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Saint-Exupéry evoca a un esclavo Bark, el cual, con sus camaradas, había tratado de liberarse reuniendo la
suma necesaria para su puesta en libertad, pero que finalmente se abandonó a su suerte de esclavo.
"Los hombres que han vivido largo tiempo alimentados por un gran amor del que después fueron privados se hartan a veces de su solitaria nobleza y se acercan humildemente de la vida y de un amor mediocre hacen la felicidad de su vida. Ellos han encontrado dulzura en abdicar, y en volverse serviles para estar en paz". Hay en esta interpretación de la conducta de Bark, mucho de indulgencia digase lo que se diga. La grandeza espiritual se encuentra a veces en la resignación, pero otras en la posición revolucionaria. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Escoger es renunciar
Veo la imagen de mi primer libro de filosofía que ilustraba este dilema. Si, creo que he
sido siempre, radical, conmigo misma y una vez la decisión tomada, nunca más regrese a ella. Cuando decidí amar a
un hombre, supe que lo amaría hasta mi último respiro. Incluso si a veces me decepcionaba, yo encontraba la
fuerza para continuar. Inútil de imaginar una tentación! Para mí, eso solo existe para los otros
*** No renuncio a ser libre, autónoma, tratando de aprender a ejercer mi libre albedrío. *** Cuando me fui de Argentina, no lo hice sino bajo una larga reflexión, pero con el firme propósito de hacerlo. Mis deberes estaban terminados. Renuncié a mi posición profesional, a mi vida de familiar, a la facilidad de sacar provecho de mis bienes materiales y afectivos. Una voz me dijo «Ve a conquistar tu vida diferentemente, ve a hacer lo que tienes que hacer a otro lugar.» *** Había que escoger entre continuar con mi esclavitud. Una esclavitud que consistía en estar siempre al servicio de gentes. Esas personas que por su falta de respecto, de reconocimiento estaban aniquilándome *** Solamente por mis hijos, no me fui antes. Espere verlos crecer y que escogieran sus carreras. Mi padre que me protegía, se había ido; y la política de mi país se estaba volviendo catastrófica. Mi puesto de consejera médico legal en la Marina de Guerra Argentina me gustaba mucho, pero desgraciadamente estábamos entre la guerrilla y la reprensión. Me fui sin haber renunciado a mi puesto que dos años después hasta que la institución hubiera encontrado a un profesional que pudiera reemplazarme. *** El cambio de país fue horrible. Todo me hacía falta: los hijos que vinieron poco a poco para decidir si Francia era una alternativa posible. Tres se fueron. Son cuatro hijos; sólo mi hija mayor se quedó, se casó con un francés y sus dos hijos nacieron aquí. Es doctora en Ciencias Políticas (es la segunda de los cuatro). Mi hijo mayor era médico falleció de un aneurisma que le reventó en el cerebro. El tercero es abogado, casado, con dos hijos magníficos de los cuales estoy muy orgullosa. Y la cuarta en médico en Río Grande, en Patagonia en Argentina con sus tres hijos. Tiene uno que se llama Nicanor al cual quiero particularmente por su sensibilidad, y su cualidad en la comunicación. *** Renuncié a muchas cosas, ahora estoy segura que haber dejado mi país fue la decisión adecuada. Hoy renuncié a una vida afectiva de pareja. Tuve mi dosis de alegría y sufrimiento. El amor sigo dándolo para la realización de mis deberes escogidos, en esta vida y para la tierra. Trabajo cada día para ser un ser despabilado. Es necesario asumirse así mismo, en el bien y en el mal. El principio supremo lógico de identidad dice: «lo que es es y lo que no es no es». Por el momento he encontrado la paz. Sé que todos estamos en un equilibrio inestable, pero yo escojo renunciar a estar ciega. *** Debería de hablarles de los dos últimos artículos de la «revista de SOS Psicólogo», ellos fueron las puertas que se abrieron para hablarles hoy del renunciamiento. *** El primer artículo se llamaba «Envejecer», en el segundo y último «El mensaje». En el primer artículo decía que se pierde en juventud lo que se va ganando en sabiduría, y digo que hay que desearlo. Paso a paso hacia la sabiduría renunciar se vuelve lógico según las circunstancias y en el segundo artículo «El mensaje», decliné la relación entre el mental y la prosa, entre lo emocional y la poesía, entre el silencio y la acción. *** Pude constatar después de haber escrito estos artículos, que durante mi vida tuve muchos renunciamiento, el más difícil fue expatriarme. *** En las calles de París derramé muchísimas lágrimas, sobre todo en el «parc Monceau» hacia jogging, recitando mantras para calmarme. Tenía un gimnasio abajo de mi casa. Entre cada paciente iba a liberarme haciendo sport para encontrar el equilibrio. *** El cielo estaba gris, la lluvia frecuente, la ausencia de mi casa en el mar con mis hijos, los perros oprimían mi corazón, pero perseveré. *** Para regresar a Argentina antes que nada tenía que triunfar. Así que de repente de ves en cuando, tiraba el cuadro gris, y supe poner colores en mi nueva vida, sigo aquí desde hace 37 años. Renuncié a interrogarme acerca de los sujetos prescritos. *** Dentro de mi cuadro presente mejore ampliamente puntos dudosos de mi cuadro pasado y constató «que tengo un buen futuro de paz y de realización de vida». Además lo digo con cierto orgullo merecí «la legión d'Honneur» como un reconocimiento objetivo lo que quiere decir «de acuerdo por mis decisiones y mis renuncias». *** Nota: Y lo simbólicamente especular como para cerrar el ciclo fue que la Legión de honor me fue dada par mi sola en la Alcadia del 16 por Christian Taittinger, el alcalde y que, hubieron a flotar la bandera argentina entre la francesa y de la Comunidad europeana.
Hecho a París el 22 de octubre 2015
y si el cielo sigue gris al exterior, el mío está azul. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Renunciar a la ira, a los impulsos nerviosos de nuestra conducta, a las agresiones es un
esfuerzo de renacimiento.
Renacimiento que conlleva la revisión de nuestros pensamientos, de nuestras actitudes, de nuestra postura corporal. Renacimiento que involucra un acontecer emocional con un tono moderado que de lugar al habla del espíritu. El habla del espíritu que es ni mas ni menos que el decir de nuestra capacidad sanadora y creativa que reconduce la memoria de los acontecimientos a una pantalla ampliada que permite la visión holística de lo sucedido. Un tiempo de sinceramiento de nuestros deseos y nuestros anhelos enmarcados en la posibilidad de sus logros en el momento adecuado y el lugar oportuno. Ese momento adecuado y lugar oportuno para que nuestros deseos puedan ser palpados y realizados requiere de un consenso interior entre nuestras potencialidades y por lo tanto un consenso interior entre nuestros impulsos y un pensamiento y una acción sensibles a lo que podemos lograr. Pero aquello que podemos lograr es ante todo la capacidad de aprendizaje de la confianza en nuestro devenir, en nuestro presente y la marea del futuro que se aproxima con algún silencio y sin embargo posible. El dolor de lo imposible en la mayoría de las situaciones se libera ante la proyección de un tiempo continuo de posibilidad, concreción y libertad. Somos concientes que vivimos una época social en la que en el planeta azul, las sociedades no todas posibilitan esa libertad de emprendimiento personal y singular que provee a nuestras vidas la canción de la esperanza y la danza de la realización anhelada de nuestros sueños. Pero también somos concientes que las maravillosas playas de nuestro planeta son inmensidades de granitos de arena que se aúnan en médanos de transformación y acciones mancomunadas que desintegren el ahogo y lo impropio del egoísmo y la desolación. Renuncia al poder que oprime y apropiación de nuestro empoderamiento que no languidece ante el esfuerzo de sanación de nuestros cuerpos emocionales y pensantes y se aliña con la bondad. La renuncia entonces es elección. La elección que recae en el convencimiento de nuestras capacidades reconstructivas de nuestra tela psíquica. Tela psíquica que renuncia a la obsecuencia y la obsesión por la consecución sin mediaciones de imponer la igualdad de creencias, de ideas, de formas de vida, de elecciones y sentimientos. Así como una partitura musical puede tener diferentes interpretaciones por parte de los músicos que la ejecutan, la partitura de cada vida tiene también diferentes interpretaciones a lo largo de los años vividos. Muchas veces coincidimos en que en una vida, vamos viviendo varias vidas. Y así es Vamos acopiando comprensión, sabiduría, emoción y pensamientos que nos permiten caminar no siempre con los mismos zapatos y por las mismas calles pero si con eso que llamamos sabiduría. La sabiduría es un saber del alma que llega a la conciencia con la brisa de la abundancia. Y esa abundancia es la visión amplia, el discernimiento tranquilo y sereno que acontece cuando escuchamos a los otros que son diferentes a nosotros y que tienen derecho a su propia mirada, a sus propios deseos y anhelos, a su propia singularidad de acción. Cuando respiramos y no siempre estamos ejerciendo nuestra respiración conciente, no estamos contando si el aire alcanza para todos. Y si Hay aire en el planeta azul para que todos podamos respirar. Hay aire suficiente para que todos podamos desarrollar un estar armonioso y cálido en el planeta azul. Se trata de comprender que cada uno puede ser quien es y esto no significa coincidir con todos en todo. Cada uno de nosotros tenemos nuestro propio álbum de fotografías maravilloso ejercicio fotografiar eso que respiramos, que miramos, que acariciamos y que pensamos. Disfrutar de nuestras fotografías y darnos un espacio para recorrer algunos álbumes de otros cercanos y lejanos que habitan también el planeta azul. Estas elecciones son un aplauso a la renuncia a la cobardía y al dolor que todo egoísmo esconde. Vivimos y deseamos convivir con amor y generosidad. |
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Lic. Rut Cohen
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Las diferentes etapas de la vida nos enseñan cosas. Nos presentan sus dificultades y sus virtudes. Cada una tiene
una lección. Considero como etapas la niñez, la adolescencia, la madurez y la vejez, como para separar un poco las cosas.
Cuando era adolescente, me tocó vivir momentos de mucha ansiedad, debido a procesos lógicos familiares y cambios propios de la edad. Esa ansiedad se manifestaba como una urgencia y la necesidad de tomar medidas rápidas respecto al camino que estaba eligiendo en la vida. Creo que son momentos de mucha presión que uno vive, y ante tanta incertidumbre podemos tener momentos de verdadero desconcierto. Así fue como en uno de esos días de mal humor me fui a caminar a un parque cercano a mi casa. Tal vez se me notaba en la postura y expresión que no estaba bien. La cuestión es que caminando lentamente me cruzo con un señor de edad avanzada que también caminaba lentamente. En una rápida mirada que le proferí, me dí cuenta que él ya me estaba mirando con anterioridad. Tal vez venía desde unos pasos antes considerando decirme algo. Intuyo que fue así. Entonces cuando estábamos cerca me dijo: "Nada es para preocuparse tanto, las cosas pasan y siempre quedan atrás, uno se acostumbra, algunos antes y otros después a renunciar a las cosas, a las circunstancias y a los apegos" Desde ya que me impactaron esas palabras. Sonaban muy serias y sabias, y no era común al menos para mí, cruzarme con gente que me hablara y mas de esa forma tan apropiada al momento que estaba pasando. Creo que hasta me sobresaltó un poco cuando tomé conciencia de lo que había dicho. Como iba sin apuro, giré en mi rumbo y a la par de este señor, empecé a dialogar con él. En ese momento de mi vida no podía concebir la idea de renunciar a algo. Creía que para mí, todo era posible. Creía que podía elegir el camino que se me antojara para seguir en la vida, y como las posibilidades eran tantas, la idea de renunciar aunque sea a una, me hacía revelarme contra el destino, ya que sentía que la vida me estaría poniendo límites que yo no quería aceptar. Esa negación a renunciar a algunas cosas para elegir otras en realidad siempre, hasta hoy me pone en un fuerte estado de rebeldía. Seguimos hablando con este hombre y en palabras más simples que las anteriores le expliqué mi conflicto con descartar posibilidades. El empezó a darme ilustraciones desde lo físico, respecto a que la renuncia era una de las herramientas mas ineludibles que como humanos teníamos que manejar, porque tarde o temprano se torna una obligación renunciar a lo que no podemos hacer. Me decía que la vida nos lleva a descartar pretensiones como por ejemplo la de usar el cuerpo para ciertos deportes, usar la vista para ver sin anteojos, subir o bajar ciertas alturas, y cosas por el estilo, además de otras facultades a las que la vida nos obliga a renunciar también, como nuestra capacidad de memoria o de atención, etc. Coincidí en que la renuncia era necesaria en esas circunstancias aunque seguía sintiendo una cierta ira por lo injusto de la vida que nos lleva a tener que descartar en lugar de incorporar. Hubiera preferido que la vida no sea así, ya que si bien el proceso de vivir nos lleva a adquirir experiencias, destrezas, conocimientos y sabiduría por un lado, también nos impulsa en sentido contrario al tener que descartar otras cualidades que probablemente hacen que la adquisición de virtudes se vea dificultada por esa pérdida de pericias, como por ejemplo al tener una visión más defectuosa no podemos ver cosas que nos ayudarían a incorporar ciertos saberes o darnos cuenta mas fácilmente de ciertos detalles de las cosas. Es decir parecería que en la vejez el esfuerzo por pretender saber más, se ve dificultado por la capacidad del cuerpo de aprender, lo que implicaría un doble esfuerzo por lograr metas que antes, en la juventud, hubieran sido más fáciles de adquirir. La charla me sirvió mucho en ese momento, ya que pude relajarme al comprender una perspectiva así de la vida. Igualmente pensar en que en la juventud uno lucha tal vez por formar una familia, para que poco tiempo después uno tenga que renunciar a ella, por las circunstancias propias de emancipación de los hijos, fallecimientos, etc, no dejaba de ser una visión bastante catastrófica de la vida y en ese momento me daba plena cuenta de ello. Creo hoy que uno se acostumbra a no pensar en ciertas cosas, porque sino renunciaría antes de comenzar cualquier empresa. Casi no conozco personas que no tengan proyectos en la vida, pero pienso en esos seres humanos que viven en la calle y lo único que procuran es satisfacer sus necesidades básicas inmediatas En realidad pienso que si quisieran podrían tener una vida mejor (es decir tener una casa, un trabajo y una familia) y sin embargo no lo hacen porque no lo desean. Sé de casos en que así manifestaron su situación de vida. Pienso que esa gente se acostumbró mas a renunciar que a acumular, y me parece que también es una opción válida. Tal vez lo que nosotros acumulamos (dinero, saber, prestigio, etc.) no valga la pena después de todo. La libertad, intuyo, esta más ligada a la renuncia de lo que parece y eso es para meditarlo profundamente. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Amigo Oso ya hace 9 meses que te fuiste de mi vida,
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Prof. Carla Manrique
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Se hizo la noche, en un día primaveral que invitaba a conversar, y más aún con ella. Siempre
que nos reunimos me cuenta su historia, y siempre le prometo que voy a escribir sus memorias,
pero nunca hay tiempo, o más bien, no me animo, es tan rica su vida, que cualquier cosa que yo
haga sería tan solo un garabato.
Ella es bella, coqueta y simpática, con esa inteligencia aguda, que siempre me entrega un consejo nuevo, una idea renovada para que yo la ponga en práctica. Fue la persona que me enseñó algo así como. "¿Para qué vivir bien si se puede vivir mal?". No sé si quedó entendido, pero para mí fue muy claro, aquel día de lluvia que yo no quería sacar el auto para que no se ensuciara, y le comenté que viajaría en colectivo, entonces esa fue su respuesta. Nos acercó el azar y nos unió la urgencia. Así nos reunimos, con conversaciones esporádicas, hasta que se me hicieron imprescindibles sus historias y consejos, y yo pasé a ser su hija mujer. Entonces el azar se fue desapareciendo entre nosotras, para convertirse en anillos entrelazados de vida, en la que yo aporto mi juventud y ella su experiencia y todo a cambio de nada más que ser, una madre postiza y una hija inventada. Fue madre de dos varones y no es lo mismo. Los hombres son "la línea de los ojos de las madres", pero las mujeres somos "el ojo en el corazón de una madre". En pocas palabras, dejamos de ser extrañas, para que por un milagro del cielo, esos que creemos que ya no ocurren, nos convirtiéramos en seres cercanos. Nació en un hogar acomodado, se casó dos veces, amó dos veces; trabajó toda su vida en lo que a ella le gusta, que es "la costura", sin embargo nunca se dio cuenta que, lo que ella tiene es el Don de enseñar y justamente la costura es algo difícil de lograr si no se enseña bien. Siempre que tengo alguna vicisitud, desde que la conocí recurro a ella. Y siempre me espera con una sonrisa; una tarta de manzana y un hermoso anillo luciendo sus manos, y en esos momentos jamás le pone palabras a mis graves asuntos, de modo tal que logra que no lo sean, porque ella calla cuando se trata de lo que profundamente atañe a una persona, siendo ese el mejor remedio y ayuda. Cuando voy cargada de angustias y la escucho hablar, la veo desenvolverse, hacer esos ademanes de princesa y con eso sólo, ella logra que yo me de cuenta, que estoy por acariciar mi destino a contrapelo. Entonces vuelvo a mi casa con aires renovados y todo tiene otro color. La fui a visitar hace unos días. Tal como ella lo dice, tiene unos 90 y tantos. Me ha mostrado su nueva y flamante heladera, la que espera que le dure unos cuantos años. Sonreí y vi cerca de su rostro la indiscreta irrupción del sol que dejó a la vista su infaltable maquillaje labial. Estaba acostada, no se sentía bien. Pero su coquetería llega al extremo de haberme esperado acostada con un camisón, cuyo color hacía juego con el anillo y el abanico. Y me contó de sus próximas visitas, para quienes me recitó el menú completo que hará y la ropa que lucirá, siempre con un toque de distinción, porque si algo la inquieta es no inquietar. A veces hablamos de la edad y de tiempos más piadosos, de días privilegiados y nos damos ánimo y coraje mutuamente pero, puedo ver en su rostro el dolor por las cosas que ya no puede hacer, y a las que renuncia, pero no respondo a sus preguntas porque a esa edad, la vida no admite ya respuestas. Le cambio el tema preguntándole algo sobre su vida, de modo tal de asomarla a la orilla de su historia, para que sus propios recuerdos la hagan resistirse a la renuncia, y sigue adelante a sabiendas de que la vida no es un calendario y que los años no se miden en números. La llamo por teléfono casi todos los días, a veces consciente de que intento evitarme un mal presagio y otras tantas porque imagino que a esa edad la soledad debe tener la voz seca. Porque en definitiva ella no es mi familia, no tengo su sangre, pero ella me enseñó que en lugar de renunciar se debe caminar: "con un brazo para trabajar, el otro para abrazar y la mirada hacia delante". |
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Silvia Stella, abogada
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