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He escrito mis reflexiones en tres veces, como siempre. El tema me hace dudar, pues está siempre conjugado
en primera persona. Tenía la impresión de haber sido elegida y no de haber elegido
Pero dejo este tema para
más tarde y voy hacia casos clínicos.
*** Primera parte Para hablar de la elección de la pareja, empezaré por el caso de la Sra. NN, de 58 años cuyo motivo para empezar un análisis fué la dificultad que tenía para crear un vínculo de pareja que durara. Su caso me permitió comprender mejor las preguntas que hacen los pacientes sobre este tema y mis propias interrogaciones *** Cuenta la Sra NN: "en aquella época tenía 14 años y conocí al primer pico de oro de mi vida. Era un alumno de último año de la Escuela Politécnica. Nos conocimos en una fiesta improvisada el 30 de diciembre de cierto año cuando yo no era más que una adolescente bien protegida por una familia que se preocupaba por mi porvenir. Me dijo que estaba mal con su madre, me lo tomé a cargo y nos casamos y tuvimos hijos, sin más. Su madre se convirtió en una amiga pero él no era lo suficientemente adulto para aprovechar ésta oportunidad así que lo tomé bajo mi protección a pesar de la oposición furiosa de mi padre que intuía la mentira y la impostura. Pero, bueno, yo le amaba y punto. Tuvimos hijos preciosos y gozamos de una vida agradable. Mi segunda pareja llegó después de mi viudez, un hombre de otro país que me contó, dos días después de haberle conocido, que estaba sin trabajo y que si no encontraba otro empleo para el final de año, se suicidaría. Lo tomé bajo mi protección y lo amé. Seguramente seguirá contando su historia de suicidio hasta el final de sus días encontrando cada vez a una mujer menos inocente que yo pero más inteligente que él, naturalmente. En fin, que no conozco a muchos hombres en todo el sentido de la palabra, pero ellos no han encontrado en mí a la gallina de los huevos de oro que esperaban. El tercero, porque siempre hay un tercero, no me contó quimeras pero siempre sabía qué decirme para hacerme creer que había ido más lejos que yo en su búsqueda de la verdad. Era el mejor de su tipo pues no sólo sabía hablar, sino que adoptaba la pose de poseer un misterio luminoso que podría aportarme la conciencia. Ve usted, yo era la primera inocente, el primer cordero en el rebaño de Dios en este país en el que las mujeres y los hombres sueñan sentimientos, pero sólo viven para buscar el poder y el dinero". En fin, no es el caso de mi paciente el que me interesa en particular, pues ella siempre consigue volver a ponerse de pie, pase lo que pase, y los hombres de su vida le han servido de alguna manera para hacerla más fuerte y más sensible a la verdad. Sólo rindo homenaje a la verdad, siempre y en todo lugar. Ella elegía como parejas, réplicas del «Indiferente» de Watteau del museo del Louvre, hombres capaces de «bostezar su vida», no demasiado poderosos, pero con aspecto de machos en el buen sentido, es decir «Latin lovers» especializados en las zonas erógenas y en el placer de los sentidos. Habría podido ser también un japonés del estilo de Mishima, pues, ¿porqué no elegir una patología límite si esto podía hacerle soñar una vez más en ser la salvadora? Después de haber liquidado este difícil complejo, ella misma ha dibujado el retrato de su pareja posible en
la realidad actual:
Escrito en Paris el primero de octubre 2004
Justo después de «la proyección»1, pues no quería caer en la depresión que se produjo por la falta de valor para llenar, con verdades relativas, la página en blanco. *** Segunda parte El 30 de octubre, yendo hacia Londres, en el Eurostar en el que, como por casualidad, se hará de noche durante 20 minutos, el tiempo que dure la travesía del túnel, es curioso porque sentí y vi la sincronicidad de vivir yo misma este paso inesperado por la noche. Hace tres semanas ni había pensado en ir a Londres De todas maneras, el trabajo inconsciente ya estaba allí: cambio de idioma, un paso hacia el canal de la Mancha y todo se arregla, para hablar de la pareja necesitaba un «paso por la noche» como Jonás dentro de la ballena. Pero en fin, como siempre digo «mi verdad», aproveché esta noche impuesta para hablar y osar hablar de la pareja. Digo lo que los otros no osan decir, pues se trata de un espacio de honestidad, de sinceridad y de libertad de expresión. Querría comunicar lo que he podido comprender sobre este tema: la imprevisible poligamia del hombre real, es decir, un único amor expresándose con parejas distintas y con objetivos diferentes. Si quieren que me exprese más claramente: una pareja de sexualidad, de procreación, de confidencias suspiradas sobre la almohada, una pareja total sin celos, en la que cada cual sabe que es transparente, fiel y maduro. Por ejemplo, otra pareja asexuada, pero transparente también, una pareja intelectual con un compañero elegido para que nos eleve hacia el cielo de la cultura y de la comprensión de la angustia de la interrogación, y además una tercera pareja/compañera en la búsqueda del éxito profesional, de un éxito en la vida. Vivimos en un sistema de culpabilización que, sin comprender, nos impide aceptar esta pluralidad que no es un pecado sino realidad. *** Yo, hija única, «especialista» en hijos únicos de todas las edades. Puedo decirlo: somos ovejas perdidas, sin hermandad. Han querido hacer triunfadores de algunos de nosotros y de otros resignados a no salir de la noche de Blanca Nieves o de Peter Pan. Somos, sea cual sea nuestra edad, buscadores de amores fusiónales y de dependencia. Hijos únicos, estamos como con falta de una droga, pero la cuestión es que nadie sabe nada de nosotros y en nuestra pobre vida sin defensa a causa de la falta de hermandad, vivimos como zombis perdidos. Algunos de ustedes, mis lectores, son hijos únicos y estoy segura de que han buscado en los analistas el alma gemela y nos han contado cosas, pero las únicas y verdaderas cuestiones son: ¿quien soy? ¿dónde estoy en este mundo sin referencias en el que mi hermandad ha desaparecido por el no poder o el no querer de mis padres? *** Tercera parte (miércoles 17 de noviembre 2004) Atención, si después de un descubrimiento no tomamos conciencia inmediatamente de su comprensión, todo se vuelve confuso y aunque esto nos enriquezca en conocimientos, no será claro para transmitir el descubrimiento a nuestros alumnos. Había una razón por la cual no podía terminar el artículo, pues la elección de la pareja es demasiado vasta. Una noche, estaba cenando en el restaurante con un amigo, y como me gusta cenar en paz con frecuencia relativa, confortablemente y sin defensas, la voz de una mujer me molestó mucho. En realidad, no a mí, sino a la persona que me había invitado; así pues, queriendo estar en paz para digerir bien y prepararme a un nuevo día bien ajetreado, fuí dos veces a pedirle que hablará más bajo. Tomó mi petición relativamente en cuenta, pero hacia el final de la cena, estaba contando con voz muy alta que era Escorpio y que acababa de reñir a alguien. Su tono era demasiado alto para mi acompañante y fuí a decirle que si ella era Escorpio yo era Sagitario y que tenía bastante fuego en mí para pedirle moderación. Ella me contestó que era una artista del mundo del espectáculo y que su voz era potente. Yo le respondí que yo era una mujer del silencio y que había aprendido a escuchar. Mas tarde en la velada, al marcharse, pues yo no iba a irme a causa de los demá, fuera de las sesiones no me ocupo de los asunto de los demás excepto naturalmente en caso de necesidad real del otro o en caso de peligro ella vino a decirme: «perdone, soy una mujer del mundo del espectáculo, deme su dirección y le enviaré invitaciones». De pronto me cogió la mano y me dijo: «Ha sido un placer conocerla, mis hijas estarán en el espectáculo y también les gustará conocerla». Y yo me escuché responderle: «A mí también» y busqué en mi bolso una tarjeta que no existía pues no llevo nunca. En cambio, encontré un billete de la Opera de la semana anterior del ballet Medeo en el que garabateé mi dirección confundiendo mi apellido profesional con el familiar. Se lo di. Pero lo que me extrañó fué que me dejé sorprender, pues fuera de contexto no había montado mis defensas de manera instrumental, operativa, y de pronto comprendí que la cuestión no es que la pareja sea a un nivel de elección homosexual, bisexual o heterosexual. La cuestión es ser reconocido por el otro, esto es lo que determina la elección de la pareja, pues en el momento en el que ella me habló, su mano apretaba la mía y sentí perfectamente que la corriente de energía, la libido como la llamamos, sin querer explicarlo demasiado, pasaba. Es decir que confrontándome con ella la había reconocido y esta potencia del aquí y ahora era más fuerte que todos los prejuicios. En fin me dije humildemente que la elección del tipo de pareja no es una cuestión de desviación de la libido, sino de reconocerse dos personas a las que les falta lo mismo. Pido a mis colegas y a mis lectores que no me juzguen demasiado inocente. Lo he comprendido hoy, en un instante, cuando me he sentido sorprendida de ser reconocida por una mujer que me aceptaba sin saber quien soy, pero sintiéndome como un ser capaz de acogerla con plenitud de alma, simplemente y sin defensa, sin superyo protector ni contexto analítico: dos seres en un restaurante, sin historia juntos y sin pasado. Es decir que no se trata de homo, de bi o de hetero sexualidad, sino de reconocimiento. Bueno, que soy menos ignorante hoy de lo que era ayer. Al leer mi articulo que no es más que un pedazo de vida, como siempre y no un trabajo teórico que podrían encontrar sin dificultad en cualquier revista especializada, mis colegas dirán tal vez que tengo un problema con el hombre pues he escogido los ejemplos de la Sra. NN, pero no es cierto. Soy honrada y no tengo puntos litigiosos con los hombres, y amo a mi amado con toda la fuerza de mi comprensión y de lo que compartimos y estoy bien con él simplemente en una totalidad que va más allá de la procreación, de la vida, de la muerte, en fin de la terrible y suprema «Condición humana».
Hecho en Paris en un momento de mi vida
en que el otoño no me afecta como antes y en el que acepto este presente de comprensión, de eternidad y de silencio tranquilo en que habito mi cuerpo y la potencia de su deseo. Las hojas caen, el viento esculpe mi rostro y mi alma. Encuentro que amarte aquí y hoy es la evidencia de nuestra eternidad Del hecho de que hayamos llegado juntos al portal de este misterio que es la pareja. 1 : numero precedente de la carta de SOS Psychologue. Tradución de Montserrat Muniente. Cuando ella traduce, siento que al fin dialogo. | |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Conozco algunas explicaciones respecto a las formas y consecuencias de la elección de pareja. Algunas
esotéricas, otras racionales, psicológicas, biológicas, y ciertas otras justificadas en el azahar.
Las esotéricas son las que me gustaría tratar en este artículo. Las que conozco se justifican a través de una predisposición "divina" para que dos seres unan sus vidas. Se dice "matrimonio y mortaja del cielo bajan". En lo personal creo que en todo encuentro humano hay algo de sobrenatural. No creo que el hombre haya llegado al grado de evolución al que llegó por su propia cuenta, es decir por su capacidad de adaptarse al medio ambiente. Sí creo en una conciencia superior que "dirige la orquesta". Más que una explicación metafísica es, considero, una explicación lógica. No podemos pensar que somos los mejores seres de la creación y que en cien años hayamos casi destruido nuestro hábitat a través de supuestamente nuestra "privilegiada" inteligencia. Si en hipótesis el ser humano ha progresado tanto durante el último siglo, debería haber previsto su supervivencia futura en este mundo. Y creo que no lo hizo, ni lo está haciendo realmente. No basta con dejar de dañar la capa de ozono o no tirar papelitos en la acera para mantener la especie humana con vida. Hay temas mucho más importantes y que cualquier asociación ecológica seria conoce bien. Lamentablemente los gobiernos disfrazan de "ecologistas" a grupos que solo pretenden distraer de los verdaderos problemas ambientales con consignas referidas solo a los desperdicios y los buenos modales sociales. En cambio si pienso que la estupidez humana nos está llevando a la ruina, tengo también que pensar que durante muchos miles de años hubo "algo" que no dependió del hombre (una conciencia superior) que mantuvo la armonía y la conservación de este hábitat. En definitiva, creo que en todo encuentro humano hay algo que tiene carácter superior, es decir que hay algo de conciencia en otro nivel (mejor que el nuestro), que facilita los encuentros o bien los desencuentros. Sería largo hacer una explicación desde este punto de vista de los "porqué" esto o aquello. Deberíamos entender primero el sentido de vida de la especie humana y no creo que estemos con capacidad para hacerlo. Creer que el ser humano evolucionó de otros animales y está aquí solo porque hubo algunas mutaciones y adaptaciones, solo nos llevaría a decir que en el aspecto psicológico, el hombre no tiene una dirección especial. ¿para qué el hombre logró tanto poder de raciocinio, si con él obtuvo más consecuencias nefastas que evolutivas? ¿No es eso acaso desorientación psicológica? Ahora si el planteo es desde una óptica espiritual, se podría decir por ejemplo que el hombre tiene su psiquis para tener conciencia y tiene conciencia para aprender. No sabemos para qué, ni porqué, pero suena más o menos bien, especialmente cuando en la vida nos pasamos aprendiendo cosas. Si aceptamos ésta hipótesis también podríamos decir que aprender implica equivocarse y acertar. Algunas veces nos encontramos con otros seres humanos para equivocarnos y aprender, y otras para practicar lo aprendido. Es decir, que con las personas con las que tenemos relaciones conflictivas aprendemos y con las que nos llevamos bien, practicamos lo aprendido. Entonces desde ésta perspectiva (que me satisface personalmente) podría decir que en la elección de pareja a veces nos equivocamos, muchas veces tal vez, pero que aprendemos mucho sobre las relaciones estrechas con las personas. Otras veces disfrutamos de una compañía en forma total, y ahí es donde solidificamos lo aprendido. Si después de un arduo aprendizaje, no vemos los logros en la vida real, no percibimos lo aprendido. Podría ser que uno en vida no logre la pareja que sueña. Tal vez uno no tenga la plasticidad de cambiar y siempre se relacione con las personas de la misma manera. Hay gente que no aprende con las experiencias. Y hay otros que ante la detección de errores en su conducta (que lo llevan al sufrimiento), logran cambiar y adaptarse a mejores formas de comunicación y de relación. Podría ésta ser una explicación tentativa del porqué muchos logran la pareja adecuada y otros no. Sencillamente, aparte de explicaciones y justificaciones, creo que como conclusión y consejo simple, solo podría decir que lo mejor que podemos hacer como humildes y débiles humanos es tratar de aprender de nuestros errores y nuestros fracasos (en el tema de pareja o en otros temas) y tener la fe o certeza que la suma de fracasos, aprendizajes y modificación de conductas, podría permitirnos lograr lo que ansiamos. Pensar así me ayuda a creer que existe un sentido en nuestras vidas. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Los gobiernos de los países industrializados saben que el costo es alto a la hora de considerar la salud de la población, según informa el reporte anual de la Salud de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico [OCDE]. En los países más ricos los avances de la tecnología médica se reflejan en costos elevados, favoreciendo la inversión en el sector farmacéutico. La mayoría de los países de la OCDE están tratando de recortar sus presupuestos en salud en México, único país latinoamericano miembro de la organización. En otros países pertenecientes a la OCDE están tratando de controlar los gastos en el programa del sector salud. Por el contrario, México intenta mejorar su infraestructura de salud lo que requiere de inversiones adicionales. El país azteca, al igual que Estados Unidos, no cuenta todavía con una cobertura de salud para la totalidad de sus habitantes. Algo que en naciones como Francia y España se ha conseguido hacer eficazmente. En los países industrializados, el consumo del tabaco ha disminuido sustancialmente, pero los índices de obesidad se han incrementado en un 20%. México se encuentra en el puesto Nº 1, debido a una mala alimentación, sedentarismo y nula educación alimentaria. Sin embargo es de todos conocido que la OCDE no es muy precisa en sus aseveraciones "de escritorio", en especial sobre la salud que es el tema que este corresponsal maneja. Ni tampoco en el criterio que usa para elegir a sus funcionarios. Ya lo vimos con el candidato a la presidencia de la OCDE el Dr. Julio Frenk, actual secretario de Salud de México. Estuvo a punto de ser el presidente y debido a las múltiples protestas de la comunidad mexicana, éste no fue nombrado. Por otra parte, habrá que preguntarles a los propios habitantes de la República Mexicana a ver que opinan ellos sobre el sistema de salud, quienes vivimos todos los días y a cada minuto. Es verdad, sí se abren nuevas clínicas de salud en comunidades lejanas, pero ¿tendrán medicamentos, material de curación y médicos capaces? ¿Valdrá la pena abrir nuevas clínicas familiares si las ya existentes no pueden proporcionar una buena calidad en el servicio, y no pueden proveer de los medicamentos necesarios para cada paciente? ¿Porqué hoy en día, en el sector salud se hace el 80% de transplantes de donador vivo? ¿Porqué solo se realiza una campaña anual sobre transplantes y no diaria? ¿Porqué los pacientes con Sida no reciben todos los medicamentos que requieren? ¿Porqué hay epidemias de sarampión en la Ciudad de México? Será porque los esquemas de vacunación son incompletos hasta en 30 por ciento en niños menores de un año? ¿Porqué hay epidemias de tuberculosis en el ganado vacuno y el sector salud deja que este aumente rápidamente sin haberlo detectado a tiempo? Muchas preguntas que quizás la OCDE no alcanza a escuchar. Resultados de la Encuesta Nacional de Salud 2000 revelan que 57 millones de mexicanos carecen de seguridad social, en tanto que 17 por ciento de la población derecho-habitante prefiere acudir a los servicios privados. ¿Porqué se incrementó el número de enfermedades diarreicas en menores de cinco años en los últimos siete años? ¿Porqué se incrementó el número de la población diabética, hipertensa y con problemas cardiovasculares, con un mayor énfasis en los grupos poblacionales pobres? México destina 5.7 por ciento del producto interno bruto a la salud, cifra que está por debajo del promedio latinoamericano (6.5 por ciento). ¿Será esto porque a México no le conviene tener gente sana ni educada? |
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Health I. G. News
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Mi primer reflexión es que, en realidad, casi nunca elegí. Y no quiero decir que fui elegido, no creo que nadie tenga tan mal gusto. Simplemente, que los valores instituidos en mi inconsciente se encargan de muchas tareas de mi vida, como, por ejemplo, elegir amigos o pareja. Y creo que a los demás les pasa lo mismo, de otra manera, inteligentes mujeres jamás se hubieran fijado en mí. Pero, tal vez, les recordé a su abuelito o a su perro y eso conmovió su afectividad y las dispuso a "elegirme". Elegir es un acto de la voluntad. Casi siempre hay una llamadita de nuestra intuición (inconsciente también) que sabe precisamente si estamos por optar bien o mal, pero casi nunca le prestamos atención. Y, entonces, comienza a funcionar la parafernalia de nuestra mente, que disfrazada de razón, se encarga de justificar nuestros deseos recónditos, los cuales no siempre llevan la dirección de lo que queremos de la vida. Entonces es que, esta "elección pasiva" se constituye en un acto que puede llevar a la decepción. Decía que, elegir, es una acto de la voluntad. Nuestra vida está compuesta y direccionada por elecciones de todo tipo. Estas están orientadas, casi siempre, a escapar del dolor y asegurar el placer. La elección de pareja no podría tener, entonces, otra motivación. Nos asociamos a alguien en convivencia para que nos dé lo que creemos necesitar. Casi nunca para darle lo que ella desea. Y el acto previo a la consumación de una pareja, la seducción, es, en sí mismo, una forma de mostrarnos como no somos en realidad. A esta altura nos hemos asociado a alguien que se ha mostrado ante nosotros como no es, al tiempo que nosotros hicimos lo mismo y con la única motivación de obtener de él lo que nos falta en la vida, idéntico motivo que condujo a esta persona a elegirnos. Si es norma en nuestra vida que los acontecimientos (fenómenos) nos superen y arrastren "como hojas en la tormenta", también es probable que nuestra pareja haya "surgido" como fenómeno intempestivo e irreparable. Otra posibilidad es que hayamos hecho un examen exhaustivo y poco espontáneo de las características de tal o cual persona, cotejándolas con nuestras necesidades y opiniones sobre lo que debe ser. Acto frío y calculado, o no, no escapa a la norma de "te amo porque vas a darme lo que necesito". La contradicción que reside en esto es parecida a la falacia de cierto tipo de capitalismo que asegura que el bien común depende de que cada uno trate de obtener su beneficio individual. En una sociedad no puede prevalecer el interés individual, porque este tipo de sociedad se fagocita a sí misma. El bien individual sólo es real si se apoya en el beneficio común. En la pareja es igual. En lo esencial, todas nuestras elecciones se definen a partir del tipo de relación que mantenemos con la vida y su aparente contrapartida, la muerte. Tenemos la creencia de que la vida tiene que darnos cosas, cuando la vida ya nos fue dada y es la única cosa que vamos a recibir de ella, garantizado. También creemos que la muerte es una injusticia, otra cosa que está garantizado que recibiremos. Ambas circunstancias SON, y nada hará que cambien. Vida y muerte no son fenómenos, sino CAUSAS. Tienen entidad propia, existencia real y concreta, aún cuando las guardemos en el cajón de los conceptos filosóficos. De poder hacerlo, elegiríamos perpetuar la vida y alejar la muerte, pero la realidad es que, cada minuto, nos acerca más a la muerte. Y esa muerte implica que todo (léase todo) lo que hayamos obtenido se desvanecerá en un suspiro final... Y el rico y el pobre, el bienamado y el vituperado, el conspicuo y el concupiscente, el sabio y el bruto, se mezclarán inexorablemente con la tierra, el fuego, el agua y el aire. Entonces, lo que sobrevive es nuestra memoria (en los demás). Es posible que elijamos mejor si consideramos que gozamos de un gran regalo que es la vida y nos dirigimos hacia una muerte implacable. Elijamos con menor arrogancia. Aprendamos del valor y la dignidad de la vida. Respetando el valor y la dignidad de toda forma de vida (mujeres y hombres incluidos) Viendo al otro como un espejo y una criatura que merece todo el goce que queremos para nosotros mismos. Luchando sinceramente por el crecimiento, la evolución y la educación de todas las personas. Dando siempre que puedo el empujón de aliento, más que el empellón hacia el abismo. No sé elegir pareja Y, en verdad, no sé elegir casi nada en mi vida... Como os dije, mi inconsciente elige por mi. Vivo mi vida como si la muerte de esta existencia transitoria no fuera real. Procuro mi beneficio personal por sobre todas las cosas. Sé que sería mejor si fuéramos solidarios, pero es más rentable defender lo mío con uñas y dientes, aunque ni siquiera sea mío realmente. Expío mis culpas en rituales religiosos y entregando diezmos y limosnas, lo que me convierte en un buen siervo de Dios. Negocio con mis hijos y mi esposa. Les he hablado de proyectos en vez de objetivos. Engaño siempre que sea beneficioso para mí. Tomo vitaminas y aminoácidos para no morirme ni envejecer. El dinero no hace la felicidad, la compra. Y aunque no vaya a entrar en el ojo de la aguja, quiero ser rico. Para los pobres el paraíso, para mí la Tierra. Hasta que la muerte nos separe
Carolina, Puerto Rico, octubre del 2004
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Juan Carlos Laborde
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