En los últimos tiempos es un postulado que no se discute el tema de la autoestima. Nadie va a cuestionar que quererse a sí mismo es algo positivo y que solo puede ser para bien propio.

Muchas corrientes en psicología adoptaron el término y la filosofía de "recetar" la autoestima sin ningún temor a tener efectos "colaterales".

La psicología de "barrio", el consejo entre amigos e incluso la propuesta a nivel medios de comunicación también resaltan las virtudes de amarse a sí mismo.

Es casi innumerable la cantidad de autores que escriben sobre el tema, algunos nombrándolo solamente y otros levantando sus banderas, y no son pocos los que hablan y explican exclusivamente el tema libro tras libro acumulando datos, anécdotas y dinero.

Ámate a ti mismo y serás feliz, te curarás, te llenarás de dinero, etc. Eso se escucha por muchos lugares. Todo tipo de amor a sí mismo parece válido.

Creo que está muy bien amar, incondicionalmente a todo y a todos, incluida la propia persona, el propio cuerpo, pero no me termina de convencer lo que implica ese "sí mismo" como objeto de amor.

No me queda claro tampoco de cuántos "si mismos" estamos hechos. Lo que sí parece es que nuestro cuerpo es siempre el mismo y que es bueno y recomendable amarlo y cuidarlo, pero en lo que respecta a nuestra psicología, tan cambiante y descarriada, que hoy quiere una cosa, mañana otra, que hoy ama a alguien, y mañana odia, que se fastidia o tiene arrebatos de alegría, etc. Realmente no estoy seguro de la conveniencia de amar a todas esas facetas del "sí mismo".

Sí amaría a esa parte de mí que ama. A esa parte que ama incondicionalmente es decir que no le interesa tener rédito ni ganar el amor de nadie, ni ser reconocido por sus acciones humanitarias.

Pero de lo que estoy seguro es que no querría amar a esa otra faceta que odia, que querría desterrar de la faz de la tierra a algunos que no gozan de mi simpatía, ni tampoco querría amar a esa otra parte de mí que es temerosa, e insegura de procurarme una vida mejor, y así siguiendo, en definitiva creo que serían muy pocos los aspectos que amaría de mí mismo y muchos serían los aspectos que me gustaría dejar de lado y eliminar de mi vida.

El riesgo entonces de amarse a sí mismo está en el hecho de que si nos amamos en las crueldades vamos a ser más crueles, si nos amamos en la ira vamos a ser más iracundos, si nos amamos en la gula vamos a terminar rodando por el suelo como una pelota, y si nos gusta ser lujuriosos vamos a terminar enfermos y mal.

En definitiva, si nos amamos en lo tenebroso y maléfico que llevamos dentro terminamos causando daño a los que nos rodean y a nosotros mismos, es decir no amando lo que nos rodea a costa de amarnos a nosotros. Nos convertiríamos en unos engrupidos, orgullosos y egoístas.

No amaríamos al prójimo como a nosotros mismos.

Mas interesante me parece la última frase, que evidentemente copié de la religión.

Lo cierto es que esa máxima, pone límites más precisos de cómo amar y a quién amar. Es un precepto que se autocontrola y nos permite vivir en armonía con el otro, por lo menos, sea este la familia o la sociedad. Por lo menos no nos hace encerrarnos más de lo que ya estamos.

Entonces solo me quedo con un solo aspecto de todo esto. Opto por amar de mí solo esa parte que sabe amar, y ver lo bueno que tienen mis semejantes. Ese aspecto de mí que le gusta el arte (que está ligado directamente con la parte de uno que ama), que se emociona con la belleza, tanto natural como cultural, que se apasiona y puede llegar a estar alegre.

A veces pienso que lo que vulgarmente llamamos emociones positivas son una guía que tiene el ser humano para poder vislumbrar entre las tinieblas en que vivimos algo de luz que guíen nuestros pasos. Probaría de guiarme por ello para determinar qué debo amar. Y por lo pronto, con cautela, tratar de discriminar entre toda la maraña de información que se nos presenta, no solo usando la lógica del intelecto, sino también la lógica de la emoción, o inteligencia emocional, y ver que hay detrás de ese paradojal "concepto". Sería bueno que vayamos ya preguntándonos por eso.

Licenciado Alejandro Giosa



Es curioso que algunos de nosotros, que acostumbramos a leer mucho, no percibamos en su total envergadura, el poder que tiene todo el material escrito que llega a nuestras vidas. Todo lo que a través de ellos, podemos producir y podemos cambiar.

Pasa como un hecho "normal" el que una lectura nos motive a hacer cosas, cambiar de opiniones respecto a algunos temas, o simplemente nos capacite a realizar tareas que antes no estabamos preparados para hacer.

También hay muchos textos que no nos aportan nada nuevo, y otros que al contrario pueden generarnos incertidumbre, miedos nuevos, complejos, traumas y otras cosas no queridas.

Parece ser que la lectura puede considerarse, al igual que las vivencias, tan reales y concretas como el mismo accionar en el mundo. Y a veces mucho mas todavía.

Lo que sin la escritura podría llevar años o toda una vida de investigaciones, aprendizajes, y vivencias, con la lectura puede realizarse en solo pocos minutos, pudiendo abarcar mucha información recopilada a través de años de trabajo, tradición o investigación.

Si nos pusiéramos a pensar en el costo "horas-hombre" de la producción de ese conocimiento que logramos en el momento de hojear un texto podríamos considerarnos "ricos" de saber.

Y lo mejor es que las áreas que puede abarcar la información escrita, o bien gráfica es prácticamente infinita. No hay conocimiento en la faz de la tierra que no pueda de alguna forma palmarse en un texto (como escritos, dibujos y formas del arte).

Cabe aclarar que siempre hablamos de saber en el sentido de conocimiento y que este dista bastante de la experiencia directa, que podría llamarse "sabiduría". Pero lo importante es que es muy probable que para llegar a tener esa sabiduría, antes tengamos que contar con una guía, con un conocimiento que nos haga por lo menos sospechar que esa sabiduría es posible. Para ello un simple ejemplo puede ilustrarnos: si se nos ocurre conocer un lugar como ser India es porque antes tenemos la "sospecha" de que un lugar llamado así existe y es posible de ser visitado. A su vez hay lugares de los que jamás oiremos en la vida, y ese desconocimiento es crucial como para que el "saber" que nos daría estar allí, sea totalmente inaccesible a nosotros. Este tema de la transmisión del conocimiento como guía es algo que en lo personal me interesa mucho.

Las cosas del mundo físico, son relativamente fáciles de comprobar, más aun en un mundo como el actual en que las comunicaciones en forma de escritos, imágenes y sonidos son accesibles para todo el mundo a costos ínfimos. ¿Quien nunca vio aunque sea en fotos la Estatua de la Libertad, o la foto de un esquimal? O bien un dibujo o un diagrama de aquello que nunca vio personalmente.

Todo ese es un contenido en el que no hace falta de fe para creerlo. Nadie dudaría de una foto o de una película mostrando un cierto lugar. Es más, hasta algunos toman por cierto paisajes ficticios mostrados en las películas de cine, o bien consideran de que podría haber un lugar así en algún lado. ¿Porqué no?

Todo cambia cuando el tema tratado se refiere a cosas que no se pueden ver, que no se pueden oler, tocar ni oír.

Los que creemos que una vida del espíritu es un hecho nos vemos en la necesidad de creer a través de la fe. Y todo se complica más cuando no hay una sola versión de lo que puede ser creído, sino que hay muchas y a veces contradictorias.

Ahí es donde la literatura juega un papel no menos importante para nosotros como humanos.

Al transmitirnos posibles formas y modos de vida espiritual, nos están sirviendo de guía, muy difusa en algunos casos o en casi todos, pero en guía al fin. Se suele hablar mucho de "iluminar las tinieblas" cuando se refieren a marcarnos el camino de la vida trascendental, si es que realmente existe.

Hago hincapié en el tema de lo espiritual, porque la riqueza con la que cuenta el mundo físico para ser transmitida como información de sus cosas y lo que se puede hacer con ellas, es inconmensurable comparada con la información que contamos para dilucidar qué nos espera como seres mortales. No tenemos videos ni cintas de audio, ni fotos, ni diagramas que sean confiables sobre lo que ocurre en esa esfera del saber que está antes, (durante) y después de la muerte. Pongo "durante" entre paréntesis porque algunos piensan que la vida es solo vida, como fin en sí mismo sin espíritu de ninguna especie.

Al no haber guías concretas, al decaer la fe en las religiones tradicionales por parte de los que habían sido fieles en otros tiempos u otras generaciones, nos encontramos en una situación en la que algunos buscamos alguna respuesta dentro de la literatura disponible, que coincidan con nuestras personales apetencias.

Creo que jamás tuvo el ser humano tantas posibilidades de elección en cuánto a qué creer como ahora.

Eso no significa a mi modo de entender que haya muchas "realidades" posibles. Aunque podamos dudar de que la realidad sea real, me da por sospechar que lo que hacemos los humanos en el mundo, podría obedecer a no demasiados leyes, y que éstas están en cierta concordancia y armonía.

Si me baso en que el ser humano todavía no logró dar vida a un montoncito de rejunte inorgánico, es decir sin "colocar" ningún elemento genético o que haya pertenecido a algún ser vivo (y no creo que lo logre), y en base a esto y otras cosas, como la capacidad de amar o de dar desinteresadamente, de disfrutar de hacer el bien, etc. que producen una satisfacción inexplicable y reconfortante, me hacen pensar que hay alguna esencia dentro nuestro que se regocija con ciertas actividades humanas y ciertas acciones concretas.

Es curioso que aunque muchas acciones que en religión son consideradas como "buenas acciones" y que la cultura ya no potencia como tales, en este mundo materializado, sigan produciendo buenos registros internos a los que las ejecutan, aunque no sepan que son "buenas acciones".

Esto y toda una cantidad de hechos parecidos, me hacen entrar en una búsqueda ciega hacia lo que es mejor hacer para tener una vida más plena, no solo en lo material.

La función de la literatura sobre las posibles creencias y las consecuentes acciones a producir para estar acorde con ellas, es muy valiosa, aunque también muy peligrosa.

Tener creencias equivocadas puede hacernos errar en la acción y en el camino.

Si es que tenemos una parte que trasciende lo mundano, deberíamos tener fe en ella. Que esa parte nos guíe hacia lo más profundo de nuestro ser. Que nos permita tomar decisiones y hacer correctas acciones. Que nos guíe en la elección de nuestras creencias, de entre tantas que hoy hay. De nada vale ser fanático de nada. Lo mejor es desarrollar la fe en eso que tenemos de espíritu, si se cree en ello, y que ese espíritu nos conduzca a tener una vida más plena y armónica.

La literatura es muy importante. La capacidad de elección de ésta es más importante aún, y depende de "impalpables" dentro nuestro, de volición, de sentimiento, de intuición o como quiera llamárselo. Lo casi seguro es que no es una elección que pueda hacer un procesador lógico, tampoco se ha logrado mucho en el campo de las decisiones ambiguas por parte de esos procesadores. No queda otra por ahora, más que tratar de buscar dentro de nuestros recursos, alguna capacidad para la elección, que nos permita, con certeza desde hacer un viaje de turismo, hasta elegir qué cosas y a quién podamos creer.

No es tarea fácil ordenar el atolladero de ideas que circulan por el mundo, pero bien el hombre ha logrado sobrevivir a problemas más complicados para su supervivencia, sin necesidad de usar directamente o a veces sin siquiera usar su intelecto. La evolución de sus funciones es una prueba de ello. Confiemos en esas cosas de la que todavía no tenemos pruebas, en esas "virtudes" que nos llevaron a lo que hoy es el hombre con todo lo bueno y todo lo malo. Nos dicen que somos capaces de mejorar en un noventa por ciento nuestra capacidad de conciencia. Ahí tenemos una buena guía para empezar, aún hasta para los escépticos en el plano espiritual. Dicen que un genio como Einstein tenía apenas unos pocos puntos más de porcentaje de desarrollo cerebral que el común de los mortales. Confiemos (si somos estrictamente materialistas) en que podemos desarrollar ese mayor grado de conciencia, o bien tal vez desarrollar un mayor porcentaje de "conciencia espiritual". Esa es nuestra guía más simple y tal vez la que menos posibilidad nos da para equivocarnos. Tal vez hasta sea el único apoyo para elegir nuestro modo de vida a partir de todo lo que nos ofrece el vasto mundo de las ideas escritas.

Licenciado Alejandro Giosa



métodos menos invasivos
(Fuente: Serono Argentina SA)

Gracias a los avances en el conocimiento de las causas de la infertilidad y al perfeccionamiento de los tratamientos, el porcentaje de embarazos obtenidos con ayuda médica asciende hoy al 30% por cada ciclo de tratamiento y, acumulativamente (varios intentos), más del 80% de las mujeres tratadas puede concebir un hijo. Por otra parte, el desarrollo reciente de hormonas obtenidas por procedimientos biotecnológicos aumentó en un 20% el índice de embarazos en las mujeres que utilizan estos medicamentos como vehículo para lograr la concepción. Considerada por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad, la infertilidad afecta aproximadamente al 8-10% de las parejas. A escala mundial, podría afirmarse que entre 50 y 80 millones de personas sufren este problema. En la actualidad, los medicamentos y las tecnologías de reproducción asistida pueden revertir estos parámetros, con resultados muchas veces comparables a la fecundación normal, que asciende al 20-25% por cada ciclo menstrual. Entre los factores que influyen en el mayor o menor éxito de los tratamientos se cuentan la edad de la mujer, cuya fertilidad decrece naturalmente después de los 40 años, la historia de infertilidad en la pareja y los problemas en probabilidades de concepción son menores cuando su pareja presenta dificultades. En ambos casos, y, a pesar de que existen factores psicológicos o emocionales que pueden impedir la concepción, la mayoría de las causas son de índole física u orgánica.

Los desórdenes ovulatorios, las anormalidades anatómicas a nivel de las trompas de Falopio, malformaciones uterinas, miomas (tumores benignos del útero) y algunas patologías como la endometrosis (presencia de tejido endometrial fuera de la cavidad del útero) son los factores más frecuentes de infertilidad en el sexo femenino; en los hombres, los desórdenes en la producción de esperma (que afectan su cantidad y calidad), los problemas testiculares y la esterilidad sin causa aparente (ESCA) son algunas de las causas más comunes.

Mejores tratamientos

Los especialistas destacan que el éxito en lograr el embarazo depende en gran medida de una consulta temprana para obtener información y disipar dudas: en términos generales, la mayoría de las parejas que transitan una primera etapa de tratamiento (la menos invasiva) logra llegar al embarazo. A partir de un buen diagnóstico, el abordaje terapéutico puede ser medicamentoso, quirúrgico o empleando métodos de reproducción asistida.

La estimulación de la ovulación con hormonas dde última generación es el tratamiento indicado, generalmente, en parejas jóvenes con pocos años de infertilidad o con disfunciones ovulatorias. En los casos de obstrucciones en órganos masculinos o femeninos, o cuando se deben extraer miomas o de adherencias de las paredes del útero, suelen efectuarse cirugías, que permiten obtener resultados satisfactorios y lograr que el paciente recupere la fertilidad natural. Cuando los tratamientos de menor complejidad no tienen éxito, exiten procedimientos para incrementar la posibilidad de embarazo mediante métodos de aproximación artificial de espermatozoides y óvulos por inseminación artificial o de empleo de técnicas de alta complejidad, como la fertilización in-vitro y la Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides (ICSI).

La falta de información

Un estudio masivo -el primero en su tipo- realizado recientemente en una población de 8194 adultos de seis países europeos, Australia y Estados Unidos para conocer las percepciones de la población acerca de la infertilidad indicó que "en contraste con la opinión médica, sólo el 38% de las personas encuestadas considera a la infertilidad como una enfermedad".

La investigación publicada en Human Reproduction y titulada Percepción pública sobre infertilidad y su tratamiento, reveló que "el conocimiento sobre la definición y la incidencia de la fertilidad entre los encuestados es relativamente bajo y que "cerca del 90% de los adultos está enterado -por ejemplo- de la existencia del método de fecundación in-vitro, pero menos del 25% de ellos está informado sobre el éxito de esta técnica de asistencia reproductiva".

Health I. G. News



Enviar a un(a) amigo(a)
    enviar a un(a) amigo(a)    
   Imprimer/Imprimir
    imprimir    
   Vuestra opinión sobre estos artículos
    vuestra opinión sobre estos artículos