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Parece ser que desde el comienzo de los tiempos humanos, el hombre supo diferenciar en forma instintiva, (si cabe
la expresión) sus momentos de placer y displacer. A uno lo llamó felicidad y puede abarcar tantos estados, que
sería difícil hacer una enumeración de todo lo que esto puede significar en detalle.
Aristóteles hizo sus propias y detalladas apreciaciones sobre el tema, tal vez basándose en la simple valoración que comenté al principio. El tema es que cuando un paciente me habla de ser feliz, no me doy cuenta exactamente a lo que se refiere. Puede estar pensando en tantas cosas, que si no profundiza el tema, corro el riesgo de incluir mis propios contenidos en sus palabras, con los riesgos inherentes y las confusiones que puede generar. En realidad, como soy de preguntar, me paso varias sesiones indagando el significado que cada uno trata de formularme cuando se refiere a la felicidad o a cualquier otro tema de significados variados e importantes para cada uno. Como guía directriz de la terapia, me parece interesante, focalizar sobre los temas que resultan importantes, como la felicidad, de acuerdo a la particular interpretación que cada uno haga de ellos. Me tocó una vez un paciente que creía que la felicidad le llegaría cuando su familia estuviese en buenas condiciones económicas. Y el tema es que hay que saber con precisión que hechos reales son los que deben darse para considerar a una condición como la óptima o bien la buscada. Si no logramos que el paciente defina cuáles son los hechos perceptibles que considera adecuados para llegar a esa "felicidad", puede que caigamos en el permanente "todavía no es suficiente" y ese estado deseado se postergue por mucho más tiempo. Así se nos va lo ansiado de a poco de las manos. Después de definir concretamente esa "felicidad" (con todos los atributos a modo de descripción de esa realidad hipotética), imaginando exactamente que cosas tienen que darse para poder llamar a ese momento "momento feliz", empezamos a definir los pasos necesarios para poder llegar a ello, y en este caso particular consistió en organizar mejor sus tiempos, su forma de trabajo y el de su esposa, además de la administración de su economía, y otros detalles como para que poco a poco acceder a eso tan deseado. Una vez "visualizado" lo querido y la forma de llegar a ello, empezamos a buscar en los hechos cotidianos, las situaciones que sin necesidad de un apoyo económico, producían felicidad: la relación con su esposa, con sus hijos y familiares, etc. También trabajamos la forma de incrementar dichos estados. Lo que parece común en muchas personas es creer que la felicidad es un estado al cual llegar y no un camino que hay que recorrer, como pienso en particular que es. Deberíamos ser más perceptivos con lo que nos rodea, ya que es la fuente principal de estados felices, y para ello es importante aprender a vivir, aunque sea por breves momentos, en el presente, porque es la fuente principal de renovación psicológica que tenemos. Vivir en el pasado o bien proyectando el futuro, nos quita la dosis de realidad que es necesario tener para llevar una vida plena y armoniosa. Para ir un poco más allá, diría que mi paciente vivía sus alegrías pensando en el futuro, lejano según él, y de esa forma su "película mental" se proyectaba en ese tiempo impreciso. Me pareció importante que mientras "esperaba" su futuro, también pudiera disfrutar de su presente, por lo que trabajamos en su capacidad de percibir el mundo actual en forma más intensa y con una visión positiva y hasta alegre de esa realidad. De ese modo, sumado a y su estrategia de realización, fuimos haciendo de su paso por este mundo algo más agradable de ser vivido. Creo que la felicidad se puede construir, con estrategia. Aunque a veces no me gusta hablar de felicidad sino de momentos agradable, porque considero que "felicidad" es un concepto idealizado y casi inalcanzable, que todos tenemos como meta final de nuestros actos, coincidiendo con Aristóteles en su idea de fin último respecto a los deseos del hombre. También agregaría que como humanos tenemos la "misión" de aprender y evolucionar, no como especie sino como humano que debe vivir una vida que termine "mejor" que cuando comienza, siendo ese "mejor" lo que cada uno quiera ponerle como contenido. Esta forma de concebir la vida puede incluir estados de sufrimiento, que uno debería superar para volver a estados más felices. Ese aprendizaje de "regresar a la felicidad" es lo que creo debe tener todo ser humano en su paso por esta tierra. Y en particular, mi idea de las cosas es que si uno aprende a salir permanentemente de esos estados de infelicidad que le provoca la existencia, llega el momento en que se convierte en "maestro" del vivir, y eso lo llamaría estar tocando con las manos (apenas) los pies de la felicidad. Diferente es si pensamos que la felicidad nos "viene" por algún toque mágico. Así somos impotentes ante ella (que decide o no agraciarnos con su toque). Si creemos que podemos construirla, estamos en condiciones de forjar nuestra vida de guerrero en pos de ella. Y todos los pueblos, desde la antigüedad, saben que los guerreros son seres valientes y nobles que a través de sus luchas saben de la vida, y de la muerte, y que ese saber es tal vez lo único que se llevan de este mundo. Más romántico (menos guerrero) es pensar que si aprendemos a luchar contra la infelicidad llegaríamos a ser "maestros de la felicidad", y con ese saber, según creo, podríamos vivir dignamente en cualquier situación y en cualquier lugar que nos toque estar. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Vancouver, Canada, Agosto de 2003.- El cáncer de pulmón es el tipo de cáncer que más
víctimas cobra en el mundo. Se estima que cada 30 segundos alguien muere de cáncer de pulmón y
que fallecen 1,2 millones de personas por año en el mundo entero. Si bien la asociación con el
tabaco hace que esta enfermedad sea estigmatizada, es de vital importancia aumentar el conocimiento
sobre este tipo de cáncer para asegurar un tratamiento óptimo y el apoyo constante que merecen
quienes padecen esta enfermedad.
En este sentido, información presentada por la Dra.Joan H. Schiller - reconocida médica Oncóloga de la Universidad de Wisconsin y directora del Grupo de Investigación de Oncología del Este, ECOG (Eastern Cooperative Oncology Group) de Estados Unidos- en el marco del 10º Congreso Mundial de Cáncer de Pulmón en Vancouver, demostró que la Gemcitabina (Gemtro) en combinación con cisplatino o carboplatino retrasa la reaparición de la enfermedad y brinda mayor sobrevida a los pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas en comparación con otros tratamientos de quimioterapia que no incluyen esta droga. El meta-análisis , basado en la evidencia, se desarrolló en base a más de una docena de estudios que investigaron el uso de la combinación de Gemcitabina más compuestos de platino en miles de pacientes con cáncer de pulmón avanzado. Los compuestos de platino, el cisplatino y el carboplatino, considerados los medicamentos de elección en el tratamiento del cáncer de pulmón, son usualmente combinados con agentes más nuevos, como la Gemcitabina y otros (paclitaxel, docetaxel, o vinorelbine) para mejorar los resultados. Según el Dr.Christian Manegold, profesor en Medicina de la Universidad de Heidelberg, Alemania: «Esta información avala la eficacia de la Gemcitabina y confirma su rol como droga estándar en el tratamiento del cáncer de pulmón». Una visión independiente Médicos oncólogos de primera línea e importantes estadísticos internacionales formaron parte de este proyecto de investigación donde fueron seleccionados 13 estudios randomizados para comparar Gemcitabina más cisplatino o carboplatino, versus otras combinaciones de platinos con medicamentos distintos a esta droga y las conclusiones finales del estudio se extrajeron de un total de 4.556 pacientes con cáncer de pulmón avanzado. Los investigadores encontraron una mejoría en la sobrevida global en favor de la rama con Gemcitabina más platino. Esto se traduce en un beneficio en la sobrevida a 1 año del 38.9 %, versus 35% para los otros tratamientos. Además, estos datos demostraron que los pacientes tratados con Gemcitabina más platino vivieron más tiempo sin que su enfermedad avance comparado con las otras combinaciones. Ambas observaciones fueron estadísticamente significativas. Si bien el proyecto fue apoyado por el Laboratorio Eli Lilly, que desarrolló la Gemcitabina, el meta-análisis actual fue elaborado por una organización de ensayos clínicos, lo que asegura la objetividad de los datos y resultados obtenidos. Actualmente la Gemcitabina está aprobada en más de 90 países, y es el tratamiento estándar mundial para el cáncer de páncreas, asi como también, el de pulmón y de vejiga en casi todo el mundo. Desde 1996, la Gemcitabina, está aprobada en Argentina como el tratamiento más efectivo para el cáncer de pulmón. Recientemente, este medicamento también fue aprobado en varios países Europeos para el tratamiento del cáncer de mama. (Contacto: Valentina Nobile: vnobile@zcm.com.ar)
Otras informaciones destacadas:
Descúbralas en: http://www.healthig.com/cancer/cancer.html |
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Health I. G. News
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La felicidad es una utopía. Sí, una utopía creada en los estudios de Hollywood en complicidad con sectas religiosas mundiales y algún que otro poeta trasnochado. Asociada con el amor para toda la vida, la paz mundial y el respeto por el prójimo, compone la cuatricromía de mentiras inventadas para aplacarnos, hacer nuestra angustia más llevadera y hacernos creer que vamos hacia algún lado ¿Hacia dónde marcha el universo? ¿Hay un "donde" en el cosmos? ¿Vamos hacia la felicidad? ¿Hacia Dios? ¿Hacia la Verdad? Si marcháramos hacia "algo", sentiríamos cada vez más la presencia de ese algo. Es decir, si nuestro destino final fuera la felicidad, seríamos cada día más felices La tristeza atrás, la alegría adelante entendido. En cambio, la Iglesia Cristiana ha tenido, siempre, sus conceptos bien claros: la vida es sufrimiento y es bueno sufrir, porque nos acerca más a Dios. Todo lo que está puesto en este mundo para el placer, tiene que ver con el Diablo, con la Mujer y con el pecado Todo ello malo a los ojos de Dios Desde esta óptica, la felicidad se encontraría al final del camino, cuando nos desembaracemos de este cuerpo material y penetremos definitivamente en el Reino de Dios. En algunas concepciones budistas e hinduístas, la felicidad se encuentra en el Nirvana, después de la muerte, o en el samadhi (iluminación) cuando podemos desapegarnos de todos los deseos mundanos (aunque, paradójicamente, el deseo de iluminación también lo es). Para Hollywood, en cambio, basta con encontrar el amor verdadero, comprarse la casa de tus sueños, servir a la patria en una guerra de la que no volverás trastornado y entrar en el verdadero camino de liberación: el american way of life aburrido, pero seguro Si la felicidad está asociada con el logro de alguna especie de beneficio, terrenal o espiritual, no puede, en sí misma, ser exponente de libertad. La libertad supone no depender de nada ni de nadie. Entonces, la felicidad, tampoco, está asociada a la libertad Tal vez tenga algo que ver con el Poder, porque, esencialmente, casi todos los hombres corremos detrás de él con un apasionamiento único. Pero, volviendo un par de párrafos más atrás, quisiera retomar el tópico por el camino de la libertad. Decíamos que la libertad no puede depender de nada, ni de nadie. Por lo tanto, no depende del amor de otra persona, de beneficio alguno, de poder, fama, riquezas, sabiduría, conocimiento, prestigio, ciudadanía de alguna especie, Dios, Buda, Nirvana nada. Es así porque es en sí-misma un concepto puro, arquetípico y, también, utópico. Es difícil concebir que se pueda ser feliz careciendo de libertad y, es posible, que la felicidad sea un inalcanzable porque está, finalmente, asociada, únicamente, con la libertad. Esto implica que la mayor necesidad de elementos afirmativos externos supondrá, proporcionalmente, una menor posesión de libertad y, por lo tanto, de felicidad. Pero todos necesitamos algo, no hay vida sin dependencia mutua, ni tampoco sin deseo. Entonces, todo intento de lograr la felicidad es nulo, imposible, un fracaso. Este no es un razonamiento novedoso, ni, mucho menos, brillante; lo podemos aplicar a cualquiera de los valores abstractos: Belleza, Verdad, Pureza, etc. Como quieran verlos, todos muestran un aspecto absoluto, mientras que la vida, el universo mismo, no lo son. Lo bello necesita de lo feo y viceversa. Lo bueno de lo malo y así sucesivamente. Ahora, observemos a una semilla que germina y da origen a un árbol. ¿Cuál será la felicidad del árbol? Supongo que será florecer, dar más semillas, recibir el viento en sus hojas. Imaginemos que este árbol del ejemplo es perfecto, con una madera suave, pareja, sin nudosidades ni orificios, con su tronco recto. ¿Cuál podría ser su destino final, sino el de formar parte del mobiliario de algún acaudalado ser humano? La perfección del árbol es causa de su propia perdición. Podríamos llevar el razonamiento a otras cosas, tales como caballos, casas, mujeres u hombres y sería igual, la perfección es causa de perdición aunque también es utópica. ¿Cuál es entonces el motivo de la vida? ¿Alguien puede imaginar alguno? El problema es que, en nuestro diario existir, hemos adquirido la creencia de que existe un motivo para nuestras vidas individuales, algo así como una misión especial, un plan. Por ejemplo: encontrar el Santo Grial, dirigir al mundo, ser la más hermosa, ganar el Oscar. Algunas religiones nos encomiendan tareas especificas y esta es la base del Fundamentalismo. Creer que uno es portador de algún mensaje en particular por parte de Dios, o que posee la verdad iluminadora esencial, o puede transmitir la salvación. ¿Salvación? ¿De qué cosa tendríamos que salvarnos? Pero también podemos cumplir con el plan siendo rectos, responsables, virtuosos, trabajadores, solidarios ¿cual plan? ¿para que? La otra postura es la nihilista nada sirve de nada nada hay para hacer como si esto fuera posible ¿Y qué si la felicidad consiste, simplemente, en vivir? Qué, si nos desembarazamos de todas estas reglas e instituciones que nos dicen que hacer y, por una vez, hacemos lo que nos gusta. Tenemos tanta desconfianza en nosotros mismos que hemos permitido que nos convenzan de que, sin reglas, seríamos malos, muy malos. Es tan así, que preferimos supeditar nuestro punto de vista particular a alguna doctrina trasnochada que nos asegura ser una revelación divina. ¿Es que perdimos la cabeza? Nada hay absolutamente malo o bueno en el universo. Matar es malo, pero Dios asesina a miles con sus tormentas y terremotos. Pero, por supuesto, Él es el amo. ¿Y qué sucede si, finalmente, descubrimos que Dios es el impulso primigenio y esencial de la vida, un concepto matemático, energético, filosófico, si se quiere y no un señor que espía y castiga a sus criaturas? Qué sucede si, finalmente, sabemos que Dios no está juzgando a nadie, ni nos castigará al final de los días, que no hizo la Creación para eso, que, para Él, es igual ser hombre, que mujer, homosexual, hoja, larva, gota de agua, piedra o átomo disperso en la atmósfera. ¿Nos sentiríamos tan solos? Adán y Eva no existieron, Jesús no era más hijo de Dios que usted o yo, Buda era un señor que trató de explicar el camino a la libertad individual de una forma muy compleja puntos de vista no revelaciones Dios no escribió libros ni se los dictó a nadie Por último, se me ocurre una especie de metáfora: Felicidad comienza con F, como Fe, pero Fe es la que puedas sentir por ti mismo, no por lo que otros te señalen como credo.
Guaynabo, Puerto Rico, julio de 2004
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Juan Carlos Laborde
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