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A pesar que las llamadas enfermedades de la civilización suelen referir a la obesidad, la diabetes, la hipertensión,
las cardiopatías, y otros, me gustaría contraponer el aspecto psicológico, que si bien no creo sean las causantes de
esas enfermedades, me parece que influyen, ya que cuerpo y mente están interrelacionados.
La razón y el ego, son enfermedades sociales que a mi entender, causan más estragos que las del cuerpo. Del mismo modo que los griegos del siglo cinco antes de cristo, desarrollaron el razonamiento dialéctico, como un arma de refutación y aniquilación de los contrincantes, sin importar la verdad o las consecuencias derivadas de ese razonamiento, la sociedades que le siguieron en toda la humanidad, se aferraron a esos métodos, del cual deriva la política y a partir de ella los gobiernos de todas las naciones, viciados de un razonamiento inescrupuloso, mentiroso y corrupto, en el cual se esconden intenciones ocultas de poder y dominación. Interpretando a Sócrates podría decirse que el Ego es la consecuencia de un mal "cálculo" de las efectos de las acciones de los hombres, ya que un hombre no puede actuar mal si conoce la verdad, y si no lo hace es por ignorancia de esa verdad. La verdad también puede ser interpretada como "sabiduría" ya que si la ignorancia lleva a actuar mal, la verdad, que sería la ausencia de ignorancia (ya que si hay verdad es porque no hay cosa que pueda contradecirla), significaría también conciencia más amplia, más conocimiento, y estar consciente de todas las posibilidades. Y la razón y el ego están relacionados, porque si consideramos al ego como "la conveniencia personal sobre las cosas" y a la razón como un "procedimiento mental que puede manipularse de acuerdo a las apetencias de quién lo desarrolla" podría surgir como conclusión que nuestra sociedad está edificada sobre bases aparentemente "razonables y democráticas" cuando en realidad es muy "absurda y despótica". El ego hace funcionar a la razón de una forma que no es la mejor para una sociedad equitativa. Una razón sin "ego" sería una "razón ecológica" en la que se respetaría el bienestar del planeta y de los otros seres humanos como también el propio. Las "antiguas" culturas orientales, indígenas de todos los continentes y africanas, tenían una "razón ecológica" para oponerla a la razón egoísta que domina esta época. Qué libertad poco ética tienen aquellos que afirman que "no hay libertad sino hay propiedad" (base del sistema capitalista). Poco ética porque es egoísta. ¡Cuanto mejor es compartir que negar! Lo privado niega la generosidad. El problema de los intentos anti capitalistas están en que para que resulte la sociedad "equitativa", la generosidad debe estar en cada uno de sus miembros, como ética inquebrantable, por justa y sabia, y elevada a su máxima expresión como suprema ley social (imperativo categórico de Kant) y eso hasta ahora no se ha logrado en las intentonas por una sociedad más justa. Se necesita una "cultura de la vida" para ser verdaderamente democráticos. El capitalismo es un modo de producción depredador de la naturaleza humana y del mundo. La democracia actual por ejemplo, aparece a los ojos de Nietzsche como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que las formas de gobierno que la antecedieron. La verdad considerada como la posición más "globalizante y considerada posible" (para que no deje de ser verdad) nos lleva a tomar las mejores decisiones, porque en cuanto un acto beneficia a todos, genera bienestar y el deseo de repetirlo, y las acciones que benefician a unos y perjudican a otros siempre llevan un resentimiento intrínseco que tarde o temprano desembocan en una revancha y un nuevo malestar, signado por la violencia. Recuerdo una anécdota que me parece interesante: estaba esperando un transporte público de pasajeros cuando un automóvil se descompuso frente a mí, dejando por detrás una larga fila de vehículos. A unos cincuenta metros estaba atascado el trasporte que estaba esperando yo y otras personas. Entonces le pregunto a otro integrante de la fila, qué le parece si empujamos al auto, así se liberaba la fila de autos que obstruían a nuestro transporte. Para mi asombro me dijo que no, que no tenía porque ayudar a nadie. Eso es lo que hacemos en esta sociedad egoísta, pensamos solo en nosotros mientras que si "vemos" la realidad con una mirada más "globalizante" nos daríamos cuenta que al ayudar nos ayudamos. Ayudar a empujar el auto significaba permitir la llegada de nuestro transporte. Kant afirmó: «Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal» La máxima kantiana combinada con la afirmación socrática acerca de que el que actúa mal lo hace por ignorancia y teniendo en cuenta que los hombres buscan la felicidad (Aristóteles), me lleva a pensar que si en todo momento los actores sociales convierten en "ley universal" los resultados del "razonar ecológico", tendientes a lograr la felicidad propia y por consiguiente (para ser ecológica) la de los demás, estaríamos creando una sociedad verdaderamente justa, ética, y estable, con normas brotadas de la sabiduría y el razonamiento y no impuestas por religión, dogma, ni gobierno alguno. Espero que las corrientes ecológicas nos inspiren para lograr de la razón, la mejor virtud del ser humano y no su peor defecto, nos ayude a crecer como sociedad y como personas, y que permitan lograr de este mundo el paraíso que podría llegar a ser si así se lo permitimos. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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En nuestra cultura existen infinidad de puntos de vista que confrontan los avances de la civilización con
sus inconveniencias, tomando en cuenta, a veces, parámetros del mundo antiguo y de la modernidad.
Lo que vamos a intentar probar en este pequeño trabajo es hasta qué punto hemos evolucionado realmente y si lo que llamamos "avance social" es uno que corre parejo con el crecimiento individual o se trata de otra fantasía cultural. Al contrario de lo que han tratado de enseñarnos desde diferentes discursos, el punto de partida de este estudio es el individuo. No el estado. No la iglesia. Sino el Hombre. Las instituciones han crecido, han aumentado su poder de manera inconmensurable. El imperio Romano, aún en su época de mayor esplendor, no podría compararse con el poderío de la Nación Americana del Norte; así como la vieja iglesia no podría, tampoco, alcanzar a las instituciones religiosas principales de la actualidad. Sin embargo, en este entorno, el poder individual del ciudadano parece haber disminuido, hasta casi desaparecer, fagocitado por el "institucionalismo", del que sólo participa, parcialmente, y en los mejores casos, "votando" por representantes pre-establecidos por los intereses económicos del momento. ¿Gobiernan estas instituciones, realmente, a favor del hombre? ¿Es cierta la teoría de que cuidan de nosotros en cuerpo y alma? Vamos a comparar dos períodos extremos de la evolución humana, utilizando la información de que disponemos a
la luz de los últimos descubrimientos:
El profesor August Corominas hizo un estudio sobre alimentación y enfermedades que arroja los siguientes resultados:
Las enfermedades típicas del período neolítico son las llamadas paleopatologías traumáticas, en tanto que las de la era actual son las denominadas enfermedades de la civilización. En este proceso hay una interacción entre los genes humanos y la dieta. Los primeros se han mantenido prácticamente sin cambios, mientras que la alimentación ha variado fundamentalmente. La actividad individual, en tanto, ha sufrido cambios abismales: La interacción entre la genética, la actividad y la alimentación produce las enfermedades de la civilización, que pueden resumirse en los siguientes ejemplos: A ello podemos sumar los accidentes típicos de la civilización: Guerra convencional, biológica, química, radioactiva, guerrilla urbana. Terrorismo y bioterrorismo. Y las epidemias. El hombre del pasado, en cambio, podía morir por falta de alimentos, cambios de temperatura, enfrentamientos providenciales con tribus enemigas, predadores, o, principalmente, por accidentes traumáticos. Su relación "institucional" era directa. Podía tener un jefe al que conocía y su religión estaba relacionada con la cultura natural, trato directo con sus dioses y sacerdotes/chamanes que reunían además las funciones de médico. ¿Cuál era la incidencia criminal en la vida del hombre del neolítico? Probablemente resolvía sus problemas por su cuenta. Sin embargo existían ciertas regulaciones legales y jueces en la figura de los propios chamanes. ¿Eran estos hombres ignorantes? A la luz de la cultura actual queremos creer que lo eran. Sin embargo sus hombres más sobresalientes y las obras que nos han legado parecen decir algo distinto. ¿Acaso el común de las personas del neolítico eran menos sabios que el común de la gente en la actualidad? Depende del tópico. Evidentemente no sabían nada de operar computadoras o artefactos electrónicos; pero sabían más de la tierra, el cielo, las estaciones, los animales, las plantas. Estarían tan perdidos en un supermercado como nosotros en una selva virgen. Pero si tanto han cambiado nuestras costumbres, hábitos alimenticios y actividades; ¿por qué esos cambios no fueron acompañados por una adaptación natural de nuestros cuerpos y genes? Simplemente, porque nuestra evolución no ha sido "natural". Nuestra genética no se va a adaptar a esta locura. ¿Y, siendo así, cómo podemos esperar que nuestra estructura psíquica acepte una forma de vida que, claramente, conduce al cuerpo, a la especie y al planeta hacia la muerte? Entonces, aparece el cuestionamiento a nuestras instituciones, a las cuales seguimos alimentando y favoreciendo ciegamente (como chicos buenos y respetuosos de la ley que somos), aún cuando nos están conduciendo hacia un destino letal. Lo que parece que no entendemos es que aqui hay una dicotomía de objetivos. El de nuestra cultura, el de nuestras instituciones, no es llevarnos al grado más alto de humanidad sino controlarnos para que seamos productivos y consumistas. Nos han hecho creer que esta forma de vida es evolucionada, que estamos protegidos contra todo mal, que nada puede sucedernos (si somos buenos), que Dios nos espera al final del camino (no EN el camino, sino al final), que seremos premiados, que los criminales van a la cárcel, que si no tuviéramos policía viviríamos en el caos. Y nos hemos vuelto dependientes del aire acondicionado, el auto, las sábanas, el reloj, el celular, la tv, la computadora. A cambio de todas estas comodidades, tenemos un planeta al borde de la extinción (y de verdad que podríamos extinguirnos con él) y a un hombre sumido en la angustia existencial. Ensayamos curas parciales. Una sesión con el psicólogo. Dieta por unos días. Condones para no contraer SIDA. Y dejamos, sin saber para quién, la solución final a todos nuestros problemas. Según dicen algunos genetistas de vanguardia, nuestros genes sí están mutando, rápidamente en los últimos años. ¿Nos adaptaremos a la polución y la mala alimentación? ¿Se volverán nuestro cuerpo y psique invulnerables a los dolores del presente? ¿O están ensayando un cambio que tiene que ver con una evolución natural alejada de nuestro concepto de civilización? Las especies buscan su expresión máxima. El universo entero viaja hacia su expresión máxima. Salvo que creamos que la meta de la vida es oscura. La cultura "imperial" apunta al control de la diversidad, pero no al desarrollo de la expresión máxima de la humanidad. No sabemos, ni sabremos nunca, como sería nuestra vida sin las enseñanzas de la Iglesia, ni la autoridad del Estado. No nos dimos esa oportunidad, por falta de fe en nosotros mismos. La ciencia actual nos dice que el universo es multidimensional. Los celtas, los mayas, los egipcios, los germanos, lo sabían dos mil años antes del nacimiento de Nuestro Señor. Caminamos cuatro mil años para descubrir que no éramos estúpidos, ni pecadores, ni seres expuestos a los vaivenes de la naturaleza siempre enemiga. No solamente no confiamos en nosotros, sino que tampoco tuvimos fe en la vida misma. ¿Ahora qué puede pasarnos? Eso depende de muchas cosas. Principalmente de que dejemos de derivar las soluciones a otras personas. Lo que llamamos cultura imperial (para no acudir al manido término "imperialista" que utilizaban los comunistas, simplemente porque consideramos que el comunismo, también, es imperial) tiende a la creación de comfort, basado en la riqueza monetaria. No nos engañemos: la moneda no representa riqueza real. Parece ser que algunas personas creen que para que unos pocos tengan comfort, otros deben carecer de él. O, visto de otra forma: el comfort no alcanza para todos. Pero sí es útil que lo convirtamos en la meta de todos y cada uno de los hombres. ¿Qué podría ofrecer la cultura imperial sin el comfort? Otra cosa: por ejemplo podría valorizar el conocimiento. En cambio de eso, lo vuelve "práctico", es decir: es útil para la sociedad que seas capaz de crear una nueva bomba; pero nadie quiere que descubras el significado ultérrimo de la vida. A nadie le interesa. Obviamente, dominio de conocimiento utilitario puede significar acceso al comfort, así como la capacidad de divertir a las masas. Y como es necesario que las masas tengan sus ídolos -lo más vacíos posible-, el sistema "crea" ídolos de papel, basamentazos en una propaganda mediática férrea, más que en sus verdaderos talentos. Lo bueno del sistema actual es que todos podemos decir y escribir lo que queramos (total: a quién le importa), el sistema está trazado con absoluta solidez. Pero no son sólidas sus bases sólo su diagrama. Sus cimientos son la mentira y es por esto que no puede perdurar. El sistema financiero ha crecido en base a papeles que representan riqueza (como los representantes políticos dicen representarnos a nosotros) No es riqueza una bolsa de trigo, no una manada de vacas, ni un corral de aves. La riqueza es un número insertado en un papel. Y aquí resalta otra de las grandes diferencias con el hombre del neolítico. Poseer una majada era ser rico. La majada era alimento y lana. Hoy no es así. El libre comercio ha creado otros valores, tal vez para que la riqueza no dependiera del esfuerzo individual. Pero hay más. El hombre de la antigüedad "necesitaba" saber cosas diferentes al contemporáneo. Debía entender asuntos básicos relacionados con las estaciones, solsticios y equinoccios, vientos, temperatura, lluvia y sequías. Su vida dependía de la comprensión que tuviera de la naturaleza. Ese hombre no luchaba contra la naturaleza, intentaba entenderla. Por eso necesitaba manejar dos calendarios; el lunar y el solar. Por eso sus festejos tenían relación con las siembras y las cosechas. Pero el imperio, en cambio, creó un reloj solar y subdividió las horas. Predeterminó que el trabajo era "productivo" más allá de que no produjera nada real. Dio prioridad al mármol por sobre la carne. Logró que el hombre no se ensuciara las manos. ¿Controlamos a la naturaleza realmente? Nuestro control, obviamente, termina convirtiéndose en la destrucción de lo controlado. Más o menos es así con todo. Lo que hacemos es controlar a través de la represión. Y lo que es reprimido, en algún momento, estalla. Tenemos soluciones para casi todos los problemas ecológicos del momento. Podemos crear electricidad a partir de la luz solar, la reflexión solar, el uso del efecto invernadero, las mareas, las corrientes marinas, el viento y los embalses. Podemos mover automóviles con aire comprimido, hidrógeno, gas o alcohol. Pero seguimos utilizando petróleo. ¿Por qué? Porque esto conviene a determinados intereses. El 10% del dinero utilizado para sufragar guerras, podría solucionar el hambre del mundo. Por allí he escuchado que el problema del hambre no se soluciona con dinero. Podemos transportar muerte muy lejos de nuestras tierras, más no alimentos. ¿Para quién gobiernan estas personas? ¿El mandato de cuál Dios respetan las instituciones religiosas? ¿Hasta cuando? La mayoría de nosotros, aún coincidiendo con lo aquí expuesto, no creemos tener el poder suficiente para cambiar nuestra realidad concreta. Creemos que se requiere de mucho dinero, ejércitos o autoridad religiosa. No más. La verdad es bien diferente, pero se requiere de un gran renunciamiento: debemos renunciar a todos los parámetros que hemos utilizado hasta el presente para ser infelices. ¿El mundo cambiará mágicamente? Sí. Después de todo hemos creído tantas mentiras durante 2,000 años. Démosle crédito a algo nuevo. Rompamos con la tiranía del pensamiento concreto. Vamos a reemplazarla por una sola pregunta. Esta pregunta fue ideada por el escritor Ekhart Tolle y es: ¿Cuál será la siguiente pregunta de mi mente? Lo que produce esta pregunta hecha desde el interior de nuestra conciencia es una suspensión momentánea del pensamiento y una percepción corta, pero directa, de la realidad. Luego todo se basará en que queramos mantener ese estado. Si creen que eso no va a cambiar nada, está bien, no pierden nada con probarlo. exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Seonaidh Labhraidh
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