Los seres humanos vivimos en este mundo en donde la conciencia de lo que somos no está siempre en su mejor lucidez.

Hay momentos en que nos sentimos muy vivos y sabemos lo que hacemos, pero también están esos momentos en que no entendemos bien lo que nos pasa, no sabemos qué estamos haciendo ni qué se espera de nosotros en este difícil mundo que nos toca vivir.

Estamos viviendo una época de cuestionamientos en donde nada deja de ser puesto en la mira de nuestra curiosidad, y lo que tal vez hace unas décadas no era cuestionado, como el hecho de que haya o no un dios, hoy se analiza a la luz de la lógica y el conocimiento "objetivo".

Me imagino a un habitante europeo de principios de siglo pasado, y pienso en un personaje creyente de Dios y de la Iglesia, temeroso de no actuar de acuerdo a las normas religiosas y sin duda respecto a sus creencias.

El no saber a veces puede ser más cómodo y dar más felicidad que la duda pero a mi entender pone en contradicción la esencia del hombre que sería aprender y crecer humanamente.

El aprendizaje no es fácil, y si pretendemos aprender, eso implica sufrimiento ya que la incertidumbre de conocer algo que por momentos es desconocido, genera ansiedad y tal vez miedo.

¿Sería entonces muy arriesgado afirmar que los momentos de confusión, sufrimiento y depresión son el inicio de un crecimiento hacia algo superior?

Creo que sería demasiado optimista pensar de ese modo. Debería haber un fuerte interés en el crecimiento para que la afirmación anterior sea válida. La mayoría de la gente no tiene interés en crecer, la mayoría solo quiere permanecer lo más cómodo que se pueda. Las personas que desean un crecimiento interno se pondrían felices de los momentos de incertidumbre, porque tienen un objetivo en sus vidas y los retos los impulsan hacia sus metas.

Estar deprimido es como haber caído en un pozo y no querer salir de él. Siempre hay una forma de superar los momentos difíciles. El problema es nuestra decisión de cambiar. Si no se quiere cambiar, no se sale del "pozo".

Puede ser interpretado como una postura muy dura, pensar que la depresión es un estado intermedio en el que no tiene sentido permanecer, una zona de tránsito y no un estado patológico. Pero tenemos que reconocer que sabemos muy poco sobre nuestro destino en el mundo.

La logoterapia de Víctor Frankl habla sobre este tema con mucho acierto desde mi punto de vista. "Aquellos que tienen un porqué para vivir, pese a la adversidad, resistirán" dice Frankl.

La voluntad de sentido es una clave que toma la logoterapia como impulsor del progreso personal.

Si no tenemos la voluntad de ser mejores seguro que vamos camino a ser peores. Lo que no sube, baja, lo que no mejora, empeora. Es la ley de entropía de la física. Si todas las cosas del mundo respetan esa ley ningún humano puede contradecirla.

"La tensión es necesaria para la salud, al menos cuando tiene que ver con el sentido. ¡A las personas les gusta sentir la tensión que envuelve el esfuerzo de un meta valiosa que conseguir!" dice el Dr. C. George Boeree hablando sobre la obra de Frankl.

Este autor sigue diciendo: "La tercera vía de descubrir el sentido es aquella de la que pocas personas además de Frankl suscriben: los valores actitudinales. Estos incluyen tales virtudes como la compasión, valentía y un buen sentido del humor, etc. Pero el ejemplo más famoso de Frankl es el logro del sentido a través del sufrimiento. El autor nos brinda un ejemplo de uno de sus pacientes: un doctor cuya esposa había muerto, se sentía muy triste y desolado. Frankl le preguntó, "¿Si usted hubiera muerto antes que ella, cómo habría sido para ella?. El doctor contestó que hubiera sido extremadamente difícil para ella. Frankl puntualizó que al haber muerto ella primero, se había evitado ese sufrimiento, pero ahora él tenía que pagar un precio por sobrevivirle y llorarle. En otras palabras, la pena es el precio que pagamos por amor. Para este doctor, esto dio sentido a su muerte y su dolor, lo que le permitió luego lidiar con ello. Su sufrimiento dio un paso adelante: con un sentido, el sufrimiento puede soportarse con la dignidad."

"No obstante, al final, estos valores actitudinales, experienciales y creativos son meras manifestaciones superficiales de algo mucho más fundamental, el suprasentido. Aquí podemos percibir la faceta más religiosa de Frankl: el suprasentido es la idea de que, de hecho, existe un sentido último en la vida; sentido que no depende de otros, ni de nuestros proyectos o incluso de nuestra dignidad. Es una clara referencia a Dios y al sentido espiritual de la vida."

"Logos es más profundo que la lógica", decía, y es hacia la fe adonde debemos inclinarnos.

Con estas palabras referidas a Frankl, podemos vislumbrar que hay otras formas de pensar los problemas de los humanos, a los humanos y sus depresiones, y también sus alegrías.

Es bueno ser críticos e inquisidores de la verdad, pero no la ficticia realidad que pretende el "conocimiento científico" actual, que se vale solo de unas pocas y pobres herramientas para juzgar al mundo: lo que ve, lo que oye o lo que puede tocar.

Hay un sentido en la vida y los científicos con sus métodos "anticuados" no podrán encontrar jamás.

Cuando hay un sentido posible y uno lo intuye y lo sigue con corazón todo lo que nos saca de la comodidad y la felicidad, se transforma en impulso poderoso hacia el cambio y el mejoramiento personal y humano.

Licenciado Alejandro Giosa



En el budismo se define a la depresión como uno de los estados de la vida, de hecho, es el más bajo, corresponde al estado de infierno en el cual la persona está abatida, sin energías y sin esperanzas, desde su propio punto de vista, de salir de su situación.

Es básicamente, el resultado de un manejo erróneo de la propia vida, generando causas que no conducen a la propia elevación, produciendo el fenómeno de la disminución de la propia energía vital.

Es decir, que, al ser un estado de vida, todos lo llevamos inherentes a la nuestra y pasamos, alguna vez, por él. Y esto significa, también, que es natural y temporal.

Muchas veces solemos confundir la depresión con las crisis, emocionales o espirituales, pero estas últimas son cambios reales evolutivos, mientras que la depresión significa un estancamiento en la expansión de la vida.

Desconozco las razones médicas o químicas que la producen, a mi modo de ver, éstas son el resultado coexistente al estado de vida y no su causa.

Retornando a la idea del budismo expresada en el Sutra del Loto, las personas comunes, descuidando nuestra propia proyección kármica, transitamos los "caminos del infierno" (o sea: los que conducen a la depresión) siguiendo el siguiente ciclo:

Vivimos basados en la satisfacción de los deseos y apegados a ellos.

El objeto de deseo es anhelado con intensidad (estado de hambre).

Realizamos cualquier acto por obtenerlo (estado de estupidez), incluso aquellos que pueden provocar inestabilidad financiera o la pérdida de objetos más valiosos para nuestra vida.

Las dificultades para obtenerlo nos generan agresividad (estado de furia).

Al obtenerlo, nos sentimos alegres, estado de éxtasis, y confundimos esa alegría con felicidad.

Rápidamente la energía del éxtasis se agota y retornamos al estado de hambre (por otro objeto).

La resultante de este ciclo repetitivo, ya sea que logremos o no lo deseado, es una pérdida de energía vital, la que hemos invertido en cosas que tal vez no necesitamos.

Al agotarse la energía, entramos en le estado de infierno, el cual, como dijimos antes, es producto de una serie de errores existenciales.

Desde otros puntos de vista, esta falta de energía vital se manifiesta con mucha frecuencia en las personas que viven en grandes ciudades, lo cual produce la proliferación de suplementos alimenticios que pretenden proveer de la energía faltante.

Lo que proveen estos suplementos es, en el mejor de los casos, el aporte del material físico que el cuerpo pierde, pero no el energético total que requiere.

Las criaturas toman su "alimento" de diversas fuentes, no sólo de la materia. Así necesitamos del aire, cuyo oxígeno participa en el metabolismo celular y de la luz solar que provee la contrapartida energética-espiritual.

El contacto con la tierra, la naturaleza, la oxigenación adecuada y la actividad física son los fundamentos de una vida sana que pueden prevenir, también, la depresión.

Asimismo, realizar actividades lúdicas, creativas y mantener una adecuada relación emocional con nuestros semejantes forman parte de una forma de vivir saludable.

Las personas creativas rara vez caen en depresión. Tampoco las que tienen una fe y se dedican a su cultivo.

Pero en el fondo de toda la cuestión subyace, como siempre, una causa fundamental.

El mundo se ha desarrollado en dos direcciones. En una subsisten las grandes aglomeraciones humanas, con un estilo de vida basado en la cultura y la diversión, alejados, sin embargo, de las fuentes naturales de provisión de alimentos y de las actividades físicas. En otra, los obreros de la civilización, que proveen del alimento trabajando la tierra, en contacto con ella y, en general, alejados de la vida sofisticada de las ciudades.

Son dos caminos diferentes, que, tal vez, conduzcan a lo mismo.

La globalización e internet hacen posible que la información llegue a los lugares más recónditos del planeta, pero, como contrapartida, la pobreza impide el acceso a internet y la información enviada globalmente es pobre y manipulada.

En las ciudades, por otra parte, lo que es pobre es el acceso a la energía natural proveniente de la tierra, los árboles, los manantiales y el sol.

Como en el matrimonio místico tántrico, tal vez la solución radique en la unión de los dos caminos, es decir, lograr una descentralización de la población en comunidades pequeñas donde trabajo y cultura sean compartidos.

Difíciles de gobernar desde un emplazamiento centralizado, pero, seguramente, más saludables y felices.

Carolina, Puerto Rico, 1 de enero del 2007
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Seonaidh Labraidh



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