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La decadencia es un estado que quita la fuerza, que nos deteriora. Como le precisa André
Maurois : Al nacimiento del amor, los amantes hablan del avenir, de su declinación. Ellos hablan
del pasado...
En revancha, la grandezca es una ambición demesurada y Blaise Pascal afirmé que la grandezca del hombre es grande en tanto que se reconoce miserable. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Yo asiendo hacia la cima de la Aconcagua y yo creo un sol diferente y radiando con fuerza y
yo desciendo a sentarme sobre un acantilado que da sobre el mar. Puedo constatar la fuerza y
el peligro de partir en el mar inconmensurable.
La cima de la montaña mostraba la fuerza de la grandeza y el mar la decadencia de los contrarios. Un día yo conocí la bellas historias de mi vida. Yo tuve hijos Mis hijos me aportaron un largo silencio que me dio la gloria comparada a mi juventud, la decadencia continua cuando yo me acuerdo de cómo alimentaba a mis niños. Después fue el silencio: si bien yo amo la vida que es triste y decadente. Después fue el silencio en un nuevo país y mi grandeza se convertio en un flor marchita bañada en un ámbito sin agua. Si bien yo fui reconocida fue al nivel profesional y humano. En un día apareció un virus en todos los países y fuera del tiempo, incontrolable y todos los vuelos a mi país están cancelados Imposible a buscar lo perdido, en el tiempo de ayer, no se puede volver atrás. Y mi casa sobre el mar a Miramar está inhabitada y la soledad aporta el sufrimiento de pensar cuando la peste será erradicada.
Hecho en Paris el febrero de 2021
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Eduardo Baleani, maestro de grado, sociólogo
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A través de los años y de las historias generadas por ese transitar del tiempo las culturas fueron tomando
sabiduría de sus vivencias.
Siempre que algo va saliendo mal, me recuerdo este cuento popular que me tomo el atrevimiento de publicar. Y también me acuerdo del mismo cuando las cosas van muy bien. Es decir en momentos de decadencia es mi guía y en momentos de grandeza, también. Podría hacer una descripción de este cuento, pero me parece mejor transcribirlo porque creo que vale la pena. (Cuento popular _ Anónimo) Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo: _ "He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo". Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey. El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos. El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo: _ "No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje" _ "¿Como lo sabes preguntó el rey"? _ "Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje". En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey. _ "Pero no lo leas", dijo. "Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación". Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado. Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle. Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo. Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento Simplemente decía "Esto También Pasará". En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio. Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos. El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado. El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo. En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo: _ "Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo" _ "¿Qué quieres decir?", preguntó el rey. "Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo". _ "Escucha", dijo el anciano. "Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero". El rey abrió el anillo y leyó el mensaje "ESTO TAMBIÉN PASARÁ" Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno. Entonces el anciano le dijo: _ "Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas." Espero este mensaje les ayude en momentos como los que estamos viviendo en el mundo. ESTO TAMBIÈN PASARÁ. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Es curioso ver como este presidente es querido y respetado en diversas partes del mundo
en la misma medida que es odiado y menospreciado por otros, también en diversas partes
del mundo.
Un mandato de esta relevancia solo lo vi en la figura de J. F. Kennedy. Sin embargo, hay puntos particulares que hacen a esta "relación" muy diferente a todas las demás. En este caso, es la existencia de las redes sociales que se expresaron en forma opuesta al más media predominantemente anti-Trump. También marca diferencia una "guerra oculta" que tanto puede ser un punto de vista "paranoico" de algunos informadores, como una realidad que explicaria muchas cosas acerca de nuestra historia. En mi contacto directo con la gente, específicamente inmigrantes latinos en USA, pude comprobar que la postura depende del medio de información que utilicen. Y lo notable es que aquellas personas que se informan con los noticieros de TV, creen que las cosas son totalmente opuestas a la realidad. Y no me refiero a la realidad oculta sino a cosas que todos sabemos y que no hay dudas. Por ejemplo: ignorancia total con respecto a la política de inmigración que aplico el Pte. Obama, atribuyéndole sus actos negativos a Trump quien, justamente, propicio lo contrario. Como esta, muchas otras cosas que no voy a enumerar aquí porque no tienen valor para mi. Solo la comprobación de que se ha elaborado un mundo de ficción para la mayoría ignorante, que no va a luchar por ningún cambio. Tristemente afirmo que los "vientos de cambio" han soplado muchas veces antes y terminaron en el mismo estado de decepción que este que termina, aparentemente, hoy. Las personas requieren de un líder, de un Mesías y Trump vino a ocupar ese lugar para muchos. La pregunta es si realmente lo es. La pregunta es si realmente existe o existió en el mundo un verdadero Mesías. Podéis decir que fue Jesús, pero aun aceptando su divinidad coincidiremos en que no produjo ningún cambio en el estado de esclavitud de la mayoría. De la misma forma que el solicitado Dios permanece en silencio e inactivo ante las ignominias que ocurren en la Tierra. Por otro lado, se creo a los personajes de la Federación Galáctica y otros que han sido de tan poca utilidad como Dios mismo, pero que, en cambio, no dudan en favorecer a los esclavizadotes. Si en esta vuelta la mayoría no toma conciencia de nuestro pobre estado de vida tal vez no lo hara nunca. No hay libertador para la raza humana, pues acostumbra a apedrear y quemar a sus civilizadores. No hay, entonces, tampoco, LIBERTAD.
Guaynabo, Puerto Rico, febrero del 2021
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Juan Carlos Laborde
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La Argentina debiera ser un ejemplo para el mundo, tanto por su desarrollo a partir de
1853, como por su lamentable decadencia a partir de 1943. Como bien dijera David Hume la historia
es un aprendizaje y la libertad un lujo de la sociedad. Pues bien; creo que no se puede discutir
que Argentina en 1852 bajo el gobierno de Rosas vivía en la Edad Media -Religión o Muerte- como
el principio ancestral del poder absoluto y la consecuente falta de libertad.
En aquella época Argentina era uno de los países más pobres del mundo, su población no superaba el millón de habitantes y analfabetismo alcanzaba al 80%. Demás está decir que el enfrentamiento entre Buenos Aires y las provincias era un hecho indubitable que se regía bajo religión o muerte. En aquel entonces evidentemente la plata del Río de la Plata se quedaba en las aduanas de Buenos Aires, lo que evidentemente creaba una mayor tensión entre las partes. Podría decir que la razón de ser de Caseros no parecería que haya sido la búsqueda de la libertad individual que finalmente llegó, sino la libertad del Río de La Plata para favorecer el comercio de Entre Ríos. Pero fue la sabiduría de Urquiza de lograr el pacto de San Nicolás con Mitre y de aceptar las ideas de Alberdi. En el proyecto se unió una clase dirigente que fueron Urquiza, Mitre, Sarmiento y Alberdi. Y ella continuó con la llamada generación del Ochenta, que proyectó a la Argentina a los primeros lugares del mundo a principios del siglo XX. La pregunta del millón entonces es: ¿Cuál fue la causa determinante de ese salto cuántico en la Historia? Y la respuesta es simple: a través de las ideas de Alberdi y la acción originaria de Urquiza se acordó la Constitución de 1853-60 en la cual se reconocieron los principios ético-políticos que había cambiado la historia del mundo. La libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia, que fueron Inglaterra y Estados Unidos. Y la Argentina fue el tercer país en ponerlos en práctica y a los hechos me remito. A principios de siglo XX Argentina tenía siete millones de habitantes, solo 25% de analfabetos y un ingreso per cápita que superaba al de Alemania, Francia e Italia. Y la pregunta pendiente es cuáles fueron esos principios que transformaron al mundo con Argentina incluida. En primer lugar la noción ética de que el hombre es como es y «la naturaleza humana no se puede modificar, si se quieren cambiar los comportamientos hay que cambiar la situación y las circunstancias» (David Hume). En función de esa realidad era un principio fundamental el limitar el poder político, pues como bien dijera John Locke «los monarcas también son hombres». Para ello era necesaria la división de los poderes y fundamentalmente reconocer la función primordial del poder judicial de decir qué es la ley conforme a los principios de la Constitución. Por supuesto, a esos efectos el principio fundamental es reconocer los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Por supuesto, la historia muestra que donde no se respetan los derechos de propiedad no hay creación de riqueza, y eso fue lo que ocurrió por siglos cuando los monarcas eran prácticamente los únicos propietarios. Y esto ocurría en Inglaterra, o sea que la libertad no es un don de la naturaleza humana sino un proceso de aprendizaje. Como verán me he referido a los derechos individuales y no a los derechos humanos. Cuando los derechos son del pueblo, lo que existe es el poder absoluto de los gobernantes. Por ello el otro derecho fundamental es el derecho a la búsqueda de la propia felicidad, que implica que el hombre actúa por interés, y el interés privado no es contrario al denominado interés general o la falacia del bien común. Y así escribió Alberdi: «El egoísmo bien entendido de los ciudadanos, solo es un vicio para el egoísmo de los gobiernos que forman los estados». Ese derecho está reconocido en el artículo 19 de la Constitución Nacional. Otro principio fundamental es que las mayorías no tienen el derecho de violar los derechos de las minorías. Como bien dice Hume el problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas. Este principio está reconocido por Madison en la Carta 51 de The Federalist Papers, donde dice: «En una sociedad bajo la forma de la cual la facción más poderosa puede fácilmente unirse y oprimir la más débil, puede verdaderamente decirse que reina la anarquía como en el estado de naturaleza, donde el individuo más débil no está seguro contra la violencia del más fuerte». Ésa es la falacia que se vive hoy en el mundo donde la izquierda se ha apropiado de la ética a través de la demagogia, y democracia y socialismo, como reconociera Nietzsche, pasan a ser sinónimos. Ya debiéramos saber entonces que la libertad y la riqueza dependen del sistema y éste no de la cultura. Si la cultura fuera determinante el mundo no habría salido nunca del atraso y la falta de libertad que sufriera por siglos. Así Hume en su Historia de Inglaterra refiriéndose a los ingleses de la época de Isabel I, dijo: «Los ingleses en aquella época estaban tan totalmente sometidos, que, como los esclavos del Este, estaban inclinados a admirar aquellos actos de violencia y tiranía que eran ejercidos sobre ellos y sus propias expensas». Entonces así como difícilmente podríamos creer que la Argentina de fin del siglo XIX tenía una cultura superior que le permitió alcanzar la posición en el mundo que recientemente hasta The Economist se la reconociera, tampoco el análisis de la decadencia se puede explicar en función de un retraso cultural a partir de una catarsis argentina. La estupidez es universal y no un patrimonio argentino. La causa tampoco fue como se ha creído que la riqueza de aquel tiempo se debió a la pampa húmeda. De haber sido así habría estado seca durante la época de Rosas y Perón la habría vuelto a secar. |
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Prof. Carla Manrique
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