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Yo escribí los silencios, las noches, yo anoté lo que no se expresa en palabras explica Rimbaud.
*** Lo que no se puede expresar en palabras puede ser la experiencia de un conocimiento. Se siente al principio una presencia a la cual estamos fusionados, por ejemplo las numerosas opiniones interesantes y empáticas emitidas por los miembros de un equipo de trabajo, en el momento de un trabajo en equipo que pueden resultar de la presencia de una totalidad indiferenciada, pero sentida por todos. De todas maneras, la vista de un magnífico paisaje puede provocar un sentimiento no expresable en palabras. La experiencia de lo que no puede ser expresado en palabras nos envía al sentimiento de ser poseídos por la presencia de personas ó de cosas que expresan la existencia de un todo indiferenciado. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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(no existe traduccion precisa por «inexprimable» y «inavouable»)
Lo «inexprimable» es lo que no puede ser dicho con palabras. Lo innombrable es lo que no debe decirse con palabras y lo «inavouable» en francés es aquello que nos avergüenza decir. Lo que dificulta el escribir este artículo es que debo hacerlo inmediatamente. Lo que no se puedo expresar es porque avergüenza porque no se puede decir ó no se debe decir. Yo no puedo expresar en palabras mis emociones exhaustivamente, no las puedo contar completamente. No puedo nombrar todo lo que experimento en mi interior, en mi centro emocional, en mi centro instintivo, en mi centro motor las sucesos que me inhiben ó me dan olas para realizar objetivos. Hay situaciones que no pueden ser nombradas porque la palabra que designa la situación no existe. Un niño que ha perdido su padre o su madre o ambos es un huérfano. ¿Como se nombran los padres que han perdido hijos? De la traición no se habla, el abandono no se puede describir. No puedo expresar las cosas que han hecho bascular mi vida. El exilio: al nombrarlo no puedo describirlo en su horror y en las etapas de adaptación al cambio de vida. Lo que puede ser dicho no implica que no se desee decirlo sino que es como un síndrome de una enfermedad: la descripción no se termina nunca. Siempre aparecen variables nuevas para ser incluidas y cinsideradas. Cada dia hay nuevos elementos que aparecen para enriquecer el discurso pero por el momento todo no está dicho.
Hecho en Paris el 22 de abril del 2017.
No es traducción directa del francés porque me faltan sinónimos pero en el fondo se parece. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Pensamos que con la posibilidad funcional de generar simbolizaciones y la invención del lenguaje, el hombre
es diferente de los demás seres vivos. Esa diferencia se interpreta como una ventaja, por lo que consideramos que el
tener leguaje es mejor que no tenerlo. De hecho parece ser que vamos más allá y decimos que no solo es mejor
tener lenguaje que no tenerlo sino que además somos mejores seres, más evolucionados y superiores que el resto que
no tiene o no usa lenguaje.
Pero si pensamos que todo lo que pone límites estrecha la capacidad de conocimiento y comprensión, tenemos que admitir que tener lenguaje nos limita. Si el humano tiene los dotes que ya les conocemos, de inteligencia, capacidad de recordar, de generar cultura, etc., también tenemos que considerar que tenemos la virtud de generarnos límites. Y el lenguaje entendido como "acotar" la realidad, es un límite. Todos sabemos que cuanto más específicos queremos ser, más cantidad de palabras o pensamientos tenemos que usar. Y si queremos ser muy exactos hasta tenemos que generar un "lenguaje" nuevo, como suelen hacer los científicos para explicar sus conocimientos. Cuando tratamos de entender algo complejo, suele pasar que la comprensión viene "de golpe" y en ese instante captamos lo que pretendemos saber, muchas veces sin la intermediación de demasiadas palabras. Eso es un indicativo, si se me acepta la hipótesis, de que la comprensión no viene de las palabras ni se necesita exclusivamente de ellas para entender las cosas. Esto es algo que hacemos todo el tiempo, pero nos llama la atención cuando la comprensión viene demasiado rápido, a veces sin la intermediación de las palabras, como cuando decimos que "lo sabemos por intuición". Yo creo que todo lo sabemos por intuición, y las mayoría de las veces adornamos todo con palabras. Y si vamos a ser más específicos, tenemos que decir que el animal humano tiene lenguaje desde una etapa ya avanzada de su evolución animal, por lo que antes de eso debería contar con algún "sistema" de comprensión de las cosas que probablemente se acerque a lo que hoy llamamos "inteligencia animal" que parece que es motivo de estudio de algunos "científicos". Y a pesar del alto desarrollo del lenguaje, creo que tenemos que admitir que hay cosas que son inexpresables. Especialmente todo lo que no tiene que ver con lo intelectual y científico y está más relacionado con los sentimientos y las sensaciones. Áreas poco "investigadas" por la ciencia, probablemente porque para hacerlo necesiten crear otro "idioma" o sistema simbólico que pueda representar los atributos emocionales y sensitivos. El valor de las palabras quedó sobrevalorada respecto a otros caracteres de la comunicación como son la gestualidad, las reacciones corporales, los cambios sutiles de la coloración de la piel, etc. Eso nos limita en la comprensión de las cosas y en el entendimiento con el prójimo. De hecho hay personas que se entienden mejor con unos que con otros y eso tal vez se deba a esos pequeños cambios leves que "complementan" la comunicación y que nos dan mejores datos que las palabras para comprender los mensajes del otro. Eso "inexpresable" del lenguaje es lo que "complementa" la comunicación. En realidad creo que es la "verdadera" comunicación "adornada" de palabras Una vez un anciano que encontré casualmente caminando por un parque, se comunicó conmigo espontáneamente para comenzar una conversación. Yo estaba sin apuro así que con gusto continué con la charla. Es curioso que el señor empezara a describirme lo que estaba viendo, y que yo también veía: un parque, árboles, flores, algunos animales corriendo por el campo, un pequeño lago con aves, y en general un espacio abierto muy grande donde en ese preciso momento había mucha tranquilidad y todo se desarrollaba calmadamente. Después de un rato de charla trivial, me dijo: ¡presta atención a ese silencio que invade este momento! En ese momento comprendí que la percepción de ese momento quedaba estrecha y acotada si solo se describía con palabras y que el verdadero acto de percibir ese peculiar instante iba mas allá que el simple hecho de "simbolizar" los actos individuales que lo conformaban, y la "realidad" estaba mucho más allá que una descripción a través de simbolizamos. El silencio circundante y el silencio interno me hicieron comprender y disfrutar de un instante completo y único que muchas veces nos negamos a tener por el afán de descifrar todo con palabras. Lo inexpresable del momento me llenó emoción y creo que en ese instante viví realmente el "aquí y ahora". |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Todo lo que es visible en el mundo material fue, luego, provisto de un nombre de manera tal que coincidieran entre las diferentes personas, lo que hizo posible el lenguaje y la comunicación. Personalmente, no soy simpatizante de la retórica judea-cristiana, pero la tomo como referencia debido a que es la que más se ajusta a nuestra cultura «inconsciente». Sin embargo, no podemos reducir el lenguaje solo a las cosas visibles y el hombre halló forma de darle nombre y coincidencia a los objetos inmateriales, como las ideas, el pensamiento, el amor, la emoción, etc. De esta manera, cubrió el mundo material y, más tarde, el del alma, el mundo celestial. Todo lo que es factible de ser mentalizado, puede, también, ser nombrado y usado en una conversación en la que, casi todos, podrán comprender lo que se trata. Pero el hombre y sobre todo el metafísico, usa palabras que expresan cosas que no son comprendidas con la palabra en si misma. Por ejemplo, la palabra «samadhi» describe un estado de consciencia alterada, pero no transmite su significado, éste no es válido a menos que el interlocutor haya, también, experimentado el samadhi. Me permito deducir que en el terreno de la salud mental debe haber una gran cantidad de «estados alterados» que pueden ser nombrados y descriptos sin que la persona sana pueda saber precisamente de qué se trata, excepto por los ejemplos visibles de sus consecuencias. Básicamente, no hay nada que no pueda ser expresado, siempre y cuando la experiencia pueda ser compartida entre varias personas. Entonces, ¿qué es lo inexpresable? Si alguien nos preguntara: ¿quién eres?, podríamos responder con nuestro nombre. Soy Jose González y el interlocutor replicaría: No pregunté cómo, te llaman, sino quién eres. Dirás, nuevamente: Soy Jose González, médico. Y te dirán: No pregunté qué haces para vivir sino quién eres Simplemente, no podrás responder quién eres. Porque tú no eres el nombre corporativo que se te asignó en un documento de embarque llamado partida de nacimiento, donde se te calificó como «mercancía». Tú eres más que eso. Y en última instancia, no eres tu nombre. Ni tampoco tu cuerpo, pues este está formado por sustancias de la tierra, que volverán a ella cuando mueras. Lo que tú eres es lo inexpresable. Y es así porque pertenece al mundo de lo verdaderamente intangible: el espíritu. El Dios creador es expresable, porque lo define su acción de crear Pero el dios real que está detrás de toda la creación, al que los gnósticos llaman incognoscible es, también, inexpresable. Lo que puede calificarse en ti, medirse, describirse de alguna forma no es, realmente, tu ser tu ser no puede ser descrito, sólo podemos decir «cómo no es». Tal vez, ha llegado el tiempo de dejar de inventar cosas para ponerles nombres. Es posible que sea el momento universalmente preciso para que expresemos lo inexpresable, para que liberemos nuestra conciencia de las ataduras de las creencias, la pertenencia, emociones y pensamientos; para instaurar una era de manifestación del ser en todas las cosas.
Guaynabo, Puerto Rico, marzo del 2017
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Juan Carlos Laborde
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