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Con la invitación de narrar con libertad sobre su vida, amarró su temor de muerte al oído amplio de
lo vivido.
-¿Y entonces? Creyó entender dijo, que habiendo abjurado de las mentiras, su vida era un recorrido cierto hacia la verdad. Pormenorizada su niñez y adolescencia en vaivenes elásticos de corto alcance, lo efímero aconteció sin prisa aminorando la marcha y contramarcha de las angustias. El atardecer tormentoso abrumaba el horizonte al elegir la compañía frágil de los recuerdos. -Tengo 78 años y ésta cabeza con cascaritas que me pica siempre, sin descanso. La dermatitis psoriasiforme en cuero cabelludo asomaba estoica entre líneas, en un discurso rígido, cerrado, perfecto. Fue docente cincuenta años, en grados inferiores del colegio primario. Crió una hija y un hijo con el amor y el rigor necesario para que fuesen buenas personas. Hoy tres nietos piden escuchar cuentos actualizados, no estereotipados, con velocidad informática. Su marido de 80 años, siempre "buen mozo y galante" atestigua con su presencia los días recorridos de una relación sin sobresaltos, dónde nunca un tercero o una tercera acompañaron la pareja sin despechos. Nunca demasiados dichos ni peleas. Siempre sensatos y correctos. Ella aún hoy lo mira con una audacia importante dentro del repertorio de modales victorianos. "Estoy contenta, fue una buena vida, pero desde hace un tiempo, lloro haciendo habitual esa queja digna de mujeres débiles. He tenido y tengo buenos amigos, siempre parejas con las que ponemos hoy ritmo a los años jubilados sin horarios estrictos o abordajes intempestivos. ¿Qué olvidé hacer, rasco mi cabeza casi todo el tiempo? Mi marido me indica un buen tejido para tener las manos ocupadas en una lana enrulada haciendo bufanda " ¿Y mi libertad como terapeuta?, ella me producía ternura a pesar de comprender cuan dura y fría había vivido, en el marco seguro de una rigidez amurallada que le permitió envejecer solidaria al noble propósito de no desfallecer ante un asombro. El precio altísimo de ser prudente, el encaje turbio de ser tranquilo, el velo siniestro de no tener miedo, el determinismo ilógico de la prisión continua de un ejemplar producto de un ser mimetizado a la maquinaria productiva del siglo XX. Entonces abrí el dique de mi perseverancia... ser terapeuta es un vacío lleno, plegado y replegado en un sillón de palabras, los gestos pagos e impagos del deseo errático, la alcurnia esclava de un discurso justo, la lectura doblada a idiomas lejanos, tan desarraigados como el primer invierno. Yo me sentía trivial con mi pensamiento. Me levanté de mi sillón y me acerqué a ella, le hice unas caricias en su cabeza. No dije nada, sólo tendí mi mano admirando su entereza, 78 años y el deseo de averiguar por ella, aunque en su foto actual las cascaritas psoriasiformes sobresalgan traviesas interrumpiendo la siesta acostumbrada. Le indiqué insolencia, pasión sin tregua, y el tan absurdo brebaje dulce que antecede la noche opaca a la luz del invierno. "Amor señora! amor florido!", mi voz se abre y anida en ella. "Diga y haga, celebre sus notas, recuerde sus ansias de niña nueva, escriba los ventanales con bocanadas rojas y despierte a la vida, que aún no ha nacido". Mis manos acarician su cabeza blanca y sus 78 años alimentan mi expresión libre. |
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Licenciada Rut Diana Cohen
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Tus palabras.
Te escucho se desorganizan mis pensamientos, tus palabras tocan mis causas y en un entrevero de sensaciones se produce con añoranza la modificación de mis actos. Tu voz provoca la incertidumbre del presente horadando una seguridad en vaivén que circunscribe mi espacio. La matriz de arquetipos acunada con esmero viaja ansiosa al encuentro del azar. Supuse un entendimiento arrogante, cálido y cierto en la plácida mirada de un interés común. Inestabilidad determinante y determinada por nuestras vidas. Universos tendenciosos retroaccionan con hondura la asociación compleja de dos instantes perdurables que suspenden en una charla un rechazo escalofriante y promueven el encuentro de nuestra comunicación. Una corriente aireada alimenta máscaras ardientes en la reserva acartonada del atardecer perturbado. Desviaciones en los gestos, constancia en los recuerdos, desequilibrio en los abrazos turbulencia enloquecida gestando éste temblor. Torbellino agradecido entre ciencia y poesía descubriendo el universo subjetivo del mundo andando también en tu voz. |
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Licenciada Rut Diana Cohen
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Considero que la palabra libertad ha sido usada mucho y para muy diversos fines.
A veces puede significar el alejamiento de una situación de opresión física, emocional
o intelectual, y en otras, el acceso a estados de conciencia superiores.
Puede aplicarse por lo que parece tanto a aspiraciones materiales como espirituales. Víctor Frankl escribe algo muy interesante sobre la libertad, que voy a transcribir: "El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física. Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino." "Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito" Esto me hace recapacitar sobre el valor del espíritu. Y después de estas palabras, se me ocurre decir que el espíritu es todo aquello que queda en uno, cuando sabemos que la muerte está a un paso de tocarnos. Virtudes, esperanzas, amor. Cuando se quiere la libertad física, de una angustia, de un atolladero de la mente, puede hacerse referencia al intento de recuperar un estado perdido, o un estado del que se tiene referencias concretas e imaginables, como por ejemplo cuando un sujeto que vive en un sistema social opresivo, pretende salir de él, o cuando alguien quiere recuperar el estado de felicidad de su niñez o la paz mental de alguna otra etapa de su vida. Diferente es el caso de las personas que buscamos la libertad del espíritu. Una libertad de la que no tenemos referencias reales. Tal vez alguien alguna vez nombró o escribió sobre ciertos estados que nos liberaría de las bajezas humanas, pero difícilmente pueda transmitirse lo que solo es posible vivir con todos los sentidos o bien con la integridad del Ser. Muchas respuestas pueden encontrarse a las libertades para el cuerpo, la mente o las emociones (para ello tenemos la política, la psicología, etc.), pero el camino que lleva a una libertad superior está colmado de falsos pasajes. Muchas son las sectas espiritualistas que proclaman tener el método infalible para superarse espiritualmente. Pero la lógica nos hace pensar que no puede haber tantas verdades a veces con criterios opuestos, que lleven al mismo destino. ¿Qué es lo que puede hacernos sentir libres incluso dentro de un campo de concentración? Lo cierto es que personas como Víctor Frankl, lograron la libertad antes de salir del campo de concentración. ¿Cómo es esa libertad, que trasciende lo físico, que supera las escasas esperanzas? Tal vez estemos llamando "fuerza espiritual" a eso que no podemos explicar de otra forma. De cualquier modo parece ser que hay una libertad que acoge al espíritu y que es posible de lograr. De ello tienen testimonios tanto los que vivieron las catástrofes de las guerras, como los Lamas del Tibet dedicados a la meditación permanente. Tal vez un enfoque de ver la libertad, es diciendo que cuantas más virtudes poseamos, más libres nos sentiremos. Puede ser una hipótesis discutible, pero desde la lógica es coherente pensar que si una virtud nos aleja de una bajeza, que nos mantiene embarrados en el lodo de la tierra, somos más dignos y felices. Lo poco que podemos abordar de este tema escabroso en que no hay forma de medir ni palpar ni disolver con ácidos, es por ejemplo, que parece ser que si amamos nos sentimos mejor que si odiamos. Y la única prueba que puedo aportar a esto, es que odiar me enferma y amar me hace feliz. Tal vez sea prueba suficiente, por lo menos para mí. Si esto que me pasa con el amor, me pasara con todas las virtudes, podría pensar que las virtudes me hacen estar mejor, me harían sentir más libre. Y en eso es en lo que creo. Creo que todo lo que me ayude a encontrar mi camino, mi vocación, y me permita vivirlo con amor, y ese amor me aleje de la prisión que representa hacer cosas que uno no quiere, que no eligió o que aborrece hacer, me hace estar más cerca de la libertad. La libertad a esta altura de mi discurso, es sinónimo de amor por lo que hago y la adquisición virtudes. Me viene a la memoria un pasaje de "Las enseñanzas de don Juan" de Carlos Castaneda, como cierre: "Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es solo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición. Para tener esa claridad deber llevar una vida disciplinada. Solo entonces sabrás que un camino es nada más que un camino y no hay afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo, si eso es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en él camino o de dejarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. Es una pregunta que solo se hace un hombre muy viejo. Mi benefactor me habló de ella una vez, cuando yo era joven, y mi sangre era demasiado vigorosa para que yo la entendiera. Ahora sí la entiendo. Te diré cual es: ¿Tiene corazón este camino? Todos los caminos son lo mismo: No llevan a ninguna parte. Son caminos que van por el matorral. Puedo decir que en mi propia vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy en ninguna parte. Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno: si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita". |
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Lic. Alejandro Giosa
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Tenemos los medios de comunicación mas sofisticados de la historia de la Humanidad, pero, desde nuestros corazones, no deseamos comunicarnos.
Millones de adolescentes y adultos en el mundo, pasan largas horas frente a la pantalla de su computadora, chateando o intercambiando emails; Pero, la mayoría de las veces, lo hacen encubiertos por sobrenombres (nicks) y asumen falsas personalidades. Sin embargo, aun cuando las conversaciones fueran superficiales, existe todavía el nexo con otras personas.
En el otro extremo están quienes han perdido toda posibilidad de comunicarse y engrosan las filas de los "marginales" o "marginados". La marginación asienta sus bases en la incomunicación. Es prácticamente imposible que alguien que tenga contacto con otras personas quede abandonado en las calles, sin posibilidades de retorno a la vida común. Pero, sin llegar a los extremos, de una forma u otra, la comunicación ordinaria esta resultando cada vez más insuficiente, manifestándose ya los síntomas de una soledad creciente. Que paradójico resulta considerar que a mayor aglomeración de personas, las posibilidades de soledad "sociabilizada" y de marginación por incomunicación aumentan. En este sentido, ¿los "medios de comunicación" acercan o aíslan? "El miedo creciente al contacto, relacionado con la posibilidad de resultar herido, en un contexto cada vez más agresivo donde, a la vez, nos encontramos mas sensibilizados... O, tal vez, un egoísmo creciente que genera un sistema de defensa contra cualquier penetración ideológica diferente a la propia..." Una de las características que me ha llamado la atención en los últimos años es la relación intima que tiene la comunicación con la calidad de la percepción. En otro articulo (ver La Libertad) hablamos del proceso de percepción como una sumatoria de: estimulo, órganos sensoriales, mente, valores y conceptos, historia personal del individuo. Me gustaría encarar el tema de la comunicación a partir de considerar a cualquier estimulo sensorial como un acto de comunicación. Para ser más específicos, el estimulo podría reducirse a una frase. Tomaremos como ejemplo: ¿Cómo esta tu padre? El estimulo ingresa por el oído, sumado a la percepción ocular del gesto realizado al pronunciar la frase y a la percepción de la emotividad que la acompañe. Hasta allí, tendríamos el estimulo puro; mas la percepción, también, pura. Los tres condimentos: sonido, imagen y emocionalidad ingresan a la mente, donde son relacionados con los criterios, valores y conceptos pre-adquiridos por el individuo receptor. También ingresa un nuevo y oculto "estimulo": su historia personal, relacionada con su padre, con el interlocutor y hasta es posible que con el padre del interlocutor. De la mayor o menor flexibilidad de criterios, valores y conceptos; dependerá en gran medida, que se mantenga mas o menos pura la información recibida. Por otro lado, la historia personal, dependiendo de su intensidad y condición traumática, podrá modificar aun más la percepción, pudiendo convertirla, incluso en un estimulo agresivo. La reacción dependerá, a su vez, de la "interpretación" del estimulo y de los condicionamientos inhibitorios del individuo receptor. Después de este proceso, será bastante difícil que la respuesta guarde alguna relación con la pregunta. Dentro de los conceptos adquiridos existe un agregado bastante peculiar. Las personas tienden a "interpretar" el comportamiento de sus semejantes. Pero, generalmente, lo hacen desde la perspectiva de sus propios condicionamientos. ¿Por que sucede esto? Pues, porque la mente trabaja a partir de la información con la que cuenta. Y la mayor información proviene de la experiencia propia. Una persona que, por su trabajo o actividad, se mantiene en contacto con una gran cantidad de gente a partir de un intenso acto de comunicación, poseerá una gama más amplia de "datos" que otra cuya actividad es aislada. Todo estimulo de comunicación pasara por el tamiz de los conceptos y del pasado individual y, además, será factible de ser "interpretado" desde un punto de vista muy personal. A partir de esa interpretación, las personas elaboran "juicios" y conceptualizan los mismos, almacenándolos en su deposito de experiencias. En general, se es muy condescendiente con el comportamiento propio y bastante duro con el ajeno. Todo este proceso genera un sistema de comunicación quebrada. Es decir: no se percibe la realidad, sino una realidad condicionada. Y no se manifiesta una respuesta sincera, sino una condicionada e inhibida. Las personas generan, así, rencores y prejuicios que los separan cada vez mas de sus semejantes y acrecientan aun más su propio sistema de conceptos rígidos y alejados de la realidad. Cuanto más difícil de encarar resulta la realidad, mayor será la fantasía con que es encubierta. Y lo grave es que estas fantasías no son como creemos: algo dulce para cubrir algo amargo; sino muy por el contrario, son algo amargo que cubre algo que no tiene sabor alguno. El individuo que quiebra su propio sistema de comunicación (en forma inconsciente, claro está), percibe algo diferente al estimulo recibido y puede que reaccione, también, en forma diferente a la esperada. A todo esto se añade cierta inercia mental que produce la tendencia a estar absorto en los propios pensamientos cuando alguien nos habla. Cuando un grupo de personas comparten habitualmente su tiempo, producen un sistema de comunicación compartido, donde hay pautas y conceptos aceptados colectivamente como "buenos" para el grupo. Esto genera una mayor "apertura" de la comunicación entre ellos y un mayor hermetismo para con los que no pertenecen al grupo. Si un integrante se marchara por un tiempo largo y compartiera con otro grupo, al regresar, posiblemente, tendría dificultades para comunicarse con sus antiguos amigos. De todo esto; podemos resumir diciendo que hay una ruptura individual del sistema de comunicación y otra que es grupal. De la individual devienen las diferencias familiares, entre amigos y grupos de trabajo. De las grupales devienen las competencias, las xenofobias y las guerras. No estoy seguro de que haya un plan demoníaco para incentivar la ruptura de la comunicación entre las personas. Creo que se trata de un proceso relacionado con un cambio en los objetivos de los seres humanos. En la medida en que aumenta la necesidad de satisfacer requerimientos relacionados con lo material y económico, parece disminuir el interés por lo humano y espiritual. Lo económico se asienta, actualmente y por un error de criterio, en la competencia. Lo cual implica que "para tener mas" hay otro que "debe tener menos". Y es extraño notar que personas con un comportamiento intachable en muchas áreas, cambian notablemente cuando se trata de asuntos financieros. La realidad es bastante diferente. No hay ninguna diferencia entre los seres humanos. Todos comparten un mismo impulso vital que los lleva a un proceso similar de nacimiento, crecimiento, envejecimiento y muerte. En este proceso, no tiene mayor importancia la riqueza acumulada o la "razón" que el individuo haya tenido en su confrontación con otras personas. Toda confrontación, en si misma, es un despropósito y es producto de la ignorancia. Muchas personas creen que son algo aislado del contexto y en su creencia, se aíslan y se convierten en un peligro para el medio ambiente. También hay quienes creen que "merecen" mejores y más cosas que los demás. O quienes imaginan que pueden juzgar el comportamiento ajeno con una absoluta ecuanimidad. Toda manifestación de vida es en sí misma algo único e irrepetible; pero, al mismo tiempo, goza de una similaridad esencial con todo el universo (la vida). La incomunicación depende del hermetismo personal de conceptos y creencias y de la mayor o menor condición traumática de las experiencias del pasado. Una buena comunicación es, sin duda, resultado del desarrollo personal y de una buena relación con la realidad; pero, a su vez la comunicación produce mayor desarrollo personal y mejora la relación con la realidad. El ser humano es naturalmente gregario y naturalmente social, mas, resulta muy difícil mantener un adecuado nexo comunicativo, cuando existen diferencias sociales tan acentuadas. Una sociedad mas justa producirá una mejor interrelación entre los individuos que la componen. Sin embargo, una sociedad así, solo podrá surgir de grupos que se interrelacionen con criterio, ecuanimidad y flexibilidad. Como manifestamos siempre, el medio ambiente es producto de los individuos; por lo tanto, cualquier mejora deberá proceder de la iniciativa personal. La voluntad de comunicarse es, posiblemente, el primer paso hacia una sociedad más justa. |
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Juan Carlos Laborde
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Siempre que abordamos un tema tal como el de la Libertad, nos vemos tentados a
considerarlo desde el aspecto de la política o la sociología, cuando, en verdad, corresponde mas exactamente
al terreno de lo espiritual.
Las antiguas filosofías consideraron dentro del plano espiritual a toda manifestación que no pudiera percibirse a trabes de los cinco sentidos primarios, incluyendo, de esta manera, a las emociones, pensamientos y todo lo que pertenezca a un plano ideal. Para muchos, la libertad es un objetivo ideal, una quimera o una meta a la que apunta la Humanidad, sin que, en realidad, exista la posibilidad de ser alcanzada. Como todo ideal, es perfecto, inalcanzable y pertenece al plano de los sueños irrealizables. Es posible que, debido a esta forma de pensar, no podamos plasmarla en concreto. Como escribía Goethe: siempre que anhelamos algo con verdadera fuerza, surgen los medios para lograrlo; de manera que si la libertad no es una realidad tangible es porque no hemos aprovechado esos medios, o porque no la deseamos con verdadera sinceridad. Desde otro punto de vista, mi abuela decía que no hay que confundir libertad con libertinaje y, aunque nunca entendí bien la diferencia, creo que hay que tenerlo en cuenta. Es posible definir al libertinaje como la libertad ejercida por otro, con tanta certeza como cuando decimos que el libertinaje es un "exceso de libertad" No dejo de pensar en que por cada ser humano que piensa seriamente en el problema de la libertad, hay otro que ve a la libertad como un serio problema. Desde el punto de vista religioso, la libertad pasa a ser un asunto de Dios, pues, aunque nos "dio el libre albedrío", nos hizo imperfectos y nos castiga por nuestros errores; lo cual implica que no tenemos la libertad de equivocarnos; además de tener en cuenta el pequeño detalle de que la "libertad recibida" no puede ser verdadera libertad y no es lo mismo que la "libertad innata". Para el budismo y otras disciplinas no teológicas, la libertad es un asunto de conciencia. Somos libres por naturaleza, ya que nuestra esencia de vida (budeidad) es libre y feliz; Pero como no tenemos conciencia de esto, vivimos existencias limitadas. En este sentido podemos considerar un punto de verdadero valor: si la libertad es innata a nuestro ser y solo se encuentra oculta por los velos de nuestra conciencia dormida; el despertar de dicha conciencia nos permitirá percibir la verdadera libertad. Los velos que ocultan la verdad de nuestro ser son los conceptos. El concepto es la atadura típica de la conciencia. Según el diagrama básico del budismo, los cinco sentidos perciben la realidad de manera más o menos exacta, los datos son "procesados" dentro de la mente (6ta. Conciencia) con la ayuda de nuestras escalas de valores (conceptos) y la 8va. Conciencia que contiene toda la información de nuestro pasado. De esta forma, tanto nuestras acciones como percepciones resultan de una ecuación entre la realidad, la calidad de la percepción, la claridad del proceso mental, la flexibilidad o dureza de conceptos y nuestro pasado. A su vez, la realidad esta condicionada por varios aspectos, como son: diferencia entre los individuos, lugares y tiempo. ¿Cómo, entonces, podría un hombre ejercer su innata libertad? En principio, debiéramos comprender con amplitud el lugar, las personas y el tiempo que nos ha tocado vivir. Pero esto no bastaría. Debiéramos poder esclarecer todo el proceso de percepción y acción desde nuestra propia conciencia. En verdad, cuando creemos ser libres, aun haciendo expresión de todos nuestros deseos, estamos condicionados, al menos, por las tendencias internas provenientes de nuestro pasado y de nuestra propia escala de valores y conceptos. Si consideramos a la escala de valores y conceptos como "algo nuestro" y manifestación de nuestra libertad individual, caeremos en el error de creer que la cultura (medio ambiente, individuos y tiempo que nos ha tocado vivir) no han influido en nada en nuestro deposito de ideas. Esto no es así. Y el resultado de nuestra falta de libertad es, sin dudas, la infelicidad y la angustia. Dentro de los conceptos culturales, parecen estar los que han sido impuestos deliberadamente como instrumento de control sobre nuestras conciencias y los que son producto de nuestras propias limitaciones de percepción, elaboración de información y criterios. En este sentido es interesante la postura del filosofo e idealista japonés Daisaku Ikeda, quien sostiene que la "iluminación" tiene que ver con un "corazón abierto" y una mente flexible. Como quiera que esto sea, los condicionamientos provienen, en primera instancia de nuestro interior. Estos mismos condicionamientos interiores se reflejan, luego, en nuestra acción hacia el exterior, produciendo, en segunda instancia, la cultura y sociedad en la que vivimos. Creer que somos producto de nuestra cultura es "poner afuera" al motor de nuestra propia libertad de elegir y condicionar, a su vez, a la cultura. La cultura y la sociedad son híbridos resultantes del pensamiento de los individuos que la componen y que, a su vez, resultan ser victimas de los condicionamientos impuestos en las mismas. Es claro que algunos de estos condicionamientos hacen a la necesidad de la convivencia, pero también están los que condicionan de una manera oculta e interesada, para servir a oscuros intereses; o son producto de la ignorancia. Siendo el individuo el origen de las limitaciones y la sociedad y la cultura su efecto, el trabajo necesario de "liberación" será en el individuo, persona por persona. No es que queramos desmerecer el valor de las revoluciones populares, pero la historia ha demostrado que, tal como lo ejemplifica el preclaro Orwell en su novela "Animal Farm", los individuos no reciben ningún beneficio a cambio de la sangre derramada. El punto es que si el individuo no da un paso hacia una mayor libertad desde su interior, no existe ningún otro medio de conquistarla. Como decíamos anteriormente, es menester una comprensión clara del lugar, del tiempo y de las personas (medio ambiente) y un trabajo profundo en la calidad de nuestras percepciones y en la forma en la que las elaboramos mentalmente. Ya sea mediante la técnica de la "fe" o del trabajo analógico y reflexivo, hay tanto trabajo para hacer hacia "afuera", como hacia adentro. Desentrañar el misterio de nuestros condicionamientos inconscientes (valor, concepto, pasado), adquirir una nueva escala de valores basadas en el beneficio (no solo el material), flexibilizar nuestros conceptos y, sobre todo, elevar nuestro estado de conciencia hacia un plano más universalista; parecen ser los peldaños inexcusables para mejorar hacia una mayor libertad. Resumiendo, la libertad no es un estado social, sino un estado de conciencia. No esta afuera, sino dentro de uno mismo. Es innata a nuestra condición de vida. No puede ser conquistada por la fuerza, ni recibida de persona o dios alguno. El camino hacia la libertad verdadera es privado y absolutamente solitario, no permite multitudes, ni guías. Y, como muchos tramites oficiales, no acepta gestores.
Hecho en Silver Spring, 27 de Junio de 2001
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Juan Carlos Laborde
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