La psicología ha tomado como punto de partida un cierto solecismo primitivo.

Que se expresa así: cada espíritu, cada conciencia personal parece aislada, separada, individualizada: yo estoy solo y soy solo a resentir mis estados de ánimo. Tampoco penetro directamente en la conciencia del otro.

"Es todo un mundo, dice el Fantasio de Alfred de Musset, que cada uno de nosotros lleva en si mismo, un mundo ignorado que nace y muere en silencio".

Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Es simplemente el comienzo de un artículo sobre la soledad, confrontada a la soledad real de estar abandonada por mi misma.

Tanto di a los otros para llenar sus soledades que finalmente encontré que yo no estaba acompañada. Pero hace unos días sin siquiera querer evocarlo me encontré con la imagen de mi padre a quien me parezco mucho, según dicen. Siempre parecía feliz y tener un aire de bienestar. Al final de su vida estaba absolutamente solo pero no se quejaba de nada.

***

Podía estar rodeado de gente, de amigos, de respeto pero en su profunda soledad que yo comprendo solo ahora, dado que su presencia que me visita cada noche antes de dormirme me hace comprender que como debía aceptar su soledad no podía decírmelo entonces escribía detrás de cada foto historias de familia, por ejemplo hablando de su mujer, mi madre, había escrito "pobre mi mujer, víctima de su falta de carácter" pero no fue capaz de decírmelo directamente, porque yo pienso en este momento, a través de la experiencia de mis hijos que uno no es capaz de decirles a nuestros hijos ciertas verdades duras. ¿Qué es lo que hubiera podido hacer por evitar la soledad de mi padre? Lo acompañé cuanto pude, le di momentos de alegría, de orgullo, de satisfacción y de pena también.

Hice todo lo que había deseado que hiciera: estudié, trabajé, fui madre. Pero hubo cosas que no comprendí como la profunda soledad de mi padre.

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Esa última Navidad que celebré como todos los años, en casa, con los amigos y mi familia mi padre no estuvo: ¿Por qué? Porque papá había dicho que él debía verse con sus amigos y que esta vez no podía faltarles.

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Hacia pasada la medianoche tío me dijo de llamarlo. Tal vez él había entrado de su comida. Respondí que me parecía que era muy temprano aún y que se trataba de una comida después de la misa. De todas maneras ante su insistencia lo llamé y encontré que papa estaba allí y que no había salido. Si, estaba solo en su profondo aislamiento que yo no había comprendido y solo comprendo hoy.

Veo hoy también, no antes, como la relación con los padres es fundamental en la vida para poder hablar, como lo estoy haciendo ahora, de la gran soledad que podemos vivir tanto como hijos que como padres.

Mi soledad con respeto a mis relaciones complejas con mis dos hijas y sus respectivos hijos, mis nietos. Es un misterio que se agrava dado que no puedo comprender sus silencios cargados de malentendidos que parecen haberse despertado sin ser puestos al sol. Ninguna pregunta simplemente una distancia cada día más sórdida que complica las generaciones…

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Pero yo me pregunto lo que vivió papa, la profunda soledad de mi padre.

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Había una sola calidad profunda en sus manifestaciones, sus silencios y su soledad. No trasmitía agresividad pero benevolencia y reflexión profundas. ¡Mi padre me ha pasado mensajes tan enormes al final de su vida! Me dió los cuadernos con la administración de todas las cosas materiales pero no eso solamente: una profunde herencia espiritual "quédate sola, verás la verdad, estructurarse delante tuvo, y estarás obligada de aceptarla".

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Actualmente me interrogo, cuando encuentro los conflictos de familia. Puede que sea uno de los temas que me hacen preferir las terapias de familia a las terapias de pareja porque en ellas todos largan sus versiones en un mismo contexto de pertenencia. ¿Cómo podemos vivir los unos junto a los otros en esos silencios llenos de ruidos y cacofonías y de palabras ridículos y encontradas?

En la relación con los hijos las cosas no son claras. A veces una imagen de madre fuerte, serena, plena de valor y de éxito y que no miente puede ser una razón que explique el abandono de sus hijas mujeres y los actos venenosos que la situación puede engendrar y justificaría su soledad con respecto al abandono para ella injustificado.

De todas maneras ellas viven sus vidas tratando de no compararse a la imagen de la madre pero todo lo que va, vuelve. Cuando veo que el modelo que yo proponga es un poco demasiado sólido y coherente para servirles me abstengo de todo juicio.

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Hace un mes comprendí la soledad como una protección. Cuando se está en paz consigo mismo y cuando se tiene la voluntad de dejar crecer la sabiduría en nosotros gracias al inflexible deseo de cada día de nuestra vida de alcanzarla como una sonrisa en las tinieblas se sigue yendo hacia adelante a pesar de todo.

En mi caso: trato de mejorar, de avanzar, de crear nuevas formas de comunicación: ser modelo sirve con el tiempo, mejor es serlo. Un modelo es una construcción libremente concebida de todas maneras un ideal de vida.

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¡Pero no se puede evitar el temer que las cosas puedan repetirse con nuestros hijos: que algo como lo que están haciendo les sea hecho!

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A todos nos gustaría estar más acompañados por nuestros hijos como adultos amigos y no como enemigos.

En esta vida lo que se olvida es el efecto de retorno. Lo que hacemos nos será hecho. Es una repetición pero también una verdad enorme.

***

Agradezco a Dios por las veinticuatro últimas horas de la vida de mi padre. Papá fue el primero de la familia a partir. Estuvimos solos y nos comprendíamos. ¿Cómo pudimos comprendernos así en esos momentos en los cuales yo no había todavía visto su profunda soledad? ¿Porqué fué posible? Porque él había cambiado y yo también. Estábamos presentes, juntos, el uno por el otro sabiendo que no había ni testigos ni enemigos en nuestro horizonte compartido.

Todo se pasó lo mejor para ambos. Él estaba en la Clínica en la terapia intensiva de su Ministerio de Comunicaciones y yo en plena noche quise pasarlo a mi terapia intensiva del Ministerio de Marina, donde yo trabajaba y con gentes de confianza, en el mismo edificio.

Verdaderamente veo que yo quería a mi papa para mi sola. Y me pregunto: ¿Es que mi padre me quería para él solo? Si, en nuestras soledades, que comprendo ahora, lo importante era estar el uno con el otro.

Agrego algo que considero importante. No deseo que las personas en torno mío puedan sentir esta profunda soledad que se tiene sentido en esos momentos de nuestra vida cuando vemos partir, sin poder evitarle, nuestros sereramados.

Una noche de un mes de noviembre ocurrió lo increíble. Un simple llamado telefónico para decirme que Guillermo, mi hijo mayor, había partido.

Recuerdo haber gritado un feroz "no" y algunos segundos después en la continuidad de mi dolor agregue "hay que enterrarlo". En ese momento metí mis pies en una caverna profunda y sombría solo acompañada por una falta definitiva. Yo no pregunté "¿porqué me has abandonado? No, yo tuve que dejarlo partir. Pasaron cuarenta y ocho días en las que mi soledad se volvió extraña. Le hablaba como si él estuviera conmigo, delante mío y el me escuchaba y respondía y sé que cuando fue Navidad después del 13 de noviembre cuando yo estaba en Hossegor era él que golpeaba a la ventana de mi cuarto diciendo: "Mama, abrime la puerta!"

Solo ahora yo puedo abrir la puerta, porque comprendo que no estoy más sola. Estamos juntos en una dimensión en la cual la soledad, que es un peso horrible, no tiene más ese indefinible poder de destrucción. Y es todo por el momento.

Hecho en Allevard el 17 de julio del 2019
y a la sombra consoladora de las montañas y los árboles.
Graciela, hija y madre.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



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Eduardo Baleani, maestro de grado, sociólogo



El murmullo se ha convertido en silencio.
Aprendimos a sentir la música de las voces que nos habitan.
El coro ha acompañado continuamente nuestra vida sin hacerse notar, hasta hace muy poco.
Hemos caminado acompañados y con gentíos.
Pero también rodeados de seres maravillosos vestidos con amor.
Hoy caminamos en esa soledad invitante, calma y conversadora.
Se ha hecho luminosa la mirada.
Hemos descubierto la virtud de lo acontecido.
Y agradecemos esta vida.
Acompañados de las otras vidas, releyendo los párrafos señalados con el marcador violacio de la transmutación.
Y sonreímos.
Esta soledad ya no es tal.
Es simplificación y orden.
Es confianza y ventura.
Esta soledad es la compañía de la propia vida.
Es la elección de la tranquilidad.
La pasión esta dirigida a reunir, convocar, descubrir, soñar, liberar y atesorar tantos días, años, semanas,
Sabemos que quedan días, años, semanas empapadas de bondad.
Ya el dolor por las pérdidas se ha apaciguado.
La bendición por lo que está y persiste es inmensa.
Nuestro cuerpo acompaña el despertar cada mañana y el dormir calmo de cada noche.
Nuestra mente ha descubierto nuevos recorridos.
Son los recorridos de una seguridad lograda basada en la propia historia, en las fortalezas adquiridas.
Y cuando las debilidades asoman, las tomamos de la mano y las bañamos con comprimidos de comprensión.
Esta soledad es la fiel amiga que ha estado siempre en nuestras vidas, pero ya no somos extranjeras en la tierra.
Hemos plantado, hemos sembrado y hemos recibido las flores que han crecido y que siguen multiplicándose día a día.
Sentimos que la soledad en verdad es una vibración permeable, dúctil, servicial y glamorosa.
Nos sentimos dueñas de la propia vida.
Tantos duendes, tantos ángeles así como demonios y verdugos.
Todos han acompañado nuestra sombra.
El espejo del rostro nos devuelve alguna arruga que no es tensión.
Los años han dejado marcas que en nada lastiman las expresiones del presente.
Hemos amado y amamos.
Hemos soñado y hoy festejamos la realidad.
Hemos caminado y nuestros pies siguen andando.
Nuestras manos están libres  y prestas a la caricia.
Nuestro corazón palpita.
Nuestra mente es vivaz.
Nuestra querida soledad es simplemente y acaudaladamente soledad.
Vida, plenitud y libertad.
Soledad…
Gracias por las voces que has recogido y hecho álbum sencillo…con las fotografías vivientes de estos años… con hojas en blanco por continuar.
Lic. Rut Cohen



Mi viaje en transporte público hacia Córdoba en Argentina se caracterizó, al menos en mis intenciones, de estar solo y tranquilo buscando un poco de paz mental. Y si fuera posible que la mente no actúe, mejor. Al menos esa fue la idea primordial del viaje. Tenía unos días de descanso y me pareció atractiva la idea de alejarme de las rutinas diarias para conocerme un poco más a mi mismo y a su vez experimentar esa exquisita tranquilidad cuando sucede que los pensamientos dejan de pedir "audiencia" a la conciencia en forma insistente y desubicada con insignificancias como si fuera lo mas importante para la supervivencia.

El tema es que empecé bien, en el autobús logré sentarme solo y no tuve necesidad de hablar con nadie, salvo algunas cuestiones de cortesía con algunos pasajeros que me dirigían la palabra.

Cuando llegué a destino en la famosa Capilla del Monte, curiosa por su avistaje de ovnis y otras luces, me encontré con una ciudad tranquila, en esa época del año, aunque un poco fría por la mañana, y poca gente por las calles, salvo algún contingente de turistas mayores, en sus tradicionales "viajes de jubilados". Me instalé en el lugar que había reservado, una casa humilde pero limpia, con varias camas, una heladera y un baño privado, suficientes para estar solo con todo lo necesario para estar tranquilo.

Ese día descansé pero al otro día temprano me dirigí al famoso cerro Uritorco en donde dicen que se producen las visiones de las luces de origen desconocido. La subida era ardua y llevaba su tiempo y hay controles de ingreso para que en caso de perderse en las montañas quedara algún registro de quien se extravío.

Para el mediodía ya estaba en la cima, muy emocionante fue llegar allí donde sí me encontré con otra gente que había pasado la noche allí, seguramente esperando ver algo raro en el cielo, o apareciendo entre o debajo de las sierras.

Lo cierto es que el día estaba hermoso y pude pasar una linda tarde de sol, también por suerte en soledad, admirando la naturaleza, y en paz con mis pensamientos. Consideré que había logrado lo que fui a buscar ya que mis rutinas habían quedado atrás, lo mismo que mis preocupaciones.

Creo que se me hizo un poco tarde para bajar pero la tarde estaba tan buena que no quería perder ni un minuto de sol.

Empecé el descenso descansado y lentamente admirando lo que veía, aclaro que no vi ninguna luz rara, pero si me llamo la atención lo que pasó después….

Como salí un poco tarde de la cima en lento descenso, se me fue oscureciendo la bajada, ya que el sol se pone de forma que no ilumina mucho sobre ese lado de la montaña, o bien puede ser que haya sido muy tarde y realmente se estaba haciendo de noche…

Trate de no preocuparme pero el camino formado entre las piedras y la escasa vegetación no estaba muy discernible y me empezó a preocupar perder la senda.

Lo que pasó fue algo que me asombró, no tanto tal vez por el espectáculo pero si por el estado en que me encontraba yo, una especie de amor por todo y una certeza de que todo estaba bien y en su lugar, y por la imagen de un hermoso pajarito que me guío en la bajada. Eso fue realmente una experiencia conmovedora, lo puedo asegurar, el ave iba de piedra en piedra y de rama en rama bajando conmigo por el sendero correcto. No se cuanto me acompaño, siempre delante, marcando el rumbo, pero fue lo suficiente para llegar a salvo y por el buen camino hasta la recepción de la entrada al cerro.

Era un pájaro chiquito, tal vez mas grande que un gorrión pero fue extraordinaria su compañía, e innegable que algo estaba haciendo por mi.

Parece extraordinario, pero realmente creo en esas cosas. Después de todo dice la leyenda que a Buda lo acompañaron en su meditación muchos seres de la naturaleza hasta que logró su iluminación.

No me parezco al Buda en nada pero desde entonces y hasta el día de hoy, tengo una conexión extraordinaria con los "animales". Donde quiera que vaya me rodean y "charlan" conmigo con mucho amor, como es patrimonio de todas las criaturas de la naturaleza. Pero eso es tema para otro artículo…

La moraleja es que me fui a buscar la soledad y volví muy bien acompañado y desde ese día dejé de buscar la soledad, porque llegué a la conclusión que en este mundo maravilloso no tiene sentido, y no es posible para el buen observador, estar solo.

Licenciado Alejandro Giosa



¿La soledad del cuerpo o la soledad del alma?

La del cuerpo que se desenvuelve a través de reacciones químicas que nos llevan a la búsqueda de aquello anhelado, para fundirnos con ello en un abrazo desesperado que da lugar a nuevas reacciones que se retroalimentan y generan más y más reacciones, hasta que estallan en un concierto de luces y respiraciones agitados (el alma que sale y entra al cuerpo), terminando en que las luces se apagan y llega el sueño y lo anhelado ya no lo es…

O la del alma, que es como el silencio entre dos notas musicales…

Alguien me dijo una vez que el alma es híbrida y se divide en dos sexos en esta dimensión. Y que nos pasamos las vidas, encarnación tras encarnación, buscando a esa parte que nos falta…

En ese caso, la soledad podría interpretarse como el tiempo que pasas sin esa otra mitad…

Sin embargo encuentro que el tema es mucho más complejo.

No podría refutar la soledad del cuerpo, porque el cuerpo arde cuando le falta el contacto y a veces se enferma y se entristece o se exalta y llega al éxtasis cuando consigue una forma de escape.

Pero en el caso del alma, hay más consideraciones. Y la primera de todas es saber si todos tienen una (o media, al menos)

Porque al ser intangible, es difícil saber si cada cuerpo porta una, sobre todo cuando parecen haber muchas cáscaras vacías deambulando por ahí.

Y en este caso, la soledad es estar rodeado de cáscaras y no dar con las almas diseminadas a propósito en lejanos lugares, de manera que los encuentros sean casi imposible.

Una trampa de la estructura 3 D para mantener su equilibrio, algo extraño y difícil de explicar si no consideramos que la existencia de esas almas tenga un alto valor.

O el humor de Dios, uno caprichoso y cruel, que juega con lo que no le pertenece.

Un estudioso de la Biblia, a quien respeto mucho, me dijo una vez que el hombre fue creado de barro y que Dios le sopló parte de su propia alma para animarlo (alma:ánima:animación), el «soplido» del alma es aire, viento (pneuma) e incorporamos esa porción de Dios cuando inspiramos y la devolvemos cuando exhalamos, para volver a inspirarla, hasta que el último suspiro la devuelve a su creador.

¿Pero qué pasa con las almas increadas, esas que han llegado a través de un vientre materno, pero que no son parte de Dios?

Porque saber esto último es la única explicación que encuentro a las tremendas diferencias entre estos dos grupos de humanos que, socialmente, llamamos concientes y menos concientes, o evolucionados e ignorantes, sin que nada de esto tenga que ver con su raza, el lugar donde nacieron o su posición económica.

Entonces la soledad de aquellos que portan almas de Dios, será la del hambre de sus cuerpos físicos, en tanto que la de las almas increadas (derivadas y conectadas en realidad a un espíritu increado similar al de los elohim) es la verdadera soledad del alma separada del conjunto orgánico que es en realidad el Universo.

Guaynabo, Puerto Rico, junio del 2019
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



Es difícil desmontar la creencia de que la soledad o sentirse solo es algo dramático. Los seres humanos somos sociales por naturaleza, nos gusta sentirnos acompañados y sentir que le importamos a alguien.

Desde los tiempos de las cavernas aprendimos que todo era más fácil siendo aceptados en un grupo social, colaborando y enfrentando a las amenazas todos juntos, ya que estando solos teníamos muchas posibilidades de no sobrevivir.

Yo creo que sentimos ese miedo a estar solos porque llevamos esta carga informativa a nuestras espaldas desde hace millones de años, aunque aquellos peligros reales ya no estén presentes. Además, la sociedad, la educación y la cultura han contribuido a reforzar ciertas creencias irracionales sobre la soledad. Es decir, el problema no es la soledad en sí, el problema es lo que tú te dices acerca de ella, cómo la conectas, cómo la interpretas y qué significado le das.

Hoy en día vivimos en lugares colmados de personas y estamos increíblemente conectados entre nosotros gracias a las redes sociales. Puede ser que quizá esto no te baste, y te sientas solo por el hecho de estar soltero o vivir completamente solo, pero me reitero que el problema no es ese, si no tu manera de verlo, el diálogo que estás manteniendo contigo mismo sobre ello.

Indudablemente, si yo me digo varias veces al día, que estar solo es algo terrible, que nadie me quiere o que moriré solo, mis emociones serán muy intensas y me pondré fatal por culpa de ideas y pensamientos que ni siquiera se corresponden con la realidad.

Las personas que temen tanto a la soledad, sienten además, que no son capaces de valerse por sí mismas en el mundo. Necesitan a alguien a su lado para poder vivir felices y esto también es algo falso, ya que la realidad nos demuestra que nadie necesita a nadie para nada.

Es esa falta de seguridad y confianza en uno mismo lo que les hace estar angustiados. En multitud de ocasiones, algunas personas se quedan años y años al lado de otra que les hace más mal que bien, simplemente por ese miedo intenso a quedarse solos. Prefieren pasarlo mal a dar el paso a encontrarse con ellos mismos.

Pero esto es un grave error, pues aprender a estar solo es sumamente necesario para poder crecer y madurar psicológicamente.

Saber estar solos es darse cuenta de que en realidad, tu mejor compañía eres tú mismo y que gracias a ello, conectas con tu ser, confías en tus posibilidades y notas que eres capaz de andar por la vida solo.

Tenemos que aclarar algo importante para poder cambiar esa actitud negativa y transfórmala por algo positivo, Si te estás diciendo que la soledad es algo terrible, que es peligroso estar solo y que por ti mismo no puedes valerte en la vida, tienes un problema. Debes cambiar esas ideas irracionales por otras más racionales, más realistas.

Atrévete a debatir contigo mismo, busca pruebas a favor y en contra de esos pensamientos, analiza esos miedos y comprueba si tienes recursos o no para enfrentarlos y si realmente son tan malos. Este análisis te sorprenderá y verás que ese miedo no tiene ningún fundamento.

Oblígate a pasar tiempo solo. Para poder cambiar, no solo debemos actuar a nivel mental o cognitivo, sino también a nivel conductual.

Programa fines de semana enteros solo, con tu propia compañía y si quieres, algún libro o película pero sin redes sociales. Ve al cine, a la playa, a la montaña, solo. Haz algún viaje sin ninguna compañía. Cuando entrenes esto el suficiente tiempo, verás que has sobrevivido, que esos temores no eran reales y que te has encontrado con tu yo y ahora te conoces mejor.

Gestiona tu tiempo para también rodearte de gente. La soledad no es buena si la transformamos en un modo de vida continuo. Ábrete al mundo y conoce a gente libre de prejuicios.

Muchas veces estamos solos porque también nos los buscamos. Le ponemos un «pero» a toda persona que se cruza en nuestra vida y esto es porque no entendemos que las personas no son perfectas y no hay un ser que cien por cien vaya a complementarnos o satisfacernos.

Por lo tanto, otro paso es darte cuenta de que hay millones de personas ahí fuera deseando conocerte y tú conocerlos a ellos, pero has de abrirte.

Saber estar solo es fundamental para conocernos y relacionarnos con los demás, no lo olvides. La buena compañía con nosotros mismos es el soporte de nuestro bienestar. Entonces empezá a disfrutar de la soledad que es una gran compañía.

Prof. Carla Manrique



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