Crisis, la cara oscura del sol, que lastima la piel  cuando convive con el viento.

Crisis, las mareas humanas peleando las guerras impuestas al tiempo inundadas de humo.

Crisis, la pregunta pegajosa del aire mirando la sonrisa de un niño.

Crisis, la molesta lluvia del miedo apretando los pensamientos.

Dos seres lejanos caminando en veredas distintas mirando de reojo la vida.

Dos canciones violentas desde el departamento vacío.

Dualidad con hambruna masiva.

Polos furiosos con brazos cerrados.

Y ¿para qué la historia?, si están tan cansados.

Y ¿para qué la vida?, con tanto disgusto.

Crisis oportuna con granizo blanco en torbellinos de noche.

Crisis en crisis con pasaje al tiempo del hoy.

Sabiduría de antaño, potencialidad del mañana.

Crisis es hoy, el instante eterno de la vida.

Crisis por fin llegaste!!!… te estaban esperando sentados.

Y se pararon de golpe a caminar con el corazón ardiendo

Y así de crisis en crisis, el aire afirmó las ganas

y los rostros ensayaron la mirada amplia

y las manos pulsaron la música sin lujuria

canturreando el gozo del estar aquí ahora.

Licenciada Rut Diana Cohen



Para los que vivimos en países, como Argentina, conocemos periódicos ataques de eso que se llama crisis, y cada vez que ello ocurre, nos recuerdan que crisis en chino es sinónimo de oportunidad.

Tal vez sea así, pero es una lástima que en general la oportunidad, especialmente la de mejorar, no sea para beneficio de las mayorías.

Vivimos en crisis, lo que en el caso de ciertos países empobrecidos significa estar cada vez peor, es decir con menos posibilidades de desarrollar la vida en forma equilibrada.

¿Y qué pasa cuando la crisis nos afecta en forma particular? ¿Sabemos aprovechar y sacar ventaja de ella? Esa es una buena pregunta pero que por desgracia nos pone en la difícil situación de responder y juzgarnos de acuerdo a los resultados, que muchas veces preferimos no reconocer. La mayoría de nosotros no sabe como enfrentar las situaciones complicadas de la vida sin caer en el facilismo de echar culpas a otros, enojarse, creer que se tiene razón, y sin luchar entregarse a la resignación de haber perdido.

Lo más común es echarle la culpa a la mala suerte que se tiene en la vida, y puede que sea así. Es innegable que nosotros solemos ayudar para que la suerte nos aplique sus designios.

Sin crisis, es muy probable que nos domine la pereza. Los momentos críticos son los que nos mantienen alertas, y preparados para actuar. Tal vez por eso es que la humanidad fue cambiando, y adaptándose a las diferentes demandas que nos impone el mundo. Me cuesta decir que el cambio en nuestra civilización fue para mejorar, porque lo cierto es que en algunos aspectos hemos mejorado y en otros no.

Los momentos críticos probablemente sean los que generan la sensación de estar vivos. Si no somos acosados por situaciones nuevas, que exijan de nosotros una acomodación, puede que perdamos la sensación de estar viviendo. Por algo los que afirman vivir intensamente, lo dicen por el grado de actividad de sus vidas, por lo cambiante, y por los desafíos que se le presentan.

Pero es difícil hablar de crisis, sus manifestaciones y beneficios o perjuicios, si no tenemos en cuenta al receptor o protagonista de ellas. Por eso es que entre nosotros existen personas que logran cosas y otras que pierden. No resulta difícil darse cuenta por sus manifestaciones verbales quien tiene tendencia a beneficiarse con las circunstancias y quien siempre sale en deuda con los acontecimientos de la vida.

Se es como se piensa y sin duda se piensa como se habla, en consecuencia si hablamos de la mala suerte, de las culpas de otros, de la falta de dinero, o de educación, o del bendito país en que se vive, estamos manifestando que somos víctimas de lo que nos rodea. Si somos víctimas de todo y no creemos en nuestra capacidad de accionar en el mundo, para cambiarlo, se podría decir que somos como hojas a merced del viento. Y eso es realmente triste, si creemos que somos Hombres, es decir humanos.

Podemos dejar de ser manejados por las circunstancias, si así nos lo proponemos y gobernamos nuestra vida para generar esa tendencia.

¿Qué cosa puedo hacer ante este momento crítico que no sea echar culpas? ¿De qué forma puedo sacar ventaja de esta situación?

¿Qué cosa me atribuiría la capacidad de intencionar mis actos en una dirección que yo elija?

Para los que están acostumbrados a no decidir nunca, es decir que dejan que otros decidan por él, puede que esto parezca una tarea imposible de lograr. Esa gente no tiene perspectivas de mejorar en la vida. En general cuando la vejez va tejiendo cada vez más profundas redes dentro del cuerpo y el espíritu del hombre, los ataques de las crisis son más duros. Y para el que ya está caído solo le queda la resignación total, la pérdida de toda esperanza y fe.

Por eso es triste haber llegado a esa situación, que no solo alcanza a la gente de edad, sino que hay muchos jóvenes que viven sin protagonismo, esperando que otros se hagan cargo de todo, incluso de él mismo.

No quedan muchas alternativas si se quiere vivir dignamente como Humano, que la de humildemente enfrentarse a la vida y las circunstancias que ésta le presenta en el diario vivir.

Y las crisis son continuas y permanentes. Tal vez se podría decir que lo permanente es el cambio y las crisis. Entonces el que no intenta dominar lo que se le presenta en la vida, no sabe vivir.

El reto tampoco es ganar siempre ni a toda costa, pero sí tal vez aprender de los momentos diferentes (que no necesariamente tienen que ser difíciles para ser críticos) para tener la destreza y la práctica necesaria para pilotear la vida, especialmente cuando la chispa de la juventud nos va abandonando. Es trágico que los embates del destino nos agarre desprevenidos, inexpertos y débiles para hacerles frente. La debilidad se puede compensar con la inteligencia, pero la inexperiencia o el miedo, cuando la vida nos va quitando algunas destrezas, nos hace ser inertes aún en vida.

Siempre estamos a tiempo de darle batalla a la vida e intentar tomar "al toro por las astas". Lo que importa tal vez sea haberlo intentado.

Licenciado Alejandro Giosa



Acción de Losartán sobre la función renal en diabéticos sin hipertensión

Las mediciones de albúmina en orina a las 5 y 10 semanas muestran que el citado fármaco se asocia a cambios más favorables en los niveles de albúmina que en el grupo placebo. Concretamente, el tratamiento condujo a las 5 semanas a una reducción relativa del 25% en la tasa de excreción de albúmina (Annals of Internal Medicine 2003;139:90-96).

Dieta y el ejercicio pueden detener el riesgo de enfermedad cardiovascular

De acuerdo a un estudio epidemiológico realizado por el Diabetes Prevention Program (DPP), La dieta y el ejercicio físico pueden ser más efectivos que la terapia farmacológica para evitar la enfermedad cardiovascular (CVD) en aquellos pacientes cuya tolerancia a la glucosa se encuentra deteriorada. Sin embargo, los investigadores descubrieron -tal lo esperado- que aquellas personas que conjugaron un cambio en el estilo de vida y la terapia con metformina mantuvieron un sistema cardiovascular saludable, en coparación con aquellos individuos que no llevaron a cabo ninguna medida (63 Sesiones Científicas de la ADA. Abstract 79-OR).

Rosiglitazone reduce el riesgo de restenosis en pacientes diabéticos

En un estudio de 6 meses de duración en los que se involucraron 73 pacientes diabéticos con implante de stents, las arterias sufrieron una restenosis del 11.4 por ciento en aquellos que fueron tratados con rosiglitazone, mientras que los que sólo recibieron placebo la restenosis alcanzó un 44.7 por ciento. Así lo reportó la Dra. Sung Hee Choi , miembro de la División de Endocrinología del Departamento de Medicina Interna del Colegio de Medicina de la Universidad de Yonsei, ubicada en Seúl. (63 Sesiones Científicas de la ADA. Abstract 82).

Topiramato alivia la neuropatía periférica y mejora el Síndrome metabólico

El equipo del Dr. Aaron I. Vinik, director del Strelitz Diabetes Research Institutes, dependiente del Eastern Virginia Medical School, ubicado en Norfolk, descubrió que el anticonvulsivo podía mejorar tanto los síntomas y las medidas electrofisiológicas de la neuropatía periférica. Pero, según dijo, «lo que es más notable es que todos los pacientes, de manera inesperada, perdieron peso y experimentaron una caída en sus niveles de colesterol, triglicéridos y presión sanguínea» (63 Sesiones Científicas de la ADA, Abstract 66 y poster 1702).

Las nuevas drogas apuntan a las hormonas intestinales

Mientras los investigadores del gobierno norteamericano predicen que uno de cada tres niños estadounidenses desarrollará diabetes en su vida, las compañías farmacéuticas compiten a toda marcha para el desarrollo de terapias que logren parar la epidemia. Los investigadores razonan que si se estimulan las hormonas intestinales que suprimen el apetito y aceleran el metabolismo, y paralelamente, se bloquean aquellas que despiertan el hambre y disminuyen el gasto energético; los nuevos fármacos podrían ayudar a las personas obesas a perder peso, controlar sus glucemias, y además mejorar la secreción y sensibilidad insulínica. Expusieron estudios sobre las drogas GLP-1 y otras que actúan sobre la ghrelina o la oxintomodulina.

(63 Sesiones Científicas de la ADA. Abstracts 486-P, 967-P, 1703-P, 3-LB, 5-LB, 6-LB).

Transplante de páncreas: continúa la controversia

Un nuevo estudio, que sorprendió hasta a los mismos investigadores, descubrió que la supervivencia a largo plazo de los pacientes con función renal normal y que fueron sometidos a un transplante de páncreas, es menor comparada con aquella de pacientes de similar condición que permanecen en listas de espera mientras son tratados con la terapia convencional (63 Sesiones Científicas de la ADA. Abstract 95-OR).

La diabetes gestacional alcanza el riesgo del síndrome metabólico

En un estudio prospectivo sobre más de 100 pacientes embarazadas, un 30 por ciento de las participantes que sufrió preeclampsia o diabetes gestacional durante el embarazo desarrolló síndrome metabólico dentro de los 36 meses subsiguientes, en comparación con sólo un 5 por ciento de las mujeres que tuvieron un periodo de gestación saludable. Según el Dr. Zsolt Bosnyak, líder de la investigación postdoctoral en la Escuela de Graduados de Salud Pública de la Universidad de Pittsburgh (63 Sesiones Científicas de la ADA. Abstract 1763).

Health I. G. News



Consideramos a una situación como "crítica" cuando implica una ruptura de algún tipo en la curva de nuestra existencia. Generalmente la asociamos a fenómenos que nos producen dolor o pérdida.

Muchos filósofos de la vida nos han tratado de convencer del valor verdaderamente favorecedor para la evolución individual que conlleva una situación de crisis; pero la realidad es que no siempre la percibimos así y muchas veces el dolor o la pérdida nos conducen a un atraso significativo.

Este mecanismo no siempre es positivo y, para que lo sea, es necesario que el protagonista de la misma quiera y pueda atesorarla como experiencia, reflexionar debidamente acerca de ella, tomar las decisiones adecuadas y poner en funcionamiento su voluntad y sus órganos de acción para seguir adelante.

¿Pero, cómo hacerlo, si, habitualmente, una crisis produce estados de depresión y falta de energía, cuando no enfermedades orgánicas?

Imaginemos al hombre primitivo en una situación de stress. Sus situaciones críticas no estaban, seguramente, relacionadas con la caída de la bolsa, la devaluación, la recesión o el refrigerador descompuesto. No, sus crisis se asociaban a fenómenos que podían causarle la muerte, a él o a sus seres queridos.

Con el desarrollo de la mente abstracta y del yo, se agregó un nuevo elemento: la afirmación egotica.

Por un lado, seguimos conviviendo con el "animal humano" que se preocupa por asuntos que tienen que ver con la subsistencia. Por otro, nuestro egotismo, que busca afanosamente afirmarse en el mundo real.

Los fenómenos que afectan a nuestro ego abstracto están constituidos por su constante confrontación con el "animal humano" por la posesión absoluta del Ser y por gozos y sufrimientos que podríamos calificar de "morales".

Estos roces con el mundo real y moral producen estados de angustia que se caracterizan por una pérdida temporal del equilibrio emocional y la rápida disminución de la energía vital.

Nuestra conformación social ha estado, siempre, encaminada a lograr una aparente seguridad contra los avatares naturales que antes nos acechaban. Aparentemente, hemos vencido a la muerte, al hambre y a la enfermedad y estamos luchando por derrotar a la vejez.

Por otra parte el confort y el status social componen elementos de fuerte afirmación de nuestro ego, lo cual alimenta, cada vez más, su ansiedad por nuevas adquisiciones.

Todo parece estar bien, aunque no sea verdad. El animal humano, en aparente bienestar y seguridad. El ego, satisfecho con sus salidas al shopping.

Pero todos sabemos que la angustia continúa y en los países de mayor desarrollo se manifiesta con una mayor adicción a drogas, alcohol, criminalidad y suicidio.

Los moralistas e intelectuales podrían decirnos que esto sucede debido a que el hombre ha equivocado el sentido de sus necesidades y que debe ocupar más tiempo en estudio que en diversión, en relaciones humanas que en televisión o en terapia más que en la iglesia.

Pero estas elecciones tampoco sirven para evitar la sucesión de estados de crisis que todo hombre experimenta en su vida.

Nadie puede decir cuáles son los motivos por los cuales participamos de esta existencia. Pero parece ser que tenemos una inclinación natural a querer manejar los hilos de nuestro destino y que nos molestamos cuando las cosas escapan a nuestro control.

Si todo este devenir tiene algún sentido apreciable a nuestra lógica convencional podríamos decir que "aprender" podría ser una de las motivaciones principales de nuestra vida; sin embargo, nuestro impulso está, siempre, orientado a la obtención de beneficios y a huir de los fenómenos que nos causan sufrimiento.

¿Y qué cosas nos causan sufrimiento?

El principal motor de sufrimiento es la muerte, el cual, de alguna manera, envuelve a todos los demás. La muerte fue la angustia primordial del hombre primitivo y del actual.

Pero la muerte se manifiesta con diversos ropajes. Puede hacerlo como enfermedad, como vejez, como pérdida del empleo o del status, como sentimiento de abandono y como sufrimiento moral, entre otros.

En todos los casos, nuestro animal humano manifestará síntomas, muchas veces sin diferenciar entre un impulso externo verdaderamente mortal y un fenómeno producido por la desazón de haber fracasado en la obtención de un beneficio material determinado.

En una sociedad donde los impulsos de consumo son constantes, los fracasos se acumulan y la sumatoria de situaciones de stress es casi insoportable.

El animal humano estaba entrenado para sentir miedo cuando sentía que una fiera merodeaba en las cercanías de su territorio. La vida social extendió ese temor hacia la perdida de sus seres queridos. El mundo moderno lo ha extendido aún más. El temor, ahora, nos afecta con los vaivenes del mercado, la amenaza de guerras y la creciente criminalidad (que nos vuelve víctimas más frecuentes, probablemente, que las que eran afectadas por el ataque de depredadores, si es que, alguna vez, estos incluyeron al hombre en su menú).

Con nuestro animal acechado en forma casi constante y nuestro ego sediento de afirmación a través de la obtención de beneficios materiales que, paradójicamente, son utilizados por el sistema como la "zanahoria que mueve a la mula", el único elemento que nos faltaría para completar el cuadro es a nuestro propio yo enfrentado consigo mismo.

Y este elemento se da, decíamos, en la lucha entre la afirmación egótica y las necesidades de nuestro yo animal.

Es decir que, en este momento en particular, las situaciones críticas naturales de la evolución se encuentran potenciadas por el factor social y nuestra inclinación al consumo desenfrenado.

Lo primero es tomar conciencia de que el beneficio material no es, ni puede serlo, algo que consolide la validez de nuestra existencia.

Por otra parte, el animal humano tiene una existencia real en el mundo concreto y material y de su cuidado dependen, en gran medida, las posibilidades de expansión de nuestras vidas, en todo sentido.

El ego, como ente abstracto, no existe, es una ilusión nacida de un concepto cultural erróneo y su enfrentamiento con el animal humano es una paradoja.

Comprendiendo la inexistencia del ego es que llegamos a la conclusión de que, tampoco, el sufrimiento moral existe. Como el ego, se trata tan sólo de una ilusión.

¿Qué es lo que alimenta esta ilusión? Pues la propensión de la mente a elaborar imágenes a modo de "cháchara" continua. El motor del filme mental es la emoción.

Y como veneramos a la emoción, pues la confundimos con la felicidad, nunca hacemos nada por encaminarla correctamente.

Internamente creemos que la libertad está íntimamente relacionada con la libertad de expresar nuestras emociones. Pero siempre que estas surgen desde una parte ilusoria de nosotros mismos, mal podrían ser la manifestación de la libertad.

La emoción tiñe la realidad, tiñe la percepción y nos roba el placer de ver al universo tal cual es.

El verdadero placer y libertad residen en la percepción clara de la realidad y en una conciencia libre de filmes mentales ruidosos.

Es cierto que el movimiento de la mente no puede detenerse, esto no sucede, ni siquiera cuando se medita o se duerme profundamente. Pero se puede suspender momentáneamente la percepción del filme mental, pasarlo a un segundo plano y respirar el aire fresco de la existencia concreta.

Con una conciencia armónica, el flujo de energía transita libremente por nuestro animal, lo purifica, alimenta y cura.

La práctica cotidiana de la meditación, la reflexión dirigida y la lectura nos alejan de los problemas diarios y, consecuentemente, nos tornan más hábiles para resolverlos.

Hay un proverbio budista que dice: "Ninguna oración queda sin respuesta". Veamos qué significa. La oración es la repetición sucesiva de una frase. Esta repetición reemplaza a la cháchara mental con una fórmula que es impersonal. Por lo tanto nuestro yo ilusorio queda apartado del proceso de la conciencia. Acto seguido, nuestro yo verdadero es alimentado por una fuerte corriente energética. Lo que permite que tengamos poder y voluntad para resolver el problema que nos aquejaba.

Este es el verdadero significado de la oración y de la "gracia" a los que se refieren algunas tradiciones religiosas.

Parece ser un hecho estadístico que las personas que profesan una religión activamente, tienen más facilidad para superar los trances dolorosos de la vida.

Si esto es así y no sucede por la intermediación de los ángeles, los dioses o los santos; habría que profundizar seriamente en los resultados de algunas prácticas religiosas.

Personalmente, he participado en grupos de práctica budista y he sido testigo de fenómenos sorprendentes que atribuyo al desarrollo de la voluntad humana y del poder personal (producido por el incremento de la energía vital)

El mal uso de la energía vital es el verdadero pecado existencial. Otro dicho budista dice: "A quien no honrare a la vida, se le partirá la cabeza en siete pedazos". La "cabeza partida" indica un estado de confusión. Honrar la vida es ser la manifestación concreta de la dignidad de la existencia.

Alguien dijo: "Lo que comemos, eso somos", podríamos cambiarlo por: "Lo que perseguimos, eso somos".

San Juan de Puerto Rico, junio de 2003
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



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