El manto negro de la culpa me ahoga, nos ahoga sin piedad… ¿Culpa por amar objetivos imposibles o fundamental remordimiento frente a la incapacidad de amar?

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¿Porqué el universo entero parece lanzarnos a la cara la imagen sin piedad de nuestra culpabilidad sin remisión? Aplastados por su peso perecemos sin dulzura en el sombrío crepúsculo de una sociedad que no se sospecha a si misma como originaria de nuestro mayor defecto, ese de haber nacido bajo sus garras devastadoras.

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No debería estar escribiendo en un idioma extranjero (esto lo digo, porque estoy traduciendo de mi original escrito en francés), pero debo hacerlo. No puedo dejar hablar la pasión de la verdad que me desgarra y hace en mi lengua materna, sublime y bien amada, pero plena de retenciones y de silencios púdicos.

Antes fue la gracia de la inocencia, hablé de amor en mi idioma, grité hacia Dios exigiéndole que me mostrara su rostro y también canté canciones de cuna a mis niños. Todo dulcemente. La violencia no estaba allí y solo hubo ciertas sospechas de culpabilidad al hundirme en los brazos de algún joven entre rosales de primavera florecidas ó entre las enredaderas del ferrocarril.

Voluptuosidad sin culpabilidad, no demasiado lejos en las pulsiones como para confesar al Director de conciencia dado que en esa época y tanto como hoy y eso será para siempre, yo creo, habrá para mi un Director de conciencia, pero no representante de una sociedad manipuladora, acusadora ó francamente tolerante hasta la negación de todo lo aceptable pero si representante de un Dios cuya misericordia va más allá de nuestras miserias.

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Mis colegas bien saben como es extraña dolorosa, trágica, difícil, pero maravillosa nuestra especialidad.

Nos piden a veces que seamos consejeros de vida, orientadores. Nos vemos obligados sin desearlo demasiado por deber deontológico y conocimientos a escuchar las confesiones de seres, aparentemente perdidos, marginales, sin futuro… con sus historias desgarrantes y retorcidas. Nos piden de darles en alianzas puntuales soluciones a crisis "en el aquí y ahora". El camino es tan duro que necesitamos una fuerza más allá de la nuestra limitada por nuestra condición humana para impedir que nuestra propia fragilidad se manifieste más allá de nuestra empatía.

Jung decía que cuando en la noche nos sentimos acosados por la inquietud y el malestar debemos preguntarnos "¿Cual es la tarea que no hemos realizado?"

Llevando por esta suprema orden sigo la ruta con una presencia permanente, en la cuál no tengo historia personal, junto a cada uno de mis pacientes.

En general no siento el malestar nocturno, la culpabilidad no me ataca porque ella solo es una trampa del orgullo e hice lo que pude y Dios sabe que en los silencios de la noche emergen los correcciones sobre lo que no fue dicho y a veces hubiera sido necesario decir para el buen desarrollo de ciertas terapias analíticas. Pero si hoy no dije ¿porque no podría decir al día siguiente? Porque simplemente frecuentemente no existirá ese mañana. Vivimos en una sociedad que va demasiado rápido y que recupera sin piedad y en su beneficio el débil, el frágil, el dependiente, el ingenuo pero no el perverso que sabe esquivar los obstáculos para acceder al poder y a la fortuna fácil que él ama.

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Soy culpable de detestar profundamente los devoradores del oxigeno de los demás.

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Me explico: Hay una calle, y en cada costado una vereda, una de ellas la vereda de los perversos, en frente la de los neuróticos.

En la de los perversos todo es admisible y permitido. No existen ni la culpabilidad ni el remordimiento. Tienen todos los derechos: explotan al inocente que cree en la palabra fascinante del perverso, que se somete a su seducción sin límites.

Es la vereda del mal, pero como en ese paraíso de manipulación y mentira el mal no existe, todo es placer, paso lento y cansino, pequeños esfuerzos para acceder a recompensas enormes y desproporcionadas. Es la vereda de los yates de lujo, los "gígolos" sin escrúpulos y las mujeres que se apresuran a venderse ó comprar a los otros al mejor precio del mercado. Tal vez un soñador dirá que un día los perversos pueden cambiar… yo personalmente no dudo que la gracia pueda iluminarlas pero no fuí todavía testigo del milagro. Ellos tienen: "pasta podridas" ó "psiquismo apolillado". No soy yo quien hizo clasificación y la puse entre comillas para señalar correctamente que fueron otros más grandes que yo y antes de mi nacimiento que lo han dicho.

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Volvamos a la vereda de enfrente, la de los neuróticos. Están ahí sintiéndose culpables de todo y por todos contemplando con los ojos bien abiertos la vereda donde los perversos beben hasta la última gota de la botella de la vida, asegurándose, naturalmente, que esta "agua de vida" sea de la mejor calidad y precio.

El neurótico lleva sobre sus espaldas todos los pecados del mundo. Está sometido por la tentación de deprimir tanto como por la esperanza de una palabra positiva que lo ayude a salir de su marasmo. El nació culpable y como tal debe perecer salvo que una gracia divina pueda guiarlo hacia el conocimiento de si mismo ayudándolo así a realizar en balance con respecto a la realidad.

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Contemplando la neurosis en su esencia un realista puedo considerar que ellos se salvarán.

Extraña y suprema paradoja… Tal vez ellos están lejos del placer fácil, tal vez no son capaces de explotar a los otros, tal vez sus culpabilidades y remordimientos son imaginarios pero clínicamente hablando ellos están más cerca de la vida y de la paz que los perversos que gozan de todo y no importa cómo.

Para el perverso la vida solo existe en su vereda de lujo, manipulación y apariencia.

Para el neurótico se trataría de un deseo profundo de salir de sus sufrimientos harto de él mismo y de sus culpas para confrontarse a la prueba de realidad; es decir: dejar venir, contemplar, comprender e interpretar la vida de otra manera para darle sentido.

***

Muchos perversos vienen en análisis, frecuentemente para aprender a manipular mejor a los otros.

El perverso sabe esconderse muy bien y a veces nos desconcierta con sus quejas acerca de "dolores de cabeza insufribles", jaqueca oftálmica, contractas musculares, y otras manifestaciones somáticas del super control que exige manipular el mundo.

Numerosas corrientes analíticas rechazan trabajar con el perverso.

En mi caso se trata de un desafío, a veces creo haber fracasado pero en todos los casos al menos pude destabilizarlos.

Veamos un caso que me marcó y me enseñó:

La señora X vino durante dos años. Su marido es médico, hijo de médico poseedor de una gran fortuna. Dos hijos, adoptados y una "jaqueca" insufrible. Estaba rodeada de "amigos" que la apoyaban en su lucha por la paz con su marido… el cuál y no por azar iba cada día a los 7 de la mañana antes de comenzar el hospital –profesional muy bien considerado y respetado– a su terapia analítica.

Los sueños de la señora X eran siempre oscuros, las gentes vestidas en negro, la muerte aleteando en cada imagen. Su voz no guardaba ninguna coherencia con su apariencia de "fina muñeca veneciana" –"Gallina de lujo" (expresión francesa por mantenida ó arrimada)– diría una de mis pacientes que tiene el sentido del decir justo.

La señora X llegó a proponerme de hacer hospitalizar su marido de oficio.

El reloj de nuestro tiempo juntas se paró ese día.

Era el mes de julio y ella partía en vacaciones a una de sus numerosas casas secundarias, propiedad sin duda del famoso marido necesariamente neurotizado.

Ella se aproximó a mi escritorio y me pidió una cita para la primera semana de septiembre, fecha de su regreso.

Mi respuesta fue: "no conmigo"… y ella se fue por la primera vez sin pleitear su causa para continuar conmigo.

Era exactamente el 20 de julio del 98. Yo descendí las escaleras y partí hacia el banco, apenas a 200 metros de mi consultorio y yo temblaba… Fue extraño, finalmente yo no la había obedecido. Ella no volvió… porque había comprendido y lo aprendí en esos dos años sobre perversión y sobre mis propios límites que durante toda mi larga carrera.

***

Ella no culpabilizó pero debe haber concluido que las técnicas de manipulación utilizadas conmigo no habían sido las correctas.

Y punto aparte…

Hecho en Paris el 22 de junio del 2004 y traducido del francés
en homenaje a tía, que con sus magníficos 95 años.
Es mi mejor lectora y comentadora el 3 de julio del 2004.
Hace un poco de frío, pero yo aprecio ese tiempo fuera del tiempo y del calendario que marca las estaciones,
ese tiempo que se acuerda con mi alma de solitaria que ama estar acompañada.
En todos los casos yo prefiero estar en la calle y contemplar las dos veredas.
En la calle hay circulación y perspectiva
y yo creo en la existencia del horizonte y en la eternidad…
Y se querer y seré querida y estaremos en paz.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Hace un tiempo tuve un paciente que se creía responsable total e inexcusable de todo lo que le sucedía a su familia, compuesta por una esposa y dos hijos, adolescentes, de ambos sexos.

Cualquier contratiempo que le aconteciera a cualquiera de ellos era motivo para su preocupación, seguida de una intensa compulsión para resolver esas situaciones.

Tal era el grado de afectación que le producían las diferentes situaciones de la vida de los suyos, que por épocas se enfermaba físicamente, especialmente cuando los problemas se le iban sumando.

Es todo un tema cambiar las creencias de las personas cuando tienen mucho tiempo de afianzamiento en su psiquis. Uno generalmente cree en lo que confirma como veraz.

Todos sabemos que cualquier teoría puede ser corroborada o bien falseada, de acuerdo a la perspectiva con que se analiza, o como también puede decirse, dependiendo del "cristal a través del cual se mire". La predisposición a corroborar algo es el factor más determinante para lograrlo. Por lo menos en psicología esto se da con bastante frecuencia. El efecto "pigmaleón" bastante estudiado, puede ser un indicio de esto.

Podría decir, en general, que cuando tratamos de cambiar una creencia errónea en alguien, tenemos que considerar que no siempre se puede sacar algo sin poner otra cosa en su lugar a modo de "reemplazo". Y si vamos a sugerir alguna creencia "mejor" necesitamos que también pueda corroborarse con hechos reales surgidos, por supuesto, de la experiencia propia del sujeto.

Es una forma de tratar el tema, no es la única, pero consideré en el caso que vengo comentando que era la mejor alternativa.

Entonces empecé a trabajar con este paciente (que todavía no conocía mi carácter irónico) de forma tal que después de dos sesiones, ya no solo se sentía responsable y culpable por lo que le sucedía a su familia, sino también por lo que le acontecía a sus amigos, parientes, y compañeros de trabajo. Es fácil buscar indicadores y pruebas cuando uno sabe hacia dónde se dirige y gesta un argumento bien orientado.

Logré hacerle ver, que hechos desagradables que le sucedían a sus allegados también dependían de él o bien él había tenido una cierta influencia sobre esos sucesos.

A la tercer sesión, cuando vino a verme, muy serio y hasta enojado, me preguntó si yo le estaba tomando el pelo. Mantuvo su postura y su silencio, (mientras mi actitud de perplejidad aumentaba, haciéndole saber que no sabía de qué me hablaba) hasta que estalló en una risotada que no me voy a olvidar fácilmente.

Creo que volvimos a vernos unas dos veces más y terminamos nuestras sesiones, ya que su actitud en la vida parecía haber cambiado, al igual que su sentido del humor.

Cuando él mismo se dio cuenta que su actitud era ridícula, ya que hay millones de factores que nos afectan al mismo tiempo, y que los desenlaces no dependen de una sola circunstancia, sino de la suma de todos ellas, lo único que tuve que hacer es generar una creencia mucho más funcional para una vida compleja como la que vivimos los seres humanos en la actualidad. Estamos bombardeados de estímulos de la mas variada índole, algunos hasta contradictorios, pero todos en suma hacen que actuemos de un modo específico y que soportemos las situaciones que nos tocan vivir.

En este caso particular la creencia fue que era mucho mejor para todos, incluso para él mismo, que los seres queridos tengan su propias experiencias en la vida y que aprendan de ella sin culpa por parte de nadie, y que él disfrutara del crecimiento personal que afectaría a sus allegados el atravesar dificultades. Todo esto redundaría en la exaltación de lo humano que hay en ellos y en la "misión en la vida" que les tocase a cada uno.

Creo que esta persona empezó poco a poco a vivenciar una vida menos temerosa, más valiente ante las adversidades, porque las empezó a distinguir como situaciones optimas para crecer y ser mejor persona, tanto en lo referido a él como a sus allegados.

La misión que le sugerí, es la de ser el "asesor" o consejero, pero sin afectación de las consecuencias que pudieran surgir.

Alguna vez en nuestras vidas aprendimos a sentirnos culpables, es decir a creer que no cumplimos con lo que debíamos o hicimos lo incorrecto.

Parece una explicación lógica, que en algún momento de nuestras vidas, ya sea por la religión, o las costumbres, o nuestros padres, creímos que nuestras acciones eran tan poderosas e importantes como para que por sí mismas, sin ninguna ayuda del contexto, provocaran un daño irreparable a alguien o a algo, que pobre víctima indefensa fue blanco de nuestra maldad.

Del mismo modo podemos desaprender lo viejo aprendido y volver a aprender algo que reemplace lo arcaico por algo mejor.

Si nos enseñan a hacer mejor una comida de lo que antes la hacíamos, y lo hacemos, no nos causa tanto asombro como pensar que podemos aprender a pensar de un modo mejor que lo hacíamos. En las cuestiones de la psiquis, a la mayoría de las personas, le parece que los cambios son más difíciles y a veces hasta imposibles, y son capaces de aceptar otros cambios, pero le "duele" convencerse que es posible cambiar sus creencias.

A esto que hice con este paciente yo le llamo psico educación ya que considero que en muchos casos solo basta operar nuevos aprendizajes para dejar caer los viejos hacia el desuso. Muchas veces involucrar otras cuestiones es emborronar cuestiones que bien pueden ser simples y de fácil resolución. No descarto casos más complejos, pero me tomé por costumbre empezar a ver las cosas con más inocencia, y no abordar las terapias imaginando monstruos psíquicos que están esperando dentro de unas pobres cabecitas para salir y devorar a los sujetos, tanto como a sus terapeutas.

Con psico educación, creo, que se resuelven muchos casos en forma simple y sencilla.

La cultura o costumbres consolidadas en una sociedad, muchas veces generan sufrimientos innecesarios en sus miembros, y es nuestro deber llamar la atención sobre esas costumbres, como primer paso para lograr sociedades más inteligentes y felices.

Licenciado Alejandro Giosa



Los dichos y opiniones expresados aquí, son responsabilidad exclusiva de los remitentes

El valor analgésico de la marihuana

Con el ánimo de corroborar si la marihuana es efectiva en el alivio del dolor, como han sugerido diversos estudios clínicos previos, el Medical Research Council británico ha puesto en marcha un estudio con 400 voluntarios que recibirán una formulación oral de cannabis, un analgésico convencional o placebo después de ser intervenidos quirúrgicamente. Se medirán los niveles de dolor y de salud general de los pacientes cada hora durante un periodo de seis horas tras la intervención. Los investigadores advierten que la dosis administrada será pequeña, controlada y con muy pocas posibilidades de inducir los efectos recreativos que persiguen tantos consumidores de canutos o porros, por lo que se sentirán decepcionados los voluntarios que se hayan apuntado a la experiencia con este fin. Se esperan los resultados del estudio para dentro de un año: www.healthig.com/medicamentos/medicamentos65.html

Jaque a la dieta "Atkins"

Según el Medical Research Council Human Nutrition Research Centre, de Cambridge, la dieta Atkins, que privilegia el consumo de carne y huevos, mientras prohibe la ingesta de panes, papas y pastas; es producto de una «pseudociencia». Y aseguró que si bien hay cerca de dos millones de británicos que la siguen religiosamente, no hay evidencia de que su receta sea saludable en el largo plazo ni que los kilos no vayan a volver. «La evidencia de sus potenciales riesgos es incompleta, pero más fuerte que la evidencia a favor de su seguridad -dijo Susan Jebb, directora del departamento de nutrición de la institución-. No tenemos resultados sobre qué pasa a largo plazo respecto de la osteoporosis y del cáncer. Pero podemos asegurar que si uno elimina todo un grupo de alimentos como los carbohidratos, uno quita de la dieta vitaminas, minerales y nutrientes. Los resultados de estudios epidemiológicos en cientos de miles de personas que ingieren una alta proporción de carbohidratos muestran que éstos tienen una menor propensión a problemas de corazón. Y las dietas altas en fibra también reducen los riesgos de cáncer y el nivel de colesterol. Con la dieta Atkins, esto se pierde», explicó en la masiva conferencia de prensa: www.healthig.com/nutricion/nutricion21.html

Una coneja para crear un embrión humano

Un equipo de biólogos chinos, dirigidos por la Dra. Huizen Sheng, de la Shanghai Second Medical University, consiguió producir embriones humanos usando óvulos de coneja, por medio de sustituir el material genético en el interior de la célula. Esta investigación, que publica la revista Journal of Cell Research, reabre el debate en torno a la reprogramación de las especies: www.healthig.com/molecular/molecular16.html

Ovulos y espermatozoides, vía Internet

La empresa de Internet Baby Donors, ubicada en Holanda, ofrece el servicio de intermediario entre los donantes de esperma y óvulos y las parejas con problemas de fertilidad que desean tener un hijo, siempre a través de su página web babydonors.com.

Por la cantidad de 2.500 euros, la entidad busca el donante adecuado a las necesidades de los que solicitan este servicio. Después, los óvulos o espermatozoides serán cedidos en el centro hospitalario escogido por los futuros padres, tras haber pasado por una serie de pruebas. Ampliación en: www.healthig.com/casos/casos47.html

Health I. G. News



La culpa es una cuestión de psicólogos, moralistas y abogados. El pecado es asunto religioso.

La culpa nos lleva a vivir mal esta existencia, el pecado se arrastra aún después de la muerte.

Los romanos tenían la MORES, de la que deriva nuestra idea de MORAL, la moral es netamente social y nos afecta solo desde el punto de vista ético. Pero muchas religiones se ocuparon de desarrollar concienzudos reglamentos éticos que trasponen el mundo concreto, para alcanzar distancias metafísicas.

Dentro del concepto de moral entran dos instituciones sociales, la primera es la representada por las costumbres, la cultura y los tabúes. Tomando algunos de estos tabúes, se agrupan aquellos cuyo rompimiento, se considera, daña al grupo social, y forman el cuerpo de leyes de una sociedad. Esta institución es coercitiva.

Pero hay un grupo de tabúes y conceptos morales que afectarían también a nuestra vida después de la muerte y que son cuestiones de la religión.

Los pecados no son muy diferentes de los actos que consideramos inmorales socialmente, excepto aquellos que se refieren al pensamiento y la palabra.

El hombre, entonces, puede ser condenado por sus semejantes por actos considerados antisociales (como no usar desodorante, por ejemplo), ilegales (robar) o pecaminosos (hacer el amor con alguien que no es tu cónyuge legal)

Pero de todas las formas de condena, la que más me llama la atención es la que se refiere al PECADO ORIGINAL.

Cedo a los psicólogos y sociólogos, que saben mucho mas que yo, la responsabilidad de analizar cuestiones relacionadas con la culpa, los tabúes y la cultura. Quiero analizar este tópico tan particular.

Para quienes no lo sepan, el PECADO ORIGINAL es el que cometieron Adán y Eva en el paraíso, el primer pecado, el que dio origen a todos los demás.

Así, que, menudo tema, si solucionamos esta cuestión ya no cargaremos culpas en nuestras vidas.

Ustedes saben ellos, nuestros padres originales, los primeros, comieron del árbol del bien y del mal (¿discernimiento?) y cayeron en pecado.

Hace muchos años vi una película que, en mi país, se tituló: Gorilas en la Niebla, no recuerdo mucho de ella, sólo que la vida de estos gorilas, afectuosos, ocupados solo en comer hojitas y frutos, haraganeando todo el día, se me presentó como lo más parecido imaginable al Paraíso Terrenal, comparado con nuestras corridas bancarias, monotonías de oficina y aburrimiento frente a la TV.

Y luego, pensé, uno de ellos tiene una disfunción de su cerebro primitivo y comienza a razonar dialécticamente, es decir, sobre la base de los opuestos, creando valores acerca del universo natural que le rodea, separando los conceptos de agradable y desagradable, claro y oscuro, calor y frío, bien y mal.

¿Existen realmente estos valores? Como tales, son creaciones del pensamiento dialéctico, no tienen existencia real. Pero alcanzaron para que todo un género de vida fuera condenado para toda la Eternidad.

Sobre la base de esta institución conceptual (el discernimiento) elaboramos toda nuestra artillera de juicios de valor, moral, ética, estética, leyes, credos, ciencia, etc.

Que el discernimiento es un pecado original, no lo ponemos en duda. Que sea algo condenable depende de cómo consideramos al "sentido de la vida" (evolución). Porque la aparición del discernimiento parece ser una característica del desarrollo evolutivo de la existencia. A menos que nosotros, los seres humanos, seamos una excepción de la Ley Universal.

¿Y si el discernimiento es un pecado por que consideramos criticable o punible cualquier acto que sea contrario a las instituciones de valor originadas en nuestra propia capacidad de discernir?

Como sea, hay algo de verdad en la condena bíblica: después de haber comido del árbol, hemos tenido que ganarnos el pan con el sudor de nuestras frentes.

Pero, avanzando un poco más en el tema, nos encontramos con que la capacidad de discernir o, mejor dicho, la concepción dialéctica de la existencia, es la que nos lleva a la mayoría de nuestros sufrimientos cotidianos.

Hay asuntos agradables y desagradables. Escapamos de unos y nos aferramos a los otros. Por este simple hecho, hacemos cosas indescriptibles para escapar del sufrimiento y obtener el placer.

Pero, aún así, no hay forma de evitar que uno y el otro se turnen en el devenir de nuestras vidas.

Entonces, deberíamos preguntarnos si la concepción dialéctica del Cosmos es, verdaderamente, discernimiento.

Discernir significa "separar lo falso de lo verdadero". Y, haciéndolo, nos encontraríamos con que nuestro universo dialéctico está basado en conceptos temporales y, por lo tanto, fenoménicos.

Los fenómenos poseen la característica de la temporalidad y son causados por otros fenómenos (la materia, incluso, es un fenómeno).

Lo atemporal es la causa primigenia, la cual no tiene causa original. Pero esto es un asunto metafísico.

Como sea, todo nuestro universo es fenoménico, inestable, mutable, cambiante, móvil y, por lo tanto, el establecimiento de normas de cualquier tipo, debería tener la capacidad de mutar a la misma velocidad.

Siendo así, nuestras culpas pueden resultar obsoletas después de una semana. Sin embargo, las atesoramos, como al pecado original, en un rincón de nuestra atormentada psique.

El infierno es la memoria que vuelve y vuelve a pasarnos la misma película del pasado, una y otra vez.

Adán y Eva, tal vez, no pecaron sólo evolucionaron.

Nuestra próxima etapa, si no quemamos al planeta antes, será desarrollar un tipo de discernimiento no-especulativo, diferente al actual, no basado en la concepción dialéctica del cosmos, sino en uno-pero-no-uno (uno, en apariencia dos).

Esto conllevará una experiencia de vida asentada en el presente y no en la memoria del pasado. Por lo tanto, no deberían existir normas morales ni instituciones que, aparentemente, nos protegen de equivocarnos.

La verdadera libertad sería parecida a la vida de aquellos gorilas en la niebla, pero con el adicional del discernimiento no-dual.

Lo que aquí escribo no es nuevo, persiste en las entrañas de muchos escritos antiguos, como El Sutra del Loto.

Qué pasará, si en vez de pecar, podemos TRANSFORMAR.

Guaynabo, Puerto Rico, mayo del 2004
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



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