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¿Todo se repite? ¿Todo tiene ciclos, que llevan al mismo sitio como círculos accionados por
el tiempo que nunca se detiene? ¿O existe una especie de espiral ascendente o descendente que
pasa por «espacios» parecidos o consecutivos que nos llevan a experiencias, o bien mejores o peores a
las anteriores vividas?
Visto desde este punto de vista, la cosa se convierte en objeto de estudio de la filosofía o bien de la metafísica, pero con base en lo que sucede diariamente en nuestras experiencias de la vida cotidiana. «Sin tomar control en nuestros pensamientos, estamos creando lo mismo siempre, porque puede que estemos pensando en la hipoteca, en las facturas a pagar, en la enfermedad, en la inflación, en la traición que nos hicieron, etc.; y si eso es lo que tenemos en nuestra mente, ¿Puedes adivinar qué estamos creando?» Esta linda frase, la encontré en un texto que explica sobre la «visualización creativa» y muy con la onda de la física cuántica que quiere ahora mostrarnos que la conciencia del hombre tiene poder sobre la materia. Una explicación que conjuga la metafísica con la religión y la filosofía, como el tema de la repetición que empezamos a tratar. ¿Entonces la repetición de los hechos de la vida estarían causados (como podrían explicar estas teorías) por la repetición de los pensamientos? Se dice que «Visualización creativa es una de las mejores herramientas para el cumplimiento de una meta», se dice que es el proceso que puede transformar una persona de mendigo a millonario. «La visualización creativa la hacemos concientemente, formamos imágenes en nuestra mente de lo que queremos lograr, estas imágenes son llevadas a nuestro subconsciente para que atraiga los hechos y personas que nos llevarán al cumplimiento de nuestras metas.» Entonces tendríamos una explicación respecto a los círculos o las espirales ascendentes o descendentes que nombré al principio de este texto. Si en nuestra vida tenemos repeticiones permanentes tal vez se deba a que nuestros pensamientos no cambian. Si tenemos la costumbre de tener siempre experiencias diferentes, siempre mejores, podría ser que nuestros pensamientos tengan una tendencia optimista y superadora. Si tenemos cada vez peores experiencias cada vez más dolorosas, es probable que estemos generando eso por nuestros temores y tendencias depresivas. Estas explicaciones estarían muy en concordancia con los que ponen a la mente como fuente de todo poder sobre la materia y en consecuencia sobre el futuro. ¿Entonces existe la repetición como algo indefectible e inamovible en la vida de las personas? ¿Es fácil cambiar los pensamientos? Todos pensamos muchas veces cosas que no queremos pensar, pero como todo lo bueno en la vida, lo que no sabe hacerse, puede aprenderse. Controlar los pensamientos es algo posible para cualquiera, creo que hasta para un psicótico. Para la gente que quiere estar mejor, tanto más posible. El único impedimento es no querer hacerlo. Si bien puede haber muchas explicaciones para entender la repetición, considero mas importante saber que la repetición es un hecho, que en mayor o menor medida, existe en la vida de todas las personas, y que también (lo más importante) saber que podemos evitarla en la medida que hagamos conscientemente algo para ello. Lo más «rentable» es cambiar por medio de los pensamientos. Recurrir a la superstición, magia, religión y otros medios que involucran actividades extrañas a nuestros pensamientos para impedir que algo vuelva a acontecer sería seguir pensando en lo mismo y por lo tanto reforzándolo. Si queremos evitar algo, en realidad tenemos que seguir pensando en ese algo para evitarlo, y eso hace un anclaje más fuerte con eso en vez de debilitarlo. Si somos superadores, debemos ver en positivo y más allá de eso que queremos evitar, perder la visión de eso que queremos evitar para volar por encima de las repeticiones y crecer, que es a mi entender la principal razón que tenemos para vivir. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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En tiempos pasados, antes de que los americanos impusieran el multiple-choice las respuestas en los
exámenes debían tener cierta estructura básica que nos obligaba a memorizar parte de los textos que estudiábamos.
Esto pasó a ser un mal hábito en algún momento y, ciertamente, era aburrido de realizar. Sin embargo, a ese sistema
le debo varias cosas. Entre ellas, la capacidad de retener lo que leo con gran exactitud, y el mantener aún hoy
el recuerdo de muchas enseñanzas.
Es posible que esta técnica haya caído en desuso para evitar la deserción de los jóvenes en los colegios. De pronto graduarse pasó a ser más importante que saber. Hasta el punto en que los propios padres colaboramos en el embuste de lograr que nuestros hijos "pasen" a costa de cualquier cosa. No quiero ser severo con esta cultura, pero creo que la apariencia tiene, en ella, más relevancia que el Ser. Hace algunos años vi una película en la cual el protagonista, un conductor de televisión antipático y negativo, era llevado, por una extraña paradoja de la vida, a repetir el mismo día todos los días. Cada mañana se levantaba y volvía a suceder todo lo que había sucedido el día anterior. El personaje pasa por todas las vicisitudes de esta situación, desde la desesperación, hasta el aprovechar el conocimiento para beneficio propio. Finalmente, el aburrimiento puede más y tras intentar suicidarse sin éxito, comienza a utilizar el tiempo para aprender y ayudar a otros. Esto lo lleva a un punto donde su día se convierte en un suceso impecable, al final del cual, todos los habitantes del pequeño pueblo están agradecidos con él. Y allí es cuando sucede el milagro: comienza un nuevo día. La metáfora me pareció interesante porque, de una forma novelesca, está relatando lo que sucede con nuestras vidas: venimos a aprender, pero antes de darnos cuenta, pasamos por todos los grados de desesperación posible, incluida la desesperación de creer sólo en el propio beneficio. Y la realidad es que, cuando uno se aboca a la tarea de volverse impecable, el entorno cambia y el interés por la propia vida se vuelve fundamental. La negativa a repetir nace de nuestra negativa a aprender. Aprender ya no es necesario. Todo se hace solo. O, por lo menos, eso parece. Los jóvenes que nacieron con una computadora en la cuna, se han perdido el placer que significó inventarlas. A un futuro con promesas de evolución, se opone la apatía de los que creen en el dinero fácil. Aprender ya no es necesario. Por eso se inventó el múltiple-choice. A los niños les damos dinero todos los días para sus gastos y no les imponemos obligaciones en la casa. Y, así, crecen, creyendo que todo se hace solo... Cuando era niño, nos poníamos de pie al entrar el maestro. Una vez uno me explicó que nos poníamos de pie ante el conocimiento, no ante la persona. Eso me gustó. Nunca me sentí mal por honrar al conocimiento. Me aburría repetir, pero hoy veo que ayudó en mi formación. Ayudó en el entrenamiento de mi memoria, de mi perseverancia, de mi paciencia. A veces, la hija de mi esposa me hace alguna pregunta relacionada con lo que aprende en el colegio y, cuando trato de darle una explicación amplia, me responde: no necesito tanta información. No hay paciencia, ni perseverancia, ni la capacidad de saborear el sabroso dulce del conocimiento. Sin embargo sí tenemos tiempo para perder apretando botoncitos en un DS. Algunos niños, sin embargo, descubren un día la belleza de la literatura y ya no recambian las baterías de sus video juegos, nunca más. En el futuro los otros verán que hay una diferencia, pero estarán tan lejos que no sabrán calificarla. Les guste o no, el conocimiento sigue siendo el factor que libera y nos protege de los engaños de la cultura. La historia, tan aburrida ella, y el recuerdo de fechas y circunstancias nos puede evitar el cometer errores. Tal vez un día los pueblos aprendan a recordar y se eviten así votar a los mismos demagogos de siempre. O creer en doctrinas religiosas de las que no saben nada, porque jamás se tomaron el trabajo de leer sus textos sagrados. Repetir es malo, pero nacemos millares de veces para aprender lo mismo. exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
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Seonaidh Labhraidh
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Es de noche. Camino por un lugar débilmente iluminado. Es un callejón estrecho. No veo a nadie. En todo caso, la niebla difunde una luz distante. Apuro el andar con la intención de llegar al próximo farol, y saber dónde me encuentro. Llegando al punto, observo una silueta humana. La figura está a dos o tres metros de distancia. Es una anciana con el rostro semicubierto. De pronto con una voz quebrada, me pregunta la hora. Miro el reloj y le respondo: «Son las tres de la mañana.» Me alejo velozmente, internándome de nuevo en la niebla y la oscuridad, deseando llegar al próximo farol que veo a la distancia. Allí, nuevamente, está la mujer. Miro el reloj que marca las dos y treinta. Comienzo a correr hasta el farol siguiente y, mientras lo hago, volteo la cabeza hacia atrás. Efectivamente, me alejo de la silueta que permanece quieta a lo lejos. Llegando al farol siguiente, percibo el bulto que me espera. Miro el reloj, son las dos. Corro ya sin control pasando faroles y ancianas, hasta que, agotada, me detengo a mitad de camino. Miro el reloj y veo en su vidrio, el rostro de la mujer. No entiendo nada, no se porque se repite tanto esta secuencia, me siento en el suelo y me quedo por primera vez unos segundos meditando. A pesar de todo, trato de entender la situación y me pregunto repetidamente: ¿de qué estoy huyendo? La voz quebrada de mi conciencia me responde: «Estoy atrás tuyo y adelante. Lo que ha sido, será. Pero eres muy afortunada porque has podido detenerte a pensar un momento. Si resuelves esto, podrás salir de tu propia trampa.» Me siento confundida y agotada. No obstante, pienso que hay una salida. Algo me hace recordar varias situaciones de fracaso, desilusiones en mi vida. Efectivamente, ahora recuerdo los primeros fracasos en mi niñez. Luego, los fracasos de juventud. También, los fracasos más cercanos. Caigo en cuenta que en el futuro seguirá repitiéndose, fracaso tras fracaso. Siento que me comporto como un robot que no para de hacer cosas, no piensa, y anda por la vida sin encontrar un sentido. Si no me dedico un tiempo para mí, para reflexionar, meditar y conectarme con el presente, seguiré atrapada en este callejón sin salida. Todas mis derrotas han tenido algo de parecido y es que las cosas que quise hacer, no estaban ordenadas. Eran confusos deseos que terminaban oponiéndose entre ellos. Ahora mismo descubro que muchas cosas que deseo lograr en el futuro, son contradictorias. No sé que hacer con mi vida y, sin embargo, quiero muchas cosas confusamente. Sí, temo al futuro y no quisiera que se repitieran fracasos anteriores. Mi vida está paralizada en ese callejón de niebla. Inesperadamente, se enciende una luz y desde ella, alguien me grita: ¿Necesita algo? Sí, le respondo - ¡necesito salir de aquí! - ¡Ah, no!... solo no se puede salir. - Entonces, indíqueme cómo hago. - No puedo. Sólo tu encontrarás la salida, depende de cómo quieras que siga tu vida, en tu interior esta la respuesta. Entonces, surge en mí el más fuerte deseo: salir de esta situación. Advierto que mi vida cambiará solamente si encuentro una salida. El callejón tiene aparentemente un sentido, pero no es sino una repetición, desde el nacimiento a la muerte. Advierto a mi izquierda, un cartel indicador con flechas y letras. La flecha del callejón indica su nombre: «Repetición de la vida». Otra, señala: «Anulación de la vida» y una tercera: «Construcción de la vida». Me quedo reflexionando un momento y desde mi corazón siento una liberación porque un nuevo camino llegara a mi vida. Tomo la dirección que muestra la tercera flecha. Mientras salgo del callejón a un camino nuevo donde yo empezaré a formar una historia nueva y a descubrir y experimentar nuevas emoción que antes no había sentido. |
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Prof. Carla Manrique
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