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Extracto de «Aspectos psicosociales de C. Gustav Jung» (capitulo XXIII) Hemos expresado que los símbolos son inmodificables por cuanto pertenecen a los estratos más profundos del inconsciente colectivo y por esto sólo pueden surgir cuando las circunstancias sociales les son favorables. Los contactos y la coerción social determinan el surgimiento de aquellos símbolos que son oportunos en ese momento histórico. Pero, lo que se activa, no es propiamente la forma histórica particular del símbolo, sino su forma arquetípica. Cuando el contexto social hace surgir un tema arquetípico, éste se impregna con los elementos « secundarios » provenientes del mismo. De aquí surge otra función del símbolo, es el puente entre la historia y la cultura. Cuando un arquetipo no es utilizado por el contorno social cae en las profundidades del inconsciente colectivo y cuando menos sea empleado en la historia, menor será su profundización, sin embargo jamás pueden desaparecer. Esta es la razón por la cual aparecen símbolos entre grupos étnicos, en los que es sumamente improbable el contacto cultural o la aculturación. Rechaza Jung explícitamente la idea según la cual la cuna de las civilizaciones ha sido una y de allí se expandió por el resto de la ecumene. Al contrario, afirma que los símbolos básicos surgen espontáneamente fuera de la conciencia y que su identidad proviene de que los mitos revelan arquetipos, existentes en la psiquis en estado potencial y que se activan cuando las circunstancias culturales o históricas le son favorables, de allí se pueden explicar las semejanzas existentes entre culturales espacio-temporales distintas. Pero el arquetipo está solo preformado como utilizando un símil de Jung los cristales en una solución sobresaturada. Así se « forman » los cristales y los símbolos en un momento dado. Antes estaban disueltos unos en la solución y otros en el inconsciente colectivo. Jung manifiesta que cuando un símbolo nuevo hace su aparición en el contexto histórico de una sociedad, ésta puede adoptarlo o rechazarlo. Esta distinta recepción del símbolo está en función de las experiencias históricas de ese grupo étnico. Además, el símbolo aceptado puede, por estas mismas circunstancias, ser de pequeña o larga duración. Desde luego este símbolo carente de significado para el inconsciente colectivo, podrá en algunas circunstancias muy favorables, imponerse pero su reinado será de muy corta duración y será reemplazado por otro más afín con la idiosincrasia del pueblo o de la sociedad en cuestión. Como ejemplo evidente de esta especulación relata Jung lo ocurrido con el cristianismo en los pueblos nórdicos europeos. La religión semita terminó por imponerse en toda Europa. Las mitologías nórdicas fueron abandonadas, pero las condiciones psíquicas derivadas de estas situaciones se caracterizaron por su inestabilidad. Por ello, afirma Jung que la historia del cristianismo en Europa con su interminable sucesión de guerras de religión y de cismas, con la frecuente adaptación del rito cristiano al pagano y viceversa y el surgimiento de ideologías anticristianas en los tiempos actuales, está evidenciando las consecuencias históricas de haber impuesto por la fuerza coercitiva o emulativa, un conjunto de símbolos inadecuados porque no estaban de acuerdo con el inconsciente colectivo de los pueblos nórdicos. Para Jung como para cualquier observador objetivo de la historia europea es evidente que este fenómeno no es propiamente actual sino lleva largos siglos de gestación. Esta tensión está determinada por la amalgama incierta de símbolos discordantes el paganismo precristiano, la religión judeocristiana y la militancia protestante que provoca una insoportable tensión psíquica en los europeos. Con Pierre Janet postula Jung que mientras la actitud consciente se mantiene firme, se pueden mantener controladas las fuerzas autónomas del inconsciente. Es necesario un « descenso del nivel mental » afirmación de Janet que Jung, en respetuoso homenaje, escribe siempre en francés en sus libros para que los complejos autónomos hagan su aparición en la superficie de la conciencia. De aquí se deduce que la actual inestabilidad política y social, se engendra fundamentalmente en la declinación de la simbología cristiana. Por ello, es dable esperar que al dejar de actuar los símbolos cristianos como transformadores de la energía psíquica aparezca una declinación de las actitudes conscientes dominantes, declinación que determina, de acuerdo con las ideas de Jung, la movilización de otros símbolos, capaces de encauzar las energías psíquicas. Como la simbología cristiana se muestra insuficiente deben surgir nuevos arquetipos y nuevas figuras a la superficie de la conciencia. La psiquis individual se adentra en el inconsciente colectivo, pero cuando ello ocurre la perdida de valor de esos símbolos sociales con poder aglutinante provoca durante un cierto lapso la inmersión de la psiquis individual en el inconsciente colectivo pero entonces solo cave esperar simplemente la salida de nuevos materiales inconscientes. Jung anticipó esta situación al analizar pacientes alemanes en la postguerra de 1914-1918. El dice :
« Advertí perturbaciones peculiares en el inconsciente de estas personas que no podían ser atribuidas a su psicología personal. »
Consideró Jung y los hechos posteriores le dieron amplia razón que la psicología de estos alemanes mostraban una simbología proveniente de etapas anteriores al cristianismo, llegando a la mitología nórdica. Previó el surgimiento de Wotan rodeado de : « Símbolos mitológicos que expresaban al primitivismo, la violencia, la crueldad y, en suma, todos los atributos de las tinieblas. »
El nacimiento y el triunfo del nacionalsocialismo le dió amplia razón. Se asistió a un período pavoroso de locura colectiva cuyos factores desencadenantes fueron los emergentes del inconsciente colectivo, emergentes cuya inflación desordenada sumergieron al pueble alemán en el caos. Otra interesantísima observación junguiana, nos pone en guardia acerca de los pueblos demasiados civilizados. En estos casos, ocurre que por estar « presos » en las actitudes convencionales, los individuos pierden su capacidad de experimentar el flujo normal de los materiales inconscientes. Ello ocurrió en la Inglaterra victoriana. Demasiado apegados al ritual social, carecían de energía psíquica por estar esta reprimida por el convencionalismo social. El individuo pierde entonces contacto con las fuerzas creadoras de su inconsciente y debe colocar su fe y su actuación al servicio de las convenciones que son mecanismo sin alma que nunca podrán hacer otra cosa que asir la rutina de la vida. En esta condición se desequilibra el psiquismo demasiado hacia el lado de la conciencia. La energía psíquica se acumula en el inconsciente y al no poder encontrar los canales de comunicación con la conciencia alcanza una magnitud tal que estalla en una rebelión incontrolada, sin conciencializar las emociones.
« Se observa que, cuando predomina la simple rutina de la vida bajo la forma de las convenciones tradicionales sobreviene el estallido de las fuerzas creadoras ; es decir los arquetipos. »
Durante estas etapas de « domesticación » históricas, las convenciones procuran al individuo una seguridad, dotándolo de un medio fácil para poder admitir actitudes. Esta seguridad constituye su mayor peligro psicológico, pues :
« Cuando se plantean condiciones nuevas, no previstas por las convenciones antiguas, el pánico se apodera del ser humano, a quien la rutina mantenía inconsciente, así como se apodera del animal en fuga, con resultados igualmente imprevisibles. »
Esta posición de desequilibrio, por ende, susceptible de engendrar variadas complicaciones individuales y sociales, solo puede ser mantenida cuando la conciencia es muy poderosa y consigue reprimir estos materiales inconscientes. Sin embargo, esta posición de equilibrio logrado sobre la base de una férrea represión es inestable. La misma acumulación inconsciente determina la ruptura de la represión y el surgimiento triunfante del inconsciente colectivo. Se activan los símbolos enterrados a gran profundidad, rodeados de otros contenidos en parte conciencializados dotados de tremenda energía los que se alzan en franca rebelión. Cuando esta situación se produce en un individuo aislado provoca una psicosis y lo priva del contacto con el medio social. Cuando surge en numerosos individuos, se provoca un movimiento social de poderosa energía propulsora. El psicótico es un individuo vencido por sus fuerzas inconscientes, pero la masa no puede etiquetarse de psicótica, porque dice Jung que :
« La misma condición se presenta con caracteres colectivos, pero en la masa sólo ejerce un predominio parcial. En estas circunstancias extrañas ideas se apoderan de personas sanas. Grupos y sociedades y aún pueblos enteros pueden sufrir estas eclosiones bajo las características de una verdadera epidemia mental. El psicótico aislado es un caso individual y susceptible de ser controlado. Pero, estas epidemias sociales que se presentan en las sociedades globales, son mucho más sutiles, mucho más difíciles de controlar y mucho más peligrosas, porque son arrolladoras. Caso típico es el nacionalsocialismo alemán. Además se disfrazan de elementos constantes y, por lo tanto, fáciles de desarrollar y descubren enemigos ocultos en quienes no participan de su verdadera psicosis colectiva, actuando contra ellos con toda la violencia primitiva que poseemos todos los seres humanos, más o menos controlada. »
Esta situación es calificada por Jung como « posesión ». Desde luego, un diagnóstico psicológico, más o menos brillante, no hace al fondo del asunto, lo importante es captar que las posesiones en el curso de la historia se producen por el resucitamiento de un símbolo olvidado y aparentemente anacrónico.
« Cuando éstos símbolos se dan en un gran número de individuos como si los atrajera una fuerza magnética, formándose así una turba ; no tarda, entonces, en aparecer su conductor, representado por aquel individuo que presenta la menor resistencia, el menor sentido de la responsabilidad y, en razón de su inferioridad, la mayor voluntad de poder. El será el encargado de poner en libertad todo aquello listo para hacer irrupción y la turba habrá de seguirlo con la fuerza irresistible de una avalancha. »
Estas palabras de Jung vienen muy a propósito para refutar sus posibles afinidades con el hitlerismo. Emplea, también, el término « demoníaco » para rotular esta situación. En la clásica novela de Dostojevski, Demonios, aunque en muchas traducciones castellanas se rotula como Los endemoniados, el genial novelista relató como los nihilistas se introducían en el cuerpo de la santa Rusia y previó su forma de actuar y como se proyectarían los contenidos del inconsciente colectivo, por supuesto sin designarlo como lo hace Jung. Esta obra señera de Dostojevski empalma con Crimen y castigo y culmina con Los hermanos Karamasov. En Demonios, el caso individual de Raskolnikoff, de Crimen y castigo, se transforma en Verjovenskii en un drama o mejor dicho en un melodrama. Si, en Raskolnikoff, el crimen individual de la usurera y de su hermana anciana no pasa de ser un caso individual, actuando en nombre de un darvinismo poco elaborado : la supervivencia del más fuerte ; en Verjovenskii que es un cínico, un despreocupado debe apoyarse en su obra de revolucionario, en hechos reales, como ser la miseria y el dolor de los obreros de la fábrica de Schpigulin. De esta manera, disfraza su acción tras la máscara del patetismo. Dostojevski captó con agudeza que éste desalmado es, también, un ángel, un místico que sueña con una revolución que años, después, se produjo, pero no sale de la resurrección del pasado, de los tiempos de los usurpadores, de los falsos Dimitris salidos del pueblo y exaltados al trono por la fe y la superstición de las masas. Para este fin cuenta con su amigo, el aristócrata Stavriguin, para subirlo al trono imperial como un falso zarevitz. También, es un « demonio », el padre de Verjovenskii, el abominable y simpático Trofinovich. Eran los hijos del positivismo, que no creían en Dios ni en el Diablo : corteses, negadores, risueños, amables, finos y sutiles que hablaban francés, prefiriendo la lengua de la nodriza a la de la madre. Ni fríos, ni calientes, sólo tibios, a la manera de los condenados por el ángel en el Apocalipsis, los que no son puros ni impuros. Sin embargo, el escéptico se horroriza ante el hombre de acción que es su hijo, hijo de su sangre y de sus ideas. En un diálogo memorable entre ambos se asiste a la diferencia entre el cortés y delicado Trofinovich, todavía sentimental que ha conservado su fe en la Madona de Dresde y que sin embargo, un duro, ya que desconoce la cortesía considerándola debilidad es duro y un despiadado cuando afirma que un tren vale mucho más que una Madona la obra fue escrita en 1870. Más tarde, esta misma concepción la encontramos en boca de otros « demonios », afirmando que vale mucho más comer y gozar bien que sufrir y prosperar espiritualmente. Esta posesión demoníaca de lo que nos habla Jung es ilustrada con el caso alemán. Aquí, también, contemplamos horrorizados como surgían elementos psicológicos del Averno, irrumpiendo en la conciencia como agentes de una enfermedad mental. Reiteramos que si bien los contenidos y las manifestaciones varían de conformidad con la cultura, los arquetipos surgen del fondo del inconsciente colectivo y son los símbolos históricos de las figuras mitológicas que cuando ganan la conciencia individual y colectiva, forjan usurpaciones de segmentos conscientes, por otros arcaicos inconscientes. Este mito se consteliza, se rodea de elementos conscientes e inconscientes que se constituyen en un « complejo autónomo » que actúa como tal. Por eso, los mayores absurdos que hemos contemplado en el curso de la historia pueden presentarse de nuevo, disfrazándose en la oportunidad como reivindicaciones sociales, mejores salarios, beneficios ininterrumpidos de la ciencia, etc. Pero el núcleo de estas sofisticaciones o de racionalizaciones para decirlo en la jerga freudiana es siempre inconsciente e irracional. Esta es, también, la idea rectora de Jung respecto al fenómeno religioso. Este constituye la cristalización de elementos que surgen en el inconsciente colectivo de figuras históricas de prim era magnitud los fundadores de religiones, como Buda, Manes, Zaratustra, Cristo, Mahoma y de allí su proyección social. Nos dice :
« La religión es una expresión espontánea de cierta condición psicológica predominante. Su utilidad es la de proporcionar estabilidad a la psiquis, impidiéndole el surgimiento de las experiencias religiosas directas, casi siempre catastróficas para el individuo, y a su vez como correligio como fundamento solidificante del núcleo social. »
La naturaleza de la religión es esencialmente simbólica. Se manifiesta en todos los planos que Jung describió a propósito del símbolo. Es psicológica, en el sentido de expresar los elementos más profundos del inconsciente colectivo, es social, porque mantiene la interrelación del individuo con el grupo en función de creencias compartidas ; es histórica, porque suministra a la continuidad de los pueblos un marco de referencia para su situación actual y es, sobre todo, ontológica, porque es el medio a través del cual, casi todos los individuos son capaces de experimentar una cierta intuición, acerca del significado último de la realidad. La relación entre la religión y la conciencia es uno de los puntos claves de la teoría junguiana, para encarar el problema psicológico histórico y social de nuestro tiempo. De acuerdo con Jung, el aspecto actual del problema religioso proviene del conflicto entablado entre la religión y la razón, durante la etapa histórica del « Iluminismo » del siglo xviii. Durante esta época fue dura la lucha entre distintos sectores de la población europea, pues muchos de sus espíritus rectores aspiraban, con absoluta carencia de la necesaria perspectiva psicológica, a que las verdades religiosas estuvieran de acuerdo con la razón. Nos dice Jung que las creencias religiosas provienen de expresiones de los arquetipos inconscientes y, por lo tanto, cuando llegan a la conciencia resultan incomprensibles si queremos aplicarles las categorías del pensamiento racional. Pero, por ser inconscientes son « numinosas » y, por lo tanto, vivenciadas entrañablemente. Por ello, de conformidad con los conceptos junguianos, expresar que un hombre tiene « fe » equivale a decir que es capaz de vivir sus símbolos y que éstos se mantienen vivos, mientras que expresar que un hombre es « escéptico » significa que este es incapaz de vivir sus símbolos arquetípicos y que estos han dejado de poseer valor numinoso. Esta situación es muy interesante y preñada de consecuencias para el « espacio-tiempo-histórico » actual. Comencemos con el desarrollo de la idea de Dios. De acuerdo con Jung, éste es un arquetipo que se expresa bajo la forma de un símbolo. Es el símbolo de mayor poder energético y por su intermedio el individuo alcanza sus contactos directos con las realidades últimas de la vida. Sin embargo y con el objeto de enfrentarnos a muchas de las críticas de las concepciones religiosas de Jung, debemos insistir sobre lo que él entiende por religión. Es como dice la voz latina : religare, unir. La función de la religión sería centrar un complejo autónomo poderoso, numinoso y de gran poder constelizante, con la cual se armonizarían en un equilibrio inestable e interno a él, distintos arquetipos del inconsciente colectivo. Este es un concepto psicológico, no teológico ni ontológico. El concepto de « persona » en Jung posee, también, indudables connotaciones sociales. Recordemos que la persona es el lado externo de la personalidad, precisamente, aquella que mira hacia la sociedad y que el sujeto exhibe ante la misma. Su afirmación se realiza a través de los símbolos sociales vigentes y, por ello, la define como un « extracto de la psiquis colectiva ». Su elaboración se efectúa no sólo a través de las características psicológicas individuales, como ser el tipo, la biografía, su naturaleza, etc. Sino además y muy especialmente a través de los símbolos sociales que encierran mayor significación para el grupo total. De allí que deduzca que cuando los símbolos sociales proporcionan eficaces canales de comunicación, las energías psíquicas afluyen sin obstáculos hacia la vida social. El sujeto, en estas condiciones, puede conservar sus módulos psicológicos, adaptándolos a los símbolos o « análogos libidinales » de la sociedad global en el momento y espacio histórico que le toca vivir. Cuando las cualidades de su psicología no están acordes con los símbolos de la sociedad global en que vive, no logra hallar los canales de comunicación adecuados para adaptarse a la vida, no puede forjar una « persona » y las energías psíquicas dejan de fluir hacia el exterior, volcándose hacia lo inconsciente y en un movimiento regresivo de la libido se transforma apartándose de las partes de la vida social consensualmente aceptadas, neurotizándose. Esta situación no tiene que interpretarse como definitiva, pues puede ocurrir y, de hecho ocurre con frecuencia, que vuelva a forjarse otra « persona », la cual puede adaptarse sin mayores dificultades a la vida colectiva. Jung denomina a esta reestructuración :
« Restauración regresiva de la persona. »
La marginalidad como conducta social sería esta restauración sin traslación progresiva. Puede ocurrir, también, que este esfuerzo se malogre o que en esta reconstrucción que devuelve un papel al individuo en la sociedad, este movimiento progresivo de la libido, fracase. Entonces, la energía continúa retrocediendo hacia el inconsciente hasta movilizar los arquetipos. Cuando se presenta esta situación, el futuro del individuo se torna dramático. No solo debe adaptarse a la vida social, sino también a su propia vida. Es en estos casos, cuando se hacen presentes los deseos de terminar la vida, pues llega a desconocerse el significado de la misma. Jung afirma que el significado de la vida está representado por aquellos símbolos integrados en la estructura social profunda de la sociedad global. La neurosis consiste esencialmente, según Jung, en que el hombre no encuentra sentido a su vida. Entonces, se siente extraño a la sociedad global y se sumerge en el seno del inconsciente, procurando hallar los arquetipos y los símbolos que le hagan vivenciar su nuevo rostro en la sociedad, su nueva « persona ». Cuando ocurre, esto con aterradora frecuencia, el inconsciente experimenta una « inflación » provocada por el exceso de libido que contiene ; se produce la emergencia caótica de los arquetipos ; el individuo cae preso de sus representaciones arquetípicas y se aliena. Históricamente esta situación involucra el debilitamiento de los valores sociales de una cultura. Cuando sus símbolos se manifiestan incapaces de alimentar el ansia de vivir de un individuo, la cultura está herida de muerte. El descontento íntimo de cada integrante de la sociedad conducirá a la disgregación progresiva del acerbo cultural. Sin sobrepasar los límites psicológicos que se impuso, Jung afirma que una sociedad puede funcionar satisfactoriamente sólo cuando suministra a sus miembros los símbolos necesarios para que la libido siga fluyendo del individuo hacia la sociedad y realice empresas culturales que la misma necesita. Cuando ello no ocurre, los individuos se sumergen en lo inconsciente procurando hallar nuevos símbolos, nuevos mitos, nuevas religiones que provoquen la transformación de las creencias básicas de la sociedad global. Ello es lo que de acuerdo a Jung, ocurre precisamente ahora en Occidente. Se asiste a numerosos signos de introyección de la libido, como ser el propio psicoanálisis, la aguda introspección de la literatura actual, la aparición de la pintura no figurativa, la introducción de doctrinas y religiones orientales, la duda acerca de los valores intelectuales y morales del mundo occidental. Jung interpreta estos síntomas como elementos diagnósticos que lo llevan a afirmar que los símbolos vigentes en Occidente carecen en la actualidad de vigor para vehiculizar la libido de los individuos hacia el exterior y cabe esperar el surgimiento, o mejor dicho, la actualización de nuevos símbolos, porque el pasado sobrevive en la psiquis y el surgimiento de nuevos valores y de nuevos símbolos debemos considerarlos como el florecimiento de antiguas creencias que estaban sepultadas y que vuelven a florecer. Aquí surge la verdadera conceptualización de Jung acerca del hombre como ser histórico, coincidiendo con Dilthey : « La psiquis no puede ser considerada como un edificio de propiedad horizontal, donde el subsuelo corresponde al inconsciente. Es verdad que se extiende profundamente hacia abajo, pero, también, lo hacia atrás en una dimensión temporal, de manera que de una manera u otra, la historia está potencialmente contenida e inconscientemente expresada en cada individuo. »
He ahí, pues, la gran hipótesis junguiana para el estudio de la historia en función de la psiquis. Ella hace posible la dimensión del estudio temporal donde el tiempo es una categoría unitaria para la personalidad y la historia social. Como señalo el profesor Eaton hace algunos años llegará el día en que este aspecto de la teoría junguiana de la psiquis se integre con los sistemas filosóficos del tiempo, creados por Bergson, Husserl, Whitehead y G. H. Mead. Aquí es la oportunidad de recordar la teoría junguiana de la sincronicidad que cala profundamente en el concepto del tiempo y, también, del espacio exterior, en función de la psiquis. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Marchas masivas en todo el mundo contra la guerra.
Función Paterna actualizada y revitalizada a nivel mundial en una acción mancomunada a favor de la paz. Donación estimulante de protección y amparo. Creatividad victoriosa de la utilización de Internet, conciencia artificial puesta al servicio de la conciencia humana que pugna por un nivel vibratorio mayor que permita desarticular la dualidad en la que nos movemos cotidianamente. Los mails transportaron el pedido de reunión, la compasiva reunión de lo que muchas veces perdemos de vista, la unión de los humanos, terráqueos trabajadores de luz descomprimiendo fortalezas de dolor mezquino para encender las fogatas de amor. Función Paterna que no solo delimita lo posible de lo imposible, sino que entrelazándose a la Función Materna volvió a vivificar renacimientos dorados de los desconocidos de siempre que unimos nuestra emoción en busca de nuestro puerto universal de paz. Dishidrosis planetaria, la piel del mundo llora y llora, porque la comunicación, la generosidad, la bondad, la creatividad, el estímulo por un nuevo orden superador y abarcativo de mentes insertadas en ansias de poder, se habían convertido en algunos oasis ampollados y cortejados secándose por la oscuridad artificial. Pero parece que ésta vez no nos preguntamos mayoritariamente ¿por qué nos toca vivir en una época semejante?, sino ¿qué tenemos que aprender de éste momento humano?. Ayer en el mundo entero, nosotros, la gente, reubicamos la solidaria respuesta del despertar de la conciencia. No despertamos de una vez y para siempre, vamos aprendiendo y construyendo, vamos dándonos la mano desinhibiendo una mirada cómplice con la alteridad. Ellos y ellas, nosotros, vos y yo soltando la cuerda del deber ser egoísta. Ayer en todo el mundo reconocimos la niñez, confiamos en nosotros juntos, jugamos al papá fuerte y seguro que todos reunidos fuimos, el que nos trae noticias del mundo y nos inserta en él, el que nos da la mano y nos augura futuro en el presente aprendiendo a mirar la costa que madure la tranquilidad de no sumergirnos en una locura sin vuelta atrás. Hoy! sigamos jugando, que nuestro niño interior no renuncie! Sabemos ya por haber sido viejos antes que el estrés colectivo, el aumento de la desigualdad, la crueldad , el horror borran las huellas que cada civilización nos ha legado para transmutar la pena en alegría, el conocimiento en conciencia, la pasión en compasión. Invirtamos en juguetes!, que de pronto, ayer, las ciudades del mundo estuvieron cerca, no precisamos aviones, trenes o barcos para estar juntos y brindar por la paz. El gran sol central iluminándonos y el arcoiris cobijando la vida. |
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Licenciada Rut Diana Cohen
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¿Hay algo más universal, y con percepciones tan variadas como lo es el tema de la paternidad o maternidad?
En el aspecto fisiológico, son los componentes indispensables para generar la vida humana. ¿pero hasta qué punto es posible afirmar hoy que son tan necesarios? La clonación, la gestación in Vitro, y todas sus variantes, parecen poner en duda la necesidad indiscutible de un padre o una madre. Por eso creo que lo importante en este tema es el aspecto psicológico que lleva consigo. Padre o madre podrían ser los seres que proveen de lo necesario para el crecimiento y desarrollo de un ser, que viniendo indefenso al mundo, requiere de ayuda. ¿Pero que sucede cuando alguien, aunque no provea de bienes materiales para la subsistencia, aporta el ejemplo y la conducta que termina siendo guía y referencia en la vida de la persona? ¿Podríamos decir que la paternidad, tiene más connotación psicológica que material? Para muchos de nosotros, un abuelo, un maestro, un actor, un vecino, o un personaje de un libro, puede cumplir con la función de padre, si entendemos ésta como el sustento psicológico, que permite la conformación psíquica del sujeto, considerado como "hijo". Entonces podríamos decir que se podría dar el caso hipotético de que tengamos "hijos" sin saberlo, por haber sido referencia de alguien alguna vez o lo seamos en forma encubierta. Esa concepción de padre es la que más me gusta. Nos puede dar la alegría de saber que aunque no tengamos la responsabilidad material sobre la formación de un sujeto, sí podamos entregarnos de otro modo a la tarea de formación de nuevas generaciones. Y tampoco es una cuestión de edad, ejercer la función paterna desde este punto de vista. Los jóvenes podemos influenciar sobre los mayores y parece ser que en los últimos tiempos eso sucede con mucha frecuencia, tanto es así que los padres suelen imitar a sus hijos en vestimenta, modales, actividades, etc. Seguramente habremos oído o visto a madres que parecen más las amigas de sus hijas, que lo que son. De hecho la adoración por la juventud, lleva a casi todos a imitar los modos de sus legítimos propietarios (los jóvenes). En cuanto a autoridad, tradicionalmente la función paterna, gozaba de ciertos privilegios. En este punto parece que la situación "posmodernista" que vivimos, invirtió esa situación en muchos casos. Hay más padres de lo que parece, en que los hijos, son los que deciden que se hace, desde una comida, hasta la elección del lugar de vacaciones. Me pregunto desde lo psicológico, ¿quién ejerce ahí la función de padre? Parecería que los "hijos" Dicen que los tibetanos tenían una regla que usaban para guiarse en la educación de sus hijos. Si el padre era rico, hacía que el hijo en su niñez y su juventud vivieran en forma humilde y en lo posible sacrificada. Cuando fueran grandes seguramente gozarían de las riquezas que heredarían del padre. En el caso de familias pobres, se intentaba hacer lo más feliz posible la infancia, previendo que en el futuro, la pobreza por sí misma entregaría las dificultades. Y los chinos sabiendo cómo era el padre, podían inferir el carácter de sus hijos: si el padre era torpe, los hijos fácilmente podrían ser listos, y si el padre era listo, sus hijos probablemente saldrían torpes. Esto último me hace pensar, ya que veo muchas familias en que los padres entregan toda clase de recursos a sus hijos, y éstos acostumbrados a recibir, (y no necesitar ejercitarse en habilidades para obtener recursos) no aprenden a generarlos y eso los pone en desventaja cuando les llega el momento de dar respuestas por sí mismos. También encuentro casos en que liberados a su suerte, los hijos crean sus propios recursos en forma hábil e eficiente. Probablemente sea conveniente tener en cuenta estos dichos (que aunque no sean ley, pueden cumplirse) para tener una estrategia de educación si es que hay vocación para ello. Ser padre, ya sea legitimo, adoptivo, honorario, o lo que sea, nunca dejó de ser tarea fácil, siempre osciló entre la felicidad y la angustia, deambuló entre la democracia, la monarquía, la tiranía, o la anarquía, en forma cíclica, y nadie sabe que destino le espera en el futuro. Lo que parece seguro es que es una función que bien la cumpla una persona, o miles de ellas al mismo tiempo o en forma sucesiva, se va a seguir manifestando en el mundo, y eso entraña una responsabilidad ante todo con el mundo humano, y el futuro de las nuevas generaciones. No creo que nadie pueda eludir esa responsabilidad porque en mayor o menor medida, todos somos padres. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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En un confín de Auvergne, en el centro de Francia, extraterrestres de 1,30 metros de
altura y de color verde oliva, los «Elohim», bajaron en 1973 de sus naves para explicarle a
Claude Vorilhon, el hoy famoso «Rael», que los seres humanos fuimos creados en un
laboratorio hace 25.000 años
Tres décadas después, desde Hollywood, la localidad
estadounidense al norte de Florida, Brigitte Boisselier, directora de la empresa Clonaid, brazo científico
del grupo raeliano, anunció el nacimiento del primer clon humano: «Eva». El segundo
clon concentró la atención en Holanda y el tercero en Japón. El show mediático no cesa.
20 nuevas clonaciones están en marcha, según aseguran los devotos de Rael. El
escepticismo, especialmente entre la comunidad científica, es generalizado por la falta de pruebas. Y
la condena desde la Bioética señala que «el hombre tiene derecho a ser genéticamente
único e irrepetible».
Si Rael tiene razón, la pregunta consecuente es automática: ¿los Elohim son una especie autodestructiva?, ¿son déspotas e inequitativos? ¿o les falló algo en el laboratorio? Evidentemente, se les escapó algún detalle en cuanto a la supervivencia de la humanidad. Al cierre de esta edición, el Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) comenzaba a definir en Ginebra quién será el nuevo director general que reemplace a Gro Harlem Brundtland. El ministro mexicano de Salud, Julio Frenk, con el soporte de EE.UU.; el primer ministro de Mozambique, Pascoal Manuel Mocumbi, que cuenta con gran apoyo en Africa y con el del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva; y el surcoreano Jong Wook Lee, director del Departamento de Lucha contra la Tuberculosis de la OMS, son los tres favoritos para sustituir a la ex primera ministra noruega. Quien resulte designado, deberá evitar la ola de frío que azota en la actualidad al viejo continente. Tendrá que ser proactivo y, en especial, poseer la idoneidad suficiente para descifrar las salidas probables de un laberinto que dibuja la Economía globalizada y cuyo impacto en la Salud es determinante. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la pobreza en América Latina, que afecta al 50 por ciento de la población total de la región, «perjudica con mayor rigor a los niños menores de 14 años: de cada 100 niños latinoamericanos, 60 presentan síntomas de depresión y, de ellos, seis terminan por suicidarse». De acuerdo con el economista y sociólogo del organismo Bernardo Kilksberg, «en América Latina es necesario combatir el hambre, pues un niño con este padecimiento no puede tener salud ni educación». Por su parte, un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) indica que «para reducir la pobreza en los países en desarrollo es preciso actuar con urgencia y combatir la deficiente salud reproductiva, ayudar a las mujeres a evitar embarazos no deseados y eliminar el analfabetismo y la discriminación por motivos de género». Las fotos de niños desnutridos en la Argentina recorrieron el mundo, con el eco de un dato de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): el país podría abastecer los requerimientos calóricos mínimos de 262 millones de personas y exporta el equivalente a 8.370 calorías diarias por habitante. En contraste, el 50% de los niños argentinos menores de dos años, padece de anemia por deficiencia de hierro y casi la mitad de la población, no alcanza a cubrir sus necesidades alimentarias básicas. Eduardo Bustelo, Director Maestría en Política Social. Facultad de Ciencias Sociales (UBA) propone, con la sombra del "riesgo país", desarrollar el Indicador de Riesgo Infantil (IRI) "ya que los niños componen el sector social más vulnerable y un «daño» a los mismos haría a mediano plazo inviable una economía y una sociedad. Otro cortocircuito: el medio rural mexicano. Uno de cada seis niños padece desnutrición activa en alguno de sus grados. Chiapas es el tercer productor nacional de café. Sus 85 pozos petroleros producen unos 60.000 barriles por día. Y aunque es el estado con mayor producción eléctrica genera el 55% de todo el país, es también el que menos consume. El 35% de las viviendas carece de electricidad. Desde diciembre, 32 bebés murieron por desnutrición Yevgueni Sverdlov, del Instituto de Genética Molecular de Rusia, reflexionó: «La primera beba clonada será una anciana a los 30 años y su vida será una pesadilla». Mientras tanto, miles de niños, genéticamente únicos e irrepetibles, se llevan su unicidad precozmente a la tumba |
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Health I. G. News
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Realmente no sé... Soy una mujer y madre. Podría imaginarme muchas cosas, en un intento de identificarme con
un hombre y lo que piensa y siente frente a su(s) hijo(s). Podría hablar de muchas teorías de las que
cotidianamente aparecen en escritos científicos, ó en revistas psicologistas, podría transmitir lo que muchos padres me han
contado que han vivenciado frente a su rol paternal bueno o malo.
Podría... Pero no puedo... Hoy, no puedo intelectualizar ó conceptualizar con este tema. Y tal vez mejor... Pensando en voz alta.
Así que sólo me queda «aceptar» esta postura que si bien no es explícita a nivel conceptual, no deja de ser comprometida, y coherente conmigo y «mi hoy».
No sé, qué és ser padre...? Sólo sé, que és haber sido hija de un padre como el que me toco en suerte. Y creo no equivocarme, cuando digo que soy coherente conmigo, ya que en mi relación con él; no habían muchas palabras por decir para entendernos.
Tuve la suerte de tener un «encuentro profundo» con mi padre en donde las palabras sobraban para saber exactamente lo que queríamos expresar... Y... Bla, bla, bla, bla, bla ! (Aunque quisiera esmerarme, no puedo llenar estos «bla, bla»)
Solo sé, que hubo un «reconocimiento, cuidado y un respeto mutuo» de nuestros seres y nuestra relación padre-hija, hija-padre. Que nos permitió crecer a cada uno en su rol, y a mí, particularmente, me permitió forjar mi personalidad.
Símplemente ésto Gracias viejo! |
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Liliana Lozzia
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