No sabemos si perdonamos ni si somos perdonados, porque son preguntas que no nos hacemos. Nos distraemos y perdemos la idea de cuestionarnos. Las distracciones evitan las preguntas y nos protegen, en apariencia, de derramar ciertas lágrimas de tristeza frente a algunas verdades tales como el no poder olvidar los momentos de nuestra vida en los que fuimos inconscientes.

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Si, en mis errores y en los de los otros con respecto a mi misma nuestras conciencias no han estado suficientemente desarrolladas como para incluir la ética en nuestros comportamientos y conductas.

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Me gustaría tratar el perdón a nivel, transgeneracional. No tengo nada que perdonar a mis ancestros. «Los juegos estaban hechos».

Les agradezco la fe que tuvieron y de la cual soy heredera. Les agradezco por pertenecer, gracias a Dios y a ellos, a un medio privilegiado en todos los sentidos: social, cultural, familiar.

Es el capital dado al nacer por ese mundo, con tales valores, con tales historias que me ha abierto el camino de lo adquirido a través de mi vida.

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No tengo tampoco nada que reprochar a mis padres: hicieron lo que pudieron y si hubo una cierta negligencia a mi respecto fue la consecuencia de la confianza que depositaron en mi y así me enseñaron a hacer, el tiempo llegado, confianza en mis hijos que los hizo fuertes y libres, capaces de arreglarse por sus medios y tener agallas para luchar en la vida.

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Si miro mi vida digo ¡Gracias! Admiro esa educación que me ha obligado a arreglarme sola.

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Mis padres fueron modelos imperfectos pero fascinantes: nunca mintieron, se mostraron como eran y me dejaron ir siendo igual a mi misma. Yo hice luego lo mismo con mis hijos, los dejé ir libres hacia la vida.

Me vistieron, me alimentaron, me educaron pero dejándome libre. Podía faltar al colegio, no hacer mis deberes, ni lavarme los dientes ó bañarme.

Todo lo que realicé hasta el día de hoy es la consecuencia del único precepto que me ha sido transmitido ¡Ser responsable 100% de mis acciones y mis sentimientos!

Hice lo mejor posible asumiendo mi responsabilidad que deviene más y más consciente dado que soy una «buscadora de verdad y de sentido».

Mis reglas de referencia son las siguientes:

– Control, disciplina, puntualidad, voluntad,

– Comenzar, continuar, terminar, mantener la obra.

Son adquisiciones personales que no podría enunciar si no estuviera unida a Dios para formularlas, adoptarlas y comunicarlas.

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Con mis hijos, mi familia, mis amigos, mis pacientes doy lo que recibí. Paso los mensajes recibidos y los míos. Lo que los otros hacen con ellos no es de mi competencia. Victor Hugo decía que «el hombre es una prisión pero lo que felizmente su alma es libre».

Trabajo sobre mi sin desfallecer porque deseo y necesito ser responsable y libre.

Alguien mi preguntó que era lo contrario de la sumisión: yo le respondí espositáneamente: la libertad.

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Lo más duro y difícil, para mi sobre el perdón es de ser lo suficientemente humilde como para perdonarse a si mismo.

¿De que? De haber cometido errores por falta de conciencia.

Doy un solo consejo: Trabajar sobre si mismo tenazmente, con voluntad, coraje y confianza, para vencer las resistencias. Solo así la responsabilidad se concretiza. Mientras, escribo estoy en un tren: decido que cuando haya concluido la traducción me abocaré a mirar el paisaje.

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Sigamos hablando del perdón no guardar rencor hacia los otros. Es inútil de querer cambiar en los otros lo que debemos cambiar en nosotros mismos. Tampoco sentir odio hacia nosotros mismos por haber perdido, en apariencia, caminos más gloriosos.

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Somos lo que somos hoy, y si la sabiduría divina nos ha dado la oportunidad de confrontarnos a pruebas aterrorizantes, es porque indudablemente, detrás de una gran pérdida está dispuesta a manifestarse una gran alegría que nos permite alcanzar una evolución inesperada.

Los obstáculos nos permiten evolucionar.

Desearía pedir perdón a mis hijos por haber sido demasiado joven, demasiado inocente, demasiado ingenua… en fin demasiado de demasiado.

Si pudiera volver hacia atrás en el tiempo, en las situaciones de vida me gustaría hacerlo con el grado de comprensión de hoy día.

De todas maneras y en presente les digo: Perdón mis queridos hijos… Estoy disponible para ustedes y el futuro nos pertenece.

Traducido en el tren entre Belfort y Paris
el 29 de julio del 2012
y vuelvo 30 años en el tiempo
cuando compartirnos en está tierra, Francia, que nos acogió
y nos dío momentos de alegría juntos.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



El perdón es un proceso de reconciliación, de solución de conflictos estancados de memorias de nuestra existencia que están pegadas a nuestra vida cotidiana, a nuestros sueños, a nuestras realizaciones.

Perdonar comienza por perdonarse a si mismo pero es muy difícil. Hace 30 años Maria Luisa Von Franz dijo en una conferencia: «Quererse a si mismo como queremos a los otros».

Fue una revelación que me hizo enfrentarme a mi misma.

Ni siquiera hoy, después de tanto tiempo llego a quererme como quiero a los otros. Me olvido de mí, no me escucho, no estoy disponible y los errores se acumulan. Me falta la consideración de mi subconsciente y comunico con él insuficientemente.

¿Por qué son siempre los otros mi prioridad? Yo amo mis recuerdos pero no tengo el coraje de perdonarme cuando los recuerdos me dan culpa.

En realidad si yo acepto la dialéctica entre mi consciente y mi inconsciente veré que al menos lo que hice mal fue por inconsciencia.

¿Pero que momentos terribles hubo en mi vida que no creo comprender y me impiden perdonarme?

Mi peor recuerdo es mi partida de Argentina. No partí por capricho. Para mi: mi camino estaba terminado…

Si, el mío se cruzo con los de otras personas y se volvió insostenible. Entonces me fui pero sin abandonar: continué a ocuparme de mis hijos, de sus estudios y de nuestra sobrevida. Continué trabajando en Francia. Mi partida no fue una huida pero tal vez la única tentativa de reconciliación conmigo misma.

Dejé cosas que adoraba además de mi familia, mis dos perras, mi playa, mi vida maravillosa pero enloquecedora… Me fui y así salvé mi vida y hoy estoy disponible y sana aunque tenga 30 años más.

Creo que fui responsable de mis actos. Era partir o perder la razón y convertirme en una máquina de acción sin alma.

Al partir, la tentación de volver fue inmensa. Lloraba de deseos de abrazar a mis seres queridos, de recuperar la vida fácil, los veranos en Miramar, los asados en la chacra pero las razones que me llevaron a irme fueron muy fuertes. No había esperanza para mí.

La universidad, por otra parte no quería ocuparse de mis proyectos. Acepté la inmovilidad pero el ambiente de mi casa y de todo me agredía y se terminó. No pude continuar en la injusticia ni ofrecer a mis hijos una madre que hubiera perdido la razón.

¿La fatiga? Ella existe. Cuando me fui yo no sabía que no iba a volver.

Me exilé voluntariamente. Papa acababa de morir. Tal vez él hubiera podido obligarme a quedarme pero yo estaba sola para aconsejarme y las malas lenguas en mi casa comían de mi mano y de mi trabajo al tiempo que me degradaban…

Entonces me fui lanzándome en la más extraña de las soluciones: Huir a la confrontación.

***

Yo no perdoné, ni perdono ni perdonaré las «males lenguas».

Yo no si es un defecto de mí país pero alrededor de mi siempre escuché hablar mal de los otros, sin razón pero a causa del ocio, de la pereza, de las mentiras que generan las vidas vacías de los inútiles que personalmente se dicen ser víctimas de los otros y en realidad no tienen coraje sino celos y envidia.

Personalmente yo soy como mi padre: yo no hablo jamás y no digo nada de mi. Solo lo hago cuando escribo, como ahora. ¡Además los detractores son tan hipócritas que ni siquiera me han dicho una sola vez en mi vida bien razón me han elegido como chivo emisario!

No digo nada de mi ni de mis sentimientos. No podría perdonarme la debilidad de amar los impíos que naturalmente ignoran que las deudas se pagan y que el que «a hierro mata a hierro muere» que en nuestro caso se traduciría por el que «mata por maledicencia muere por maledicencia».

La vida de los otros no es de mi competencia, el sufrimiento de los otros si y cuando me solicitan soy 100/100 responsable y asumo la alianza.

***

Soy impotente para perdonar y para perdonarme. Tengo cólera y me persigue la irresponsabilidad de la cual soy parte, cómplice y testigo.

***

Ahora y por el momento me retiro en mi misma. Observo que el tema que me vuelve feroz en la maledicencia. No, no puedo perdonar…

***

¿Cómo podemos perdonar la única arma que destruye sin pruebas pero sembrando la incertidumbre?

***

Yo vi en mi vida seres destruídos por la maldad de frases ambiguas. Alguien dijo de un amigo; «Un señor que…», la frase se cortó ahí, pero el gesto grandilocuente se continuó en el aire y ahogó la imagen de la persona de mi amigo en una nube de confusión ética.

***

El tema del perdón exacerba esta cuestión. Ataco sin querer ni poder retenerme al maldiciente.

***

Estaba en un viaje a Ana Capri en Italia en la casa Museo del Dr Axel Munthe, famoso médico psicoanalista, escritor, arquitecto y particularmente afecto a los animales que el decía preferir a sus hermanos los hombres.

Yo había comprado su libro «La historia de San Miguel» y un guía charlatán y juguetón ¡juegos peligrosos! hizo una broma sobre Axel Munthe y su relación a los animales.

La imagen de Axel Munthe quedó empañada. Mi abuela Emma decía: «Hable mal y algo quedará».

Es muy difícil limpiar una imagen empañada…

***

Lo siento. Yo debería perdonar y perdonarme pero antes debería olvidar y me pregunto si el olvido existe.

Escrito en el tren de regreso de Belfort
donde fui a despedir un amigo que se fue.
El cielo es azul como en Ana Capri y en Argentina
cuando en verano el mar acaricia la playa y trae el olvido…
a veces, levemente…
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Cuando me hablan del perdón, no pienso que es una buena acción, ni que se demuestra ser muy espiritual por hacerlo, ni que tiene buenas consecuencias saber perdonar.

Al contrario, pienso que si hay instancia para el perdón es porque existe detrás de eso algo realmente turbio y lamentable que genera el verdadero problema que luego se quiere "emparchar" con "perdones"

Creo que en todos los casos que se habla del perdón la instancia previa a esa situación es la ofensa. Si no hay ofensa sencillamente no hay necesidad de perdón.

Entonces me parece que la dificultad está en el sentimiento que se genera cuando algo nos ofende.

Recuerdo que hace muchos años un tío mío se sintió ofendido por un primo de él, ya que tuvieron una discusión y hubo palabras agresivas que como se dicen muchas veces en forma automática, conllevaban la idea de aniquilación de uno hacia el otro.

Ante semejante ofensa, mi tío inició una serie de acciones legales que le llevaron mucho tiempo y dinero y que finalmente distanció a toda esa familia. Pero no eliminó su ofensa ni su orgullo.

Siempre que pienso en esa historia reflexiono que de no haber mediado la ofensa no hubiera pasado casi nada y no hubiera sido necesario un descargo público por lo dicho en esa discusión mediante una orden judicial. Es decir, sin entrar en detalles, que la búsqueda del resarcimiento del orgullo no se puede buscar en el perdón publico ni privado, sino en la eliminación el orgullo.

Si alguien lastima a otro sin querer, es un accidente y tal vez diga "perdón" pero no deja de ser un hecho sin premeditación como podría ser que caiga algo por acciones naturales y lo dañe a uno, o se incendie por accidente un lugar y haya muchos muertos, como suele suceder muchas veces. La tendencia ridícula actual es buscar culpables, y en otros países puede que lo hagan por ganar algún dinero de los seguros, pero en Argentina se convirtió en costumbre buscar culpables para verlos sufrir o esperar que pidan perdón, no lo se.

Si un león come a una persona, a lo sumo se encierra o mata al león, pero sería ridículo quedar ofendido con el pobre león ya que es su naturaleza comer carne y nosotros somos de carne. Si cae un rayo y provoca un incendio y muchas muertes, no hay lugar para ofensas. Pero si en un accidente hay involucrado, aunque sea muy indirectamente un ser humano, ahí la cosa cambia, surge la ofensa, la venganza y otros más sentimientos, tan comunes en los hombres.

Entonces vuelvo a preguntarme ¿Qué sentido tiene el perdón si el pecado viene de antes y es el que se alimenta del perdón?

Por eso siempre que escucho hablar de perdón, pienso en lo engañados que están los humanos si esperan avanzar espiritualmente o bien como seres sociales, si un perdón pretende aliviar un sentimiento mucho más dañino como la insaciable ofensa.

Licenciado Alejandro Giosa



Al Perdón se lo define de varias manera por ejemplo: "El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor al contrario sentimos paz interior.

Existen muchas situaciones por las que nos enojamos, peleamos, distanciamos de una o varias personas. Usted cuando por ejemplo se enoja con alguien y decide terminar la relación o busca que el otro venga angustiado a pedirle perdón ¿Se siente con poder? o ¿se siente mal por ver apenado al otro? Si se podría observar seria magnifico porque sabría como es usted mismo. Si se siente con poder, es decir,"a vez yo tenía razón vos sos el culpable" lo hace sentir mal como una basura, es porque usted también algo de culpa tiene y debe aprender antes de tratar mal, le digo algo su ego lo esta perjudicando y mucho. Pero si usted acepta el perdón de la otra persona con amor sin agredir le digo que ambos aprendieron mucho tanto que lo que sucedió entre ustedes no volverá a suceder y es una inmensa alegría.

También existen varias formas por la que perdonamos que continuación citare explicándolas, talvez se vea reflejada en una o algunas. Vaya leyendo y medite en cada una, si ha perdonado de esa manera o cambiaria la forma de perdonar, si le parece correcta la acción y con cual se quedaría.

1) Muchas veces se nos hace difícil perdonar. Digo perdonar no desde las palabras, un "te perdono" puede resultar hasta una formula hecha, me refiero a perdonar desde lo más profundo de nuestro corazón. Cuando hemos sido heridos, ofendidos, defraudados, algo se quiebra dentro de nosotros y lo que puede corregirlo en alguna medida es el perdón genuino.

No es fácil perdonar… ¿Debería serlo? No se depende de cada persona y lo que haya pasado en cada caso. Sería bueno que así fuera, pero en todo caso, cuánto mejor si podemos perdonar de corazón aún resultándonos difícil. El alma humana tiene infinitos recovecos, no todos fáciles de recorrer, no todos sencillos de entender.

2) El ser humano tiende a encerrarse en su dolor cuando ha sido herido, como mecanismo de defensa tal vez nos distanciamos de aquél que causó nuestro dolor, como si alejándonos, la angustia disminuyese. Sin embargo, pocos entendemos que para sanear un corazón lastimado, el verdadero perdón es la mejor opción porque nos sacamos el dolor, el resentimiento.

3) Pensemos un poco quienes somos nosotros para juzgar al otro creo que lo mejor seria poder hablar y encontrar una solución antes de enojarse. En este mundo estamos para aprender a vivir todos juntos y eso implica crecer con las personas que nos rodea, es decir si estamos en una etapa de crecimiento eso significa que debemos aprender un montón de cosas, todos los errores que cometamos es por ignorancia por lo tanto no nos debemos poner mal con el otro al contrario debería enseñarle como se debe actuar en esa situación que genero malestar para que no se vuelva a repetir nuevamente. Si todo actuáramos con compresión, amor, paz no existiría el resentimiento por las personas.

4) Cuando uno perdona desde lo más profundo de su alma, limpia las heridas, aleja el sabor amargo que ha quedado y deja vacío ese espacio que ocupaba el rencor o la ofensa para dar cabida a sentimientos y sensaciones más agradables.

5) Por otro lado, perdonar nos hace mejores personas. Perdonar implica también entender al otro, su circunstancia, su situación y desde ese entendimiento construir un mejor lazo, un vínculo de mayor simpatía.

El perdonar en forma genuina desde el alma implica también volver a confiar. Cuando hemos sido defraudados o maltratados, no es fácil poner la otra mejilla, no somos Dios que todo lo perdona, pero podemos intentar imitarlo.

6) Recapacitemos un minuto si perdonamos a alguien además de sentirnos bien por dentro evitaríamos que esa situación de malestar no vuelva a suceder porque ya aprendimos esa lección, las cosas por algo suceden talvez esa persona que actúo mal con uno sea el reflejo de uno mismo, es decir como un espejo que nos muestra como somos, es la posibilidad que tenemos para cambiar y agradecer al otro por hacernos ver nuestro errores, (ego).

7) Muchas veces sentimos que hemos perdonado, así lo creemos, pero a la hora de volver a arriesgarnos, de volver a confiar, el perdón se desdibuja en una forma sutil, pero visible. Si no volvemos a confiar, no hemos perdonado del todo.

El perdón limpia, redime, eleva, nos hace más bondadosos y más grandes. El rencor pesa demasiado, no es una carga agradable de llevar en la vida. Nos quita energías para enfrentar la vida de una manera más positiva, hipnotiza nuestro paso y no nos conduce a buen destino.

8) Perdonar puede ser también un ejercicio. Hay muchas cosas en la vida a las que uno aspira, pero no consigue fácilmente, tal vez el saber perdonar sea una de ellas. De todos modos, bien vale la pena intentarlo una y otra vez. Por eso pregúntese ¿Cuál es el riesgo? ¿Qué seamos heridos nuevamente? ¿Qué nuestra confianza se vea una vez más defraudada? Es una de las posibilidades. ¿Cuáles son las otras? ¿Que son sintamos en paz con nosotros mismos, que nos reencontremos con el otro desde otro lugar, que nos hayamos acercado un poquito más al Señor? Posibilidades todas que bien merecen tomar ese riesgo.

Bueno anteriormente enumere diferentes sensaciones de perdón no se con cual se a quedado espero que tomemos un poco de todas y aprendamos a darnos cuenta que esta vida vamos encontrarnos con personas que nos va a generar cosas positivas y negativas y está ultima es la que debo valorar porque me esta dejando una lección que depende de cómo actúe la aprobare o volveré a rendirla nuevamente. Algo más les diré que no les e dicho anteriormente no siempre las enseñanzas serán reflejo de algo que generamos nosotros sino puede ser también algo que el otro deba aprender y que deba pagar en esta vida y nosotros somos sus maestros, es decir no siempre seremos alumnos sino también maestros. Por eso es importante estar con la conciencia despierta, meditar, eliminar el ego para afrontar con éxito lo que la vida nos ofrece.

Para concluir acordémonos el perdón nos ayuda a vivir en paz con nosotros mismos y con los demás, pero también ayuda a quien nos ha lastimado. Si aquél que obró mal siente que es realmente perdonado (aprendió la lección) y que nuestro corazón le abre sus puertas nuevamente, sin dudas no volverá a lastimarnos. El perdón habrá servido como la mejor de las lecciones, esas que se aprenden sin tomar nota, con el alma misma.

El rencor aleja, endurece, contrae y nos empequeñece. El perdón nos da, ni más ni menos, la posibilidad de volver a empezar, de volver a creer.

Prof. Carla Manrique



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