerdote con el don de la palabra convincente, clara y armoniosa; 4) el significado: principio unificador, mediador y resultante en el trabajo analítico del pasaje por todas las formas de presentación anteriores del animus. Va más allá de la experiencia religiosa que en ella misma, da a la vida un nuevo significado, firmeza interior e invisible apoyo interior para acceder a significar el más allá del conocimiento objetivo consciente.

Estos arquetipos jamás ocultan el ser del hombre individual, ya que cuanto más individual es un hombre, tanto mayor es la incongruencia existente entre el portador y la imagen proyectada en él.

La imagen del alma está en relación directa con la condición del hombre en lo que se refiere a su función dominante.

Conciencializados, el ánima y el animus, las proyecciones sobre el otro del sexo opuesto se atenúan para dar lugar a la aceptación del otro real, en su individualidad, se vive entonces la realidad por mezquina que esta sea. No se adjudicarán más al objeto amoroso, cualidades que no posee, pero tampoco culpas que nos pertenecen.

Doctora E. Graciela PIOTON-CIMETTI



Llegan los dos a la consulta, y una se queda preguntándose nuevamente que es una pareja?

Luego de que algunas palabras florescan para contarnos que significa una pareja, y de darnos las explicaciones, biológicas, psicológicas ,sociales, antropológicas y culturales que puedan unificar conceptos, dejamos esto de lado y decidimos invitarlos a introducirse en la dimensión del ensueño.

Y por qué?, porque "lo que la visión de ensueño tiene de notable es que pone el alma atenta a lo que va a suceder, al mismo tiempo que superando el reposo, hace pasar al acto las iniciativas. Es esencialmente una puesta en movimiento del alma".

Y así proponemos a ambos recuperar una identidad global que implica un: yo soy con los otros, reconociendome y reconociendo al otro como diferente a mí.

Identidad global, emergiendo como un estilo, una manera de ser en un escenario, que denota un interés relacional.

Y lo que va a suceder es descubrir el espacio de intersección de los dos mundos, esa coproducción dialógica de la que participan cada uno de los integrantes de la pareja, que tiene por fuente dos historias, dos tiempos, dos espacios, infinidad de actores, que nace de su confluencia y del que emergen conjuntamente cada uno de ellos y el tan distorsionado "nosotros".

Claro, que suponer que rápidamente puedan sentir su originalidad y al mismo tiempo disponer de los caracteres generales de esa coproducción, sería confundir un proceso terapéutico con un acto mágico.

Que sean comprendidas las vicisitudes de la vida afectiva de la pareja depende de la capacidad de funcionamiento mental de quienes la conforman para modular los afectos y convertirlos en un instrumento de creatividad, no en un campo minado en el que a toda costa se desea levantar una mole de cemento.

Habrá que comenzar por restituir el deseo de comunicarse, ir dejando de lado la pobreza de diálogo y una adhesión estrecha a la literalidad del lenguaje, o sea lo meramente descriptivo.

"Movimiento y palabra, la visión del ensueño alcanza de entrada al ser que ella enuncia verdaderamente porque ella misma es el ser que ella enuncia. La verdad es esta singular adecuación cuya evidencia el alma experimenta, entre la palabra y la cosa nombrada. En el seno del ser, en el origen que es también el tiempo de nombrar, el mensajero forma parte del mensaje, porque la misma palabra determina al uno y al otro".

Es que vivimos tan despiertos, en un mundo normativizado, esclavo de la incertidumbre, con un nivel de desocupación que promete despojarnos cada vez más de aquello que nos hace humanos, ser seres productivos, con el lenguaje por herramienta.

Entonces en vez de sentirnos dispuestos a convidarnos a una puesta en palabras que al nombrar realice sueños, invenciones, acciones, nos olvidamos o simplemente desconocemos la pulsación del deseo.

-¿Cómo se conocieron?- pregunto.

- Una tarde chocamos en un parque de diversiones y después seguimos juntos porque nos gustamos. Siempre fuimos de poco hablar, pero ya solo nos peleamos.

- Añoro la sensación de alegría que tuve al mirar su rostro, dirá ella.

- Me gustaría tener ganas de abrazarla como antes, continúa él.

-¿Si el gustarse los juntó, qué fue lo que los unió? ¿cómo se conocieron?, insisto.

- Eramos jóvenes, teníamos ideales, sueños, de eso hablábamos. Hay lagrimas en los ojos de ella.

- Nuestras familias nunca se llevaron bien entre sí, y nosotros fuimos hundiéndonos en la monotonía. ¿Qué nos unió?, creer que como teníamos la vida por delante todo era posible las manos de él hacen dibujos en el aire.

Luego fueron describiendo como vivían, su casa, sus hijos, sus gustos y disgustos, sus trabajos y pesares, sus amigos…

Nos depedimos hasta la próxima sesión.

Me quedo pensando que paso a paso fueron configurando un funcionamiento adaptativo, a lo que se debe hacer o se supone que se espera que cada uno haga en cada ocasión, dejando por fuera el contacto y la expresión del sentir.

Los días, meses, años, entremezclaron azar y necesidad. Las situaciones conflictivas, cotidianas, fueron impregnándose de banalidad. La tonalidad afectiva cobró fuerza en el hostigamiento y la hosquedad.

Fundamentalmente cada uno de ellos estrechó su existencia al campo de los acontecimientos, dejaron por fuera sus enigmas, se envanecieron sus anhelos nublando sus cuerpos. Transcurrieron al modo de un largo insomnio.

Pero de pronto el viento del espanto los movió a que me pregunten:

-¿Podrá hacer algo por nosotros?

El lugar terapéutico, crea el espacio para que se despliegue el movimiento creativo, interpretativo, el pensamiento entramado al afecto toma su puesto, y la palabra… que había estado arrinconada, se despliega.

Es que al igual que el sueño que solo existe en la medida en que se lo recuerda, nosotros lo hacemos en la medida en que creamos una actividad subjetiva que no nos pierda en una sucesión de hechos vividos cronológicamente con mayor o menor hastío.

Actividad subjetiva que se materialice en un proyecto que refleje quienes somos y que sentimos.

Actividad subjetiva que transforme lo desafortunado de la monotonía, que solo pide la compañía del otro para calmar el tiempo diabólico del aburrimiento de tener que soportarse cada uno a si mismo.

Es como pasar del insomnio desesperado, al sueño.

El sueño reconoce su soñante, el soñante musicalisa el sueño, entre pentagramas, bemoles, silencios y compases la melodía serpentea nuestro ser.

Entonces el "nosotros" es posible.


Bibliografía: Sami-Ali, "Le rêve et l'affect. Une théorie du somatique", Dunod, Paris,1997
Licenciada Rut Diana Cohen



La terapia psicológica suele tomar diferentes formas y matices dentro del ámbito de la psicología. Creo que actualmente también acontece con una disciplina como la medicina, que no hace mucho tiempo atrás era, por lo menos en occidente, una práctica con homogeneidad de criterios. Hoy todos sabemos que hay muchas formas de encarar y combinar las prácticas médicas, como resultado de la mixtura de culturas y costumbres en el arte de curar.

En psicología, parece ser que nunca hubo una hegemonía de criterios para su práctica. Cuando el psicoanálisis tuvo mucha repercusión en una zona del planeta, en otros lugares ni siquiera era conocido. También es cierto que en muchos casos se invirtieron las costumbres. Tampoco puede decirse ciertamente que un lugar determinado es bastión de ninguna escuela determinada. Hoy por hoy puede verse que la psicología va conformándose eclécticamente, especialmente cuando se practica en hospitales y grandes centros de atención, donde la efectividad de los terapeutas es de fundamental importancia, para que la práctica siga los perfiles de la institución.

Cierto tipo de práctica es imposible de ejercer por ejemplo en los hospitales públicos de Argentina donde todavía quedan algunos, de atención gratuita, donde hasta el psicoanálisis más ortodoxo, tiene que implementar modificaciones sustanciales a sus reglas básicas.

Así es que surge de parte de las personas afectadas, ciertas demandas que pueden ser difíciles de satisfacer, si no se tiene un buen surtido de respuestas para ellas.

Es el caso de la terapia de grupos o la terapia de pareja. No todas las escuelas de psicología amparan tales dispositivos terapéuticos.

Creo que es una suerte que en este siglo que comenzó, se tenga muy en cuenta que todo está enmarañado en una red muy difícil de explicar y conceptuar. De este modo se pierden las certezas que son las causas del estancamiento del conocimiento. Cuando algo se sabe con seguridad, se supone que no necesita investigación ni comprobación ulterior, por lo que se cierra la puerta y se niegan los hechos que no pueden explicarse por la teoría correspondiente.

Eso es lo que pasa con algunos dogmas dentro de la psicología. A veces se hacen adaptaciones tipo parche, pero no dejan de poner en contradicción parte de su sustento teórico.

Cuando se requiere de una respuesta para tratar conflictos de grupos o parejas, nos encontramos en condiciones muy parecidas a las que se encuentra un científico cuando trata de explicar un fenómeno, es decir, debe tratar de tener en cuenta todas las variables, y para su estudio debe dejar algunas constantes y variar otras, tratando de llegar a la situación ideal, que es el que más se asemeja a la realidad, cuando todas las variables hacen lo que naturalmente tienen que hacer: variar juntas al mismo tiempo.

Me parece importante nunca olvidar este concepto, y es lo que hago en mi práctica profesional: tratar de investigar todo lo que rodea la vida del paciente, cuanto más datos relacionados a su entorno, mejores parecen ser los resultados.

Debemos agradecer que nos reclamen terapias de parejas y grupos porqué de éstas podemos aprender y explicar muchos padecimientos que no nos explican otras teorías, o bien menoscaban su importancia. Considero que el dispositivo que estudia al sujeto en "movimiento" y "relación" va a marcar la tendencia de los próximos años en terapia.

Lic. Alejandro Giosa



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