Perdón y reconocimiento…reconocimiento y perdón: la dinámica de la vida en el planeta tierra…
¿Y si el espejo al mirarnos nos devolviese el rostro del espíritu que nos habita?

¿Y si ese rostro fuese un rostro amigo?

¿Y si ese amigo fuésemos nosotros mismos?

Un juego de bondades… un juego de verdades…

La maravilla de la época actual es que nos ha devuelto la posibilidad de sentirnos parte de la divinidad.

Divinidad que es sinónimo de creación constante.

Divinidad que es movimiento de expansión constante de creación.

Esa divinidad que es el aliento vital, el ser que nos palpita.

Palpita el corazón, en su música ancestral y palpita nuestro ser en la danza milenaria del nacimiento y renacimiento de nuestro deambular.

Esos «seres del multiverso caminando por el planeta azul» que somos, precisan de una mirada renovada para desempañar el espejo que la personalidad fue borroneando muchas veces para suponer que así se sobrevive.

Sobrevivientes de la desavenencia entre el «rostro del espíritu», «el rostro del ser superior», y el «rostro de la personalidad» que pulsan por un reencuentro vital.

Así como nuestros cuerpos mental, emocional, físico y espiritual de tanto en tanto se reúnen para conversar, nuestros rostros pueden ofrecerse una reconciliación.

Una reconciliación que acorte la distancia entre ambos distorsionada por lo que muchas veces se ha denominado el apremio de la vida… o el apremio del poder, o el apremio de la desventura egoísta de dominación de unos sobre otros.

La complejidad de las costumbres, las creencias, los hábitos, y los mandamientos del entorno y del deber ser, han coartado el camino de la libertad, la de cada uno de nosotros para vivir en armonía, en alegría y en paz… en y con la vida… aquí en el planeta azul.

«Yo soy el/la que yo soy»… maravilla de enunciación, difícil de ser llevada a la práctica sin el reencuentro de esos rostros, sin un hilo conductor que potencie la vibración de nuestra verdad.

Nuestra verdad que descubre la fuerza del «empoderamiento» al que cada uno de nosotros puede acceder si aprendemos que significa «estar en el lugar adecuado en el momento oportuno».

Y qué es el perdón, sino ese encuentro de rostros?

Perdón… es ese camino pleno que nos permite identidad…

Y si en vez de perdón, hablamos de luminosidad, de alumbramiento.

Y si en vez de perdón hablamos de ese abrazo cálido que el ser y la personalidad que somos se ofrecen en generosidad.

El perdón se transformaría en reconocimiento.

Y el reconocimiento habría ya transitado por el perdón por el olvido…

Olvido y distorsión… adormecimiento y letargo de conciencia…anestesia casi total…

¿Y si entonces perdón y reconocimiento… reconocimiento y perdón se funden en la visión de esa grande y maravillosa vibración parlante que es la «humanidad»?

Aquí, esos paseantes del multiverso que somos se llama humanidad.

Faros de luz, que cada uno de nosotros puede echar a andar.

Comunicadores energéticos entre el cielo y la tierra con la expresión particular de nuestras adquisiciones, aprendizajes y construcciones que ofrecemos y nos ofrecemos en el «aquí y ahora», en el «ya fue y el será».

Comunicadores energéticos que dejamos la marca de nuestro andar para colorear y ensanchar la Conciencia de este planeta en su rotación galáctica y en su devenir infinito de vida, amor y paz.

Perdón y reconocimiento…reconocimiento y perdón…

Vida en movimiento aquí en el planeta azul.

Permiso otorgado a la identidad, a la bondad, a la generosidad, a la luminosidad y a la paz.

Permiso otorgado al encuentro espíritu-personalidad para alumbrar eso que aquí somos, humanidad.

Licenciada Rut Cohen



Muchas veces sucede tanto en la historia de nuestra cultura como en hechos cotidianos, que nos invade un gran sentimiento de injusticia cuando nos enteramos de sucesos en los que el olvido, la desidia, las luchas políticas y otros justificativos mezquinos, niegan el reconocimiento de alguien que en su generosidad intentó y logró beneficiar a la humanidad.

Desde el punto de vista del beneficiado es una grave falla, desde lo espiritual y también desde lo moral y humano, no prestar agradecimiento a quien lo merece. Desde lo psicológico, es enorme el mal que causa la ingratitud, porque posiciona a las personas en un lugar que no le corresponde: el lugar del orgullo. Y desde ese lugar todo lo que le acontezca al orgulloso es indigno de él, con todo el sufrimiento que conlleva saber que las cosas de la vida no son lo suficientemente buenas para el pobre orgulloso.

Somos seres endebles, muy débiles y dependientes de todo lo que nos rodea. Somos vulnerables a los cambios climáticos, a los cambios alimenticios y a los cambios culturales. Y éstos cambian constantemente.

Las personas que no acostumbran a agradecer por lo que tienen, y todo lo que creen poseer, son personas ignorantes que no saben que sus posesiones son inestables y escurridizas. Estas personas son insatisfechas, sufrientes y siembran a su alrededor, todo lo que ellos vivencian en sus vidas. Estas personas generan epidemias de una de las peores enfermedades que pueden existir: Epidemias de orgullo. Todo el que ve a un orgulloso, si no está esclarecido respecto a la debilidad que entraña serlo, cree por las apariencias, que el orgulloso es un ser importante que se hace respetar y que una vida así merece ser vivida. Con ese ejemplo no es raro que todos quieran sentirse importantes, poseedores de una personalidad aparentemente avasalladora como la que tienen los orgullosos. Y así terminan todos enfermos, tanto las personas como las sociedades, que hoy luchan por "su dignidad" y mueren por tan efímera causa.

La diferencia entre vivir reclamando reconocimiento y vivir agradecido es inmensa.

Una vez conocí a un señor de avanzada edad, que tenía una apariencia elegante pero que al hablar se le notaba cierta falta de habilidad en su repertorio lingüístico. Siempre hablaba de sus empresas pasadas, de las posesiones que había tenido, y de su gran saber en cuestiones económicas. Quiso el destino que lo conociera más en profundidad, y descubrí su gran imaginación al recrear su vida que cierta o no, carecía de buenos frutos en la actualidad. Siempre atribuía a las políticas económicas sus fracasos, siempre otro era el culpable de su actual estado de precariedad financiera. Estaba muy desagradecido de todos, no había en su vida nada para agradecer, solo reclamos y reclamos.

Desde ya, a mi humilde opinión tengo que reconocer que era muy desagradable estar con él. No nos nutrimos espiritualmente ni culturalmente de las quejas y reclamos. No me pone feliz escuchar relatos de visiones deprimentes de la realidad.

También, en contraposición conocí a un sujeto, muy humilde, alegre, colaborador y amistoso, que para el buen observador era evidente que siempre trataba de ayudar y hacer más agradable la vida de los que le rodeaban. Lo que me llamo la atención a poco que lo fui conociendo era su elevado nivel de conocimiento cultural. No solo acerca de intelectualidades, sino también una persona muy práctica, extraordinariamente práctica, y al día de hoy no sé que cosa no sabía hacer, desde cocinar, construir una casa o arreglar un automóvil. Además tenía una vida espiritual muy profunda y curiosamente, actuaba como si su pasaje en este mundo fuera un viaje de permanentes regalos, ya que siempre estaba agradecido por todo lo que le ocurría, y de todo lo que recibía, fuera esto bueno o malo,. De más está decir que a su entender vivía en una abundancia absoluta, no por la cantidad de dinero sino por su disponibilidad: siempre que necesitaba algo lo obtenía. En apariencia, por su personalidad tranquila y poco expresiva, muchos dirían que no era un ejemplo a seguir, pero para el que pudo ver un poco más allá, y pudo percibir la paz y la armonía que lo rodeaba, me atrevo pensar que muchos hubieran estado más que dispuestos a cambiar fortunas por ese estado de vida.

El reconocimiento es bueno cuando se ofrece, pero no cuando se reclama, y establece la diferencia entre estar un paso más cerca o un paso más lejos de la felicidad.

Licenciado Alejandro Giosa



Reconozco hoy más que nunca que el amor que sentí por vos Mollito Bebe fue sincero y apasionado, lastima que no estas conmigo para decírtelo y darte un gran abrazo.

Espero cada día de mi vida que marchaste que un milagro ocurra, ya hizo dos meses de tu partida y aun sigo preguntándome ¿es verdad esto?, ¿porque a mi?, aun sigo sin entender por que paso todo esto, sigo echándote de menos cada día de mi vida, sigo pensando que esto es un error que no debió pasar , se que no soy la única madre, porque para mi eras como mi bebe, que esta sufriendo este dolor tan grande pero Dios debió equivocarse el día que te marchaste, no sabia él que dejabas tanto dolor marcado en la familia, ahora me ha dejado con todo el corazón oprimido.

Mis días ya no son igual, ya no existe un sentido, una ilusión, una alegría, por que con tu partida también se fueron esas ilusiones esa alegría, no te culpo ni quiero que mis pensamientos te hagan sufrir porque se que de alguna manera estas conmigo, pero soy egoísta y yo quiero poder abrazarte, besarte y decirte que reconozco que fuiste muy importante para mi vida.

Ya sos otro ángel de mi vida, cosa que no pensaba que iba a pasar tan temprano porque eras un bebe. Reconozco que no hay edad para la partida, aunque es inaceptable aceptar esta situación.

Pero se que vos era mi michi y viniste a concluir tu vida junto a mi, viniste a despedirte, dijo esos tu padre, por eso hoy más que nunca creo en la reencarnación.

Prof. Carla Manrique



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