El proceso de crecer como todo proceso de cambio es casi siempre trabajoso. No es fácil crecer. En todo sentido, el crecimiento es traumático.

A veces tenemos la opción de decidir no crecer, pero la mayor parte de las veces el crecimiento es un camino indefectible, por donde, tarde o temprano, uno no se puede desviar.

Uno, cuando es niño no puede no crecer físicamente, ni detener el efecto del tiempo en el cuerpo. Tampoco podemos salir de ciertas encrucijadas que nos pone la vida. No hace falta nombrarlas, pero un accidente, una muerte, un contratiempo laboral, o familiar, etc., nos obliga a decidir o elegir caminos que no teníamos previsto y que hubiéramos preferido no tener que tomar.

En esos momentos es cuando, de acuerdo a la idiosincrasia de cada uno, podemos elegir entre el camino del crecimiento o de la pasividad. Mucha gente elige la pasividad y parecería ser una forma menos sufriente de afrontar los hechos, porque estamos acostumbrados a que el crecimiento sea doloroso y trabajoso.

Hay un texto que me gustaría compartir con ustedes, desconozco su autor:

Existen dos clases de personas:
Las que pasan la vida soñando; y las que dan vida a sus sueños…
Las que sueñan con logros; y las que logran sus sueños…
Las que siguen las huellas; y las que las dejaron…
Las que ven para poder creer; y las que creen antes de ver…
Las que te pisan al subir; y las que suben a ayudar…
Las que te dan confianza; y las que te la quitan…
Las que dan sin pedir a cambio; y las que te piden el cambio…
Las que se asoman por la ventana; y las que se salen por ella…
Las que nacen, se reproducen y mueren; y las que nacen, producen y nunca mueren…

Queda destacado aquí qué tipo de crecimiento se puede elegir: quién es el pasivo y quién el activo. Está el que está dispuesto a crecer a pesar de todo y quién quiere permanecer, con el ánimo de no sufrir (y seguramente termina sufriendo más que el que se arriesga).

El camino del crecimiento puede ser más trabajoso, pero transitarlo y vivenciar sus efectos, es más divertido y reconfortante que el supuestamente cómodo "permanecer". La pasividad generalmente se da por el miedo que genera el cambio. Y ya sabemos que lo único permanente es el cambio.

Todo cambio, todo crecimiento es un riesgo que puede servir para mejorar o a veces para empeorar la situación. Por eso es aparentemente más fácil no arriesgarse.

En la vida pienso que no es posible escapar al crecimiento. Es parte de la vida, puede eludirse por un tiempo, pero siempre llega la situación en que ya no podemos elegir y nos vemos obligados a crecer, algunas veces conciente de lo que hacemos y otras forzados a vivir sus consecuencias. Muchos optan por el camino de la "no elección" por la que otros factores o personas van a elegir por ellos (por ejemplo que lo lleven al geriátrico…).

En todo momento podemos elegir ser dueños de nuestras vidas y tomar decisiones más o menos arriesgadas, de acuerdo a nuestros deseos. Lo importante es saber que si no nos hacemos responsables ahora, más adelante vamos a repetir la historia, con menos posibilidad de evitar la situación y con más obligación de hacerlo. En última instancia, si no nos hacemos responsables, siempre otros elegirán por nosotros. Entonces: ¿no es mejor tomar las riendas de nuestro crecimiento mientras tenemos una amplia cantidad de opciones, seamos jóvenes, con energía y ganas, que dejar pasar las oportunidades hasta que solo quede la resignación?

Licenciado Alejandro Giosa



Antes de desarrollar el tema Crecer voy a escribir un pequeño cuento.

Esta es una historia de una personita que desde niña fue educada para ser alguien en la vida, que siempre era corregida para no cometer errores. Fue al jardín de infantes, hizo su escuela primaria su secundaria, como todos los chicos de su edad, como ellos también se dio cuenta que un día ya no era mas aquella niña, sino una mujercita que ya debía decidir sobre su futuro, aquella palabra que siempre le atemorizó porque nunca había tenido que luchar por sus cosas.

Cuando se veía en la dificultad de tener que elegir cual iba a ser su vida, ella solo cerraba los ojos y pedía ser niña otra vez. El mundo de los adultos ella temía, el cambio que le obligaban a realizar la confundía, sentía que no tenía la edad justa para tomar decisiones profundas.

Pero finalmente por una u otra cosa creció, pero no por su elección, sino por los demás, eligió su carrera, la termino pero se dio cuenta que no era lo que a ella le gustaba, formo familia, no le fue tan mal, encontró un gran hombre pero ella hoy con 27 años se sigue sintiendo una niña, quiere ser esa niña que fue hace mucho tiempo atrás.

¿Pero a que le llamamos crecer? Seguramente ustedes dirán que es un cambio de etapa, es madurar, hacerse responsables independientemente de sus vidas etc.

Puedo estar de acuerdo con todo eso pero ¿se puede crecer y a la vez ser un niño? Suelo pregúntamelo con frecuencia, y yo pienso que sí porque uno puede ser responsable de todas las obligaciones que uno tiene en la vida y a la vez disfrutar como un niño jugando, bailando, riendo de los diferentes momentos que nos brinda la vida.

La mayoría de las personas no están de acuerdo con eso, les voy a citar un ejemplo personal:

Cuando ingresé a la secundaría tenía 13 años, una niña en camino a la adolescencia.

Yo hasta esa edad jugaba con mis muñecas, me gustaba juntarme con mis amigos y jugar a la escondida, a saltar… miraba dibujitos animados. Mis amigas del colegio tuvieron un cambio de golpe, ya pensaban en ir a bailar, tener novios, se hacían las adultas, por ejemplo fumaban, tomaban y yo quede a un costado porque no me gustaba como pensaban, como actuaban y sobre todo como hablaban. Me costo mucho tener amigas, hasta el día de hoy. Yo tengo una forma de pensar y vivir muy diferente en relación con las personas de mi edad, las veo a ellas encerradas en un lugar oscuro que salen de ahí para vivir sus obligaciones y vuelven de vuelta a esa caverna, donde no existe espíritu de un niño porque fue enterado por ellos mismos.

Pero no hay que confundirse, uno puede tener el espíritu alegre de un niño, pero esto no implica ser un inmaduro e irresponsable con su vida y no aceptar la edad que uno tiene. Yo puedo tener hoy 60 años y ser una persona alegre con ganas de vivir, con pensamientos abiertos, realizar cosas que me gustan sin limitaciones, no importando hacer el ridículo. Peor seria que teniendo esa edad, ser deprimida, amargada y tener una vida sin felicidad, porque no se da la oportunidad de hacer lo que le gusta. La justificación que tienen es: eso no a mi edad, soy una señora. Por ejemplo si usted quiere ir a la plaza y quiere disfrutar de algún juego es probable que se lo prohíba, porque es una persona adulta. Pero pasándola bien no va dejar de ser adulta.

Hoy recordando mi ingreso a la secundaría no veo tan mal mi actitud de querer ser una niña en vez de querer ser grande cuando para eso faltaba tiempo.

En la sociedad que estamos los niños por diferentes circunstancias crecen rápidamente, en muchos de los casos no es por decisión propia sino por la cultura de estos tiempos en que vivimos.

Pero no suena mal que un niño tenga un crecimiento apresurado siempre y cuando sea cuidado y protegido por su entorno familiar y les enseñen a ser responsables con su escuela, su salud y sobre todo sean personas respetuosas.

Como era hace unos años atrás los muchachos jóvenes además de estudiar trabajaban para ayudar a su familia, pero eran muy responsables, educados y tenían tiempo para ir a jugar.

¡Pero no señores! hoy eso no es así, sino el mundo no estaría como está, con chicos en la calle consumiendo drogas, robando y matando, con violencia en las escuelas, chicas embarazadas a temprana edad o violadas,problemas tremendos en aprendizaje, etc. A eso le llaman "crecer" los jóvenes de hoy le llaman "ser adultos" a arruinarse la vida. Pero la culpa no la tienen ellos sino nosotros, la sociedad, que le brindamos a través de la tele y ahora por Internet, publicidades, programas, informaciones de alto contenido adulto para la edad que ellos tienen.

Me parece que tenemos que reflexionar bien sobre este tema, estamos viviendo muy acelerados saltando etapas de la vida, empecemos a proteger a nuestros pequeños que son el futuro. Enseñémosles lo maravilloso que es ser un niño, para eso recuperemos ese niño que fuimos y que muy dentro nuestro está. Y verán que si vivimos sin limitaciones nuestros días serán como una mañana soleada, como una noche llena de estrellas, iluminada por una bella luna, sentiremos nuestros corazones latir de amor, tendremos pensamientos positivos porque ya no tendremos que renegar de nuestra vida, seguramente que estaremos mejor de salud.

Dejémonos soltar y empecemos a jugar.

Prof. Carla Manrique



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