Para los seres como nosotros, que tenemos una percepción limitada de lo que vivimos, la libertad pasa, al igual que las demás cosas, a ser un concepto subjetivo y dependiente de las creencias del individuo que las tiene.

Parece difícil de aceptar el hecho de que somos seres muy limitados en cuanto a percepción, pero nuestros errores permanentes, como seres individuales y sociales, nos hace ver que solo captamos algunas facetas de las cosas y otras (muchas otras) las ignoramos.

Por ejemplo cuando se toma la decisión de desbastar un monte por su madera, a cambio de dinero, se esta demostrando la estrechez mental que posee la persona que toma esa decisión y los que permiten que se haga (por ejemplo gobernantes, pobladores de la zona, etc), ya que ese dinero nunca va a compensar años de trabajo de la naturaleza para dar vida y crecimiento a ese bosque que ya no se va a recuperar, tal vez jamás.

Tener conciencia «amplia» significa que cuando tomo una decisión, tengo en cuenta todas las consecuencias que puede traer, para mí y para otros, sean éstas personas, plantas, animales o cosas.

Si tuviéramos una conciencia más «amplia», todos nuestros actos serían «ecológicos», estarían armonizados con el fluir de la vida y los ciclos naturales e irían a favor de la evolución, como manifiestan los actos de la naturaleza.

Eso no significa que no se puedan utilizar los recursos naturales para nuestro beneficio, pero sí procurar elegir acciones que compensen las consecuencias del acto que vamos a desarrollar.

Entonces si en nuestros actos evidenciamos una «corta visión» de los hechos y circunstancias que lo rodean, también es de esperar que nuestro concepto de «libertad» sea limitada y sesgada por la subjetividad que todo invade en nuestras vidas.

Cuando hablamos de ser libres tenemos que preguntarnos ¿respecto de qué? Somos más libres que un presidiario, pero somos menos libres para movernos que un pájaro. Somos más libres de lo que lo fueron nuestros abuelos, pero todavía nos falta mucho de dignidad para ejercer tanto en el medio social como en el natural.

También hay (de acuerdo a lo evidenciado en nuestra cultura) diferentes significados de la palabra libertad.

La palabra libertad designa la facultad del ser humano que le permite decidir llevar a cabo o no una determinada acción. Se supone que con responsabilidad.

Pero la comúnmente llamada libertad está en general referida a la libertad cívica, es decir a las libertades que se ejercen dentro del medio social como por ejemplo libertad de expresión, libertad religiosa, de prensa, de enseñanza, etc etc.

Pero hay una libertad que va más allá de la dependencia a las reglas sociales, que no depende de la voluntad de otros para otorgárnosla o permitírnosla, y es la libertad del espíritu.

Esta libertad depende solo de nuestra voluntad para hacernos libres en un mundo donde las leyes no son gobernadas por los hombres.

De hecho dentro de la peor confinación como es el de un campo de concentración, Víctor Frankl mantuvo su espíritu libre y vigoroso y pudo ser el ejemplo verdadero de que el poder y la libertad del espíritu no está sujeto a los hombres.

La sociedad se supone que la creó el hombre para ser feliz, bien sea sentirse protegido, poder acceder a la alimentación y el vestido o poder desarrollar su espíritu.

Mi opinión en definitiva es que en este momento social y cultural que nos toca vivir deberíamos empezar a pensar en dar un salto cuántico a nuestras vidas. Esta sociedad nos provee (a algunos de nosotros al menos) de lo que necesitamos para vivir cómodamente y no tener que preocuparnos demasiado por el alimento, el cobijo y el vestido.

En lugar de trabajar más para acumular más cosas materiales, que tarde o temprano van a quedar en este mundo físico, deberíamos empezar a pensar en esa parte oculta e inexplorada de nosotros, que nos diferencia de las piedras y que merece ser explorada.

Sería una forma de también generar un avance social y cultural a la humanidad.

Licenciado Alejandro Giosa




o cómo perdimos la libertad en el devenir de nuestra historia

En el vínculo que los hombres pactamos en el origen de nuestra prehistoria como especie gregaria que somos, la sociedad estaba destinada a la protección común y el trabajo comunitario.

Los humanos no éramos criaturas veloces, ni notablemente fuertes, ni estábamos dotados de garras o dentaduras temibles.

Sin embargo, superamos esas carencias, frente a un medio donde la competencia física prevalecía, uniéndonos en comunidades y utilizando nuestra inteligencia para desarrollar armas para cazar y luchar.

Con el tiempo, las otras especies mermaron hasta casi su extinción y los humanos observamos cómo nuestros propios congéneres tomaban el lugar amenazante de las viejos depredadores.

Hoy, por violencia o estupidez, somos el único peligro latente en el planeta y amenazamos con trasladar nuestra tendencia a otros mundos.

El hombre no parece ser simplemente una criatura destinada a la mera supervivencia física; sus ojos miran más allá: hacia la tierra de los muertos, las divinidades y hasta los mundos probablemente habitados del cosmos.

El hombre está lleno de preguntas y de angustia. Y esta no es una tendencia de la modernidad. Stonehenge y otros monumentos similares son testimonio silencioso de que estuvo presente en todos los tiempos.

Y si mencionamos la búsqueda es porque está siempre relacionada con la obtención de la felicidad, íntimamente ligada al criterio de libertad.

No obstante, la sociedad, en sí misma, incluye una contradicción respecto a nuestra búsqueda de la libertad.

Al institucionalizarse y transformarse en estado, provisto de "poderes", requirió de la transferencia del poder personal de sus socios. Y el poder está relacionado inevitablemente con la libertad.

No hay libertad sin poder personal.

Entonces las sociedades se vieron obligadas a generalizar la búsqueda. Y la libertad ya no fue una cuestión personal, sino un objetivo del estado.

Así aparecieron las naciones defensoras de la libertad, enfrentadas ancestralmente con aquéllas que son, históricamente, contrarias a ella.

Pero, entendamos, que estas fueron siempre etiquetas, estandartes, no necesariamente realistas.

Cada grupo busca, con sus propias características y por sus propios caminos, lo mismo.

Al no poder el estado satisfacer realmente esta necesidad humana, y prevalecer la angustia, se asocia con las instituciones religiosas, las cuales prometen una felicidad futura a cambio del sacrificio cotidiano.

Obviamente, esta idea es una generalización, no necesariamente exacta respecto a la cronología de los acontecimientos; pero sí a los resultados.

Porque a pesar de que, por alguna razón, llegamos a la creencia de que sociedad y estado son una misma cosa, de la misma forma en que a veces creemos que Iglesia y religión son sinónimos; la verdad es que esto no es así.

Tan erróneo como sostener que la libertad es un bien de obtención colectiva.

Las revoluciones, por ejemplo, no pueden ser "libertadoras", ni siquiera aquellas que fueron motores de la independencia de las naciones. Las revoluciones producen cambios de manos en el poder del estado, pero nunca, nunca, este poder es "devuelto" a su propietario original.

En la antigüedad, la nación (cultural) celta, se basaba en la unidad de los clanes. Cada clan era un grupo de campesinos, una familia y una compañía de guerra, al mismo tiempo. Un rey era tal sólo si obtenía la simpatía de los jefes de clanes y éstos, a su vez, debían recibir el apoyo de sus familiares.

En pocas palabras, estas células conservaban el poder sobre la producción de riquezas y el militar. No había cesión del poder como sucede en el concepto imperial del Estado.

En este tipo de sociedad (la del clan) el estado era realmente "representativo", el rey no detentaba poder real, el poder era cedido por la célula familiar sólo en situaciones de emergencia y si el grupo simpatizaba con las medidas a tomar.

Los mega-estados, los imperios, rápidamente buscaron hacerse de los recursos militares y del manejo de las riquezas, convirtiendo a los "socios" en esclavos. Hasta el punto de que toda protesta era y es acallada, muchas veces, con violencia.

Cuando Julio César inicia su campaña contra las Galias, para afirmar su poder sobre Roma y como mero ejercicio político, arrasa no sólo con una cultura profunda, sino también con un concepto de sociedad.

Por un lado, el estado imperial, con milicias mercenarias; por el otro los clanes, familias armadas.

El resultado era predecible.

No sólo la destrucción parcial de aquella sociedad, sino su estigmatización, comenzando por el ataque a sus cabezas ideológicas, los druidas.

Desde entonces el estado prefiere estigmatizar a sus detractores, antes que ejercer una acción directa contra ellos, y es por esto que los medios de propaganda e información se han vuelto tan importantes.

Por ejemplo, si se dice que alguien es anarquista, inmediatamente lo asociamos con un terrorista o un propiciador del desorden publico. Sin embargo, la propuesta anarquista no tiene nada que ver con ello.

Y esta claro para todos que no gozamos de libertad, aún cuando podamos decir lo que queramos y cuando incluso los detractores de un gobierno puedan tener voz en los medios.

La libertad no es sólo eso. Ni tampoco, repetimos, es algo que dependa de las decisiones del estado.

Nuestra angustia, depresión y hasta muchas enfermedades, son manifestaciones de nuestro espíritu tratando de expandirse en un medio que pretende comprimirlo y tipificarlo.

¿Qué nos condena a la esclavitud?

No es la democracia, ni el comunismo, ni siquiera los tiranos de turno.

La libertad la perdimos desde el interior de nosotros mismos, y el estado surge como consecuencia de esa pérdida.

La libertad la perdemos en la infancia como consecuencia de una educación errónea.

En el presente, lejos de evitar los errores pasados, elegimos buscar la aprobación de los educandos y recurrir a los métodos que ellos prefieren para transmitirles una cultura igualmente vacía y carente motivaciones reales.

En la relación familiar, se alternan la indiferencia con la satisfacción de los caprichos de los menores, orientados siempre hacia un consumismo exacerbado, plagado de pautas sin dirección alguna.

Lejos de ser este un problema de los países en desarrollo, es más profundo en los países ricos y desarrollados.

Todos tenemos la sensación de que algo no funciona, pero seguimos, ciegamente, hacia "adelante". En Estados Unidos, por ejemplo, los educadores buscan fusionar los textos que nadie lee, imaginen a un adolescente bregando con Don Quijote de la Mancha, con los video-juegos. Por lo menos es un intento, pero los niños no saben quién es Huckeleberry Finn (no es el osito de nuestra niñez), ni el Rey Arturo, ni Sancho Panza.

Paradójicamente, ellos prefieren a SpongeBob o a los Transformers, en el fondo, tan vacíos como lo que se les trata de inculcar en las escuelas, donde hasta la ciencia parece estar atrasada unos veinte años.

Conocimiento es libertad, porque conocimiento es poder.

Conocimiento se adquiere comenzando con humildad y deseos de aprender.

Conocimiento es opciones, ojos abiertos, discernimiento, capacidad para reconocer la verdad y descartar la mentira.

No se aprende memorizando, ni recitando fórmulas.

Sociedad es libertad si hay conocimiento.

Pero no enseñamos esto a nuestros niños. No nos atrevemos ni siquiera a mencionarlo, porque tampoco nos lo contaron a nosotros, adultos producto de escuelas militarizadas.

Hay una relación íntima entre los fenómenos físicos y los espirituales (fenómenos que no pueden verse, olerse, tocarse o medirse), los primeros son consecuencia de los segundos.

Toda enfermedad, desde un simple ataque de mal humor, comienza en el plano espiritual, se transmite al energético y de allí directo condiciona al físico.

Todo lo que está fallando, falla, porque desconocemos ese camino que va de lo espiritual a lo físico.

Reemplazamos los valores por los objetivos.

Hay una gran diferencia.

No hay sociedad libre sin conocimiento y no hay verdadero conocimiento si no hay amor.

Y todo esto se gesta en el universo de las causas, no en el del consumo.

Lo sabemos, pero seguimos, ciegamente, caminando hacia ningún lugar, porque allí es adonde marchan todos.

Cuando un terapeuta se interesa en su paciente y lo conduce a la liberación de sus culpas y al perdón, lo libera; desde lo espiritual: su mente, emociones y memoria.

Allí es donde reside el gran esclavizador, en la memoria inconsciente y subconsciente. Y allí es donde está, también, la llave de la libertad.

Y la liberación es individual, porque los traumas conforman "nódulos" en los centros energéticos, limitan el carácter, causan estragos en la energía individual y terminan en enfermedades y adicciones.

Algunos tiene traumas terribles y profundos, otros más leves, pero todos nosotros necesitamos abrir las puertas de la comprensión, de la sabiduría y del amor para liberarnos.

Ahogados como estamos en el sopor de la producción para pagar cuentas, impuestos y muy poco para nuestro esparcimiento; nos resulta difícil detener la máquina y preguntarnos adónde vamos.

Cómo estamos educando a nuestros hijos.

Cuándo fue la última vez que nos prestamos atención a nosotros mismos.

Apenas empezamos y por la televisión el presidente anuncia que estamos en crisis.

Un poco de miedo para mantenernos ocupados.

Y si no hay crisis económica, hay huracanes, o epidemias pero siempre hay algo.

Orwel 1984

La gente produce más en épocas de crisis y reclama menos.

Y nada podemos hacer si estamos espiritualmente lisiados.

Comencemos por querernos a nosotros mismos, dedicar tiempo a los que queremos _comenzando por nosotros_, abrazarnos, cuidar nuestros parques, cosas simples tocar la tierra, meditar, recuperarnos.

Si no podemos solos, busquemos ayuda.

Pero comencemos.

Ya.

exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Seonaidh Labraidh



El 24 de Marzo de 1976, un golpe militar destituyó a la entonces Presidente Constitucional María Estela Martínez Vda. de Perón, más conocida como Isabelita.
Isabel Perón había asumido la presidencia el 1º de Julio de 1974 a la muerte de su esposo el Teniente general Juan Domingo Perón. Ella ocupaba en ese momento el cargo de Vicepresidenta Constitucional. Su breve gobierno fue débil, corrupto, ineficiente y dio lugar a hechos criminales cometidos por una suerte de escuadrones de la muerte conocidos como las tres «A» (Alianza Anticomunista Argentina) De todas formas estaban previstas elecciones a breve plazo y seguramente el resultado no le sería favorable a Isabel.
Los militares golpistas cuando se apoderaron del gobierno manifestaron que venían a poner «orden» pero el orden que impusieron fue el del terror y la muerte. Para tener en cuenta las dictaduras son regímenes políticos no democráticos en donde no tienen en cuenta las normas establecidas por la Constitución.
Inmediatamente comenzó una verdadera caza de brujas, Terrorismo de Estado durante este período los llamados «grupos de tareas» integrados por elementos policiales, civiles y militares (siempre al mando de un militar de alta graduación) asesinaron a miles de personas y secuestraron a varios miles más, los que fueron conducidos a lugares clandestinos de detención (campos de concentración) donde fueron detenidos en condiciones degradantes, salvajemente torturados y finalmente (casi la totalidad) asesinados.
En la Argentina llegó a haber alrededor de 368 campos de concentración ubicados a lo largo y a lo ancho del país.
Se menciona la palabra «Desaparecidos», esa categoría terrible se refiere a las personas secuestradas sin libertad (o sea detenidas clandestinamente) de las cuáles no se dio más información y que se convirtieron así en «desaparecidos». La mayor crueldad para sus familiares que ignoraban si estaban vivos o muertos o cómo estaban.

Los militares siempre negaron su existencia hasta tanto les fue imposible continuar haciéndolo. Y como la censura era total, la palabra «desaparecidos» no figuraba en los diarios ni se escuchaba en ningún medio de comunicación.
Más de 100 periodistas fueron asesinados o desaparecieron en la dictadura militar. Acá se viola la libertad de expresión y el derecho a informar. Es la libertad que en lo político le llamamos «democracia», es la libertad de que puedes decir lo que quieras, puedes expresarte y decir tus opiniones haciendo que los demás te escuchen cosa que en la época de los militares no sucedía porque había represión, falta de libertad. Se produjo el exilio de muchos argentinos, varios de ellos ilustres o distinguidos en sus actividades, que dejaron el país para salvar sus vidas, pero también hubo un exilio interno ya que quienes se quedaron, estaban condenados al silencio para evitar ser «desaparecidos».

En ese marco de miedo y silencio colectivo que tenía la sociedad, surgieron las Madres de Plaza de Mayo, un grupo pequeño de mujeres que por amor a sus hijos desafió al Poder y se levantó como testigo y denuncia pública en un país ocupado por sus propias fuerzas militares.

A medida que sus hijos eran secuestrados y «desaparecidos» las Madres acudían a golpear todas las puertas que pudieran dar alguna noticia sobre los desaparecidos.
Así comenzaron las marchas. Marchas alrededor de la pirámide de Mayo que es el símbolo de la Libertad, marchas que continúan aún hoy.
Las Madres son la reserva moral de los argentinos durante los años de plomo de la dictadura militar, por eso constituyeron un foco de luz y esperanza durante esos negros años. Sus demandas fueron y son Verdad, Justicia y Castigo por las violaciones de los derechos humanos, lamentablemente hoy reina la impunidad que genera nuevos crímenes perpetrados por ex integrantes de «los grupos de tareas» que a pesar de haberse comprobado que fueron torturadores y asesinos durante la dictadura, gozan hoy de una amplia libertad.
Las Madres creen que la Democracia no se agota con el sólo ejercicio del voto, aunque éste es importante, es necesario que la Democracia sea participativa equitativa y justa, todos los ciudadanos, los habitantes de nuestros país deberían tomar conciencia de estos principios y actuar en consecuencia.

Hoy las madres de plaza de mayo siguen buscando a sus hijos y nietos.

Acá tenemos un gran ejemplo de sociedad y libertad, las madres de plaza de mayo que se unieron para buscar la libertad que le merecían a los desaparecidos de esa época y que hoy también la sociedad argentina sigue luchando.

En el caso de los desaparecidos como vemos, la sociedad se junto para luchar contra unos de los más importantes derechos que existen en el mundo que es la libertad.

A partir de 1994 se incorporo a la Constitución Nacional las garantías que son protecciones para asegurar el respeto de los derechos y las libertades que ella reconoce. En los artículos 18 dice: «Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa…El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes» y el 43 trata sobre el amparo: «que es una acción judicial breve y sumaria, destinada a garantizar los derechos y libertades constitucionales distintos de la libertad física», que trata el habeas corpus, que se hallan enumeradas en gran parte de las garantías constitucionales.

En conclusión es importante retomar que la libertad es la facultad que el ser humano tiene por naturaleza de hacer o no hacer lo que él quiera. Pero no siempre podemos ser libres, tenemos que regirnos por ciertas normas para que siempre haya un orden que sea correcto, justo e igualitario para todos los ciudadanos y que siempre se respete los derechos constitucionales.

A partir del siglo XX con la democracia como garantía de la libertad, dentro de los sistemas de gobierno que el ser humano ha creado para organizarse y vivir en sociedad, se suele reconocer que el sistema democrático es el que mejor garantiza y asegura la libertad de los individuos.

La democracia se fundamenta en la necesidad de respetar aquellos que nos hace ser plenamente humanos: nuestra libertad. Esta libertad genera inevitablemente diversidad. Por eso la democracia se basa en la tolerancia y el reconocimiento de las diferencias. Con lo ocurrido con los militares, secuestro, desapariciones, torturas, etc. La democracia se plantea como objetivo la libertad del ser humano de toda forma de opresión. En el plano político, se busca que el individuo esté libre de coacciones autoritarias.

Ahora bien, el ejercicio de la libertad exige también algunas responsabilidades. Al vivir en sociedad, la libertad de cada uno no puede ser un derecho absoluto sino que encuentra sus límites en la libertad y el derecho de los demás.

Recordemos que no solo hay libertad para los humanos, también existe la de los animales que de una forma u otra, con actitudes nos revelan su incomodidad y exigen su libertad.

Prof. Carla Manrique



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