Jung considera a los conflictos psicológicos como el resultado de la alteración de la coordinación funcional de los factores psíquicos siendo en consecuencia un resultado terapéutico positivo, aquel en que el paciente hace conscientes los conflictos y logra mantenerlos en la conciencia.

Intenta resolver los conflictos por su significación actual recíproca, ya que cada edad y situación condicionan distintas soluciones. Su método implica a la totalidad de la psiquis, situando los conflictos en el contenido psíquico total.

No ve en la neurosis algo negativo solamente, alcanza a ver más allá y llega a entenderla como un motor formativo de la personalidad. A través del conflicto, exterioriza la normalidad. Con el análisis, se logra una amplificación y profundización de la conciencia, lo que quiere significar ampliación de la personalidad. Jung resume su concepto expresando que la neurosis es el grito de socorro preferido por nuestras instancias reprimidas, demoradas, desconocidas.

Enfrenta al neurótico con su inconsciente, llevándole a la vivificación de los arquetipos. El individuo se sitúa, entonces, en una realidad, donde comparte la humanidad, comprendiéndola históricamente y comprendiéndose como parte de ella y de sus experiencias. Sin embargo, y además, admite las neurosis de origen traumático y las trata de acuerdo a los sistemas freudiano o adleriano, ya que no habiendo sido superadas no pueden originar el proceso de individuación y de concientización.

Observando a gran cantidad de personas y estudiando sus sueños –calculaba que había interpretado, por lo menos, 80 000 sueños– Jung descubrió no sólo que todos los sueños son significativos en diversos grados para la vida del soñante, sino que todos ellos forman un gran tema orientado por los factores psicológicos. También, encontró que, en su totalidad, tomados en conjunto, a través de largos años siguen una cierta ordenación o modelo. Jung llamó a este modelo «proceso de individuación». A través de los años, ciertos personajes se hacen visibles, luego se esfuman y desaparecen, ocupando su lugar otros. Es dable observar la actuación de una especie de regulación oculta o la tendencia directiva que establece un proceso lento, imperceptible de desarrollo psíquico. Paulatinamente, va emergiendo una personalidad más definida, más amplia y más madura, que se hace visible para el prójimo. Cuando ello no ocurre, el desarrollo se encuentra detenido.

Recordemos, aquí, a Joseph K. de El proceso de Kafka cuya verdadera «detención» es precisamente ésta1, impidiendo el desarrollo y maduración psíquica del individuo. Este proceso ocurre fuera del control y de los deseos de la voluntad y su origen es una especie de centro «atómico» de nuestro aparato psíquico que Jung llamó el «sí mismo».

En este proceso de individuación, aparece aquella parte de nuestra personalidad que preferimos reprimir, olvidar o proyectarla en los demás. Jung llama a esta etapa la percepción de la «sombra».

Cuando ha terminado la selección del material suministrado por el paciente, queda aún algo indiferenciado que constituye su lado en «sombra» y guarda primitiva disposición humana colectiva, dominada, rechazada, reprimida, generalmente, por razones de adaptación.

El niño no tiene sombra. Esta se forma en cuanto su «yo» se conforma, se fortifica, se diferencia. El desarrollo del «yo» es, en consecuencia, paralelo al de la sombra.

La sombra suele manifestarse por medio de acciones erróneas de la conducta individual o cuando afloran indiscriminadamente peculiaridades que suelen ser reprimidas habitualmente. También surge como figura exterior concreta, en caso de proyección al realizarse sobre una persona del mundo, las peculiaridades ocultas en el interior del que proyecta.

Según corresponda al inconsciente individual o colectivo, la presentación de la sombra, será respectivamente personal o colectiva. En el primer caso, es un hermano, una amiga; en el segundo, aparece como una manifestación del inconsciente colectivo: Mefistófeles, un fauno, etc. Puede presentarse como el otro «yo». En este caso, lleva carga positiva y es peculiar de quienes se hallan a un nivel real más bajo del que les corresponde. Por tanto, sus valores positivos son quienes llevan una vida sombría y oscura.

Cuanto más lo reprimido se va depositando en el estrato de la sombra, tanto más el hombre se conducirá como un antisocial: ruindad, cólera, cobardía y frivolidad serán, entonces, manifestaciones inopinadas de lo que siendo no ha logrado elaborar.

Dice Jung:

«Todo individuo es seguido por una sombra; pero menos es está incorporada a la vida consciente de aquel, tanto más negra y espesa es.»

Y agrega:

«Si las tendencias reprimidas de la sombra no fueran más que algo malo, no habría problema, pero, por regla general, la sombra es algo únicamente bajo y penoso, pero no absolutamente malo. La sombra contiene también cualidades infantiles o, en cierto modo, primitivas que animan a la existencia humana y la embellecerían; pero como tropiezan con reparos, con prejuicios y costumbres, con cuestiones de prestigio de toda clase, especialmente con las últimas que se hallan en estrecha relación con el problema de la persona pueden desempeñar un papel funesto e impedir la evolución de la psiquis2

Sólo cuando conseguimos reconocer la realidad de la sombra como parte integrante de nuestro ser, puede lograrse el arreglo de los restantes pares de contrarios de nuestra psiquis.

Cuando el hombre logra habérselas con la sombra, está capacitado para conocer y resolver muchos de los problemas que lo afligen.


1 Fromm Erich, El lenguaje olvidado, Ed. Hachette, Buenos Aires (1957), p 203
2 Jung C. G., Psicología y alquimia, op. cit., p 44
Doctora E. Graciela PIOTON-CIMETTI



« No se trata de cambiar las palabras para alterar
el significado, sino de cambiar las percepciones
para alterar la experiencia…»

Las sombras en la pared le daban miedo cuando era niña. El terror nocturno la acompañó por años, hasta que un día le enseñaron a jugar con sus propias manos haciendole señas a la pared, y después de un tiempo, como por milagro, las sombras se hicieron cómplices de sus fantasías, de sus risa y sus enojos.

Fue creciendo y por habitual compañía los dolores de cabeza, las picazones en la piel, los resfrios merodeaban atolondrados por su cuerpo, disputando en su incertidumbre el lugar de la palabra.

Ella se miraba al espejo y lo que encontraba no le gustaba, fue siendo cada vez un ser mas doliente, rencoroso y callado. Pero también la habitaba una ternura sin igual, una solidaridad sabia que la iba rescatando de tanta sensación de insatisfacción.

Cuando pintaba se mezclaban sus rulos con los colores y las sombras en la pared aplaudian con fervor.

Se instaló el eczema en su piel enmarcando lo desconocido, o sea a ella misma todos los días. Ya mas grande, las sombras perdieron relevancia y olvidaron su lugar en la pared y no pudieron acompañar la adolescencia con una amistad que le probara que valía la pena ir siendo quién era. Sus manos dejaron de jugar y rasqueteban su ardor dejando zonas enrojecidas en sus piernas, brazos y espalda.

Para colmo, no comprendía, a pesar que le encantaban, las lecciones de historia en la escuela primaria. Alguien importante, un procer, había dicho en tono seguro algo que debía ser una guia para el crecimiento espiritual de cada uno de los alumnos: "serás lo que debas ser, o no serás nada".

Sonó desvastador…

¿Qué debía ser ella?, si ni siguiera sabía que quería tener, suponiendo que así fuese más simple ser.

Ser… ¿qué significaba ser de alguna manera, sentirse alguien? En su familia, participaban encantados de esa máxima sanmartiniana, pero ella no entendía como les podía conmover una frase como esa. Sus padres se peleaban siempre, no vivian sino a disgusto. Sus hermanos temblequeaban, al igual que ella en su cotidianeidad, pero a diferencia de ella eran excelentes alumnos.

Cuando cumplío 13 años decidió ir al colegio mas importante de su ciudad. ¿Quizás así sería lo que debía ser?. Pocas veces sintió placer. Su eczema siempre le recordó que no iba decidiendo que deseaba. A veces lo que creía que necesitaba (según decretaban otros rostros) en verdad al obtenerlo, le producía más picazón en su piel. De tanto en tanto, cuando la poesía o la literatura que comenzaron a acompañarla la deleitaban, sentía que otros mundos, otras sensaciones, otras calidades entorpecían una búsqueda ordenada de lo que debía ser.

Fue dandose cuenta que eso de soñar, la calmaba, comenzó a escribir, hasta que le dijeron que no se entretenga con insignificancias, que siga buscando cosas importantes.

¿Qué era lo importante?

Las olitas del mar con su espuma la acariciaban cada verano. La gente que iba conociendo la miraban asombrados cuando por fin hablaba. No decía tonterías, pero no se permitía jugar con las palabras, no se permitía emocionarse con sus pinturas, no eran lo suficientemente perfectas. Nada era perfecto. El orden y lo brillante intentaron marcan su rumbo.

Con tonalidad pícara y haciendo piruetas,el desorden interno seguía de la mano de su picazón. Hasta que se impusieron sus enamoramientos. La iban salvando del maltrato arrasador del sentimiento impiadoso de vacio existencial. Su cuerpo se le imponía a través del dolor. Era bonita, sensual. Pero esto tampoco fue fuente de placer, jamás entendía por que la querían. Leía libros de filosofía, siempre para comprender qué era ser, qué debía ser. Claro, encontró que lo que debía ser, era ser libre.

¿Libre de quién, de qué?

Miró su eczema y lo sintió su enemigo, hasta aquí había sido un ropaje más. Buscó en el diccionario y encontró, "autonomía: voluntad de ser libre". Pensó, libre de éste vacío que me acompaña desde siempre, libre del sufrimiento de soportarme…¿será eso?

La imaginación le permitía ser otra, creativa, sencilla. Las palabras le bailoteaban, pero quedaban atrapadas en su garganta y no tenían sonido. La música así, siempre seguía siendo de otros. En éste punto Maia comenzó su análisis. Y le dimos la mano al eczema. Le propuse intentar sentirlo, comprenderlo, descifrar sus códigos y mensajes.

¿Qué podría crear su cuerpo, sólo imágenes en espejo de aquello que recibía del mundo externo? ¿Y si recorriamos su mundo interno y percibíamos el externo e intentabamos transformar lo que ella recibía en forma de palizas y azotes en algo distinto, destrabando sentidos múltiples e intensificando miradas propiciatorias? ¿Qué nos dirian las sombras, aquellas de la infancia, qué dibujarían hoy en la pared?

Le comenté que cuando yo estudiaba no comprendía muy bien aquello de que "en cierto sentido el cuerpo siempre es psíquico, y algunos aspectos de la psique son somáticos", que las alergias son el resultado de conflictos, precísamente por no reconocerse. Que ella ahora, con todo lo que me contaba me permitía una vez más preguntarme qué significaban esos conceptos. Yo recordé a Cornelius Casoriadis, " hay una imaginación corporal que corre pareja con lo representativo, intencional y afectivo".

Comenzamos a tomarle el ritmo a su picazón, al igual que quién tiene en cuenta su ritmo para caminar, para pensar, para escribir, bailar, o jugar... su ritmo, aquello que derfine lo que no es audible, o visible. Maia tiene la delicadeza propia de quien sabe lo esencial, sabe que puede algo distinto para ella, aunque no sepa exactamente qué. Desea fuertemente recorrerse, encontrarse, saludarse. Su piel sigue deletreando preguntas, sigue empujando el viaje. Maia, cuando llegaron sus vacaciones me relata contenta, " ésta vez en la valija llevo mi piel, la que me pica y la que no me pica, la mia.

"Maía", la nombro. Sentí tanta ternura!

Sigue Castoriadis acompañando mi búsqueda como analisa, " la autonomía implica imaginación, en conexión con la imagen no sólo visual, sino en conexión con la creación... es la creación de un mundo para sí del sujeto, es el despliegue de un espacio y un tiempo. Y cada uno de nosotros tiene espacio y tiempo propios". Y sí, cada uno de nosotros tiene preguntas y máximas que fueron marcando un recorrido, sólo que no es necesario que con exclusividad el sufrimiento delimite nuestra identidad. Hay un tiempo posterior, un tanto mas amigable, que nos hace pregunta, un tiempo en el que la sombra no empuja solo de atrás, la sombra también se va convirtiendo en lo desearía ser, y que segúramente, podré ir siendo.


Bibliografia: Hecho y por Hacer-Pensar la imaginación, Cornelius Castoriadis-Eudeba, 1998
Licenciada Rut Diana Cohen



Las metáforas suelen introducirnos a un mundo de imágenes, sonidos, y sensaciones muy particulares. También pueden motivarnos para una acción o bien darnos un sentido a nuestras vidas.

Cuando hablamos de luz y de sombras, el sentido que le podemos llegar a atribuir va mucho más allá de las percepciones visuales. Tanto que en general es proyectarnos hacia la definición de un estado de conciencia. Si estamos en un momento de luz, es porque nuestra conciencia está amplia y podemos razonar y percibir con precisión, amplitud y flexibilidad.

Si estamos en la sombra, puede significar que estamos al amparo del fuerte sol o bien que estamos pasando un mal momento.

Continuando con esta metáfora, que nos resulta realmente muy útil, es fundamental saber que en este mundo por lo menos, siempre hay días de luz y días de sombra. Hasta en los polos hay seis meses de luz y seis de sombra. Allí parecería que el día o la noche son interminables pero en esta tierra que nos toca vivir parece que eso no es posible.

También suele pasar que percibimos que un buen momento, es decir un día, dura muy poco y que un mal momento permanece por eternidades. Por eso es bueno estar consciente de estos cambios porque son inflexibles, son un mandato imperioso que debemos sobrellevar en cada acto que vivimos, en cada proceso, en cada situación.

Si hacemos como si esto no fuera así y creemos que la felicidad puede ser eterna, o pensamos que nunca saldremos de la depresión, vamos camino seguro a la frustración.

Entonces ¿para qué frustrarnos si podemos estar preparado para la época de las "vacas flacas"?

No es posible tampoco tener estructurada la vida en forma estratégica, esperando los buenos y los malos tiempos. Pero si tal vez es conveniente saber, sabiamente colocarnos en una posición como "mirándonos desde arriba" e interpretar si estamos en una "noche" o en un "día". De este modo se nos abre la posibilidad de evaluar la situación un poco más objetivamente, es decir sin sentirnos dioses que todo lo pueden o tan desgraciados que dé lo mismo estar vivo que no estarlo.

Nadie en su sano juicio protesta porque a cierta hora oscurece y se hace de noche o porque salga el sol tan temprano (salvo que nos hayamos acostado muy tarde). El día y la noche vienen y se van. Eso es ley. También es ley que debamos pasar situaciones angustiosas y otras más agradables. Son ciclos que se cumplen quiera uno o no lo quiera.

Puede haber tendencias personales para interpretar que a uno le va siempre mal y otros pensar que son triunfadores siempre. La actitud positiva todos sabemos que ayuda. Ser optimista no es lo mismo que ser pesimista. Sin embargo dentro de ese optimismo también hay altibajos o ciclos, hay días de luz y días de sombra.

¿Qué hacer con esta información?

Supongo que lo mismo que el hombre hizo para pasar la noche: inventar algo que ilumine en esos momentos de oscuridad, es decir un fuego de leños, o una lámpara de combustible, o la lamparilla eléctrica. También para protegerse de la luz inventó los techos o las cortinas por ejemplo.

De este modo siguiendo la metáfora, podríamos decir que para los días de pesadumbre podemos tener preparado de antemano algo que no ayude, cada uno debe imaginar qué es lo que lo puede hacer feliz en momentos de desdicha. Bien podría simplemente ser un relato descriptivo del buen momento vivido, de nuestras esperanzas y actitudes, etc.

Pero también es bueno acordarnos que en los buenos momentos uno se olvida de lo sufrido, y aunque parezca un "rompe idilios" es mejor caer de baja altura que de mucha. ¿Para que subir de golpe si podemos hacerlo "apuntalando" nuestro ascenso? Ese apuntalamiento tal vez esté relacionado con mirar para el pasado y saber que las cosas no siempre fueron tan buenas. De ese modo preparar algo para que a la caída, si es que llegamos tan bajo como antes estábamos, podamos tener algo. Caída siempre hay, podemos ganar algo de terreno respecto al punto de partida, pero siempre se baja. La situación extrema pero real es la misma muerte.

Ahorrar para luego no volver a lo mismo de antes.

Actuar de este modo se acerca a llevar una vida más equilibrada, más tranquila, serena, con altibajos más suaves y placenteros.

Estar preparados, ahorrar, conceptos que fueron dejados un poco de lado para suplantarlo con la cultura de "no sé lo que quiero pero lo quiero ya". No sé si una postura es mejor que la otra, pero lo que es seguro es que es difícil de conciliar ambas filosofías.

No elegir una posición también es una forma de elección y es la elección de alguien más que no estoy seguro que quiera lo mejor para nosotros. Es más creo que solo quiere sacarnos el dinero que tenemos. ¡Gaste todo, para qué ahorrar!

Pensando en nosotros, creo que es mejor no gastar todo. Dejar algo para cuando nos haga falta. No solo dinero. También ahorremos momentos de felicidad, de pasión, de entusiasmo, de calma y paz, y sobre todo ahorremos en capacidad de observarnos y ser objetivos en las apreciaciones sobre nosotros mismos.

Lic. Alejandro Giosa



Del corresponsal en España: Lic. Gonzalo E. de Francisco

Juan, 34 años de edad, casado, dos hijos, trabaja desde hace más de 7 años en un importante banco internacional con sucursales en los centros más tradicionales, presente en todos los países de Europa y en las tres Américas.

Juan comenzó trabajando de la forma que él consideró "normalmente", nueve horas diarias. Con el transcurrir del tiempo Juan pasó a trabajar 15 minutos más por día de forma tal que en seis meses, sin darse cuenta estaba dedicándole a su trabajo 16, 18 y hasta 20 horas por día.

Su esposa hacía tiempo que venía llamándole la atención al respecto, cosa que Juan atribuyó a una común actitud persecutoria de las esposas del mundo, al celo incomprensible y destructivo de las esposas "desocupadas".

Nacieron sus dos hijos, y pese a Juan haberse comprometido, para acompañar a su esposa en el momento del parto, antes y después, nuestra heroína, que a esta altura se puede llamar Marta, dio a luz a sus hijos esperando la llegada de su marido, tratando de retrasar desesperadamente el alumbramiento pensando que su marido no encontraba lugar para aparcar el coche y por eso no llegaba. Todas las madres saben que cuando los niños quieren nacer, nacen, y nadie les puede impedir realizar este acto de autoritarismo primigenio.

Juan llegó jadeante dos horas y media mas tarde. Marta se sentía desolada y abandonada. En sus dos partos, sucedió exactamente lo mismo, como un calco el uno del otro.

Antes de seguir adelante, recordemos que es una adicción cuando una persona consume algo que la daña, que hasta puede reconocer lo dañino, pero no puede dejar de consumirlo; agregado a una infaltable fuente de placer que muchas veces es de contenido masoquista.

Los adictos al trabajo, consumen trabajo, aumentan las dosis, no pueden detenerse de consumir, como en el caso de la comida, dosis vitales. Y el placer, como en el caso de Juan, se encuentra al final del mes cuando recibe pagas cada vez mayores pero que no puede disfrutar. Perdón, las disfruta orgásmicamente, pues la mayor parte del goce está en la acumulación de dinero cuyo parámetro es personal: el cartonero acumula 30.000 pesetas por mes, Juan 2.000.000, las cantidades son diferentes pero el goce el mismo.

Si le preguntamos a Juan si él disfruta sus ingresos, él no tiene la mas mínima duda que sí, que lo hace fantásticamente y pone ejemplos: Sin ir más lejos, esta semana me entregaron el BMW JTDi que me costó etc." El sentido del goce de Juan, como se notará, está en tener y no en disfrutar. A esta altura, todos podemos darnos cuenta que Juan apenas tiene tiempo para dormir, su coche lo tiene pero no lo usa pues tiene el argumento que si se hace pasar a buscar por uno de los choferes de su Banco, aprovecha el tiempo para pensar. Esto me hace acordar a un ejecutivo madrileño que viaja en su coche con chófer y aprovecha el tiempo del viaje para hacer psicoterapia. Todos los días lo espera su psicoterapeuta en la puerta de su casa.

Pero volviendo a nuestro caso, llegamos a uno de los puntos fundamentales de esta adicción: quienes la sufren, siempre tienen argumentos para justificar su conducta.

Juan, al poco tiempo de ingresar en su Banco, recibió una promesa de ascenso que estaba condicionada a xx rendimientos para lo cual tenía que incrementar todas sus habilidades y si con esto no le alcanzase tendría que agregar tiempo, horas de trabajo, que es lo que efectivamente sucedió.

Por supuesto, de la misma forma que no pudo llegar a tiempo al nacimiento de sus hijos, pasó a no llegar a tiempo a ningún lugar. Si planeaba con su esposa ir al cine un sábado, él iba primero a su oficina y luego, sistemáticamente llegaba media hora tarde al comienzo de la película. Su esposa estaba desesperada y dejó de quererlo.

Como en toda adicción, los retrasos fueron haciéndose cada vez mayores. Todo adicto pierde un poco el criterio de realidad y para justificar sus actos comienza a dar argumentos absurdos, como Juan, que preten día justificar su llegada tarde al cine diciendo que todos los maridos del mundo hacían lo mismo. O que siempre cuando quería salir de su oficina había alguien que lo retenía camino del ascensor. A Juan, en su oficina, jamás se le ocurrió disculparse y dejar el tema para mañana. Habitualmente, cuando sucedía esto, volvía para su despacho y a veces permanecía hasta dos horas mas mientras su mujer lo estaba esperando.

Obviamente, como en toda adicción, Juan comenzó a pagar un costo social, un costo familiar y los problemas serios aparecieron. Se habló de divorcio, se alejaron amigos. Lo que sí permaneció firme y constante fue la promesa de ascensos permanente que el Presidente del Banco mantuvo sobre Juan, brindándole permanentemente un argumento de oro para justificar su adicción al trabajo.

Las cosas empeoraron familiarmente. Juan le pedía paciencia a su esposa para llegar al siguiente ascenso, le prometía viajes de un mes de duración a su esposa en lugares paradisíacos que luego, con los pasajes comprados y a ultimísima hora decidía no viajar por urgencias laborales, todas debidamente justificadas: que el cierre del mes, que el plan anual de marketing, que la presentación, que viene el Chairman de Boston etc. Pero estas dilaciones, cambios, marchas y contramarchas sucedieron decenas de veces. En una oportunidad, pudo viajar con su esposa a un viaje de placer, pero el viaje que estaba previsto, pagado y todo confirmado por dos semanas de estadía en un «petit» y exclusivo paraíso del Caribe, por razones de trabajo, se acortó primero en una semana, luego en tres días, terminó, por razones de trabajo en una absurda estadía de 48 horas.

Como se notará el goce en el desempeño laboral supera a la pérdida de la familia, hijos, supera al deterioro de la persona que pasa a ocupar toda su vida en una sola área.

Es interesante el criterio de salud freudiano aunque hoy en día de limitada aplicabilidad, que decía que "la salud es la capacidad de trabajar, amar y recrearse adecuadamente". Kant enunció la "ley del justo medio" donde proponía que lo saludable estaba en los medios (un poco de todo) y lo patológico en los extremos (mucho de una sola cosa).

La adicción al trabajo ya fue vislumbrada hace 50 años pero hace 20 comenzó a describírsela con gran precisión. Las víctimas de esta adicción se cuentan por millones en el mundo y, al igual que Juan, incapaz de recuperarse, son ricos pobres que han perdido en la vida cosas que no se pueden adquirir con dinero y que precisamente eran las que más querían... (después del trabajo).

Health I. G. News



Posiblemente, uno de los principios preponderantes en las filosofías orientales que resulta de más difícil comprensión para todos es el de "vacío", ku (jap) o sunyata (sansc) y el concepto de "es y no es".

En el Saddharmapundarika Sutra, Shakyamuni advierte a su asamblea que "hay conocimientos que sólo pueden ser comprendidos por los Budas". ¿De qué tratan estos conocimientos?

Generalmente, cuando acudimos a textos que traducen los antiguos tratados budistas e hinduistas nos encontramos con redacciones de difícil descifrado, lo cual vuelve más oscuros a los conceptos allí vertidos.

El Profesor Josei Toda, segundo presidente de la Sokka Gakkai (Sociedad para la Creación de Valor a través de la educación), hizo un gran avance en este sentido al aclarar que el término "Buda" puede ser considerado similar a "Vida". Asimismo, según consta en las enseñanzas de Nichirén Daishonin (1222-1282), la palabra Dharma, traducida como Ley Mística, puede ser comprendida como Esencia de la Vida.

En los escritos característicos del budismo, se habla constantemente de la "transmisión de la Ley". De igual manera, en el Saddharmapundarika Sutra, se anuncia, desde la introducción, que el Buda "se apresta a revelar la Gran Ley", aunque la lectura del tratado no deja evidencia explícita de esta Ley.

La Esencia de Vida, la Ley Mística o Dharma es el principio vital (origen de todo) que permanece invariable y constante. Sin embargo, se manifiesta ante nuestros sentidos como algo variable e inconstante.

En efecto, la percepción de los fenómenos nos demuestra un flujo cíclico de construcción-destrucción, vida-muerte-vida, día-noche, placer-sufrimiento.

¡Cómo es posible que a partir de una Esencia (causa) inmutable, se generen fenómenos (efectos) mutables?

Y es, justamente, la explicación de esta aparente contradicción lo que los Budas comprenden en forma intuitiva.

El entendimiento de este principio de "es y no es" (o sea: es mutable e inmutable) resulta ajeno a la racionalización y parece ser producto de una práctica adecuada, misma que cada escuela de budismo encara en forma diferente de las otras.

¿En dónde radica la importancia de este entendimiento?

Según el budismo mahayana, la "budeidad" es inherente a todas las criaturas, es decir, todos tenemos, originalmente, a la Esencia de Vida como fuente de nuestra propia existencia. Absolutamente todos los fenómenos y manifestaciones son efecto de esta causa única. Pero como no somos capaces de "percibir" la Esencia de la Vida, percibimos únicamente su "cáscara", es decir los "efectos". A esta manera de ver al Cosmos, se le llama "maya", ilusión o sakayaditti (oscuridad fundamental).

Mientras los seres estemos inmersos en esta oscuridad fundamental, sufriremos y estaremos atrapados en el ciclo constante de producción-destrucción.

La iluminación, samadhi (sansc) o satori (jap) es el despertar de la capacidad de ver la realidad tal cual es, o sea: percibir la Esencia inmanente de los fenómenos: el Dharma, Ley Mística o Esencia de la Vida.

Pero, para llegar al estado de "iluminado" (buda) es necesaria una práctica que "limpie" nuestra percepción de la realidad y nos permita ver la verdad esencial.

La razón por la cual no podemos ver esta realidad esencial es que nuestra percepción se encuentra "desorientada" a causa de los Cinco Agregados, este tema es uno de los fundamentos del budismo y su práctica.

El Prajñaparamitahridaya Sutra dice: "Si vemos que los cinco agregados están totalmente vacíos, podemos liberarnos de todos los sufrimientos".

Los cinco agregados son: Materia, Impresiones (o percepción), Conceptos, Formaciones Mentales y Conciencia. El primero de ellos está considerado dentro de lo que denominamos "cuerpo", los otros cuatro forman nuestro "espíritu".

El Primer agregado: Materia

Es nuestro cuerpo y todo lo que tiene forma y color.

El Surangama Sutra dice: ""Extraviados por su yo desde un tiempo sin comienzo, todos los seres vivos creen que ellos mismos son cosas y, al perder su Espíritu infinito, se transforman, por lo tanto, en cosas"".

Esto significa que no reconocemos que los fenómenos son manifestación de la Esencia de la Vida y, por lo tanto, nuestro espíritu se extravía y produce la percepción errónea de la realidad.

El mismo Sutra declara: "la materia de la naturaleza es el verdadero vacío y el verdadero vacío es la materia de la naturaleza".

O sea: todos los fenómenos visibles tienen su causa en la Esencia de la Vida, que es invisible.

El segundo agregado: Impresión

Es el hecho de percibir y acumular. Se percibe mediante los órganos de los sentidos. La percepción origina tres tipos de impresiones: desagradable, agradable y neutra.

Esto induce a los hombres a procurar no sentir más el sufrimiento (desagradable) y que no piensen más que en obtener placer (agradable).

En la búsqueda de la impresión agradable el hombre realiza gran cantidad de actos negativos (atormentando a otros, robando, mintiendo, matando, etc), acarreándose a sí mismo el efecto del sufrimiento.

El origen del sufrimiento se halla en la codicia de un mínimo placer.

Uno se equivoca al creer sentir placer, cuando lo que se toma como agradable o desagradable no es, originalmente, ni sufrimiento ni placer.

Los gusanos devoran los cadáveres de los animales muertos a la vera del camino. Se regocijan en la podredumbre y la muerte. Sin embargo, un hombre no encontraría placer en comer la carne descompuesta. Si se lo forzase a comerla, experimentaría gran sufrimiento. Es que siendo el espíritu limitado y vulgar toman al sufrimiento como placer, aunque no lo sea en verdad. Sucede lo mismo con lo que el hombre juzga agradable.

Arrastrado de un lugar a otro como si fuera una hoja en la tormenta, el hombre ignorante no puede escapar a la oscilación entre el sufrimiento y el placer.

El Buda considera a todas las criaturas como sus propios hijos, ya que éstas comparten la misma Esencia de Vida que Él, por lo tanto, se regocija en la felicidad de los demás en vez de competir con ellos.

El tercer agregado: Conceptos

Todos los días de nuestra vida se presentan conceptos. Son ilusiones durante el día y sueños durante la noche.

La diferencia es que vivimos en la ilusión de que los de la noche son falsos, en tanto que los del día son verdaderos.

Odiar, amar, envidiar, arder de amor, son conceptos que no existen originalmente en nuestro espíritu esencial.

Por ejemplo: mientras no conocíamos a la joven de sedosos cabellos, ni la amábamos, ni la odiábamos, es decir, que el sentimiento de amor no existía en nuestro espíritu. Pero, al verla, nuestro corazón pareció escaparse del pecho y ardimos en pasión hacia ella. En ese momento no podíamos encontrar odio en nuestro interior, porque todo estaba embebido en ese amor. Entonces, parece que el corazón ha llegado al amor perfecto y que este amor no cambiará en toda la eternidad, pero esto no es cierto. Luego llegaron la discusión y la pelea y ambos nos ofendimos mutuamente por algún motivo. El resentimiento y el odio se vuelven tan profundos que nos decidimos finalmente a sacrificar nuestro amor.

Si el amor hubiera sido verdadero, no podría transformarse en odio. Y si el odio es verdadero no podría transformarse en amor y, mucho menos, ser consecuencia de él.

Lo mismo sucede con todos los conceptos: el resentimiento, la envidia, el placer, la tristeza, el deseo... son solamente sueños... no tienen una partícula de existencia...

La ilusión (maya) es la madre del concepto y éste del "karma".

Sin embargo, aún cuando la ilusión haya reinado por largo tiempo, la revolución humana la transforma en un instante, de igual manera que la oscuridad desaparece cuando se enciende una lámpara. Esta "revolución" se basa en "darse cuenta" de la aparición del concepto ilusorio y extirparlo antes de que se desarrolle.

El cuarto agregado: Formaciones Mentales

Esto es el ciclo de formación y destrucción de mi espíritu. Si existe ilusión en mi espíritu, éste no permanece estable ni un instante.

El pensamiento varía constantemente durante el día y la noche.

Somos inconstantes porque cambiamos continuamente. Los fenómenos son vicisitudes del agregado de formaciones mentales, por eso son impermanentes e inestables; son producidos y destruidos a cada instante y no se fijan ni por un segundo.

Debido a este cambio incesante nos parece que ninguna Ley inmutable rige al Universo, nada en Él parece permanente.

El Sutra del Conocimiento Supremo, nos dice: "Cuando la nube se desplaza rápido, la luna parece moverse y cuando el barco navega, la costa parece desplazarse"".

Porque las formaciones mentales de mi espíritu son rápidas, veo desplazarse a la Ley de lo Constante.

El Nirvana Sutra dice: "Las formaciones mentales son impermanentes, es la ley de la producción y de la destrucción".

Aunque mi cuerpo y mi espíritu sean la Esencia de la Vida que es inmutable y eterna y no sufran la producción y la destrucción; a causa del engaño producido por las formaciones mentales no podemos ver que ellos son esa Esencia de la Vida. Confundidos con la presencia de los fenómenos no podemos ver al Buda.

Si trasciendo el engaño producido por mis propias formaciones mentales, mi espíritu se estabiliza. Si mi espíritu se estabiliza, los fenómenos también lo hacen (modificación del medio ambiente)

El Sutra del Diamante declara, refiriéndose a la Esencia de la Vida: "El Tathagata no procede de ninguna parte y no se dirige a ninguna parte"".

Para emplear una analogía, es como si construyéramos estatuillas de oro; una de ellas representaría al demonio, otra al Buda, otra a un rico, la cuarta a un pobre. Desde el punto de vista de sus formas, el demonio es temible, el Buda es venerable y hay diferencias entre el rico y el pobre. Desde el punto de vista de su substancia, todos ellos son iguales: de oro.

Lo mismo sucede con los fenómenos. Al proceder de una única Esencia de Vida o Ley Mística son diferentes y cambiantes desde el punto de vista de la forma; pero únicos y permanentes desde el punto de vista de su esencia. En pocas palabras: son... y no son...

El quinto agregado: La Conciencia.

Es la base de los otros cuatro agregados. La conciencia da vida a todo. Es decir que es el origen del engaño.

Aunque en esencia la conciencia es el cuerpo del Buda, sumida en la ignorancia es el origen de todos los fenómenos.

Si no estuviera enturbiada por la ignorancia se llamaría Budeidad.

Aunque la conciencia, en virtud de la ilusión y la ignorancia, muestra a la Esencia de Vida como si fuera cambiante, su Sustancia no cambia.

Cuando el sueño de la ignorancia cubre nuestra Esencia Original, decimos que hay oscuridad fundamental. En ella tenemos todo tipo de sueños. El primero es creer que el espacio existe. En este sentido, el Surangama Sutra dice: "La oscuridad crea el espacio"".

Como creemos que el espacio existe, creemos también que el cielo y la tierra están en el espacio y que hay "cosas" en el cielo y la tierra. De manera que cada uno tiene cosas que odia y cosas que ama.

Al tener cosas que amar y odiar, uno adquiere todo tipo de pasiones.

A causa de esas pasiones nos entregamos a todo tipo de acciones que nos sumen en el sufrimiento.

Cuando un hombre comprende que las cosas agradables y desagradables son impermanentes y condicionadas y en consecuencia, que no existen, despierta a la gran verdad.

Juan Carlos Laborde



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