De acuerdo a mi opinión, si hay un tema con connotaciones profundamente culturales, ese tema es el de la conformación de las parejas. Parecería que las relaciones de pareja entre seres humanos fuera del orden de lo natural, pero entiendo que hay pocas cuestiones humanas tan teñidas de cultura como son las pautas mediante las cuales se forman las parejas.

Hay muchas cosas que entre las parejas se ven como normales y todo lo que rompa con esa normalidad es visto como una rareza.

Tal vez en estos tiempos, de disolución de pautas culturales, como en el que vivimos desde hace unos veinte años, las cosas no son tan pautadas o bien si lo están, hay lugar para cuestionar lo que antes no se cuestionaba.

La formación de parejas entre seres humanos parece obedecer a dos cuestiones (al menos) primordiales, guiadas probablemente por necesidades humanas elementales: el amor y la sexualidad.

A partir de esa necesidad que tenemos de amar y ser amados y de las necesidades de goce sexual, es como se construye una institución que se adorna con abundantes pautas sociales que, de a cuerdo a la cultura, es necesario respetar.

Si tomamos una pareja típica de hace cincuenta años, podríamos decir que la conformación socialmente aceptada de ésta, consistía en una unión social llamada matrimonio, que debía seguir una serie de reglas, que de ser violadas podían desembocar en un castigo social. Esa punición podía ir desde el resarcimiento económico hasta el repudio social, pasando por el castigo penal.

Esto que relato como una cuestión del pasado, no significa que hoy no ocurra.

En la actualidad hay fenómenos paralelos que se instauran como rechazo a esa "vieja" relación de pareja, y que surgen, tal vez, para reponer los valores fundamentales de la relación entre humanos (en nuestro supuesto: amor y sexo), sin tener que someterse a todas las reglas que impone el matrimonio legal.

Pero hay otros argumentos sobre los que me interesaría profundizar y que se refieren a los valores sociales que se privilegian a la hora de la elección de pareja. Estos temas son los que traen infelicidad a muchas almas que buscan su compañía.

Especialmente desde que se transmite masivamente por televisión y revistas los ideales físicos de las personas "ideales" y sus actividades personales, tanto laborales como deportivas o de pasatiempo, es que se viene sembrando la desdicha y el malestar en los seres humanos que vivimos en sociedad. Se nota que en todos los niveles culturales y económicos de la sociedad hay una búsqueda infructuosa en el sentido de los ideales sociales impuestos.

Esa búsqueda de una imagen y una supuesta personalidad "perfecta" genera muchos conflictos internos, porque no todos podemos encontrar una pareja que tenga los atributos que buscamos, ni tampoco nosotros poseer las "virtudes" físicas, económicas y sociales que se requieren para llegar al ideal.

La frustración que genera la búsqueda del ser ideal nos hace rechazar y abandonar en el camino a personas que pueden ser buenas parejas, tal vez no perfectas, ni con figuras admirables y personalidades avasallantes, pero sí personas como nosotros, con pocas virtudes y muchos defectos, con una figura modesta, y poco dinero, pero que pueden resultar buenos compañeros para el viaje de la vida.

Me tocó tener una paciente que de acuerdo a los parámetros sociales, se podría llegar a juzgar, como una mujer fuertemente alejada de los niveles "aceptables", pero que sin embargo se sentía con la figura apropiada para merecer una pareja que sí estuviera dentro de los niveles "aceptables". Evidentemente que su búsqueda fue infructuosa, ya que los "caballeros" casualmente también buscan en una mujer un cierto parecido a los modelos de turno representativos de belleza. Desde ya que casos como éstos son éticamente difíciles de tratar, ya que cualquier intromisión en la representación de su imagen, podría menoscabar su autoestima, y a su vez, si no logramos que su representación se acerque a la realidad también la alejamos de hallar al ser que le haga compañía. Como sucede muchas veces hay que optar por un compromiso que esté equidistante de estas posiciones opuestas y perjudiciales.

Y para relacionar este tema con un aspecto más profundo, podría decir que el orgullo es lo que juega en contra de las relaciones de pareja. Éste presiona para que uno se acomode a los estándares más elevados de lo que sea, para no perder el "amor" de la sociedad.

Una chica muy gorda "pierde el amor de la sociedad" y en general no es bien aceptada por los grupos sociales. En proporcional medida podríamos decir que todo el que se aparte de los elevados estándares de belleza y "despliegue social" impuesto, va perdiendo en igual medida el amor y protección social.

Visto de este modo parece macabro que una sociedad que supuestamente está para brindar protección a sus miembros, termine exigiendo tanto, que deje a la mayoría por fuera de esa supuesta protección que debería brindar.

Esa exigencia social también produce innumerables rupturas de pareja, ya que si el par no acompaña en su despliegue social o bien "los años se le empiezan a notar", puede producirse la disolución del vínculo por otro que se acomode mejor a los "requerimientos".

Es evidente que lo social termina matando lo humano. Por eso creo que la sociedad de nuestros abuelos era más sana en ese aspecto. Las comunicaciones no eran tan veloces ni tan sofisticadas y perfectas como para diseminar por el mundo los ideales de las culturas dominantes y generar toda esta ola de orgullo insano y vanidad exacerbada. Nuestros abuelos rara vez tenían contacto con estos modelos de belleza, además que lo deseable físicamente en esa época se aleja de los cuerpos enfermizos, obsesivos por el odio a las grasas que se impone actualmente. Tal vez esto hable un poco de la permanencia en el tiempo de las uniones matrimoniales de esa otra época, ya que se basaban más en cuestiones alejadas de los efectos de la temporalidad.

Parece difícil parar esta progresión hacia la estupidez. No creo que se logre, pero lo que sí creo, es que es necesario enseñar en las escuelas y en todos los lugares donde se dignifique el aprendizaje, que el mejor modelo de belleza es el que podemos llevar dentro. Que el mejor "despliegue social" es el que nos permite estar con paz interior y armónica felicidad.

Mi humilde deseo a esta generación es que en un chispazo de conciencia se dé cuenta de esta farsa y se decida a buscar humildemente la armonía y la felicidad en pareja.

Licenciado Alejandro Giosa



Como sucede con todo en el Universo, las diferentes instituciones se corresponden y actúan coherentemente, aún en un concierto de aparente incoherencia.

Así, la pareja y la sociedad han marchado juntos, alimentándose y transformándose mutuamente, en una sucesión sin fin de causas y efectos.

Pocos años atrás se hablaba de familia, no de pareja. Y, antes de eso, el concepto de familia abarcaba no sólo a los hijos y consanguíneos directos, sino a todo un clan o tribu.

La relación pareja/sociedad, que parece ser un vínculo de evolución, es, en realidad, una consecuencia de relaciones mayores y, a veces, no muy conscientes.

Este vínculo varía según el contacto que el hombre tiene con su madre universal, la Tierra, más que con pautas derivadas del avance tecnológico y social.

La célula pareja/hijos corresponde a un concepto de unidad de consumo/trabajo, en una sociedad organizada para la producción. Resulta segura, para quienes retienen el poder, una célula que está determinada por una relación tan fuerte de responsabilidad mutua, donde la producción es inevitable y necesariamente creciente; frente a una retribución que obliga al grupo entero a entregar cada vez más horas de trabajo.

Por esto, la relación actual de la pareja con la sociedad es de producción y consumo, al mismo tiempo que la que mantienen con la tierra disminuye, hasta despersonalizarse.

En este contexto y debido a la orientación extremadamente materialista de la economía capitalista (y cuando digo capitalista incluyo a las democracias y a los capitalismos estatales) suceden dos fenómenos coincidentes.

Por una lado, la falta de compromiso con el destino final del planeta en el que vivimos, cuya muerte o enfermedad nos afectaría irremisiblemente.

Por el otro, la pérdida de importancia del individuo frente a los grandes aparatos institucionales y empresariales.

Es indudable que el resultado de esta forma de vida no nos llevará a buen final, pero todos preferimos jugar al juego del avestruz y meter la cabeza en un hoyo (aunque los avestruces no cometen, en la realidad semejante acto suicida).

Comprender que el universo no es solamente materia y recuperar nuestra posición existencial original es fundamental para la evolución futura de la gran familia humana.

La desacralización del universo, contrario a lo que se cree, no nació del pensamiento científico, sino que es el resultado de la escasa visión de muchas mentes autodenominadas espiritualistas, siempre que, por serlo, se alejaron de la senda racional y apelaron a los "actos de fe" para justificar su pensamiento, cuando no a las persecuciones encarnizadas.

La vuelta al neopaganismo de muchos grupos se debe a la búsqueda de motivaciones que apelan a la renovación de una visión del mundo más orgánica que la que el pensamiento capitalista y utilitario quiere aceptar como verdadera.

Así, la nueva relación pareja/sociedad debería sustentarse en una renovada relación del hombre con la Tierra y con sus semejantes en esta aventura de la vida.

Algo menos estructurado… pero mucho más divertido.

Los mapuches (antiguos y casi extintos habitantes de gran parte de la actual República Argentina) sostenían que no se debía gritar en los bosques, ni cavar pozos, porque esto "lastima a la tierra".

En la Europa pre-cristiana, antes del azote romano, los pueblos celtas mantenían una relación de intercambio y respeto con el medio ambiente.

Estos grupos tal vez no tuvieran los adelantos tecnológicos actuales, pero estaban avanzados con respecto a nosotros en su relación con la vida.

Nuestra visión materialista debe cambiar, comenzando por un cambio de nuestra visión espiritualista.

El espíritu es, también, materia y parte del dualismo natural del cosmos. Como muchas otras cosas, no puede verse sino tan sólo por sus efectos. Nadie puede ver la electricidad, pero la utilizamos para una gran cantidad de servicios y casi no podríamos vivir sin ella.

La electricidad es espiritual, en tanto que la luz, el calor y el movimiento son efectos materiales. Lo mismo es aplicable al magnetismo y a una gran cantidad de fuerzas que movilizan al universo.

Con una visión materialista del espíritu, podemos manejarnos con conceptos más racionales y entendernos mejor. A la vez que podemos ampliar nuestra forma de influir en el entorno.

Psique y espíritu son una misma cosa, la cual, si no está en buena relación con el soma, deviene en enfermedades, tanto de la psique como del cuerpo.

No hay, pues, tal enfrentamiento cósmico de la materia con el espíritu, sino más bien, como aseguran los gnósticos, un "matrimonio".

Y si nuestra persona forma parte del matrimonio psique/cuerpo; ¿por qué hemos de creer que el planeta que habitamos, el sistema Solar y la Vía Láctea, no poseen, a su vez, una entidad psíquica que les da cohesión y coordinación?

Es más sencillo y racional entender todo lo existente desde conceptos orgánicos y coherentes. Otra forma sería creer que el Universo se manifiesta con reglas diferentes a las de nuestro organismo individual.

Con esto, habrá quienes dirán: "claro, todo tiene vida… pero una piedra no tiene vida, un pedazo de metal tampoco…"

Y esto es, simplemente, porque no podemos comprender que los tiempos son disímiles en cada reino y la evolución de los mismos se cumple en períodos bien diferentes.

El hombre ha cambiado mucho en los últimos 6.000 años, hemos visto que se ha servido de utensilios de madera, piedra, metal y llegado a desarrollos tecnológicos asombrosos. Sin embargo, en el reino más cercano, el animal, no han sucedido cambios similares. ¿Es que los animales no evolucionan? Lo mismo es aplicable a los vegetales.

En el reino mineral la evolución es todavía más lenta, tanto, que apenas nos hemos percatado de ella. Pero sabemos que si golpeamos y sometemos a altas temperaturas a un trozo de hierro, este se vuelve más duro y se transforma en acero, de la misma forma en que si ejercitamos nuestros músculos, nos tornamos más fuertes y resistentes.

El universo es orgánico y está vivo. Y todo en él se manifiesta en forma dual, al estilo de un matrimonio bien avenido.

La contrapartida de la sociedad es el individuo. Este también es un matrimonio. En la actualidad, se trata de un matrimonio donde uno de los miembros abusa del otro. Con las mismas implicancias psicológicas que podríamos encontrar en el mismo tipo de relación perversa entre un hombre y una mujer.

Lo que quiero decir es que, tanto nuestra sociedad como los individuos, debemos ponernos en manos de un buen psicólogo, que nos encamine hacia una relación más sana.

La tendencia general de los sociólogos es analizar a la institución sin considerar demasiado al individuo, el psicólogo puede cometer el error inverso. Como en todo organismo, como en todo matrimonio, existe una coherencia y una influencia mutua, difíciles de tratar por separado.

Pero, entiendo, que el error básico es tratar esta problemática sin considerar la relación individuo/pareja/sociedad/vida.

No hay pareja saludable, porque no hay sociedad saludable. Y esto es porque hemos roto el vínculo con la Tierra (nuestra madre), haciendo que nuestras vidas estén incompletas.

Y el vínculo sólo puede reanudarse en forma individual, para alimentar con él al renacimiento de una nueva (o vieja) forma de relación social y matrimonial.

exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



Permítanme contarle una breve historia representativa de diferentes épocas y culturas.

Dos parejas de diferentes décadas se conocieron en unas vacaciones, y desde entonces se hicieron amigos y cada tanto se reúnen. Una de las parejas es de setenta años de edad y se llaman Juan y Marta y la otra de treinta, Cristian y Verónica. A pesar de las diferencias de edades ellos se llevan bastante bien.

Para el décimo aniversario de casados de Cristian y Verónica se reunieron para festejar. Entre charla va y charla viene, Verónica le pregunta:

–"¿Cómo se conocieron?"

Marta responde:

–"En un pequeño pueblo del interior, en un baile, ¡pero que nada que ver a los de ahora! la verdad es que nos costó acercarnos"

–"¿Por qué?", pregunta Cristian.

–"Porque en esa época se iba a bailar con los padres, y yo tenía dieciséis años y él veintiuno. La segunda vez que lo vi me interesó, pero como iba con mis primos, tenía que bailar con ellos."

–"¿Y cómo hicieron para hablarse?"

–"Una vez fui con una prima y una amiga más grande que yo, y ya sabían que a mi me gustaba."

–"¿Entonces?", siguió Cristian.

–"Bueno, Juan siempre iba con sus amigos, sus primos o un tío, pero ese día llegó una hora más tarde y pensé que no venia."

–"¿Y sabía usted que él se sentía atraído por usted?"

–"Si porque un día me crucé con uno de sus amigos y me dijo que me quería conocer, me preguntó mi nombre, pero yo no le respondí."

–"¿Por qué?"

–"Y porque no era bien visto que una joven se viera a escondidas con un hombre, se enterarían todos y empezarían a hablar mal."

–"¿Bueno y cómo continúa la historia?"

–"Cuando lo vi, él me vio y no se acercó pensado que fui acompañada, hasta que mi amiga le dijo a él que me invitara a bailar ya que estaba sola, y así fue, me invitó a bailar, y esa noche fue la mejor noche de baile."

–"¿Y qué le dijo usted Juan a ella?"

–"Le pregunté el nombre y le dije que era muy linda mujer. Desde que la vi que iba a bailar no dejé nunca de ir."

–"¿En qué quedó todo, Marta?"

–"Bueno, el me quería ver al otro día pero yo no podía, en casa tenía mis clases de piano y tejido y no podía dejarlas. Además sabía que mis padres no aceptarían que fuera ni siquiera amigo de él, por eso a través de mi amiga Ana nos enviábamos cartas, y solo nos veíamos los días de baile, siempre que no fuera con mis tíos o madre."

–"¿Pero, porqué no aceptarían la relación?"

–"Y porque el trabajaba en el campo y mi padre era médico y mi madre pintaba cuadros y ellos siempre decían que las clases sociales no se debían mezclar, porque después el pueblo empezaba a criticar."

–"¿Por qué?"

–"Porque en esa época no era bien visto por ejemplo, que una joven tenga un hijo de soltera, juzgaban mal a ella y al niño. Ni hablemos de las chicas que se escapaban para ver a sus novios o se cazaban embarazadas. Toda chica tenías que ser "de su casa" y sobre todo respetar hasta la última regla el noviazgo. Uno se podía ir de la casa solo bien casada y seguir las órdenes del marido, yo hoy por hoy diría que es sometimiento, porque no está mal demostrar el amor por alguien y que el marido sea compañero de una, por eso nosotros nos llevamos así de bien."

–"¿Y cómo hicieron para ponerse de novios?"

–"Y, costó hasta que un día el se presentó a trabajar en casa como jardinero y tuve la oportunidad de verlo. A los pocos meses me enteré de que mis padres conocían a sus padres porque el padre de él trabajaba para mi abuelo y se ve que tenía muy lindos recuerdos y lo querían a Francisco, padre de Juan, entonces él podía compartir más cosas conmigo, y a veces se quedaba a comer en casa. Mis padres lo tomaron como a un hijo aunque los vecinos se asombraron que a una persona pobre le brindaran tanto amor y lo quisieran como a un integrante más. A mi mamá le decían cosas con malicia, ¿y saben por qué?: porque siempre va a haber alguien que se va a meter en tu vida para bien o para mal. La sociedad siempre va a juzgarte en algo…"

–"¿Y cuánto tiempo estuvieron así?"

–"Poco, porque mi madre sospechaba. Un día ella me habló y me dijo que él era bueno, pero lo mío no podía ser." Solo porque era diferente a mi y por lo que dirían los demás.

–"¿Y qué decían?"

–"Que una chica como yo no tenía que salir con un pibe como él. Al otro día le contamos a mi papá que bastante furioso estaba por los comentarios de la gente. También costó convencerlo, pero se dio cuenta que Juan era un buen muchacho. Papá no se iba a dejar influir por las reglas de la sociedad que regía en ese momento ya que sabía que más de una familia era infeliz a causa de ellas. Y así estuvimos cuatro años de novios, pero él me visitaba en casa, como era de costumbre, hasta que nos casamos y nos vinimos a Buenos Aires donde tuvimos dos hijos y ahora tres nietos. Estamos bien porque hicimos todo al revés de lo que decía la sociedad pero siempre con respeto."

Esta historia que usted acaba de leer sobre Marta es aproximadamente de mil novecientos treinta, donde las parejas, como ustedes saben, eran muy distintas a la de ahora. Antes, como habrán leído, los padres siempre se entrometían en las decisiones de sus hijos, todo tenía que ser como ellos decían. Uno no podía opinar, todos estaban más controlados. Todo esto ocurría por miedo a ser criticado por la sociedad y por una cultura que no permitía a muchos ser feliz y libre. La mujer estaba presionada a hacer buena letra tanto en su casa paterna como en su matrimonio y frente a sus hijos, para que nadie criticara a su familia. Era una época en donde si alguien no cumplía con las normas vigentes quedaba en falta y era mal visto.

Siguiendo el relato:

Juan le pregunta a Cristian cómo se conocieron. Cristian les responde que ya se conocen desde la primaria y estando en primer año de la secundaria empezaron a salir. Con los padres todo estaba bien. Iba ella a pasar los fines de semana a su casa.

–"Nosotros sentíamos que ese amor iba a ser para siempre, como lo es hoy –dice Cristian. A los dieciséis años Verónica quedó embarazada."

–"¿Y cómo lo tomaron sus padres?", preguntó Juan.

–"Y… por un lado se pusieron mal pero por otro ellos no se querían meter, yo ya trabajaba y podía hacerme cargo de mi hijo, el inconveniente, por decirlo así, lo tuvimos en nuestro barrio, en donde decían que lo que pasó era porque había mucho libertinaje y nada de control, y no es así, porque yo como padre y ella como madre nos hicimos responsables y pudimos terminar nuestros estudios y hacer lo que deseábamos, No fue como decía la gente. Se podría decir que la sociedad nos criticó bastante, porque decían que ella era madre soltera, de pocos escrúpulos sexuales y que un pibe como yo no iba a poder hacerme cargo de mi hijo. Y cuando nos casamos, (cuando cumplió ella dieciocho, yo tenía un año más) decían que no íbamos a durar mucho por ser tan jóvenes. Pero como ven, también se equivocaban. Noto, sin embargo, que la sociedad y las normas son menos duras que antes."

En esta corta historia de Cristian y Verónica podemos notar las diferencias de cómo se forman las parejas. Hoy los padres no invaden las vidas de sus hijos, y la sociedad juzga negativamente cada vez menos.

Este relato culmina con consejos: la edad no importa para estar en pareja, no importa la clase social, no importa la diferencia de edad, no importa lo que dicen los demás, solo importa el amor, la felicidad y sobre todo la pareja.

En estas dos experiencias que acabamos de compartir existen miedos:

Miedo de expresar los sentimientos. Miedo de enfrentar a la sociedad con algo diferente. Miedo a ser rechazado por la sociedad.

La experiencia de la primera pareja es típica de la época en las que no se podía ir contra la cultura impuesta. Si lo hacían, se apartaban de alguna forma de la sociedad. ¿Y solamente era por miedo? Yo diría que no, que es también por no arriesgarse a vivir algo nuevo. Pero igual no los critico, porque fue parte de una época y una cultura.

Hoy las parejas y la sociedad son muy diferentes. Vemos parejas de distintas características, que no tienen vergüenza de mostrarse en sociedad, y la sociedad no los rechaza. Sabemos que culturalmente a la sociedad le cuesta adaptarse a estas nuevas uniones, que por ejemplo demuestran su amor en todos lados. Antes, no era bien visto que dos personas se estuvieran besando delante de padres y familiares.

El final de este relato es que ambas parejas aprendieron y reflexionaron, como me gustaría que lo hagan ustedes.

Aprendan a amar, a comprender, a acompañar, a cuidar, a sentir más con su pareja. Usted la eligió y sabe porqué. Es un ser humano que siente. La vida es una sola y es lindo sentir que a uno lo quieren y sentirse acompañado por la persona que uno eligió.

Y si usted está solo, piense que forma parte de esta sociedad y que puede aportar, desde donde esté, su granito de amor y brindar un lindo consejo a todas las parejas enamoradas.

Como parte de esta sociedad, solo quiero que cada pareja sea libre de decisión y que nadie se interponga en la felicidad de nadie.

La pareja y la sociedad deberían coexistir en armonía y tolerancia por respeto al amor.

Prof. Carla Marnique



Al referirnos a "la pareja" nos situamos ante el paradigma social de dos personas ( hombre y mujer) que deciden conformarla con fines acordados implícita o explícitamente. Sin embargo, en la actualidad, consideramos que "la pareja" puede estar constituída por personas de un mismo sexo, lo cual genera discusiones y planteos que serían de largo detalle. Es por eso que en estas líneas me referiré a la "pareja" convencionalmente considerada y que procura insertarse en nuestra sociedad de modo más o menos satisfactorio.

Para Erik Erikson una pareja " a fin de encerrar una significación social perdurable, en la utopía de la genitalidad debe incluir:

–Mutualidad de orgasmo;
–Con un compañero amado;
–Del otro sexo;
–Con quien uno puede y quiere compartir una confianza mutua;
–Y con el que uno puede y quiere regular los ciclos de:
  a) el trabajo;
  b) la procreación;
  c) la recreación.
–A fin de asegurar también a la descendencia todas las etapas de un desarrollo satisfactorio".

Tal utopía puede ser cuestionada desde cada uno de los ángulos que el autor propone, ya que la genitalidad es tan solo parte del complejo que constituye una pareja. Como dijimos anteriormente, no todas las parejas son heterosexuales, No todas las parejas se constituyen desde adultos responsables, no todas buscan regular y compartir los ciclos mencionados, no todas las parejas desean tener hijos. No obstante, el Psicoanálisis enfatiza el desarrollo de la potencia orgástica libre de interferencias pregenitales para arribar a la plenitud sexual.

Ahora bien, es sabido que desde los antiguos filósofos se ha intentado definir el amor que liga a esas dos personas en un vínculo con características tan particulares sin agotar las definiciones. Porque hablar de los sentimientos nos deriva a la singularidad que cada uno de los miembros de la pareja lleva a la misma, generando así también una pareja singular.

No podemos generalizar en Psicología, pero podemos describir parejas que se establecen dentro de una cierta norma y que incluyen a la sexualidad como parte importante pero no absoluta de la relación de dos que se eligen.

Nuestros sentimientos conforman nuestra esencia humana, y entrar en contacto íntimo con ellos requiere de valentía y apertura suficiente para encontrarnos con obstáculos a sortear. Nuestros sentimientos tiñen nuestra percepción del mundo, y la confusión de los mismos nos sume en un mundo también mirado confusamente. Lo que sentimos refleja nuestra historia y desarrollo, nuestros conflictos, nuestros potenciales. Y desde esa perspectiva podemos ver como cada uno instrumenta defensas en el establecimiento de sus relaciones, acorde a sus experiencias de vida.

Es por eso que en principio, constituir una pareja madura requiere de un conocimiento lo suficientemente profundo acerca de uno mismo, y eso implica una comunicación con nuestra interioridad, una introspección natural que facilite luego el encuentro con un "otro". Encuentro que ha de ser auténtico para que continúe en el tiempo, lo cual requiere de la responsabilidad con que cada uno de nosotros nos hacemos cargo de nuestras vidas y de nuestras elecciones. Así como también nos haremos cargo de los fracasos y las frustraciones que de esa libertad de elegir devengan.

Por eso la importancia de "no mentirnos" a nosotros mismos, poder discriminar la fantasía de la realidad, y observar claramente quién soy y cómo percibo a ese "otro". Abrirnos conlleva el riesgo de ser vulnerables, sentirnos heridos y también de dar placer. Comprenderlo implica poder aceptar que podemos resultar lastimados, pero también implica que podemos sobreponernos al dolor. Sabernos vulnerables nos ofrece además la certeza de disponer de recursos para reponernos.

Y vivir en nuestro mundo actual, con sobrecargas de trabajo, con exigencias del medio, con nuestras emociones a flor de piel, expuestas y pretendiendo ser defendidas, obliga a esos dos que se eligen a un esfuerzo máximo por continuar manteniendo la singularidad, a pesar de las pretensiones del afuera. No al modo de un núcleo autístico, sino potenciando los valores que dieron origen al encuentro y buscando en la intimidad la serenidad de "ser yo mismo" sin presiones y aceptar al "otro" con su genuina existencia. Fortalecer el vínculo ayuda a enfrentarnos con el afuera más seguros, más confiados.

Diferenciar y diferenciarnos del entorno, tanto como seres individuales como miembros de una pareja. Sostener el propio ser y contener el ser del "otro" para que la irrupción del afuera no lesione el sentimiento ni provoque el resquebrajamiento de una pareja que deseamos mantener.

Y si a pesar de ello, finalmente el afuera logra adentrarse, decidir que quizás ya es tiempo de volver a caminar solo por la vida. Hasta que algún "otro" se anime a caminar a nuestro lado procurando la intimidad de presencias. La vida es incertidumbre. El amor también se agota algunas veces. Las parejas terminan algunas veces. Las responsabilidades dependen según el caso, de adentros mal o poco consolidados. O de individualidades que crecen a destiempo. O de afueras que interfieren por alguna grieta que no se tuvo en cuenta. Escribimos nuestras historias en borradores que han de servirnos para seguir creciendo y experienciando. Siempre: Volver a empezar.

Licenciada Liliana A. Villagra



Hacía mucho tiempo que no escribía para la revista. Pero al leer la consigna de la próxima edición sentí el deseo de retomar el contacto. Posiblemente haber atravesado la tristeza y haberme sentido atravesada por ella me da letra para configurar algunas palabras..

Me presento ante quienes no me conocen: Mi nombre es Liliana A. Villagra, soy profesora y licenciada en psicología, radicada en la ciudad de Bahia Blanca, en Argentina. Mi trabajo en la clínica y un interés especial en el análisis existencial, hicieron que desde mi formación psicoanalítica me ocupara de dar un espacio a la logoterapia. Y es así que utilizo las herramientas psicanalíticas apuntando a la salud, a lo que aún es posible lograr, al encuentro del hombre consigo mismo, a la búsqueda de sentido de sus vidas, que en muchos casos se dispersa bajo la forma de "tristeza".

La tristeza como emoción, vivida y experienciada por cada humano, formando parte de nuestro reservóreo natural de emociones (el fondo endotímico del que habla Lersch). Tristezas que en general aparecen ante causas objetivas y concretas. Tristezas ante los duelos cotidianos, y ante aquellas pérdidas significativas que implican mayores tiempos de elaboración.

Y siempre desde la tristeza que acaece como parte de la vida misma, podemos decir con V. Frankl que "la vida tiene un sentido a develar", por ende, en la tristeza también es posible hallar un sentido.

El sentido del sufrimiento aparece cuando podemos aceptarlo y mirar en él. Cuando logramos un aprendizaje que lo justifica. Y para cada persona ese aprendizaje, ese sentido es único y estará dado por su biografía.

De pronto el encuentro con la realidad, el surgimiento de la tristeza, el notar "la falta", muestran que lo cíclico sucede. Las tristezas del hoy duelen menos mañana, cuando logremos desinfectar la herida, cambiar las gasas que la recubren, y finalmente quede solo la cicatriz.

Digamos con Calderón de la Barca, y su Segismundo:

Es verdad; pues reprimamos
Esta fiera condición,
Esta furia, esta ambición,
Por si alguna vez soñamos;
Y si haremos pues estamos
En mundo tan singular,
Que el vivir solo es soñar;
Y la experiencia me enseña
Que el hombre que vive, sueña
Lo que es hasta despertar.

Sueña el rey que es rey y vive
Con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
Y este aplauso que recibe
Prestado en el viento escribe,
Y en cenizas le convierte
La muerte (desdicha fuerte!)
Que hay quien intente reinar,
Viendo que ha de despertar
En el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a mandar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
De estas prisiones cargado,
Y soñé que en otro estado
Mas lisonjero me ví.
Qué es la vida? Un frenesí.
Qué es la vida? Una ilusión.
Una sombra, una ficción,
Y el mayor bien es pequeño.
Que toda la vida es sueño,
Y los sueños, sueños son.

Licenciada Liliana A. Villagra



Observamos la definición de la Real Academia Española ,"Diferente: distinto, no igual a otro". Desde esta acepción nos preguntamos: ¿Qué es lo igual a otro? ¿Cuáles son los parámetros con que se evalúa la igualdad o desigualdad de una persona con respecto de otra?

Desde una mirada puramente teológica los humanos nos "parecemos" en el significado más profundo de la esencia humana, en nuestro origen divino, en un ser que surge por creación a imagen y semejanza de un Dios. Somos iguales en tanto nos parecemos a ese creador que dispuso la existencia del hombre como un ser perfectible que, no obstante sus múltiples diferenciaciones individuales, comparte su característica de humanidad. Ante Dios, no hay diferencias.

Otra mirada, más biologista, refiere que los hombres son "iguales" en cuanto a su constitución genética, su organización anatomo-fisiológica, el enlazamiento de su ADN, el funcionamiento de órganos vitales que dan una modalidad "diferente" a las demás especies vivientes. Y también aquí se consideran ciertas excepciones que hacen de los "iguales", "no tan iguales". Aún así, todos pertenecemos a la raza humana.

Pero cuando nos adentramos en la persona, las "diferencias" son más notorias. Las historias de vida jamás son idénticas, nunca se repiten con exactitud modelos identificatorios, la vida afectiva toma matices absolutamente impredecibles en cada uno, la esfera cognitiva se desarrolla según el estímulo y la calidad del ambiente facilitador. Estas y más variables generan una subjetividad particular, única, irrepetible, insustituible. La esencia de lo humano radica efectivamente en su singularidad.

Siendo así sin embargo, debiéramos comprender la razón del prejuicio como una atribución dada en ciertos sujetos que implica la intolerancia hacia lo diferente. Una intolerancia hacia una diferencia que para cada uno de los prejuiciosos tiene connotaciones también únicas. Si rastreamos la historia de esta persona, con un prejuicio determinado, encontraremos seguramente el "por qué" de su intolerancia.

Aceptarnos desde las diferencias nos hace más grandes, nos da herramientas para crecer, nos humaniza. Aprender de ese otro "diferente" nos libera de las fronteras de nuestro propio yo, encarcelado por la biografía. Despojarnos de prejuicios facilita la unión común, el encuentro. Y acortar las distancias es tan solo mérito de unos pocos que se animan.

¿Qué me asusta de ese chiquito con capacidades diferentes, con ojos que no ven, piernas que no lo llevan? ¿Qué me asusta de ese joven cuya cognición no alcanza niveles óptimos y su edad mental se calcula según las capacidades que podrá adquirir (y muchas veces de manera penosa) en toda su vida? ¿Qué me asusta de ese anciano que repite historias, tan viejas, tan añoradas, con la nostalgia de lo que pasó y el inminente fin de sus relatos? ¿Qué me asusta de ese hombre, joven aún, que tras las rejas del hospicio se siente Dios, Satán, Superman y masculla en su delirio una historia que pocos oyen? ¿Qué me asusta de aquel, que en una cama en terapia intensiva, con sus funciones vitales casi desaparecidas, espera que en un momento muy próximo su corazón deje de latir? ¿Qué me asusta de aquella persona que vive una sexualidad diferente a la mía?

¿Qué me asusta de una raza de la que desconozco costumbres, tradiciones, principios, y que me habla en una lengua que no comprendo?

Me asusta ese hombre en el que me reflejo, aquel que dispone de características que temo, que dispone de potencialidades que no veo en mi mismo, que cree en un Dios o Dioses que no son los míos y quizás estén en falta con el/ellos. Me asusta su falta de Dios. Me asusta su compromiso con la vida sentido de un modo tan diferente del mío que no alcanzo a comprender. Me asustan sus dificultades para relacionarse y sus enfermedades físicas o psíquicas. Me asusta porque ese hombre podría ser yo mismo. Tanto me asusta que opto por esquivarlo, por no introducirlo en mi vida. Y como si fuera poco, lo descalifico por esas "diferencias". Descalificar hace que ese Otro sea menos importante para mi, hace que su pérdida sea menos significativa. Pero no siempre veo que eso mismo que tanto me asusta, está en mi.

Históricamente el hombre ha discriminado al hombre. Y el principal motivo de discriminación ha sido la pertenencia a determinada raza. Los pueblos perseguidos en el transcurrir de la biografía humana han sido signados por ciertas características que asustan a las "mayorías": los judíos, los negros, los gitanos, ciertos grupos de origen asiático, africanos, americanos. Y en el énfasis puesto en sus culturas "diferentes" la mejor manera que se encontró para que dejaran de perturbar fue exterminarlos. Y muchas veces el éxito fue absoluto. Lo que no veo, no existe, y por lo tanto no molesta. No hay miedos porque los borro. Suciedad debajo de la alfombra.

Los primitivos habitantes de nuestras tierras argentinas constituyen hoy pequeños grupos de mestizos que promueven la vuelta a las raíces, en un intento desesperado por recuperar la identidad que como argentinos perdimos. Europeizarnos creó la fantasía de "ser aceptados" por quienes ostentan el poder económico y social, pero para "ser" europeos debimos dejar de ser "indígenas". Debimos dejar de ser, equivalente a la muerte que nos sume en la nada de una existencia que no es real. No integramos la influencia sino que la asimilamos como propia. Nos identificamos con esos padres pero sin generar cabida a nuestra identidad auténtica. ¿Estaremos larvados? ¿Será parte de un momento en el proceso de crecimiento de nuestro ser? ¿Nos animaremos al continuo devenir de una historia que nos es propia?

Mantener la esperanza no como entidad vacía, pasiva y a la espera, sino trabajando para el cambio, aquel que reivindique nuestra condición de ser "diferentes" porque de hecho lo somos. No negar nuestra historia, no negar nuestras costumbres, y darnos cuenta que desde el norte hacia el sur numerosos climas, variadísima geografía, fueron escenario de historias que son las nuestras. Tomar lo esencial de esas gentes que dieron origen a quienes somos, genuinos habitantes de la tierra en que nacimos que en amoríos que desconocemos mezclaron sus sangres con aquellos que vinieron de otras tierras. Quizás también en busca de lo nuestro justamente por ser "diferente". Incorporar la cultura del que llegó, pero sabiéndola complementaria a la autóctona, como las piezas de un engranaje tan peculiar que conforma la humanidad toda.

Y para comenzar la búsqueda, necesitamos de ellos, de los sobrevivientes, de los hijos de los hijos de los protagonistas del exterminio. Necesitamos reconstruir una historia sin más datos que el gran agujero que queda sin letra y sin palabra. Porque no hay bases de datos escritas por "los de acá". Trabajo que implica una reconstrucción intuitiva por caminos que seguramente estén cubiertos de piedra y polvo, pero no por eso borrados. Implica una búsqueda desde lo que quedó, desde las ruinas, pero también desde ese sentir que muchos aún vibramos, desconociendo, pero sabiéndonos parte. La certeza del origen aborigen y la necesidad de fortalecer mi identidad. Saber de dónde provengo y rearmarme cada día con lo que elijo ser. Pero un "ser" que tiene tantos misterios por develar, tantos recovecos por los que hurgar, tanto por perdonar, tanto por recordar, tanto por trabajar y hacer justicia. Una justicia que no castiga pero no olvida, y que desde mi, y desde cada uno que se sume, reafirmemos este "ser argentino" que no solo es conquista y evangelización, sino también es sentir de la tierra, del fuego, de los sobrehumano humanizado y corporeizado en cada argentino.

Gracias por haber influenciado en nosotros, gracias por seguir haciéndolo. Pero somos nosotros quienes decidimos que es lo que queremos incorporar porque somos soberanos de nuestra identidad. O al menos, por eso trabajamos algunos…

Licenciada Liliana A. Villagra



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