Es natural el sentirse integrado al hogar, en lo que hace a lazos onjúgales parentales, filiales y fraternales. Pero la estructura de la familia como la de todos los grupos sociales ha evolucionado.
Tanto el espíritu de cuerpo, de su unidad y el sentimiento de unión a las tradiciones domésticas que continúan en vida, así como la referencia a la familia y en especial al grupo en su realidad doméstica pero mucho más a las personas de la familia individualmente diferenciadas más allá del grupo familiar como unidad afectiva.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Escribí mucho sobre el tema "retrato de familia" y me considero como el eslabón de la cadena entre lo ancestral y las generaciones que están viviendo y que vendrán.

Sobre el tema dediqué uno de mis libros a mi nieto llamado Nicanor en el cual hablo de recuerdos de mi vida en familia, de mi infancia, de mi adolescencia y de mi madurez (juventud no hubo, solo obligaciones). Me gustaría que los lazos se continúen, que alguien aprenda a escribir otra vez y a leer.

No podemos ignorar nuestros ancestros quienes nos han dado la opotunidad y la formación para ser lo que somos en el presente y en el futuro. En todo los casos Dios está con nosotros y hasta ahora los sobrevivientes de las generaciones sucesivas parecen estar bien protegidos por el Creador y por sus ángeles guardianes.

Estuve formada por mis padres, pero aún más por mis abuelos.

Quisiera ser un modelo par mis nietos como mis abuelos lo fueron para mi.

Vean a continuación algunos capítulos de mi libro Nicanor de mi historia.

Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



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Eduardo Baleani, maestro de grado, sociólogo



Comienza un año, un nuevo ciclo en que cada día es un universo de sensaciones, de pensamientos, de acciones, de anhelos y de sueños.

365 días en los que nuestras convicciones pueden alinearse con la conciencia de la reparación, del amor y de la creatividad si así lo decidimos.

365 días en que elegiremos si nos guiará la dualidad de posiciones encontradas y ríspidas, o el espíritu anclado en nuestra personalidad compartiendo y comprendiendo que lo propio y lo ajeno es siempre parte de la humanidad.

365 días en los que la palabra cristalina podrá ser un manantial pacífico y un recorrido sonoro que alumbre la amistad.

365 días para convertirnos en faros de luz que alumbren el camino propio y de quienes nos rodean izando la bandera de la paz.

365 días en que la lluvia de estrellas y el polvo de amor sea el alimento de nuestros corazones.

Feliz 2018 y gracias por la vida.

Lic. Rut Cohen



La familia Sánchez tenía la costumbre de ser muy sociable por aquellos años pintorescos de principios del la década del setenta. Yo vivía a unos metros de su casa, cruzando la calle. Mis padres decían que vivían en la calle o mejor dicho en la vereda, ya que pasaban mucho tiempo sentados en finas sillas que sacaban y colocaban junto a los bordes de su casa y a veces hasta dejaban en la vereda largamente sin que nadie cuestionara ni tocara nada. Siempre estaba todo impecable de la esquina donde vivían. Mi mamá con más precisión decía que en realidad estaban allí para no ensuciar la casa que desde ya siempre tenía la limpieza de un hospital y casi ni conocí porque no muchos podían acceder adentro.

Yo crecí viendo esos vecinos desde mi casa, ya que nos separaba solo la calle y el alambre tejido que hacía de medianera en mi casa.

Sus rostros y formas de moverse me quedaron grabados para siempre. El clásico bigote en el hombre y su costumbre de andar en camiseta y sentarse en la silla con el respaldo adelante para apoyar sus brazos es como si lo estuviera viendo. Su señora y su hija también vestían como si estuvieran en confianza dentro de su casa. En realidad la vereda parecía su verdadera casa, tenía razón mi madre.

Un día llegó al barrio las luminarias de mercurio. Desde ya que la vida en la vereda se extendió aún más hasta altas horas de la noche, especialmente en los calurosos veranos de Buenos Aires. Yo era muy chico y vivía todo esto como un observador imparcial. Muchas de las fotos de mi niñez tienen como fondo a esta familia que desarrollaba su vida en frente de mi casa. Los retratos de mi familia, incluían los de la familia Sánchez.

Todo el que pasaba caminando por allí se detenía a charlar largamente con esta gente. Eran solo tres integrantes pero parecían más porque en esa vereda siempre había gente.

En cierto momento agrandaron la construcción e hicieron una casa y local para comercio en la esquina, donde alquiló una familia de japoneses que abrieron una tintorería. Grande fue la impresión que me causó ya que parece ser que los japoneses tenían costumbre contrarias a la de los Sánchez: rara vez salían a la vereda y realmente nunca supe cuantos integrantes eran en la familia. Aunque era chico me preguntaba porqué le habían alquilado a una familia tan opuesta en costumbres parte de su propia casa. Tanto me intrigó que empecé a interiorizarme sobre los japoneses. Cabe decir que mis padres no admiraban mucho a los Sánchez porque decían que a pesar de tanta limpieza eran gente muy engreída y vulgar. Entonces yo nunca los tomé como referencia a seguir. En cambio mis padres sí admiraban a los japoneses. Con mi poca destreza en lectura fui buscando en el diccionario sobre esa raza tan particular, que a mi entender era demasiado reservada y hasta parecía que algo escondían. Fui sabiendo algo sobre su religión, costumbres, formas de vestir, y otros pormenores que se fueron poniendo a mi disposición a medida que empezaba a interrogarme sobre ellos. Me gustó como eran con el pasar del tiempo, gente humilde y cordial, que no pretendía demostrar nada de lo que no eran. Se oponían bastante a los Sánchez ya que a pesar que al verlos no parecían gente fina, el esplendor y la limpieza de su casa causaban impacto a los que la veían.

Mis padres también sentían admiración por los japoneses de enfrente.

Creo que a partir de que conocí a esta familia mis gustos cambiaron hacia lo oriental, a pesar que no los traté y apenas hoy me acuerdo de sus caras.

Me llama la atención cómo en mis retratos de familia aparecen los Sánchez y no los japoneses de los que ni siquiera conozco el apellido, pero que sin duda marcaron mi vida para siempre, porque aunque pasaron muchos años sigo siendo admirador de esa cultura y mucho de lo que aprendí fue a través de su cultura y sus ciencias.

Lo cierto es que cuando veo las fotos de mi niñez, veo a los Sánchez pero pienso en los japoneses, los tintoreros e enfrente…

Licenciado Alejandro Giosa



Esta reflexión la considero muy personal por eso pienso que no se da en todos los ámbitos familiares, pero en la sociedad que hoy vivimos observo que se están dando mucho de estos conflictos familiares.

Espero encontrar una respuesta para esta problemática algún día o mejor dicho encontrar la mejor forma de convivir en paz, sin el ego en el medio.

Uno como sabe la familia no se elige, nacemos con un grupo de personas que por parte sanguínea es nuestra familia. Nos criamos con nuestros padres, tíos, abuelos, primos, padrinos, hermanos si tenemos, todo en un círculo de unión, amor y paz, según lo que vemos nosotros con nuestra mirada de inocente. Esa unión es tan linda, maravillosa y hasta deseamos tenerla por siempre cuando somos niños. Amamos a todos hasta a nuestros padres, aunque nos castiguen por haber cometido alguna travesura, siempre queremos reunirnos con nuestros seres queridos para compartir nuestros momentos felices. Ese círculo de amor no es a veces tan maravilloso, cuando vemos a los grandes discutir o alejarse por cuestiones sin sentido. Nos preguntamos de chicos ¿por qué se pelean? Y esa pregunta me la sigo haciendo pero hoy más profunda ¿Por qué tanto odio? ¿Dónde quedo ese amor?

En especial cuando vemos a nuestros padres pelearse y nosotros un poco más grandes nos preguntamos ¿por qué se pelean así? o en aquellos casos

¿Por qué se separaron? ¿Qué paso con esa pareja que se eligió para formar una familia? ¿Dónde quedo ese amor? ¿Que queda para nosotros que todavía somos pequeños y vemos solo conflicto familiar?

Ese sufrimiento que suelen padecer algunos niños, llegada a la edad adulta (mayoría de edad), va en busca de no cometer ese mismo error que tuvieron en su familia. ¿Pero todos logran vivir en armonía con su familia y pareja? O ¿solo es un retrato lindo de familia que se disuelve con el tiempo?

Contando mi experiencia de vida yo también viví una infancia triste en relación a la familia, al principio era todo lindo desde dentro de mi casa hasta con mis familiares, vivíamos felices o eso es lo observaba yo. Pero para ser sincera ese retrato no era real, existía mucho ego y la violencia avanzaba con cada integrante de la familia y así se fue diluyendo hasta nuestros días.

Siendo grande deseaba no pasar por la misma situación conflictiva familiar, sufría con solo pensarlo.

Hasta que un día conocí al hombre con el que siempre soñaba, con los valores y personalidad que no pensaba que podía tener un hombre. Pero sí llego ese príncipe azul como decimos las mujeres y vivimos los primeros años como en un cuento de novela con el amor a pleno. Pero lamentablemente la vida me hizo poner en la misma situación conflictiva de mi niñez y en vez de no poner en juego la violencia cometí ese mismo error que mi familiares, termine arruinado a una familia y a mi pareja con mi odio, el ego se apropio de mi ser y me convertí en un demonio a tal punto que hoy perdí todo, perdí ese retrato de familia que había soñado y querido junto a mi pareja.

En esta vida tenemos que aprender mayormente de lo malo y la vida siempre te va a poner una y mil veces más en ese momento hasta que uno logre buscar las mejores estrategias para resolver las dificultades que se nos presentan. En mi caso no logre aprender y espero que la próxima vez actúe con una conciencia espiritual llena de amor y paz, no solamente por los que me rodeen sino por mi ser para que sienta esa paz interior que tanto le hace falta hoy en día.

Aquí un real ejemplo de retrato de familia que se inicia con una linda imagen feliz, termina con un final triste pero con una esperanza de no volver a cometer ese mismo error y lograr en un futuro un real retrato de familia.

Mi última reflexión es ser fuerte, no sentirse fracasado por perder todo, no compararse con otras familias, porque suele pasar en algunos casos que ese retrato que muestran es para el afuera por lo tanto es ficticio y eso no es lo que queremos para nosotros. Siempre se empieza de nuevo, pero para eso debemos meditar para reencontrarnos con nuestro propio ser y así empezar a pintar esa familia que queremos tener con animales, plantas o personas pero con un mejor espíritu para alcanzar el objetivo final que es vivir en paz.

Prof. Carla Manrique



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