El silencio produce, en la medida de lo posible, la indispensable libertad.

La libertad se manifiesta entonces como el derecho de hacer solo lo que nos gusta y de actuar según nuestra fantasía sin estar sometidos a ningún jugo.

Vista así la libertad parece ser lo más deseable. Al contrario el deber aparece como una contrariedad, como una obligación, como un sacrificio y un castigo.

Concretamente aparece como las cadenas de la prisión y despierta las imágenes abstractas de una disciplina militar, de un proceso verbal, de una pena afectiva.

A una primera observación, la libertad abre el camino de la alegría de vivir mientras que el deber parece encerrarnos en la fatiga, el aburrimiento y el dolor.

Entonces nuestro silencio se ve invadido.

Pero el problema no es tan simple, ni la realidad tampoco…

Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Tu silencio, mi silencio, nuestro silencio.

Tu silencio, mi silencio, nuestro silencio, y los días que pasaron y los años en los cuales hemos estado juntos esta libertad tan difícil de alcanzar para poder estar con el otro en un silencio confiado y apacible.

Amigos, amantes, cuantas cosas pasaron en nuestra vida y en las cuales ese silencio palabra de oro ha contribuido a permitirnos su comprensión y apreciarlo; cálido silencio. No se trataba de la incomunicación de cada uno de nosotros por sí mismo, fue la comunicación de los dos juntos y ligados hacia lo alto por una conciencia objetiva en despertar permanente.

Y de pronto una palabra se convertía en un hecho entre vos y yo y aunque parezca increíble, así lo era. Esa imagen, hecho vivo representaba mi estado de introspección en el silencio y ocurría lo mismo en vos. Yo recuerdo, en diferentes países del mundo las luces detrás de nosotros permitían de captar como sombras chinas las sombras de nuestros cuerpos. Que maravilloso silencio ese de las sombras, si ninguna materialidad, pero lleno del simbolismo de una comunicación siempre viva. Tú presencia, mi presencia en diferentes países del mundo y descubrimientos en el silencio.

Y vuelvo a una imagen que aparece. Los dos en Chipre turco Deniskessé, la arena ardiente por el sol del día, las noches con el perfume de los jazmines, la música de Zorba Legrec y las baladas y los paseos nocturnos en un silencio sideral, en el cual vos eras vos, yo era yo y nosotros éramos nosotros…

El ronroneo de aviones, 28 vuelos cortos entre África del Sur, Mozambique, Namibia, y yo miro en silencio los paisajes que no partirán jamás de mi alma. Y siempre tu silencio, mi silencio, nuestro silencio.

Y en ese mes de Marzo de 1995 en Argentina cuando descubriste en tu silencio respetuoso las tumbas de mis ancestros, las iglesias de mi infancia y todo y todo…

Esta vez fuimos en todos los sentidos a conocer a partir de Miramar buscando un espacio para vivir finalmente en un silencio compartido sin ser invadidos en nuestros territorios de solitarios acompañados y fue allí que encontramos esa finca y la compramos atravesada por un río que se llamaba La Tigra, con casas en el interior y otra vez en el crepúsculo el perfume de los jazmines, los ruidos del molino y los enormes girasoles. He guardado una foto de ese día en el cual estuvimos sentados frente de la piscina, tu silencio, mi silencio, nuestro silencio y la magia no partirá jamás.

¿Quien de nosotros ha dicho esta frase? ¿Quien ha dicho en nosotros esta frase "no me dejes"? ¿Tenías miedo que yo te abandone? ¿Tenia yo miedo de que tu me abandones? extraño, esta frase estaba en el aire no verbalizada, se trataba de una imagen. Y yo vuelvo, las imágenes se suceden, el tema es siempre ese silencio tan rico. Ese silencio de una presencia vigilante, en la cual éramos responsables del llamado que de lo alto nos ha sido dado. Después de esta tarde el 26 de octubre de 1980 vuelve también a mí cuando fuimos juntos por tremblay dejando pasar los años, yo te encuentro en todas mis imágenes, ciertamente extraño: en esas imágenes solo estamos vos y yo, el mar, los países, las flores, los perfumes y esa infinita sabiduría de vivir que aporta el silencio.

Me gustaría decirte verdaderamente tantas cosas, ya escucho el ronroneo de los motores del avión, parto a Argentina, en realidad como si yo hubiera podido a Honduras o a Canadá, hago mis esfuerzos para no mezclarme dado que aun antes de sentarme en el avión yo te encuentro a vos y a tu silencio, mi silencio, nuestro silencio y una frase me viene, yo no te abandonaré, ¿quien a podido decir esto hoy? El murmullo de los motores del avión me adormece. Tu presencia física me falta pero vos estás tanto aquí, tanto allí.

Es tal vez por esto que es tan difícil de poner los límites entre vos y yo porque nosotros estamos siempre en el presente de la conciliación, del nosotros. Las puertas del avión van a cerrarse con ese ruido que vos amabas, que yo amaba, que nosotros amábamos. Estamos otra vez en ese enorme vientre materno donde estuvimos un día vos en tu silencio, yo en mi silencio en mí, en nosotros, en nuestro silencio respetuoso frente al milagro de la concepción humana.

Traducido al español en Argentina el 21/12/2.014 y es verano.
Presente dictado en un iphone el día de mi partida en Argentina para volver con vos.
Duerme de tu sueño despierto en nuestro domo bien amado.
Compartir nuestro silencio y nuestro despertar en este instante que hace la eternidad.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



A Lieserl Einstein:

«Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo.

Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el AMOR.

Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta!».

Tu padre: Albert Einstein
Lic. Rut Cohen



Lo que es en el cielo es en la tierra (lo que es arriba es abajo) solemos decir, pero en éste año 8 también lo que es en la tierra es en el cielo (lo que es abajo es arriba) y así el símbolo del infinito se vuelve móvil.

Somos caminantes del multiverso hoy aquí en el planeta azul.

Somos caminantes en la tierra con el asombro de lo que nos parece novedoso que es habitar nuestros cuerpos.

Habitamos siempre nuestros cuerpos de luz, nuestras almas son energía luminosa con las inscripciones vibrantes del multiverso y del planeta en su interior-exterior.

Nuestro ADN transporta las vibraciones de nuestros múltiples conocimientos y memorias corporales aquí en el planeta azul y en otros lugares del multiverso.

La humanidad toda, a pesar de las diferencias entre sus habitantes, tiene una misión común:

Elevar la energía amorosa desde el planeta al multiverso, lo que significa elevar la vibración planetaria a fin de confundirla y entrelazarla con la vitalidad del multiverso.

Siempre… a lo largo de los tiempos la idea de Dios es sinónimo de la idea del Amor.

Y todos los símbolos planetarios llegan a ese concepto.

Las ideas generalmente han sido desligadas de la realización, de la corporización de las acciones.

Han sido ideas o hechos inflexibles que pretendían ser la lectura de esas ideas.

Y entonces… aparecen con nosotros las diferencias, las ideas encontradas, la exaltación en nombre de la verdad única, arbitraria en sí misma.

Y la creatividad se aquieta y solo impera la repetición de lo mismo, lo único y aparece el pánico.

Y los que es en la tierra deja de ser lo que es en el multiverso

Cuando nuestras palabras se hacen cuerpo, la quietud se transforma en movimiento acompasado, exultante de alegría y la compasión se hace presente en nuestras manos.

La creatividad genero el infinito movimiento del amor.

Porque la creación es amor y el amor respeta lo desigual, lo diferente y las maneras originales de cada cultura de expresar su divinidad a la divinidad.

Este 2015 aquí en el planeta, este año 8 aquí en el planeta con el símbolo del infinito móvil es una invitación al canto, a la danza, a la paleta de colores, a la música en todas sus versiones, para aprender a convivir.

Con-vivir con nosotros mismos y con los demás, con esos otros diferentes que nos habitan y que nos rodean.

Con-vivir con los distintos rostros de la verdad, con eso divino que somos y lo divino a lo que nos referimos permitiendo habitar el planeta respirando paz.

Sabemos que comprender no es aceptar.

Pero también vivenciamos día a día que todos podemos respirar aire planetario que como un corredor vibrante saluda al multiverso con la presencia de nuestros pasos por aquí llevando amor y bondad hacía toda la inmensidad.

Templanza es una palabra con alto voltaje de generosidad.

Es la fortaleza de nuestro espíritu recorriendo nuestros huesos, haciendo cuerpo en nuestras acciones.

Templanza es la capacidad de nuestros pensamientos de inscribir creatividad en nuestro ser.

Navidad es ese canto a la ternura, a la compasión, a estrechar nuestras manos trascendiendo la distancia que las personalidades crean entre todos los que aquí estamos.

Simplemente vinimos al planeta a aprender a nadar en aguas, en manantiales de luz aquí en la tierra en concordancia con los manantiales y aguas de luz en el multiverso.

Somos corredores vibrantes, tubos de luz que transportamos sabiduría.

Vinimos a aprender a compartir esa sabiduría con generosidad, con derechos equitativos de expresión de aquello en lo que creemos.

Vinimos al planeta a sonreír, a disfrutar de nuestro envase corporal que simplemente es quien expresa nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros sentimientos, nuestro espíritu.

Que la potencia de nuestros pensamientos recree la potencia del nacimiento.

Nacimiento permanente de planetas y estrellas que habitan el multivero, nacimiento permanente de hombres y mujeres que habitan el planeta.

Con la navidad en nuestras manos, que nuestros cuerpos caminen cada uno en su rumbo, pero siempre con amor.

Lic. Rut Cohen



Cuando era muy pequeño, tal vez tenía cinco años o menos, me surgió una duda mientras parado en una silla para alcanzar un espejo, me miraba en él. No recuerdo si había ocurrido algo en mis allegados o simplemente salió de la nada esta gran incertidumbre en mí: ¿Cómo sería estar muerto?

Tamaña duda no me inspiró miedo pero sí una intriga acuciante, que necesitaba ser respondida de alguna forma.

Intenté alguna explicación breve a través de pensamientos, pero muy pronto me dí cuenta que lo mejor para tratar de explicar la muerte era quedarme quietito y guardar un profundo silencio. Así fue como pretendí explicar semejante incógnita. Y creo que me fue bien. De hecho después de esa "explicación" no volví a preguntarme sobre el tema.

Lo que sentí en esa experiencia, básicamente fue una profunda y agradable sensación de paz que hoy recuerdo como si me estuviera pasando ahora mismo.

No pretendo decir que lo que percibí fue la explicación de la muerte. De hecho creo que nunca creí eso, pero la sensación de paz que viví, me bastó para calmar mis inquietudes, y ante todo para aprender algo que siempre fue muy importante en mi vida y simplemente es que cuando la situación es abrumadora, lo mejor es hacer silencio.

Si hubiese creído que lo que experimente fue "la respuesta" acerca de la pregunta de la muerte, tal vez hoy estaría escribiendo libros de metafísica. Pero no fue así, nunca creí que tal experiencia me hiciera diferente ni con capacidades de saber más de lo que sabe cualquier mortal. Es más, fue algo que si no me hubiera puesto a escribir este artículo tal vez quedaría olvidado en el tiempo. Pero por suerte cuando empecé a pensar sobre el silencio, me acordé de este hecho que revivo ahora como una experiencia hermosa en donde yo muy pequeño y ante una pregunta difícil, me sentí bien y en paz.

¿Cómo será estar muerto? En ese pretérito momento me quedé durito, me miré al espejo y dejé de pensar. ¡Así debe ser! me dije… Y en vez de cerrarse la percepción, creo que se potenció y se abrió a respuestas grandiosas que no podría explicar con palabras.

Eso fue simplemente lo que pasó. Pero superó mis dudas.

Después de adolescente tuve la suerte de leer los libros de Lobsang Rampa. Me fascinaba ir a la biblioteca del pueblo a buscarlos para leerlos en tiempo récord y el bibliotecario sabía dármelos en el orden correcto hasta que en corto tiempo leí todos los que allí había. Luego recuerdo que los compraba en la librería, y cuando terminé de leer todos los que el autor había publicado, quedaba a la espera de alguna nueva edición, que fueron dos o tres libros más hasta el fallecimiento del autor.

Cuento esto porque esta etapa de mi vida estuvo signada por estas lecturas y si alguien leyó sobre las costumbres orientales sabrá que en la religión budista y tibetana el silencio es muy importante.

Y recuerdo una frase que le decía su maestro a Lobsang Rampa cuando estaba preparándose para ser Lama: "cuando la mente no puede explicar algo, deja que el silencio lo haga".

Y esa frase también me marcó, porque es probable que con ella recordara mi experiencia de niño y de alguna forma confirmara la efectividad de usar el silencio como búsqueda de respuestas difíciles.

Tal vez el silencio no provoque respuestas racionales, pero con que solo estimule estados de paz, creo que es suficiente para iniciar la resolución de una duda o conflicto.

Desde la ciencia y desde la psicología, al menos en los años de estudio que tuve, nunca se trató el tema del silencio. No hubo ninguna cátedra que tomara el tema en serio. Estaría en contra de la ciencia, supongo. La ciencia son pensamientos y el silencio es la falta de pensamientos, en consecuencia será que el silencio nunca podría ser objeto del estudio de la ciencia. Es una lástima. Tal vez no haya mucho de qué hablar respecto al silencio. Es lo más probable. El silencio es para no hablar, precisamente.

Sin embargo en el "Eureka" de Arquímedes, proveniente de un momento de bloqueo mental, esté la clave del instante mágico e inexplicable (de silencio) que cambia la duda por la certidumbre sorpresiva de un descubrimiento. Instante digno de ser estudiado por la ciencia, ¿no es cierto?

Licenciado Alejandro Giosa



El caballero parpadeó, se encontraba frente a la orilla de un río que nunca antes había visto durante sus largos paseos a caballo por el bosque.

Miró en todas direcciones, esperando a que su vista se adaptara a tanta luz. Su montura había desaparecido, tampoco reconocía aquel rincón con su río y sus altos árboles de ancho tronco.

Una hoja se deslizó suavemente de la copa del árbol más cercano hacia los pies del desconcertado caballero. Durante el descenso susurró: «Tan sólo crees estar perdido». Al llegar al suelo, la hoja, desapareció.

«¿Qué quería decir con aquellas palabras? ¡Las hojas no hablan!» pensó el caballero.

Otra hoja descendió, esta vez desde una de las ramas más próximas al caballero, y dijo: «Eso es por qué no sabes escuchar».

El caballero, desconcertado, se acercó al río para echarse agua fresca a la cara. «Soy caballero, y a la vez consejero de Su Majestad, ¿cómo no voy a saber escuchar?»

Entonces, las gotas de agua que se escaparon de sus manos, al golpear contra el río, le dijeron: «Así pues, ¿por qué nunca nos habías escuchado?»

El caballero, asustado con todo aquello, se desmayó.

Volvió a abrir los ojos, con temor de encontrarse aún en aquel lugar. Seguía en el bosque, en el bosque que esta vez sí conocía.

«¿Qué ha pasado?» se preguntó.

Llegó a palacio tras encontrar su corcel y se encerró en su habitación pensativo.

«Tan sólo crees estar perdido»

«...no sabes escuchar»

Esas frases se le habían clavado en el corazón, ¿tendrían razón?

Se formuló otra pregunta: ¿Cómo aprender a escuchar?

Regresó al bosque, esperando respuestas, pero los primeros días no llegaron. Se desconcertó, se desanimó y cayó en un estado de apática tristeza.

En otros de sus constantes paseos por el bosque una rama le golpeó la cabeza y el caballero perdió el conocimiento.

Al despertar, la luz lo cegó y otra hoja empezó a hablar: «Sólo estando en silencio tu respuesta hallarás».

«¿Y si yo no la tengo?» preguntó automáticamente el caballero aún ciego.

Todas las hojas gritaron: «¡Las respuestas a tus preguntas sólo en tu propio ser estarán! ¡Aguardan que escuches de verdad!»

El caballero empezó a llorar, sus lágrimas por primera vez le sabían a sal y se sorprendió. «¿Las lágrimas tienen sabor?»

«Siempre lo tuvieron, pero nunca prestaste atención» susurró la luz del viento.

El caballero, avergonzado, sonrió: «Ahora lo entiendo» y comprendió que su mejor aliado es el silencio porque de él se logra toda la sabiduría y la paz interior.

Prof. Carla Manrique



Hoy amanecí con el sueño colgando de mis pestañas. Había tenido una terrible pesadilla, de esas que se sientan a mi lado, a compartir el café de la mañana. Un fuerte escalofrío corría por mi espalada. Se instaló en mi hogar una sensación de parálisis, el aire se cortaba con cuchillo y yo envuelta en silencio.

Que desaparezca la humanidad que yo estaré muriendo en tu entierro. Cómo podré seguir viviendo si no sé estar sin ti, ni por un momento.

Es injusto que me pidas que no muera, pues no sabes de mi pena, porque mis lágrimas estrenarán los rincones de la habitación y ya no me hagas vislumbrar lo funesto.

Para cuando este cuarto se vista de silencio, para cuando despierte en la mañana y sepa de tus ojos fríos y de tu cuerpo yerto abriré mis brazos, para que mi corazón a ti llegue y acortaré mi camino aunque maldecido sea, por los que me queden en tierra, pero yo estaré segura que allá, a tu lado, mi alma se coronará sin dolor ni lágrimas, ni suspiros y sin quejas desatadas.

Entonces, nuestra luz suplirá al día, ya no tendré nunca más que pensar en la tristeza, porque la noche será el alba, y tus ojos mi morada y mi morada tu vida, no habrá temores ni llanto, tan solo tu esencia y la mía enlazadas, sin esta agonía.

Silvia Stella, abogada



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