Siempre es bueno recordar y poner en claro las ideas que uno tiene respecto a temas importantes, porque en general actuamos de acuerdo a nuestras creencias, gestadas desde la infancia, y desde nuestras particulares posibilidades cognoscitivas y suele pasar que con el tiempo y la influencia de la cultura y las creencias de los que nos rodean, que nuestras representaciones iniciales pierden solidez y entramos en dudas respecto a nuestras convicciones.

Poner en claro esas posturas es importante para mantener posiciones importantes de nuestro comportamiento, ya que una buena actitud frente a las cosas de la vida, suele influir positivamente en nuestro entorno y en definitiva en nuestra cultura.

Lamentablemente cuando se naturalizan los actos culturales como por ejemplo el casamiento, otras particularidades de la conformación de la pareja, quedan despojadas de poder e importancia.

La conformación de la pareja, a mi entender, tiene un sentido que va más allá de lo cultural. Las parejas se forman por una necesidad múltiple del ser humano, como puede ser su espíritu gregario, la necesidad sexual, la generosidad, la capacidad de entregar amor, y muchos otros requerimientos que tiene el hombre como ser espiritual y material.

En su afán por dominar todos los aspectos más importantes de la vida humana, las religiones inventaron el matrimonio. Ésta ceremonia cultural pretende legalizar aspectos culturales que en su momento habrán tenido gran importancia para la conformación de los pueblos, las razas y las religiones, pero actualmente parece ser que no cumple, y peor aún, dificulta la formación de la pareja y el cumplimiento de las funciones más "naturales" del hombre.

La pareja no se conforma con el matrimonio. La pareja se forma día a día y se confirma día a día. No hay leyes ni contratos escritos que puedan garantizar que una pareja sea permanente. Ese es el gran error en el que caemos la mayoría de los habitantes de estas culturas. Se cree que el contrato social llamado matrimonio civil les da mas fuerza a la unión entre las personas. Puede parecer al principio que el contrato escrito funciona, tal vez hasta que salda imaginarias culpas, y que el reconocimiento social por "hacer las cosas bien" ayuda. Pero en el diario vivir esas cosas dejan de tener el poder original y cualquier divergencia de opinión pueden poner a la pareja al borde de su disolución.

Me cuesta presenciar cómo amigos y conocidos deciden contraer matrimonio civil en momentos en que la pareja pasa por momentos críticos.

También pasa que cuando una pareja no se relaciona bien, deciden tener un hijo, creyendo que con su advenimiento los conflictos se terminan, y lo que solo hacen es terminar con la pareja.

Entonces volviendo al tema del comienzo, me parece importante ponerse a pensar un poco qué es lo que uno cree o piensa sobre algo, para al menos darle un toque de personalidad a los propios actos, y también adquirir la autoestima que produce "poseer" pensamientos personales sobre un tema.

¿Hasta dónde lo que pienso es algo mío? ¿O es algo que se me impuso como "bueno"? Lo bueno o malo sigue perdurando en las culturas tradicionales como normas de comportamiento. Sin embargo en esta incipiente "cultura cuántica" los matices, posibilidades e incertezas van cobrando espacio en nuestras mentes y con ello se produce la conformación de comportamientos más variados y acordes a las situaciones que nos tocan vivir, que son siempre diferentes y cambiantes.

Por eso me parece importante descartar como solución mágica en una pareja fijar contratos civiles o imposiciones que no resultan nunca ser tales.

Las parejas, al igual que toda relación humana, deben gestarse y mantenerse con el esfuerzo permanente de los involucrados, compartiendo, consensuando, creando, amando, respetando, siendo siempre muy generoso y desinteresado. Toda relación social que valga la pena tiene que tener como virtud la generosidad y el desprendimiento.

Por eso el que encara la pareja como cuestión individual y egoísta, debe saber que no hay matrimonio ni hijos que puedan mantenerla unida.

Tenemos que aprender cosas como humanos y la pareja es el ámbito perfecto para hacer aflorar todas nuestras virtudes y trabajar nuestro espíritu, tarea necesaria para nuestra evolución, que es nuestra misión en esta tierra.

Licenciado Alejandro Giosa



Muchas veces en mi vida me he preguntado por que hombres y mujeres recibimos tanta presión social para que nos agrupemos en pareja. Ser soltero y adulto, en nuestra cultura, puede ser considerado como indicativo de homosexualidad o de alguna rareza del comportamiento.

De joven creía en el amor verdadero, el amor para siempre, el alma gemela... hoy, cinco divorcios mas tarde, entiendo que uno evoluciona en un sentido y no siempre tu pareja camina hacia la misma meta.

Prefiero creer que, como dijo alguna vez el Buda, los seres humanos somos como nubes que nos encontramos en el cielo, a veces producimos lluvias, otras no, pero, indefectiblemente, volvemos a separarnos.

Sin embargo, también creo en la autodeterminación y en que podemos decidir construir un amor para siempre, solo que, en este caso, la decisión debe ser compartida.

Las raíces de nuestras desavenencias familiares están insertas en los cañones de nuestra cultura. Son las mismas que nos impulsan a competir, a declarar guerras y a ser desmedidamente ambiciosos, aun a riesgo de destruir al planeta donde vivimos.

¿Podemos construir una pareja para toda la vida? Me refiero a hacerlo en forma sincera, sin ocultamientos, sin frustraciones, sin «estar ahí» queriendo «estar en otro lado».

La pregunta vale también para un mundo en paz. ¿Podemos?

Si fuera tan sencillo, ya lo habríamos hecho. La mayoría de nosotros quisiera amar a su pareja para siempre y vivir en un mundo de paz... y siempre llegamos a la conclusión de que «nosotros queremos, pero los demás no». Y aquí mismo es donde comienza el problema, en creer que todo lo que nos sucede es algo que surge del exterior, un exterior solidamente construido para jodernos la vida.

Aquí en Puerto Rico, escuchareis a la gente decir constantemente: Que Dios nos proteja, Si Papa Dios Quiere, Que Papacito Dios nos provea y frases por el estilo... las he escuchado en otros países, pero aquí la frecuencia despierta mi curiosidad.

Volvemos a la misma cuestión: la responsabilidad de nuestras vidas derivada en otras personas, en causas exteriores o en un Dios que parece ser sordo y mudo.

Cuando encuentro a una persona agobiada por sus problemas, a quien parece irle todo mal, hasta el punto de que ha llegado a la conclusión de que su destino es sufrir para siempre; le digo: ¿Sabes hacer simplificación matemática? ¿Tu sabes: reducción de términos? Aplícalo a tus problemas, reduce. Veras que todos tus problemas pueden reducirse a uno. Solo tienes que resolver ese problema y los demás se desvanecerán.

A veces hacemos la reducción juntos, porque no todos recuerdan lo que aprendieron en la escuela elemental y la mayoría de las personas creen que las matemáticas solo sirven para sumar y restar.

Siempre, siempre, el caudal de obstáculos puede reducirse a uno.

Y todo nuestro enjambre de problemas sociales que nos llevan a pelear en guerras, perseguir a los extranjeros, poner bombas, divorciarnos, etc. se pueden simplificar en unas pocas cosas « que no hacemos» en nuestra vida cotidiana:

  • Estar atentos,
  • Aceptar y tomar en cuenta otros puntos de vista,
  • Dialogar.

    En el fondo, el objetivo de nuestra existencia, el objetivo común e inapelable es: vivir y ser felices.

    Si ponemos a la vida y a la felicidad como premisas, como primer mandamiento de nuestra existencia; pero imponiéndonos a nosotros mismos el respeto por la dignidad de la vida de los demás, veremos que no hay nada que valga la pena tanto como para sacrificar una vida o una lagrima.

    No hay ideal, ni frontera, ni bandera, ni religión que justifiquen el dolor de una sola persona.

    De manera que si te han dicho que has venido aquí para sufrir o que el sufrimiento te conducirá al cielo, ya puedes despertar: eso no es verdad. Duda y busca en tus propios libros sagrados, si eres creyente.

    Si estamos atentos, veremos algo muy común e ignorado: cuando nos enojamos, la mente su nubla, cae en confusión, ya no piensa correctamente, comienza a elaborar juicios y conceptos negativos, alimenta a la furia con su archivo de recuerdos dolorosos.

    Alguna vez observasteis a una persona con delirio, de esas que están todo el tiempo gritando e insultando, discutiendo con un enemigo invisible, descargando su furia incontenible en la nada.

    Es como si su mente se hubiera detenido en un pasaje de su vida, en una discusión, y siguiera, instante tras instante, alimentando esa ira con los mismos recuerdos viciados que podrá detener ese flujo de pensamiento.

    Nuestras discusiones son algo similar, solo que, en algún momento, ocurre que descargamos la ira con algún acto violento o se nos acaba la energía, en el mejor de los casos.

    ¿Y luego que viene? ¿Recordamos en detalle la discusión? ¿Podemos saber, siquiera, que argumento origino la discusión? ¿Podemos justificar todo lo que dijimos?

    No. Porque nuestra razón estaba oscurecida.

    En nuestras clases de Iaido (el arte de la espada samurai) realizamos un ejercicio que se origina en las prácticas Vipasana del Budismo Hinayana. Consiste en percibir, poner atención al acto de percibir, poner atención a la mente que esta percibiendo y, mas tarde, poner atención al «testigo» a «ese» que esta observando a la mente.

    Este ejercicio, aparte de despertarnos a una realidad trascendente de nuestra existencia (o no-existencia), nos provee de la capacidad de estar «presentes» y conscientes en la mayoría de nuestros actos cotidianos. El efecto colateral es que pocas veces nos vemos enfrascados en una discusión y «vemos» el fluir de nuestra realidad en forma clara.

    Volviendo al tema inicial: todos nuestros problemas, ya sean de pareja, relaciones laborales, familiares, fronterizos, religiosos, etc. pueden reducirse a uno solo: no somos conscientes de nuestro Yo Verdadero, nuestra consciencia es atrapada constantemente con el devenir de los fenómenos externos, los cuales «creemos» que son ajenos a nosotros mismos.

    Simplificando términos: para construirte una pareja feliz, debes tener una vida feliz, y para lograr una vida feliz solo debes estar atento.

    exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
  • Seonaidh Labhraidh



    El hornero tiene una única compañera en toda su vida. Macho y hembra comparten las responsabilidades familiares: colaboran en la confección del nido

    Al finalizar el invierno la pareja construye el nido. En primavera entre los meses de octubre y noviembre, la hembra pone cuatro huevos en la cámara interior de la casa.

    La incubación que dura unos quince días, está a cargo de ambos padres: mientras uno busca comida el otro mantiene calor de los huevos.

    Cuando el primero regresa le avisa con su canto al que está adentro y éste sale entonces a buscar su comida mientras el que acaba de regresar lo reemplaza en el nido.

    En la época de reproducción, el macho pasea sobre el suelo barroso, en pose airada, con la cabeza hacia atrás y el pecho hacia delante para impresionar a la hembra.

    Y persigue con gritos y picotazos si aparece un intruso hasta alcanzar el límite de su territorio, donde a su vez lo atacan otros horneros que lo sienten como invasor. Estas expulsiones mutuas se repiten varias veces.

    Los pichones nacen sin plumas y con los ojos cerrados; son indefensos y permanecen entre dos y tres meses bajo la protección de los padres quienes les buscan alimento, les enseñan a volar y vigilan sus primeras salidas el mundo exterior.

    Cuando ya están en condiciones de vivir independientemente los hijos abandonan el nido de los padres, pero por lo general se quedan en los alrededores del lugar donde nacieron.

    Muchas cosas los diferencian de las otras aves
    viven en pareja la vida entera,
    con su pareja canta a dúo, y, sobre todo, juntos construyen un nido singular

    Como notarán el hornero arma su nidito de amor en compañía de su pareja ambos trabajan por su hogar, por construir una familia que es el objetivo principal que tienen. Son un ejemplo de vida a seguir por el respeto, fidelidad, amor y el trabajo que hacen para construir día a día la familia.

    Por lo tanto una pareja sólida se va construyendo día a día, como el hornero con ladrillos básicos como la comunicación, respeto, intimidad, e ideas y proyectos en común.

    Entonces para logran una pareja estable como la de estos pájaros se debe:

  • Sentir amor sincero el uno por el otro;
  • Establecer relaciones de compañerismo, es decir ser amigos, novios, amantes y esposos, a pesar de las dificultades ser unidos y estar dispuestos a trabajar en equipo para salir adelante y afrontar las adversidades;
  • Ser tolerante ante las diferencias de carácter;
  • Ser amoroso y cariñoso con su pareja.

    En conclusión amar es una decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. El amor es un ejercicio de jardinería: arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja, es decir, acéptela, valórela, déle afecto y ternura, admírela y compréndala. Y sea compañero y trabaje a la par su amor como el hornero.

  • Prof. Carla Manrique



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