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Tengo la impresión que muchos de nosotros desearíamos no tener que elegir entre las opciones que nos presenta
la vida. Pero es poco probable que alguien pueda tener la elección de no elegir. Dicen que no elegir también es
una elección. Lo único permanente que hay es el cambio, y eso nos somete todo el tiempo a corregir la dirección
de nuestras vidas. Es como ir conduciendo un automóvil en una ruta recta, a pesar de ello siempre hay que
realizar pequeñas maniobras para mantener la rectitud.
Entonces como la vida nos obliga a elegir es bueno tener en cuenta el estado actual con respecto al estado deseado o bien el mejor estado que podamos lograr ante los cambios que nos acosan. Lo que sí sabemos es que dos personas ante dos situaciones semejantes, eligen diferente. No hay decisiones correctas e incorrectas en la mayoría de las situaciones para decidir. Y ante eso me parece poco útil sistematizar una forma de toma de decisión, al menos en cuanto a decisiones personales, ya que las variables son muchas, y los casos exigen diferentes respuestas. Por eso no me parece útil fabricar reglas para decidir, como a veces se pretende en el ámbito de la psicología. Por ejemplo un modelo de Toma de decisión es el siguiente que tomé al azahar.
Etapas De La Toma De Decisión: Me pregunto yo: ¿dónde encajan los valores? Considero que la ética es lo más importante como elemento influyente en el proceso de toma de decisión. Un modelo sistematizado como el anterior ayuda y es un modelo predominante en nuestro sistema social, especialmente en lo referente a que se da por tácito la ética que guía la toma de decisión. Me refiero a que los valores que se definen tácitamente son los de la acumulación material, el capitalismo o economía de mercado, es decir una moral materialista, en donde lo importante es el dinero y los capitales a costa de otros valores que también podrían ser importantes como la ecología, la equitativa distribución de la riquezas, el respeto por los animales, las plantas, etc. En otras culturas y tal vez otros tiempos se valoraban más otras cosas, como la dignidad, los lazos familiares, la patria, la religión, etc. Hoy parece que los valores están "mundializados" y todos los pueblos actualizan sus morales de acuerdo a las influencias del resto del mundo, "gracias" a las comunicaciones. En definitiva la moral de la acumulación del capital está en todos lados en mayor o menor medida. Todos queremos más cosas materiales, más tecnología, más dinero. Yo le agregaría al modelo anterior dos ítems: "identificación de los valores que guían nuestras decisiones" y "verificación de que la decisión tomada, condice con lo valores que promovemos". Comento esto porque me viene a la mente que en estos momentos se está produciendo una crisis entre países hermanos comos son Argentina y Uruguay con el tema del establecimiento de dos papeleras importantes en Uruguay. Hay que tomar decisiones importantes. Y son decisiones difíciles de tomar, porque los valores que reinan en nuestras culturas desmerecen el valor espiritual que tiene el mundo, es decir, el valor de las plantas, los animales, la vida humana, la armonía del ecosistema, etc. Si tenemos claro y firme nuestros valores y privilegiamos aquellos que permitan al mundo perdurar con toda la biodiversidad que hoy tenemos (o nos queda), no dudaríamos en tomar la decisión de no contaminar y por lo tanto evitar la instalación de estas papeleras que sin duda van a intoxicar una zona del mundo que todavía no está tan infectada por la industria. Lo curioso es que por un lado los países más desarrollados ven esta zona como la reserva de agua potable más grande de la humanidad, y por otro lado un grupo de avaros desean por codicia, contaminar esa reserva, por unos dinerillos que nunca van a terminar de gastar en sus cortas vidas. Así es el liberalismo, todos quieren todo y al mismo tiempo, o mejor dicho algunos lo quieren antes que otros, y lo único que vale es la acumulación indiscriminada. De todo y en cantidad, más de lo que podemos gastar Debería darnos vergüenza considerar la posibilidad de contaminar nuestro hogar. Debería darnos vergüenza siquiera pensar en una discusión de este tipo. Por eso los valores son fundamentales en las decisiones que tomamos y si nuestros valores son férreos y justificados, no tendríamos nunca dificultad en decidir. Cuando tenemos claro lo importante al modo de "imperativo categórico" de Kant, el abanico de posibilidades se cierra y no es necesario complicarse con tantas alternativas como propone el modelo que presenté más arriba. Tal vez por eso culturas milenarias como la china o japonesa, tienen más seguridad en la toma de decisiones ya que el apego a los valores de sus culturas les facilitan elegir en el momento de la elección (al menos así fue hasta no hace mucho). Las religiones producen también el efecto de soporte de valores que ayudan a las personas a decidir. Ojalá existan generaciones futuras que puedan juzgarnos y aprender de nuestros errores, y tomar conciencia de cuáles son las cosas importantes que tenemos que valorar. No es difícil de ver, es que no queremos hacerlo. Siempre hay una forma de actuar que es más beneficiosa que otras. No es difícil tener una escala de valores que logre bienestar sustentable, es decir para nosotros y las generaciones venideras. Entonces si atendemos a estos dos puntos, tanto en la vida personal como en la convivencia mundial, podremos estar en condiciones de tomar las mejores decisiones. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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No existe otra cosa más importante ni provocativa en la vida que tomar decisiones.
Mientras que algunas culturas fundamentan en "la gracia" la obtención de beneficios y la relación general con la existencia, otras lo hacen en el trazado de objetivos y la toma de decisiones. La diferencia obvia entre una y otra es que, mientras la primera es pasiva y basada en el determinismo cósmico, la segunda es activa y se basa en la propia voluntad. Hubo un personaje en el ocultismo de mediados del siglo XIX llamado Gurdjieff, quien manifestaba que la vida individual podía ser descripta en una parábola, pero que ésta era desviada por acontecimientos puntuales; algunos de estos fenómenos provienen del exterior o son involuntarios, como un accidente, enfermedad o la intervención de otra persona; otros provienen del interior, de impulsos de cambio, transformaciones o por influjo de la voluntad. En el budismo del Sutra del Loto, se enseña que las causas del pasado subyacen en el inconsciente esperando una circunstancia externa (causa externa) que las movilice, produciendo, entonces la manifestación de un efecto "karmico" cuyo motivo es difícil de reconocer, ya que deviene de causas muchas veces olvidadas. En este caso la manifestación de la voluntad proviene de la forma en que se encara el presente, tratando, entonces, de establecer causas para el futuro que resulten convenientes. Combinando un poco todos estos elementos podemos decir que, si bien podríamos estar sujetos a un determinismo originado en el pasado (grabado, tal vez, en nuestro inconsciente o en la memoria genética del ADN), el futuro se presenta como una promesa de libertad que derivará de nuestras acciones del presente. Especialmente trascendentes son las decisiones tomadas en momentos de "crisis existencial", ya que estos constituyen inflexiones dentro de la parábola de nuestra experiencia individual. Muchas veces oímos a personas que dicen, frente a un momento difícil en sus vidas, "es la voluntad de Dios". Cuando la voluntad de Dios podría ser que actúen, que hagan algo, respecto a esa prueba que se les presenta. En todos los casos, derivar la responsabilidad hacia Dios o un Mesías Salvador, es una forma infantil de eludir el desafío de la existencia. Se me ocurre que las creencias religiosas deberían apuntar con más eficiencia a promover la toma de decisiones, que a la aceptación de un destino personal crudo y negativo. Paradójicamente, los que hemos ejercitado la voluntad individual dentro de un marco de libertad y ética, vemos que el cosmos parece curvarse en un sentido favorable a nuestros objetivos. Entonces, no se percibe al universo como un ente mecánico y perverso, sino como un organismo vivo, capaz de adaptarse al influjo del pensamiento. La clave en la toma de decisiones y el posible éxito de estas, reside en seguir la curva de la vida, a favor de la vida. Y el reconocimiento de la vía correcta, para obtener una existencia provechosa se basa en la ejercitación del discernimiento. El discernimiento es el paso previo de la toma de decisiones. Y éste consiste en saber separar lo verdadero de lo falso. Podemos definirlo de muchas maneras; pero veremos que ésta es la que más se ajusta a un criterio práctico. En el contexto cósmico, lo verdadero es lo que marcha en favor de la vida y lo falso es el paladín de la muerte, la ignorancia y la esclavitud. Antes de tomar una decisión, me pregunto si el objetivo que me mueve me va a ser más libre o dependiente y cómo va a afectar a los demás. No hay decisiones inocuas, de una u otra forma caen en el contexto de los extremos bueno/malo. Esta práctica nos lleva, poco a poco, a decidir de forma cada vez más acertada, hasta que podemos enmarcarlas en el entorno de sabiduría. Dentro de ciertos arquetipos psicológicos, en el inicio de la evolución, el individuo se caracteriza como "huérfano", carece, depende, es la etapa infantil, necesita del cuidado materno, de Dios y el Mesías Salvador. El otro extremo de la evolución es el "mago", él controla su destino, no busca apoyo para tomar decisiones, puede adorar a Dios, pero no comercia con Él. Sabe que la salvación es algo que está en sus propias manos. Para los huérfanos, el mago es un adorador del demonio, un brujo. Sin embargo, no hay herejía en la magia verdadera. Se basa en el simple hecho de discernir, saber trazar objetivos, tomar decisiones, poner la voluntad en acción, y mover el cuerpo. Su contrario, la indecisión y pasividad, es lo más parecido al infierno en la tierra. En el budismo, el infierno es, justamente, la incapacidad para accionar. Dentro de los motivos más importantes para esta incapacidad, ser encuentra el miedo y, sobre todo, el miedo a errar. El éxito ha sido y es, el paradigma de nuestra sociedad. Si hubiéramos de calificarla en forma sintética, en dos palabras, diríamos: elitista y consumista. La búsqueda indiscriminada del éxito favorece la explotación y es por esto que la sociedad lo ve con buenos ojos. El individuo que busca el éxito es productivo. Claro, también puede ser abusivo, desleal, deshonesto y ambicioso. Pero estos ya son males menores. El individuo que se equivoca, no tiene éxito, fracasa. ¿Pero fracasa en que? Esta es otra pregunta que hay que hacerse a menudo. Adónde orientamos nuestro esfuerzo y nuestras decisiones. Mientras lo resuelven, seguiré procurando que mis decisiones enriquezcan mi vida interior antes que la temporera manifestación de mi personalidad social. exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Juan Carlos Laborde
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En su grave rincón, los jugadores Rigen las lentas piezas. El tablero Los demora hasta el alba en su severo Ámbito en que se odian los colores.
Elegí este poema primero porque quiero compartirlo con todos ustedes, segundo porque admiro a Jorge L. Borges y por último porque el poema está muy relacionado con el tema: «Toma de decisión». El que juega al ajedrez sabrá que este juego tiende a requerir mucha concentración, inteligencia y sobre todo decisión, es decir, decisión al mover correctamente las piezas para no ser comido, o por el contrario para hacer jaque mate, ganar y sentirse contento por haber corrido en todo momento las piezas indicadas. La vida es como el juego de ajedrez uno va actuando, viendo y realizando diferentes cosas, según lo que quiere para su vida y eso depende de las decisiones que uno tome y de ahí se ve si uno elige para bien o para mal. ***
Ensayista y poeta argentino. Su familia, de posición acomodada, lo mando a estudiar a Ginebra, después de realizar sus primeros estudios en la capital porteña. En Ginebra entró en relación con los ambientes culturales y políticos de la época, conociendo a Joyce, Lenin y Trotsky. Su primera actividad fue la lingüística. Escribió su primer cuento a los seis años. Al terminar la Primer Guerra Mundial, pasó a vivir a Londres y más tarde a Madrid, donde conoció a los escritores integrados en el ultraísmo, publicando su primer poema en una revista de esta tendencia. En 1924 volvió a su patria, fundó la revista «Prisma» y, más tarde, «Proa». En esta última se publicaron, en 1926, todos sus escritos sobre literatura gauchista, que por aquel entonces adquiría grandes esplendores, dejando profundas huellas en el estilo de Jorge Luis Borges y dando paso a un «vanguardismo criollo» en lo que respecta al fondo y a la forma. Tal se manifiesta en «El idioma de los argentinos», colección de artículos en los que defiende la necesidad de crear un idioma nuevo, resumen de las lenguas habladas en Buenos Aires. En «Cuadernos de San Martín» y en tantos otros cuentos aparece plenamente perfilada una de las principales características de su haber literario: el portentoso uso del vocabulario porteño, el signo popular, el vértigo de la metáfora. Se aprecia, tanto en su verso como en su prosa, la presencia constante del dualismo realidad-fantasía, que tantos críticos han apuntado como raíz última de Borges. Por una parte, utiliza el dato histórico, la inteligencia fría; por otra parte, las opiniones y los aconteceres más inverosímiles, fruto de una fantasía sin límite. La gracia de sus relatos reside en que todo se presenta formando un conjunto único. La pureza de su excelente labor literaria, las exigencias que ésta encierra, le han convertido en un escritor exquisito, que ha hecho afirmar a algún crítico que Borges es «un escritor para escritores». Entre sus obras importantes destacan: «El jardín de los senderos que se bifurcan», «El libro de arena», «Nueva refutación del tiempo» y «El Aleph». «Ficciones» quizá sea el libro de este escritor que más resonancia ha alcanzado fuera del área cultural de nuestra lengua. Traducido a ocho idiomas, obtuvo en 1961 el Premio Internacional de Literatura, concedido por escritores de Francia, España, Inglaterra, Italia, Alemania y Estados Unidos. También, en el año 1975, se le concedió el título de doctor honoris causa por la Universidad de Oxford. En 1980 obtuvo el Premio Cervantes, el más importante galardón de la literatura en lengua castellana. Repetidamente ha sido candidato al Premio Nóbel de Literatura. |
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Prof. Carla Manrique
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