Fue un lunes de Pentecostés y yo paseaba por la primera vez cerca de la Concordia.
Esta es la síntesis del encuentro que alimenta e impregna nuestra vida actual.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Fue el 17 de mayo de 1979.

Salía de los Inválidos y en pocas cuadras uno de los tacos de mis zapatos se quebró. Estaba sola en un Paris que conocía poco. Observé una joven en moto. Yo iba rengueando.

***

Era feriado. Imposible encontrar un zapatero en tal situación y el hotel estaba lejos y no tenía cambio para tomar un taxi.

Entonces te acercaste vos en tu auto azul, descendiste y me propusiste llevarme al hotel. Me puso contenta ver se resolverse la situación tan fácilmente.

Lo interesante es que después de ese día nunca nos separamos y que 41 años después seguimos conjugando la vida juntos como el primer día y que nos casamos el 15 de marzo del año 1979.

No mucho después de esa primera vez en la que pudimos decir "nosotros".

***

Yo partí algunos días después a un crucero por el Mediterráneo y a Suiza para ir al instituto Carl Gustav Jung de Zurich.

***

Algunos días después recibí tu primera carta en la que simplemente decías "Où est donc la Concorde ?" (¿donde está entonces la Concordia?). Es verdad la Concordia no te decía nada porque yo no estaba.

***

Desde entonces ese lugar de Paris se convirtió en el centro de una historia de amor que ni la muerte puede eclipsar.

Es la primera vez que escribo mi artículo primero en español y luego lo haré en francés. ¿Porqué este cambio en mi comportamiento?

Porque nuestra historia merece que yo la comience en mi idioma materno, porque esta si es mi historia que se conjuga simplemente en una frase "Nosotros que fuimos siempre somos los mismos".

Escrito en Paris el 17 de octubre del 2018
y es un casi verano, como ese día de mayo
en el cual un taco roto cambió la historia de dos vidas,
de dos solos por un nosotros los que fuimos.
Siempre somos los mismos, una historia fuera del tiempo.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



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Eduardo Baleani, maestro de grado, sociólogo



Esa mítica primera vez.

Tan actual en cada una de las veces y oportunidades que son simplemente tiempos que hacen de primera vez…

La simpleza de la bondad, el atardecer naranja, la suavidad de la arena y el murmullo tranquilo del mar.

La adolescencia inquieta y la turbulenta ignorancia corriendo hacia algún lugar.

La mirada luminosa y las voces entremezcladas del adentro y el afuera haciendo remolinos y canción.

El asombro por la audacia y la potencia de la seguridad, un camino a recorrer sin destino fijo.

Y así, cada primera vez de cada encuentro con un alguien, con un quehacer, con las palabras en el papel.

Siempre en campanadas cristalinas conviviendo con alguna sombra, sin demasiada explicación.

Pero siempre el deseo de caminar.

Aprendimos que cada día y cada noche tiene el sabor de la primera vez.

Arroparnos en la vida y lanzarnos al teatro de la probabilidad.

Posibilidades y clamores, altavoces y penumbras, sonrisas y lágrimas, siempre agradecimiento por ser y estar.

Van alternando los rostros y los lugares, los sobres y las direcciones, calles y avenidas, aire, tierra y mar.

Siempre la primera vez el sabor del encuentro.

Siempre la primera vez en la apertura de una página, o un concierto que nos transporta.

Siempre la primera vez en primavera, invierno, otoño y verano.

Siempre volvemos el rostro hacia la brisa matutina y la estrella nocturna.

Hoy la primera vez nos encuentra acompañando nuevamente cada amanecer y cada anochecer recorriendo cada rincón luminoso de ésta humanidad a la que pertenecemos siendo cada día nuestra mejor versión.

Lic. Rut Cohen



Cuando pasa el tiempo muchas cosas quedan en el camino. Es curioso que hay que parar la marcha para darse cuenta que estamos andando, no nos damos cuenta de nuestro derrotero hasta que frenamos y miramos hacia atrás.

Así es la vida y así son las cosas en esta materialidad que nos abruma.

No es agradable mirar hacia atrás cuando uno dejó de hacer mucho de lo que tenía planeado. Proyectos, ideas, objetivos se desnudan y se exponen cuando nos tomamos un tiempo para saber donde estamos parados. No se si habrá alguien en este mundo que mirando su pasado pueda estar totalmente satisfecho de lo que hizo. De lo que pensó tal vez si, de sus ideas y sus amores pero de lo que hizo, lo dudo. No conozco a nadie que haya hecho todo lo que pretendía. No se si es consuelo, pero la materialidad abruma. Nunca es posible tanto hacer como el que quisiéramos.

La desventaja es que el tiempo personal tiene sus límites. Lindo sería que viviéramos por siempre, que mantuviéramos la vitalidad y la salud por siempre. Con el tiempo todos llegaríamos a concretar nuestros logros. Pero la injusticia divina o bien la gran justicia divina nos saca de este mundo cuando ya habíamos empezado a tomarle la mano.

¡Que lindo sería tener tanto tiempo como para empezar de nuevo todo como si fuera la primera vez!

Pero no está tan mal la idea de empezar todo de nuevo. Ya que no sabemos (creo que nadie sabe) cuando tendremos que partir de este mundo, mientras hay vida hay posibilidad.

Seria como vivir pensando que viviríamos por siempre pero a su vez saber que mañana no es seguro que estemos. En este lugar que nos toca en que la dualidad es permanente y se da en todas las circunstancias, no es tan mala la idea. Eso nos permitiría poder tomar la decisión de empezar de nuevo como si fuéramos eternos pero también tomar la decisión de hacerlo ya mismo porque no sabemos si mañana la podremos tomar.

Tampoco me gustaría empezar de nuevo como si no hubiera tenido ninguna experiencia. Me gustaría empezar de nuevo con todo lo que aprendí.

Si existe la reencarnación me gustaría que fuera con los recuerdos de las anteriores vidas. Así conformaríamos una sociedad cada vez mejor. O tal vez no…Los que siempre dominaron tendrían mucha experiencia en el tema y nos volverían a dominar…Entonces mejor no. No estaría bueno recordar las vidas pasadas. ¡Esta dualidad y materialidad que abruma….!

¿La duda es permanente no? Que hago esto…o mejor no…empiezo de nuevo….o mejor no….

La culpa la tiene la polaridad, polo norte, polo sur. Arriba, abajo. Pobre o rico. Y el tiempo que no para de pasar…

Nunca sabemos bien lo que queremos.

Tal vez lo mejor es no querer nada, y entonces nos acercamos a las filosofías orientales…

En realidad lo único que me queda como sentido que apunta a algo es la intención de seguir haciendo. No se para que estamos, ni para que servimos, pero estamos en situación de hacer. Y empezar cada día con nuevos proyectos que nos diferencien de ser seres inanimado.

No veo otro camino. Siempre hay que empezar….

Licenciado Alejandro Giosa



Inmediatamente, al leer esta frase, uno la refiere a su vida sexual, no a la primera vez que visitó una iglesia, o cuando fue al cine, o cuando el viejo nos compró un helado no…

Y para no ser indiferente al hecho, ni caer en lugares comunes, voy a referirme a esta situación específica.

Como adolescente (virgen aún) sentía gran expectativa por este asunto, como creo que le habrá sucedido a todos. En aquellos tiempos, las escuelas de mi ciudad no eran mixtas, yo no tuve hermanas y mi única relación con mujeres fue con mis primas, bajo estricta vigilancia y pena de muerte, si cruzaba alguna línea.

Sin embargo, nunca me fue difícil ver a las mujeres como algo que hay que respetar y la carencia de una libido demasiado activa me convirtieron en alguien con quien las damas se sentían seguras.

Esa "marca" me acompañaría para el resto de mi vida. Pero lejos de ser una carga, fue algo que me distinguió de la "competencia" y me allanó el camino hacia las personas que realmente me interesaron.

Los años 60 y 70 no fueron solo de reclamos masivos de libertad civil, sino también sexual y muchos jóvenes de entonces encontramos mejores oportunidades que hoy en día, con el agregado favorable de que el sexo no estaba desligado del amor.

Siempre amé la lectura, como solitario e intelectual que era y un libro que marcó mi vida sexual fue uno muy frondoso, cuyo título he olvidado, pero que detallaba a la perfección no sólo la cuestión orgánica, sino todo lo relacionado a las áreas sensibles del hombre y la mujer, sin desligarlo, tampoco, de los sentimientos.

Ante la carencia de educación sexual en las escuelas y la tardía intervención de mi padre (que quiso aleccionarme cuando ya tenía 18 años), aquél libro y el famoso Kamasutra, cubrieron con amplitud mis requerimientos.

De allí en más fue experimentación, con mujeres que estaban en el mismo descubrimiento y tan inocentes y amantes como yo.

Debo decir que no pasaron muchas mujeres por mi vida, pero todas las que compartieron su intimidad conmigo fueron amadas.

Recuerdo cosas tan sublimes como el primer baile lento con la chica que me gustaba, sintiendo apenas el roce de su pecho contra el mío y la caricia de su cabello en mi rostro. O la manera sutil que cualquier fémina tenía para seducirte sin entrar en muestras chabacanas. Esas mujeres eran realmente femeninas y poderosas.

Hoy, cuando me entero de tanta mujer mal apreciada, de las conquistas en los bares, del sexo inmediatita y barato, de la falta de respeto y la chabacanería en cada vuelta de esquina, no puedo menos que pensar lo que se ha perdido en el camino.

¿O acaso alguien cree que frotarse con una mujer al ritmo de un regatón tiene la intensidad de un bolero o un tango mejilla contra mejilla?

Guaynabo, Puerto Rico, octubre del 2018
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



Los miedos que todos tenemos en nuestras primeras veces

Sí, en efecto, no hace falta ser muy listo para saber que para todo hay una primera vez. Y aunque no lo creas, hasta el más seguro del mundo ha tenido miedos de esas veces.

Existen tantos ámbitos en los que hay primeras veces que es imposible que no hayas sentido miedo en una de ellas. Aunque de puertas para afuera te hagas el superado, siempre hay momentos en los que has pensado "tierra trágame" o incluso has querido quedarte en la cama para no hacer aquello que tenías propuesto.

Veamos algunos de los principales miedos que tienes las primeras veces:

Miedo a no saber hacerlo bien. En las primeras veces (aunque sea complicado) tienes que intentar dejar las inseguridades a un lado. Es importante que te sientas capaz porque así todo saldrá mucho mejor. Todos hemos pasado por primeras veces y, si no lo intentas, nunca tendrás la oportunidad de aprender a hacerlo. Puede que la primera vez no sea perfecta, pero las cosas irán saliendo, siempre que lo hagas con ganas y amor.

Miedo a que te juzguen. Seguramente con los años te vaya importando menos lo que piensen de ti, porque para juzgar a alguien, primero hay que ponerse sus zapatos. Es decir, no conocemos las circunstancias de las personas para juzgarlas, por tanto, el que debería sentirse avergonzado es el que juzga y no el juzgado. No tengas miedo, siempre sé tú mismo e intenta hacer las cosas bien. Así llegarás lejos, no escuches las criticas siempre es por envidia estate seguro de lo que haces y valora tu trabajo.

Miedo al futuro. Sí, da vértigo pensar lo que vendrá después de la primera vez. Por eso algunos prefieren no intentarlo. Nunca es tarde para empezar de nuevo ni para cambiar de camino. Prueba tantas veces como haga falta, es lo que te hará feliz en la vida. Siempre sentirás incertidumbre ante el futuro, pero no dejes que el miedo te impida disfrutar de la vida.

Miedo a tomar decisiones. Es bastante parecido a "no saber hacerlo bien", pero no exactamente. Hay muchas personas que se fustigan cuando toman decisiones, aunque todavía no sepan el resultado, por eso prefieren no intentarlo. No seas de esas, recuerda: "si no arriesgas, no ganas". Y si te equivocas, aprendes que no debes volver a hacerlo de esa manera.

Ahora veamos algunos trucos para vencer esos miedos a las primeras veces.

Háblalo con tus personas de confianza. Sobre todo si tienes amigos que son mayores que tú o que tienen más experiencia. Te tranquilizarán porque ellos ya han pasado por tu situación. La mayoría de las veces, compartir un problema hace que el peso del mismo sea más leve.

Busca información (fiable) en Internet. Siempre de fuentes oficiales o páginas de prestigio, sobre el sexo, el trabajo o lo que sea. Hay infinidad de información en la Red, pero primero debes saber diferenciar bien lo que es real de lo que no lo es.

Haz una lista de tus virtudes. Muchas veces tenemos miedo por culpa de nuestra inseguridad, así que puedes hacer una lista de tus virtudes para recordarte a ti mismo lo bueno que eres en algunas cosas. Porque a estas alturas esperamos que sepas que no, no se puede ser bueno en todo. ¡Sobre todo en algo que nunca has probado! Disfruta de tu primera vez y poco a poco irás mejorando, es una transición maravillosa de la que seguro te acordarás en el futuro, verás esa lista que hiciste en su momento y la engrosarás con muchas más virtudes.

Valora los pros y los contras. ¿Qué puede salir mal? ¿Y bien? Colócalo en una balanza antes de lanzarte, porque es cierto que tienes que perder el miedo a las primeras veces. Pero eso no quiere decir que sea siempre el momento idóneo para hacer cualquier cosa. Siempre debes valorar bien cada acción que realizas. Intenta no ser pasional y actuar sin pensar, siempre dale un poco al coco antes de hacer cualquier cosa. ¡Sobre todo si es tu primera vez!

Y sobre todo toma mucha valentía para atravesar esa puerta que abrirá un nuevo camino, con actitud y personalidad superaras los nervios de tu primera vez en cualquier situación de la vida, ten confianza de vos misma para todo y sobre todo valórate y veras como disfrutara de tu primera vez.

Prof. Carla Manrique



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