Aún así, desde aquí la vida…
Tiempo y movimiento
el retorno sangriento de la humanidad encrespada,
polarizada, furiosa en su devenir.
Olvido y miseria
Incertidumbre masiva acampando en montes oscuros,
odiosa lava de volcanes sonoros
rellenando el hueco de los fundamentalismos
afilando quietud eterna en la conciencia lineal.
La sombra difusa en la piel rugosa
dolor del mundo en llamas
con ruido de bombas mordaces
en un presente pidiendo a gritos reparación.
Pirámides Mayas y Egipcias presagiando tiempos de limpiezas no étnicas,
audaces, terrenalmente cósmicas.
Expansión, conciencia en red,
una humanidad provista de sencillez sin agravio
grandiosa, espiralada, luminosa en su amplitud.
El eterno retorno de las diferentes preguntas
por a quién, dónde y cómo amar.
¿Quienes somos?
paradojas móviles en tiempos disímiles
en casas rodantes del teatro zodiacal.
Posmodernismo, globalización, complejidad y caos
atraviesan redes conceptuales
aún así ariscas y ajenas
al alma humeante del aquí y ahora
que llora por el tiempo imposible de la compasión.
Se diluyen antiguas formas.
Se perfila el gozo,
se va intuyendo lo esencial.
Tiempo y movimiento
el eterno retorno de la creación.
Licenciada Rut Diana Cohen



Fuente: MEDICOS CONSULTORES

El carbunco o ántrax (anthrax, en inglés), una enfermedad que afecta desde hace tiempo a los animales de granja, tiene tres formas de contagio: cutánea, nasal e intestinal, y puede convertirse en una poderosa arma biológica que ponga fin a la vida de miles de personas. Estaría en manos de los terroristas en Estados Unidos.

La infección cutánea de la bacteria, que debe su nombre en inglés a la palabra griega anthracis, que significa carbón, provoca la formación de chancros negros en la piel, pero no es especialmente peligrosa.

La forma intestinal se puede producir tras ingerir carne contaminada y ocasiona una inflamación aguda del tubo digestivo, náuseas, pérdida del apetito, vómitos, fiebre y dolores abdominales. La carbuncosis intestinal es fatal entre el 25 y 60 por ciento de los casos.

La bacteria puede formar esporas que sobreviven en la tierra y se avivan al encontrar un medio cálido y húmedo, como las fosas nasales humanas.

Las esporas pueden desarrollarse durante meses sin provocar síntomas. En el momento en que surge la enfermedad, parecida a la gripe o influenza, ya es demasiado tarde para salvar la vida de la víctima, como ocurrió con Robert Stevens, que murió la semana pasada en el estado de Florida. De hecho, la carbuncosis pulmonar es casi siempre fatal.

Sin un rápido tratamiento con antibióticos, más del 80 por ciento de la gente se enfermaría después de inhalar las esporas de carbunco.

Las esporas pueden diseminarse mediante un avión de fumigación, un extintor de incendios modificado, a través de un aparato de aerosol de fabricación casera, o a través de un sobre por correo. Según expertos, las esporas de carbunco no son difíciles de obtener.

La Asociación de Médicos de Estados Unidos (AMA, por sus siglas en inglés) dijo que se cree que al menos 17 naciones poseen programas de armas biológicas. Iraq admitió que estaba produciendo armas con anthrax.

Estados Unidos clausuró su propio programa de armas con bacterias de carbunco hace décadas.

Un ataque con esta bacteria no se podría determinar hasta que las personas comiencen a enfermarse, lamentablemente es lo que está sucediendo en Boca Ratón (Florida).

AMA manifestó que un aerosol de anthrax sería inodoro e invisible y tendría la posibilidad de viajar muchos kilómetros, antes de diseminarse. Incluso la gente que se quede en sus casas corre el mismo riesgo de infectarse.

En 1979, en un laboratorio militar de la ex Unión Soviética, al menos 79 personas se enfermaron y 68 murieron de la enfermedad. Esto se produjo en un período de dos a 43 días después de la exposición a las esporas de carbunco, según AMA.

El carbunco no se transmite de persona a persona, pero las esporas son tan pequeñas que es imposible determinar si alguien las ha inhalado.

La Oficina de Evaluación de Tecnología del Congreso estima que entre 130.000 y tres millones de personas podrían morir si alguien liberara 100 kilos de esporas de carbunco sobre la ciudad de Washington.

Health I. G. News



El 11 de setiembre de 2001 será un día recordado mundialmente, porque en las entrañas de un país que nunca había tenido al enemigo en su propia tierra, comenzó a agitarse el fantasma del terror.

Esa mañana soleada y tibia, después de los confusos anuncios transmitidos por radio y televisión ocurrieron varias cosas: las líneas telefónicas celulares se saturaron, y los trabajadores comenzaron una larga y lenta marcha para alejarse del centro del desastre. No hubo escenas de pánico. Creo que la gente estaba en estado de shock.

Para los latinos que vivimos en ciudades como Washington o New York, el panorama era diferente. Acostumbrados a habitar en países donde el terror, muchas veces financiado por Estados Unidos, era cosa de todos los días; y a pesar de la magnitud de los hechos, sentimos algo así como un regreso a esa especial sensación de inseguridad y falta de libertad que sólo el terrorismo, ya sea desde la guerrilla o el Estado, puede crear.

Hoy los restaurantes están vacíos por las noches y la gente evita salir de sus casas para no correr riesgos.

Recuerdo que en mi juventud, era prácticamente imposible salir después del atardecer, sin pasar por el mal momento de ser detenido por el ejercito o la policía, manoseado, maltratado, mancillado en la simple libertad de ser y hacer.

No nos dejemos engañar: a muchas personas le molesta la libertad de los demás y pueden recurrir a cualquier artificio para encasillarla de alguna manera.

El terrorismo es la contrapartida de la libertad.

Y en esta cruenta batalla que se inició, corremos el riesgo de desconocer al verdadero enemigo.

Hoy puede estar manifiesto en una figura con turbante y larga barba; pero se encuentra siempre y en todas las épocas enmascarado bajo diferentes formas.

El terror es el Mal, porque bajo el terror, las personas no pueden ser lo que son. Bajo el terror es necesario ocultarse.

La cárcel del miedo es la peor de las vallas.

Empieza en el aparentemente inocuo diálogo donde se desliza alguna palabra o concepto para ejercer presión y poder. Sigue en el manejo empresarial autoritario. Se transmite a los cargos públicos y estalla, más tarde, en alguna de las formas fundamentalistas: la guerrilla o el terrorismo de Estado.

Con esto quiero decir que también el terrorismo es inherente a nuestra vida.

En el budismo japonés existe una figura legendaria. Su nombre es Dairokutén No Mao o Demonio del Sexto Cielo. Se manifiesta en el deseo mundano de dominar a los demás. Es la oscuridad fundamental y la ignorancia primaria de la que habla el Buda.

Dentro de los 10 estados de vida que todos los seres humanos poseemos, según la perspectiva budista, el sexto estado es dominio de este demonio.

Ya sea que todo hombre busca, a través de diferentes medios, de lograr algo parecido a la felicidad, muchas veces la confunde con el éxtasis y con el propósito de prolongar sus estados de éxtasis a costa de cualquier cosa.

Caemos en éxtasis cuando logramos nuestros objetivos y no sabemos darles una proyección elevada y universal.

Éxtasis es la aparente felicidad surgida de un deseo egoísta y limitado.

Como contrapartida, la libertad es la mayor expresión de expansión de la vida individual.

No hay libertad sin expansión. Y no hay expansión si no podemos tolerar la expansión de los demás.

El objetivo de dominación nace de la sensación ilusoria de creer que el espacio es limitado. Si tuviéramos conciencia de que no existen cosas tales como espacio y tiempo, no perderíamos nuestras energías en objetivos sin valor.

El objetivo de dominación se vale del arma del terror para suprimir la libertad de los pueblos y, por lo tanto, se manifiesta como el verdadero enemigo de la vida.

Pero esta tendencia no se ajusta solamente a las cuestiones históricas. Esta presente en cualquier circunstancia donde se ejerza autoritarismo. El niño, recipiente de los gritos y golpes de sus padres, vive inmerso en una agonía de terror. Los pueblos acosados por economías fraudulentas, viven en el terror. El trabajador penando por no perder su empleo. La mujer acosada. El amante ignorado. El estudiante castigado.

Si se quiere, realmente, combatir al terrorismo, se debe hacer desde una postura individual responsable. Porque este terrorismo que hoy se manifiesta en la destrucción de dos edificios en New York y en la pérdida irreparable de vidas humanas, existe latente en nuestro estilo de relaciones humanas.

Y sólo combatiéndolo desde nuestra propia fortaleza es como dejará de reflejarse en la historia de la humanidad.

Si Osama Ben Laden es atrapado y alcanzado por la justicia de los hombres, el Mal aún persistirá, porque la libertad es una luz que molesta a mucha gente.

La mayor lección que este pueblo puede recibir de los trágicos acontecimientos del mes pasado, es encontrar este mal en sus propias entrañas y extirparlo.

Maryland, 8 de octubre de 2001
Juan Carlos Laborde



MOMENTO DE DECISIÓN

Una vez más alguien toma las decisiones por nosotros y, una vez más, nos vemos arrastrados a una nueva contienda.

Se corre el telón y los protagonistas de siempre expresan sus airados monólogos. Se habla de patria, libertad y Bien, por un lado, se habla de decisión de Dios, por el otro.

Pero las decisiones las toman los hombres y los mismos hombres se ocupan de redactar el discurso de Dios.

Todos tienen razón, excepto los que mueren, sufren, se enferman y pierden a sus seres queridos.

La fila de los que claman por venganza se ensancha. La fila de los resentidos se ensancha. Y las tumbas aumentan en la misma proporción.

¿A qué Pueblo habrá Dios elegido?

O el dios de quienes lo llaman Dios es diferente a Alá o a Jehová.

Cada nuevo acto de esta Terrestre Comedia no hace más que afirmar lo que todos sabemos: la humanidad sigue viviendo en estado de estupidez.

¿Cómo vamos a reparar todo el daño que hacemos con nuestra ignorancia o indiferencia?

El pensamiento del hombre se ha tornado en una rueda que gira sin conducir a ningún sitio. Cada quien encerrado en su propia jaula de conceptos. Casi es imposible encontrar un corazón abierto con quien ejercitar ese divino arte llamado Dialéctica.

Las naciones se han convertido en criminales del espíritu. Desde la educación se genera una cultura de células aisladas que no tienen conciencia del gran organismo.

En el mejor de los casos se prometía una cierta seguridad y bienestar económico a cambio de participar del juego.

Aunque este juego (el de matar al espíritu) es, en verdad, aburrido.

Pero todo esto se ha acabado, ya nadie está seguro y la economía es una ciencia incierta.

Todas las promesas se han roto. La realidad ha superado cualquier expectativa.

Sólo el aburrimiento persiste.

Algunos ya lo han olvidado, pero, en tiempos remotos uno podía dedicar horas a ensanchar ese divino tesoro llamado raciocinio. Se ejercitaba una suerte de "mondo" cotidiano con los amigos (la amistad… ¿la recuerdan?), al borde de una mesa de café, mientras el Sol exhalaba sus últimos suspiros y la noche se hacía dueña del cielo.

Eso (la amistad) fue reemplazado por una suerte de avaricia general. Lo único que se ejercita es el impulso para ganar más dinero.

¿Y qué compramos con el dinero? Mejores autos para llegar más rápido a nuestros trabajos, televisores más grandes para no pensar.

La célula se achica y, muchas veces, excluye incluso a la familia. Se ha vuelto individualista, con una membrana celular dura e impermeable.

Es sabido que sin una membrana permeable el necesario intercambio de sustancias no se produce, entonces la célula se debilita o ejercita el hábito de devorar a las demás.

La pobreza es producto de la rigidez conceptual. No hay fórmula financiera que funcione, pues el sino de la abundancia es una ecuación humana, no matemática.

El verdadero bienestar radica en el intercambio. Sin éste, sólo puede haber muerte.

Se enferma de la mente por soledad y la causa original de la marginalidad es la pérdida de la capacidad de comunicarse.

En nuestro mundo no sólo hay individuos marginales, hay grupos marginales y naciones marginales.

Los marginales, si reaccionan, lo hacen con resentimiento y violencia.

Momento de decisión.

La decisión es acerca de seguir indiferentes o tomar partido. El tomar partido producirá la manifestación de la diversidad. De la diversidad nace el antagonismo dialéctico. Y, de éste, resurge la riqueza.

Porque la riqueza es producto de la expansión. Y no hay expansión donde impera el egoísmo.

La fórmula humana es sencilla:

(relación + comunicación) = (expansión) = (riqueza)

o:

(aislamiento + incomunicación) = (contracción) = (miseria).

Maryland, 30 de octubre de 2001
Juan Carlos Laborde



Desde tiempos remotos el Diablo se sienta al lado de Dios en el gobierno del mundo y, muchas veces, nos hace creer que es el verdadero inspirador de nuestra existencia.

Recuerdo aquella memorable novela de Herman Hesse, "Demian", donde Dios (Abraxas) se mostraba en su doble faceta de ser bondadoso y terrible, al mismo tiempo.

Los antiguos personificaban como demonios a los aspectos negativos de la existencia.

El Mal, en su faceta más extrema, se presenta como el Caos. Paradójicamente, el Caos aparece como el origen de la vida en muchos escritos cristianos y gnósticos.

Sin embargo, esta connotación se conoce en forma incompleta, ya que la tradición gnóstica reconoce como principio original a Pistis (Sofia) del cual deriva Ialdabaoth que es el "Espíritu sobre las aguas"; las aguas, a su vez, representan al Caos.

Pero no nos hemos detenido accidentalmente en esta tradición. Lo notable es que el mito explica que Ialdabaoth desconocía la existencia de su origen (Pistis) y creía que era, él mismo, el origen de todas las cosas.

Cuando reconoce que existe alguien anterior y por encima de él, reacciona con celos y envidia y, a partir de allí, tiñe con estos aspectos al Caos.

Este mito tiene una clave moral muy importante. Los celos y la envidia son la manifestación de la oscuridad fundamental que es parte de la vida misma.

El Mal es inherente a la vida, por lo menos en los planos de existencia material; pero el hombre, habitante de todos los planos de existencia, tiene la capacidad para elegir (libre albedrío) entre los demonios y los dioses (funciones negativas y positivas).

No importa mucho cuál creencia tengamos, o si tenemos alguna, lo cierto que siempre ejercemos la libertad de elegir.

Con mitos o sin ellos, la vida esta compuesta por aspectos luminosos y nefastos y nosotros elegimos la compañía de los ángeles o los demonios.

La envidia es la madre de todas las negatividades, de ella surgen la furia y la calumnia. Y la furia y la calumnia generan enemistades, guerra y muerte.

También es importante tomar otro aspecto del mito. Ialdabaoth "no sabía" que existía Pistis (la iluminación y sabiduría originales). El "no saber" está relacionado con la ignorancia. De esta manera, la ignorancia (de nuestro propio origen) produce una idea distorsionada de la realidad (él creía que era el origen de todo).

Al conocer la verdad, no reacciona con humildad, lo hace con celos y envidia y, luego, con furia. La arrogancia le impidió actuar con sabiduría.

Aquí tenemos, entonces, la presencia de una serie de factores: ignorancia de la verdad, arrogancia, celos, envidia y furia.

Finalmente, el propio hijo de este demonio, Sabaoth, logra iluminarse y conocer la realidad, pasando a servir a Pistis. Al conocer Ialdabaoth esta situación, sufre de gran arrepentimiento y vergüenza, con lo cual se redime.

En esta parte, el mito se refiere al hecho de que el sincero arrepentimiento basta para cambiar toda una vida de errores. Pero el arrepentimiento sincero tiene que ver siempre con un cambio en el accionar, no simplemente con palabras.

En una época de verdadero caos, como la que nos toca vivir, este relato tiene gran importancia.

Somos producto de un vivir inercial, es decir: dejamos que las cosas nos pasen, no tomamos decisiones y, sobre todo, no accionamos enérgicamente para cambiar nuestros aspectos negativos.

La falta de energía, esa especie de "anestesia existencial" en la que habitamos, carencia de compromiso, falta de solidaridad, etc., son parte del acto de no tomar decisiones.

Generalmente, preferimos atarnos a reglas establecidas desde afuera, para escapar al compromiso de hacernos cargo de nosotros mismos.

Cumplimos un horario y trabajamos por temor al castigo. Somos temerosos de Dios. Somos morales para no ir al infierno. No robamos para no ir a prisión. Pero ninguno de estos actos componen una norma de conducta. Son imposiciones externas. A lo sumo somos estrictos con nosotros mismos, pero, de ninguna manera, honrados.

La tendencia hacia la negatividad de la vida tiene su base en la ignorancia de las "reglas" de la vida.

La Vida, en sí misma, se manifiesta de manera muy sencilla. Tiende a la evolución y al crecimiento. Tiende a la abundancia. Tiende a llenar los espacios vacíos. A disolver lo concreto. A sorprender. A iluminar. A colorear. A construir. A disolver lo que ya no sirve para crear cosas nuevas.

Frente a la Vida no hay personajes notables. Ni el dinero ni la fama alcanzan para escapar a su brazo, o al de su hermana, la muerte.

Tener cosas materiales no asegura la felicidad, ni la salud.

Hacer acopio de cosas, en muchos sentidos, es contradecir el sentido de la Vida.

Si pudiéramos deslizarnos simplemente en la ola de la existencia, tal vez, no sufriríamos de carencias; porque la Vida es abundancia.

Pero, he aquí que preferimos, al igual que Ialdabaoth, considerarnos a nosotros mismos como alguien superior a todos (arrogancia), cubrimos la realidad con los velos de la fantasía (ignorancia) y reaccionamos con furia (por celos y envidia) cuando una existencia luminosa nos recuerda que vivimos chapoteando en el barro.

Las naciones pobres sienten envidia de las fuertes. Las naciones fuertes se creen la mano derecha de Dios. Y esto se repite en las existencias individuales.

Arrogancia y furia por todos lados.

E ignorancia.

Todos surgimos de la Vida y terminamos en brazos de la Muerte. Algunos creemos que para resurgir nuevamente; pero, como sea, nadie escapa a estas dos instancias.

Nada indica que alguien sea diferente o superior.

Por qué, entonces, vivimos creyendo que existen escalas de importancia entre los que tienen más o menos, o son más o menos notables.

Como expresa el budismo: la mayor ignorancia es creerse diferente a los demás (sakayaditti)

Si alimentamos la tendencia a juzgar a los demás, estamos, de alguna manera, alimentando la creencia errónea de que nacimos para jueces.

Siempre que me desempeñé en organizaciones idealistas, me encontré con personas que creen que tienen que decirte lo que debes hacer, pensar y sentir.

Se invierten millones en convencer al público acerca de lo que deben hacer, pensar y sentir.

Pero todo es una gran mentira. La verdad es que la vida continúa en su fluir, sin darle importancia a todo este juego banal.

En la medida en que ignoramos al sentido de la vida, nuestra energía interna se agota, entristecemos y llevamos adelante existencias rígidas e inconformes.

Si aprendemos a amar las diferencias, a disfrutar de esta galería de individualidades. Si cambiamos el juzgar por el disfrutar. Es posible que las cosas mejoren.

Maryland, octubre de 2001
Juan Carlos Laborde



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