Historia del casamiento de la joven mujer que perdió, en dicha oportunidad, su cuarto y su cama
(extraido de mi libro : Cuentos de Marea alta)

Él: Una tienda de placeres
Vendrás conmigo a habitar
Porque tengo en mis alforjas
Trigo de oro a gustar

Ella: Tienda no tienes ni trigo
Ni perlas de oro a engarzar
Sólo tu cuerpo tú tienes
Que mi padre ha de pagar

Que no se podía seguir embadurnando los cuartos de camas y que toda la casa serviría para la recepción y que ella no sabía lo que podía estar pasando y que estaba en un colchón vetusto acostada en el suelo del vestidor tratando se supone de reposar su belleza con alguna crema de la cara de esas de los grandes porque sólo tenía veinte años y una espera impaciente de jugar a jugar y que los habían separado el diez y ocho de mayo día del casamiento civil para que no consumieran pecado que es cosa dura sin casamiento por cura consagrado y que faltaban minutos para la derrota del soñado casamiento con flores blancas en la iglesia grande y que la iglesia se llamaba Nuestra Señora de las Victorias porque a nadie se le ocurrió hacer una iglesia que se llamara Nuestra Señora de las Derrotas y que él vino a verla en el suelo sobre su colchón vetusto y sin que ella comprendiera lo que había pasado pero que llegó en consecuencia con una hora de retraso a la iglesia porque tenía un miedo grave de no poder jugar y porque se plantaron los relojes cuando quiso respirar y la modista de lujo le ciñó la cintura de su traje y le encasquetó sin reservas una tiara de muguetes que no durarían ni una noche y porque después de la recepción tuvo hambre y sólo hubo champagne en un hotel de lujo de la incestuosa Buenos Aires patriarcal y porque no tuvieron interés en hacer un amor sin ventura en una cama más grande que el mismo infierno y porque se aburrieron de aburrimiento ganado sobre mentiras de fuga y porque el tren partió y como sólo había dos cuchetas pitucas se amontonaron un rato jugando un deseo que ya les hartaba y que llegaron a Córdoba a un hotel mortecino y que pasando los días se acumularon ropas de lujo en armarios malsanos ella murió sin terminar su juego una noche de luna lorquiana en los brazos de un amante extranjero y lábil en una ciudad extranjera muchos siglos después y sin recuperar ni su cama ni su cuarto.

Que las coplas se cumplieron
Y aunque las cópulas dieron
Frutos de nunca olvidar
En sus días hubo lunas
Y en sus soles soledad.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Reflexionando un poco sobre el tema del pensamiento y de la palabra hablada, un razonamiento que me parece simple y obvio es que el pensamiento es interno y secreto mientras que la palabra proferida se hace pública. Esta separación es clave en el tema de la mentira o la verdad. Escuché alguna vez que si todos fuéramos telepáticos no podría haber mentira.

En realidad algo se hace mentira cuando uno piensa una cosa y dice otra. No suele llamarse mentiroso a alguien que está equivocado por ejemplo. Si piensa algo, o cree algo erróneo y lo dice tal como lo piensa, no podríamos llamarlo mentiroso, tal vez sí ignorante o equivocado, o mal informado. Las ficciones, aunque falsas, tampoco son mentiras.

Ante este panorama queda evidente una intención: la del engaño.

Ahora, ese engaño, cuando uno piensa una cosa y dice otra es siempre con una motivación que no es revelada. Esa intención aparentemente es beneficiosa para el que profiere la mentira o bien para el que la escucha (mentiras piadosas).

La intencionalidad en el acto es siempre en busca de algún beneficio. O se busca poder, o saber o bienes materiales, etc. Gula, Orgullo, Pereza, Lujuria, Ira, Envidia, Codicia, todas fuentes de la mentira.

Algunas definiciones según wikipedia:

La gula es el deseo desordenado por el placer conectado con la comida o la bebida.

La soberbia u orgullo consiste en una estima exagerada de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor. Vanidad es la excesiva confianza y creencia de la propia capacidad y atracción muy por encima de otras personas y cosas.

Se le llama lujuria a un deseo sexual desordenado e incontrolable.

Ira, es la pasión del alma que causa indignación y enojo, o bien, apetito o deseo de venganza, o como causa de violencia contra los demás, contra los familiares o contra uno mismo.

La envidia es un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La base de la envidia es el afán de poseer y no el deseo de privar de algo al otro, aunque si el objeto en cuestión es el único disponible la privación del otro es una consecuencia necesaria.

La codicia es el deseo de obtener más dinero, riqueza, bienes materiales o cualquier otra entidad del que uno necesita.

Pereza, es la reticencia o el olvido en realizar acciones, movimientos o trabajos.

Se miente por gula, por el placer del sabor es decir de los sentidos. Se miente por orgullo, para mantener una idea ficticia sobre nosotros mismos. Se miente por pereza para evitar el trabajo y el esfuerzo. Se miente por lujuria para exacerbar los placeres carnales. Se miente por Ira, para ocultar nuestra violencia interna. Se miente por Envidia a causa de la enfermedad de querer poseer. Se miente por Codicia siguiendo con la compulsión a la posesión.

Algunas frases para pensar

Las mentiras dicen más de una persona que las verdades. Las mentiras te dicen lo que las personas quieren ser, mejor que lo que son.

Anónimo

Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán

El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.

Alexander Pope

Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver.

Proverbio judío

Las mentiras más crueles son dichas en silencio.

Robert Louis Stevenson (1850-1894) Escritor británico.

Una mentira es como una bola de nieve; cuanto más rueda, más grande se vuelve.

Martin Lutero (1483-1546) Reformador alemán.

Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad.

Jean Cocteau (1889-1963) Escritor, pintor, coreógrafo.

Hay que tener buena memoria después de haber mentido.

Pierre Corneille (1606-1684) Poeta y dramaturgo francés

Mentir o no mentir es una decisión personal al igual que muchas otras que necesitamos tomar en la vida para poder vivir en el mundo social. Y como todo lo que es ambiguo (especialmente el lenguaje), una mentira puede generar diferentes efectos buenos o malos, esperados o no. Es la ambigüedad que nos toca vivir como humanos: somos carne o somos espíritu? Nuestra elección siempre es libre. Elegir sufrir menos es a mi entender una buen elección, y me parece que elegir la verdad es querer para la vida menos sufrimiento que en el caso contrario.

Licenciado Alejandro Giosa



Frecuentemente hablamos de la mentira como recurso en las relaciones sociales y familiares; pero, esta vez, preferiría referirme a la gran mentira, la elaborada por nuestra mente.

Nos creemos individuos pensantes y, como tales, damos gran importancia al pensamiento. A través del pensamiento es que elaboramos nuestras asociaciones, basadas en las experiencias aprendidas y las metas futuras. Analizamos, cuestionamos, razonamos.

El producto del pensamiento ha sido una sociedad completamente racionalizada, pero sorprendentemente violenta y triste.

Atrás quedaron los mitos, las creencias primitivas, los misterios insondables.

El hombre tiene todo por delante, un futuro sin límites, libertad sin límites, relaciones globales, crecimiento sin fronteras. Sentimos que todo es posible.

Sin embargo por sí mismo, el hombre se siente pequeño, aislado, melancólico, angustiado y sin valor en el contexto social.

Unos pocos trepan a la escala del éxito y parecen vivir existencias plenas. Sin embargo, la desazón hace presa de ellos y algunos buscan refugio en salidas destructivas o en el altruismo.

Sabemos que hay muchas cosas que cambiar, y creemos que estamos en el camino correcto. Pero la realidad es que el futuro es una proyección lineal del presente.

Por el mismo sistema de análisis y racionalización no podemos decir que un presente como el que vivimos nos conducirá a la paz y la solidaridad.

¿Cómo, entonces, cambiaremos el futuro, si no podemos cambiar en el presente?

Decimos que lo haremos paso a paso, paulatinamente.

Esa es la gran mentira.

Para que la proyección lineal se revierta al futuro que todos deseamos, necesitamos realizar un quiebre, generar un punto de ruptura que desvíe esa línea actual.

El punto de ruptura no puede ser en el futuro, pues el futuro no existe. Sólo el presente recoge el beneficio de nuestras acciones.

Es decir… tiene que ser ya mismo.

¿Qué cosa podemos hacer, ya mismo, para que esta vida deje de ser monótona, violenta y alienante?

Hemos buscado la respuesta en los regímenes políticos, en la filosofía, la religión y el psicoanálisis.

Leer a Platón no me ha dado la respuesta.

Rezar tampoco.

La verdad es que el cambio real no está allí.

La verdad es que todas estas cosas, tales como los ideales políticos, religiones, filosofía y hasta cierto tipo de psicoanálisis se parecen a otros recursos de escape como la diversión desenfrenada, la droga y el alcohol: sirven para embotar la mente.

Y digo cierto tipo de psicoanálisis, porque creo que la respuesta más válida a nuestra pregunta la puede dar esta ciencia.

Hasta ahora creemos saber cómo funciona, aproximadamente, nuestra psique. Claro está, haciendo la salvedad de que, como la psicología no estudia cosas, sino seres humanos, que no son cosas y, por lo tanto, son irrepetibles; establecer reglas demasiado rígidas puede resultar en otra afirmación de la mentira; la de creer que comprendimos y sabemos sobre algo que está en constante flujo y cambio y, por lo tanto, no puede ser cristalizado en un concepto.

Y si hilamos fino, veremos que la vida misma no es una cosa, es irrepetible, en constante flujo renovado y, por lo tanto, no podemos decir que comprendimos la vida, porque, en todo caso, lo que pudimos haber comprendido, con suerte, es lo que ya pasó.

¿Cómo entonces, vamos a realizar un cambio racional hacia un futuro mejor, si no podemos comprender el flujo de la vida, o, por lo menos, de nuestra propia psique?

Es que no vamos a entender la psique humana, ni la vida, con la herramienta del pensamiento tal cual la utilizamos hoy en día.

Necesitamos dar un paso más en la evolución para alcanzar ese punto de ruptura del que hablábamos y, realmente, aprender sobre nosotros mismos y la vida en general.

La existencia o un ser humano en particular, no pueden reducirse a una probeta, para su estudio pormenorizado. No pueden disecarse ni desmembrarse sin destruir su cualidad intrínseca.

No es la razón la que va a penetrarlos. No es el conocimiento el que va a descubrirlos.

El pensamiento está lisiado, porque el análisis y la memoria lo han desquiciado.

El pensamiento racional no puede penetrar el secreto de la vida.

Lo que necesitamos es ser individuos capaces de aprender.

Aprender comenzando por olvidar lo aprendido.

Aprender poniendo conciencia despierta y capacidad de asombro, como la de los niños, en la experiencia vital.

Ligarnos por amor, no por análisis.

Necesitamos amar, unirnos al objeto que estudiamos, porque no es un objeto es de la deidad (cualidad del ser) de lo que estamos hablando.

La seidad no puede ser comprendida, debe ser aprehendida, segundo a segundo, en el presente, como un cambio constante y sin fin.

Si podemos tener esa actitud frente a las personas y a la vida misma, una actitud de conciencia despierta y podemos atrapar ese flujo cambiante, no para detenerlo y estudiarlo y disecarlo, sino para permitir que nos atraviese y vitalice, habremos producido, inmediatamente, la ruptura que producirá el gran cambio.

Debemos liberarnos, primero, de todas las ataduras que embotan nuestra conciencia. Las ataduras son el bagaje de conceptos a los que acudimos para analizarlo todo.

Analicemos un atardecer, analicemos el oleaje del mar, la sombra de las nubes sobre la luna, la mirada de un bebe.

No se puede y es por eso que ni siquiera los miramos. Creemos hacerlo, pero al realizarlo estamos pensando en el atardecer de ayer o el cheque que no llegó.

Nos da miedo jugarnos al compromiso del amor y del verdadero aprendizaje. Y porque tenemos miedo necesitamos que el observador y el objeto estén lo más alejados posible. Y al haber miedo y separación, se originan lo uno y lo otro, la contraposición, la competencia, la diferencia.

Y porque hay diferencias es que hay intolerancia y guerra.

Cuando practicaba artes marciales, recuerdo que, en combate, no había tiempo para pensar en estrategias o analizar al oponente. Uno debía aprender de inmediato sobre él, ligarse a su ritmo respiratorio, sin analizarlo, ser uno con él, para encontrar esa hendidura que me permitiría ganar la pelea.

En la vida tampoco hay tiempo para analizar.

El presente fluye a las velocidad de la luz y el pensamiento es como una tortuga en la hierba.

Creer que el pensamiento nos va a conducir a la libertad es mentira. Ya ha cumplido su cometido desplazando a los prejuicios primitivos.

Es hora del siguiente paso.

exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Seonaidh Labraidh



Enviar a un(a) amigo(a)
    enviar a un(a) amigo(a)    
   Imprimer/Imprimir
    imprimir    
   Vuestra opinión sobre estos artículos
    vuestra opinión sobre estos artículos    

Regreso en visualización clásica