La concepción que el hombre tiene de su destino, así como la idea pobre y miserable ó profundamente bella de su vida determina el carácter de sus otros sentimientos, de sus actos y de los valores de su existencia.

Esos valores hacen de él un ser preparado al esfuerzo, a la acción y capaz de aportar fervor en sus interminables meditaciones tanto como quejas y desencanto que son como cadenas pesadas para sus días sombríos, dolorosos y estériles.

Algunas personas están convencidas que la suma de alegrías y de penas es la misma para todos.

Pero lo esencial no es de matar el tiempo pero de destruir el escepticismo en todas sus formas y de convencerse firmemente que la vida y el dolor tienen un sentido que nos permitirá de elevarnos espiritualmente.

Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



De tiempo en tiempo el alejamiento momentaneo de Paris produce una soledad que permite volver a sus recuerdos.

Hoy se trata de Marcus Tullius Cicero.

***

Hombre politico y oreador romano (106-43 ante Cristo). En principio fue abogado (-80)y luego qestor en Sicilia (-75) defendió los sicilianos contra los excesos del gobernador Verrès. Consul en -63 el denuncia y ataca la conjuración de Catilina et lizo ejecutar a sus complices. Acusado de haber ejecutado sin juicio los ciudadanos fue exilado a Grecia (-58) y luego nombrado gobernador de Cilicia.

Luego del asesinato de Cesar (-44) de quien el había obtenido el perdón se opusto a Antonio que lo hizo asesinar. El llevó el arte oratorio a son apogeo en sus discursos (Verrines, Pro Milone) y sus arengas políticas, sus famosas Catilinarias.

Fue un teórico de la elocuencia (El orador) y sirvió de modelo a toda la retórica latina. Aún ahora él está en nosotros. Eso lo que quería decir para llevar a la expresión su claridad y recordarlo.

Traducido al español en Argentina el 21/12/2.014 y es verano.
Presente dictado en un iphone el día de mi partida en Argentina para volver con vos.
Duerme de tu sueño despierto en nuestro domo bien amado.
Compartir nuestro silencio y nuestro despertar en este instante que hace la eternidad.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



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Traducido al español en Argentina el 21/12/2.014 y es verano.
Presente dictado en un iphone el día de mi partida en Argentina para volver con vos.
Duerme de tu sueño despierto en nuestro domo bien amado.
Compartir nuestro silencio y nuestro despertar en este instante que hace la eternidad.
Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Existe en Hong Kong un Monasterio "de los 10.000 budas" que sorprende por tal acumulación de imágenes. ¿Para qué tantas representaciones de Buda? Una respuesta es porque Buda es todas y ninguna. O tal vez para revelarnos que hay millones de imágenes de Buda porque la imagen de Siddhartha es como se encuentre en cada uno de quienes la contempla.

Lo mismo pareciera para el dolor y su antónimo, el gozo. Hay tantos dolores como sufrientes. Ya se trate de molestias físicas (que vamos conociendo más intensamente y mayor frecuencia a medida que sumamos años) o sentimientos (que curiosamente con la experiencia suelen ralear las emociones quizá debido a que poseemos un mayor muestrario de ellas para efectuar comparaciones).

Por esto resulta arduo explayarnos sobre el dolor o el gozo. El único modo que me parece posible es desde la subjetividad de la experiencia -sin olvidar libros leídos y sentencias- por lo que intentaré hacerlo "desde mí". Cada uno vive su universo nómico que conlleva una multitud de juicios a menudo inconscientes. La vida de la humanidad es especial porque está mediatizada respecto del mundo por las palabras. La naturaleza misma es un concepto para cada uno que comporta un correspondiente juicio u opinión.

El dolor es una ausencia. Declara que "algo falta": la complacencia de la salud o la respuesta del afecto. El dolor nos marca nuestra inevitable soledad -la intrínseca- como nuestra propia sombra. Es "nuestro". Se puede compartir y podemos entender el dolor ajeno por empatía, pero posee intransferibilidad en cada uno. Un golpe en la cabeza y un chichón se mitigaban con un beso de mamá. Al vértigo del sentimiento que generaba la pérdida del amor sólo lo combatía el encuentro de otro amor en aquella lejana adolescencia o más acá. El gozo es expansivo, se vuelca hacia el afuera. El gozo es una presencia. Por algo que se es o que se tiene. Ambos pueden ser físicos o emocionales pero de modo similar, reales. Aún los ficcionales, los imaginarios tienen la contundencia de la sólida materia. Lo que es.

Dolor y goce tienen dimensiones: parecen ser eternos y extenderse sin final; y relativos, podemos disfrutar de un geranio en el balcón siendo felices o indiferentes ante un océano de flores cuando desdichados. Admirar el reflejo de un rayo de sol en una copa con agua o ciegos a los destellos de luces del mar en el amanecer. La vejez pareciera asociada al dolor, la juventud al goce. Admiramos a la actividad como fuente de goce. La pasividad se pretende conductora del dolor, tal vez impregnados por el modelo productivo del capitalismo: siempre más y más rápido. No descubrimos que la felicidad que nos procura el gozo puede rastrearse también en la serenidad del renunciamiento a que obliga la ancianidad. O que el dolor puede ser fruto de nuestras acciones. Se sufre hacia adentro, se goza hacia afuera, el dolor contrae, el goce expande. Ambos pueden tabicar horizontes o generar creaciones. Y son inevitable consecuencia de estar vivos…

Tres dolores

Dolor de rosa
El viento esta mañana estremeció a la rosa que apenas despertaba.
Las gotas de rocío perfumadas, suaves lágrimas, transparentes
cristales de oro y cielo, cayeron, hundiéndose en el suelo.
Entonces comprendí, ¡oh, rosa! ¡Tú llorabas! Y era tanta la belleza,
la dramática belleza de tu llanto que su hechizo fue mi encanto.
¿Tú, la bella? ¿Tú, la hermosa? ¿Tú, llorabas?...
Al quebrar el alba y ver el cruel espino que por cientos
a tu grácil tallo se aferraban, entendí por qué llorabas...
¡Oh, tragedia de las rosas coronadas!
Los espinos que hieren te lastiman, sus dolores te conservan alejada,y tu esencia, tu bondad y tu perfume se consumen en la nada,se consumen en la nada...
¡Oh, tragedia de las rosas!

Enseñanza
Sí, lo sé. Tengo aprendido
«el dolor la perla forja».
Que si es bello su oriente
y es perfecta en la forma
es por lo mucho sufrido...
«el dolor la perla forja».
Hoy comprendo, maestro,
tiempo y dolor van unidos,
y si el dolor es quien crea,
¡es el tiempo quien labora!

Dolor
Dolor, viejo camarada,
no te alejes.
Desde hoy has de seguirme,
siempre.
Permanece impasible
en mi camino,
Mirándome morir,
sordo a mis quejas.
Dolor, si tu te vas
¡nada me dejas!

Fuimos juntos, Graciela y yo,
a realizar nuestras carreras de sociólogos
y seguimos estudiando la vida que pasa.
Eduardo Baleani, sociólogo



El disfrute de la existencia tan atrevido frente al dolor de existir.

La existencia baila en el multiverso en la rueda de las sucesivas encarnaciones.

El existir atraviesa en muchas ocasiones cada encarnación con la travesura del dolor.

El apego a las preguntas hostiles, a las ensoñaciones imposibles por tan lejanas posibilidades oscuras.

La simbiosis pegajosas a semejantes necesarios que sostienen nuestro andar.

Nublados por la exigencia y el descontrol del empoderamiento el dolor invade las emociones y el pensamiento se atora con una tos persistente.

El dolor, las pérdidas de seres que han sido emblemáticos y amorosos en nuestras vidas.

Aprendemos que la vida tiene múltiples existencias pero aún así precisamos del abrazo, de la sonrisa compartida, de la presencia cercana.

Será que la presencia permanente se acurruca en nuestros escritos, en nuestras pinturas, bailes.

En nuestra música, en todo aquello que pusimos a disposición del otro.

Mientras escribo éstas palabras la música de mi madre sus conciertos, su piano acompaña mis manos y mis dedos en éste intento de transmisión.

Como gotitas de agua sus manos acarician su piano en el concierto - Concierto Nº 23, en La mayor, K.488, para piano y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart.

Mi recuerdo, mi agradecimiento a Elsa Berner, a su música, a su adelantada y armoniosa mirada de la vida hecha poesía y amor.

Y mi dolor por no haber podido acompañar su propio dolor corporal, comprendiendo en otros momentos que no siempre el espíritu, la personalidad, la emoción y el cuerpo físico se equilibran y conviven con holgura y flexibilidad.

¿Tiene perdón el dolor? ¿Por aquello que no pudimos o no supimos?

Mi homenaje a ella es éste.

Ser la que soy, con mis días y mi escritura, con la permanente convicción de colaborar en lo que pueda para que el espíritu se ancle en la personalidad y disfrutemos de nuestros deseos y posibilidades.

Y así el dolor se ha convertido en gratitud y amor.

Lic. Rut Cohen



El mundo de las sensaciones es subjetivo y es una categoría difícil de definir y de transmitir en palabras. Las palabras suelen quedar escasas en este ámbito que involucra la percepción.

Para otro tipo de cosas humanas tenemos más precisión, por ejemplo para la medición, los cálculos, y las ciencias duras en general, pero hay ámbitos de la actividad humana o las percepciones en que el lenguaje no tiene la precisión que a veces querríamos que tenga.

Tal vez se deba a que no nos hace falta más precisión de la que ya tenemos para expresar lo que sentimos. Pero es bueno saber que es factible de hacer más exactos nuestros discernimientos sobre las cosas.

Por ejemplo es evidente, ahora, que decimos que una pantalla de televisión o monitor de computadora puede generar dieciséis millones de colores… Apenas tenemos nombre para unos pocos, imaginen lo que sería asignar nombre a toda esa cantidad!!!

Lo mismo sucede en general con todas las percepciones que pueden darnos nuestros sentidos.

Cuando hablamos de dolor, entiendo que también hay una gran imprecisión en lo que queremos expresar. Se suele hablar de dolor físico, o de dolor emocional, y también de dolor espiritual, y probablemente se me escape alguna otra referencia que se haga cuando alguien dice que está "dolorido".

Lamentablemente esta palabra que refiere a una sensación desagradable, no especifica mucho su intención de comunicar algo específico. Cuando ocurren imprecisiones de este tipo en la comunicación me recuerda la forma como nos comunicamos con nuestras mascotas, a veces es difícil entender que quieren expresarnos, especialmente cuando están sufriendo algún problema de salud.

Pero en el humano esta dificultad que se presentan con los animales se subsana rápidamente. Con más datos es posible establecer el motivo del dolor.

Es cierto que sea el origen que sea el dolor es una experiencia desagradable.

Si nos referimos al proceso de dolor físico, podría decir que la medicina ya tiene un buen bagaje de recursos como para afrontar gran variedad de situaciones y la mayoría con mucho éxito.

Cuando hablamos del dolor emocional la cosa es diferente, no podría decir lo mismo de la psicología ni la psiquiatría.

No sé si es por falta de dedicación de los profesionales o porque están en el camino incorrecto en sus búsquedas.

Si buscamos el alivio o "cura" del dolor a través de teorías caducas sin expectativas de superación, sin duda vamos por el camino incorrecto. Es lo mismo que buscar manejar equipamiento científico avanzado usando la teoría de Newton en física. Sin duda vamos a llegar a escollos difíciles de superar a causa de utilizar una teoría que es pobre en explicaciones y no da respuestas a hechos precisos que merecen explicación.

Lo mismo pasa en psicología. Los psicólogos tienen el defecto de aferrarse a una teoría y creer en ella como si creyeran en Dios. Eso nos limita y nos frena en nuestra especialidad. El psicólogo debería ser un científico en cuanto a su intencionalidad de aprender, investigar, probar nuevas formas, elaborar sus propias teorías y no quedarse con el delirio de algún autor que hace cien años creyó que encontró la cura a todos los males. Nosotros como psicólogos deberíamos hacer lo mismo que ellos hicieron. Crear teorías, inventar procedimientos, experimentar con el saber que aprendimos en las universidades e ir más allá, porque es evidente que no damos respuestas rápidas a nuestros demandantes, que son los pobres pacientes.

Precisamente el tema del dolor emocional es uno de los que me tiene más preocupado por la ineficacia en la que estamos estancados los psicólogos. Necesitamos evolucionar hacia una psicología dinámica y flexible que nos permita entender y resolver los problemas de las personas que confían en nosotros. Pero parece que a la mayoría les da miedo lo nuevo, prefieren estancarse en su tranquila guarida de teorías que aprendieron en la facultad. Así se sienten cómodos sabiendo que pueden hablar de lo mismo con la misma gente que adhiere a los mismos pensamientos aunque éstos estén equivocados.

Hay muchos avances en otras áreas del conocimiento, que no se quedaron varados en paradigmas entrañables pero poco realistas. De ellos deberíamos aprender y tomar los datos que ellos descubrieron en sus respectivas áreas porque todo está relacionado con el hombre, ya que somos animales viviendo en este mundo con las mismas leyes que los restantes y con capacidad de adaptación como el resto de los seres vivos.

Espero sea tiempo de ver caer el paradigma actual de la psicología "catedrática" y empezar a trabajar en serio para el bien psíquico del ser humano.

Licenciado Alejandro Giosa



Por los siglos de los siglos hemos asociado el dolor con el aprendizaje y la advertencia natural frente al peligro; así, nuestro cuerpo está cubierto totalmente por terminales nerviosas capaces de percibir dolor, y placer, y conductores capaces de enviar impulsos desde cualquier punto del cuerpo hasta nuestro centro de procesamiento.

En cambio, la mayoría de los animales de otras especies, están protegidos por pieles duras e insensibles, que se curan y cicatrizan sin necesidad de medicinas ni costuras.

La evidente debilidad del hombre frente a la naturaleza, se manifiesta en grado máximo en nuestra capacidad de sentir dolor.

Como si esto resultara poco, el humano tiene, además, la condena de poder sentir dolor aún cuando no esté presente una verdadera herida o peligro. Fuera del contexto de enfermedades como la fibromialgia, nosotros podemos sufrir por recuerdo o trauma psicológico, pues poseemos (o somos poseídos por) una mente capaz de repetir situaciones y reacciones a partir de la memoria, consciente o inconsciente.

El dolor conduce al sufrimiento, pero sus fuentes pueden ser variadas, tanto físicas como psicológicas y el sufrimiento puede existir aún sin presencia del dolor.

A veces vemos nuestras características y nos cuesta trabajo entender cómo logramos sobrevivir en la tierra.

Por otro lado, jamás nos sentamos a reflexionar hacia qué apunta nuestra evolución, que generó un animal con estas cualidades, que las otras especies no comparten.

Hoy en día, puestos a vivir en contacto con la naturaleza, pocos hombres lo lograrían; sin que el hecho de que se agrupara fuera de gran ayuda, habida cuenta de que hemos desarrollado grandes egos que exigen mucha consideración por parte de los demás.

Evidentemente, el hombre ha creado un sub-ambiente, en el cual se requieren diferentes capacidades para sobrevivir que las existentes en la naturaleza.

En el mismo, se ha cuidado mucho de que no existan elementos punzantes a la deriva y se ha cubierto con ropajes que, más que protegerlo, anuncian quién es…

Mientras que la mayoría de la especies evolucionan por adaptación al medio, nosotros caminamos sobre una línea de evolución incierta basada, principalmente en evitar el dolor y aumentar el placer.

No obstante, en ese mismo contexto, nuestra sociedad nos obliga a actividades no placenteras, por largas horas y para siempre.

Partiendo de tales circunstancias, podemos deducir que no surgimos para evolucionar en forma similar a las otras especies y que hay factores de ¨conveniencia¨ por los cuales marchamos con rumbo no conocido por la mayoría de nosotros.

Esos factores de conveniencia no favorecen a la mayoría, sino a un pequeño grupo que goza de excesivos beneficios a costa de fabricarle nuevos dolores a la humanidad.

Paradójicamente, obedecemos y seguimos el rumbo marcado por personas e instituciones que no son confiables y tampoco han demostrado tener reales buenas intenciones hacia nosotros, como no sean sus bellas palabras.

Con el objetivo de evitar el dolor a cualquier precio, preferimos no enfrentar nuestra realidad y, de esa manera, el mundo se ve envuelto en una contradicción inexplicable: todos sabemos lo que se debe hacer y nos planteamos un futuro en ese sentido; pero hacemos exactamente lo contrario.

Ahora ha surgido la información (que muchos teníamos hace muchos años atrás) de que el hombre es producto de un proto-humano surgido en la Tierra y posteriores manipulaciones genéticas realizadas por extraterrestres.

Esta información, lejos de ser, como muchas personas creen, un elemento ¨conspiranoico¨ en uso por grupos ignorantes, está probada científicamente en el ámbito de los estudiosos del genoma humano.

Es posible que el dolor y la posesión de un cuerpo tan sensible, estén justificados por motivos no-terrestres.

Analicemos actividades consideradas saludables, la gimnasia y los deportes.

El hombre desarrolla sus capacidades motoras y fuerza por medio de rutinas de ejercicios que suelen ser aburridos y dolorosos. Para ser más exactos: ¨rompemos¨ nuestras fibras musculares para lograr su crecimiento.

Nunca vi a un gato o a un león, levantando pesos o corriendo a diario para poder ¨mantener¨ su estado físico. Sus actividades son, muy por el contrario, de movilidad extrema cuando cazan o juegan y absoluta pereza el resto del tiempo, la mayoría del tiempo… Y raramente hemos visto a un felino gordo. Lo mismo vale para los grandes simios.

¿Qué pasa entonces con nosotros?

Nuestro cuerpo tiene tendencia a acumular grasas y a entrar en procesos metabólicos negativos cuando somos sedentarios, pero al mismo tiempo, la mayoría de nuestros empleos nos obligan a serlo por muchas horas al día. Otra vez estamos ante un comportamiento diferente de nuestro cuerpo y otra tendencia impuesta para la civilización que no toma en cuenta esa característica.

Creo que esto va a seguir así hasta nuestra extinción como especie, a menos que cada uno de nosotros reflexionemos sobre estas cuestiones y tomemos decisiones fuertes para nuestra propia e individual existencia.

El sistema actual no va a hacerlo y no creo que venga ninguna criatura divina a salvarnos. Probemos por lo menos el deseo de salvarnos a nosotros mismos.

Caso contrario, podemos seguir sentados a esperar a que llegue el dolor…

Guaynabo, Puerto Rico, mayo del 2016
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



Cuatro hombres caminaban rápidamente por la casa escudriñándolo todo. Eran altos, con traje oscuro con ademanes y gestos adustos y severos, pero a ella le llamó la atención las botas negras del hombre más alto.

Catalina regresaba del colegio; se quitó su boina y el uniforme azul, y se lavó sus manos como bien le había enseñado su madre, la rutina diaria al regreso de la calle.

Su madre estaba de pie, rascándose los brazos e intentando entablar una conversación amable con aquellos hombres, hasta les sirvió café mientras esperaba a su esposo.

- Los cuadros primero, indicó el de las botas negras, que parecía estar al mando.

- No ¡por favor! Esperen un momento.

Catalina comenzó a sentir escalofrío ante la inquietud de su madre.

La casa era grande y en dos pisos. La planta de abajo tenía una puerta de entrada custodiada por dos jarrones altos de porcelana suiza que introducían a un living de grandes proporciones. Dos juegos de sillones de cuatro cuerpos se enfrentaban con una mesa ratona en el medio y dos a cada costado con lámparas de pantallas de papiro.

Otro juego de sillones más pequeño al costado de la estufa a leños, que todos los inviernos, era encendida con quebracho, otorgando a la casa aroma y calor de hogar.

En invierno, Catalina volvía del colegio deseosa que la estufa a leños estuviera encendida para sentarse en el sillón de su padre a mirar el fuego.

La habitación contigua era un comedor para doce personas, con un vajillero repleto de copas de cristal, cubiertos de plata y manteles bordados.

También había una sala de costura, un comedor diario con vista al parque y un cuarto de huéspedes.

En la planta alta había tres dormitorios y otro living con una estufa alhambra, también a quebracho y Catalina había aprendido a encender el fuego.

Las paredes eran todas de boiserie con repisas altas donde la madre colocó cuidadosamente todos sus mejores adornos de cristal, porcelanas, cerámicas, y plata y había bellos cuadros de pintores modernos.

Catalina conocía muy bien todos los detalles, pues había heredado de su madre el gusto por las cosas buenas y el respeto a los recuerdos familiares.

Ella tenía preferencia por dos adornos en particular: uno era una estatuilla de Antonio Canova que solía mirarla largo rato imaginando qué pensaría la figura en mármol tallado. El otro objeto de amor para Catalina era un florero de cristal de un metro y medio de altura, apoyado sobre una base de cerámica negra contra una pared del living.

- ¿Por qué nunca le colocas flores?

- Hija, es un adorno de cristal, tiene que lucirse así.

Todo era demasiado bello en comparación con aquellos hombres rígidos y solemnes, con un grado de ansiedad desmedido:

- ¿Qué sucede mami?

- Vienen a darle valor a las cosas.

Catalina quedó perpleja ante la respuesta, ¿Cómo podrían darle valor a objetos que ya su madre valoraba?

- Carlos tráeme las estatuas de la izquierda para empezar el inventario.

- Pero me dijiste que comience con los cuadros.

- Vamos, hacé lo que te digo sino de aquí no nos vamos más.

Dos horas más tarde se retiraron con la misma seriedad y frialdad con la que entraron.

Esa noche sus padres discutieron en la cena, algo que nunca hacían y por ende Catalina estaba muy asustada.

La casa había perdido el olor a quebracho quemado y en el corazón de Catalina solo cabía olor a leche hirviendo del colegio de monjas, que debía beber rápidamente antes que se hiciera la nata, en las meriendas, lo que le ocasionaba quemaduras en el paladar que se curaban cada fin de semana, para volverse a quemar cada lunes.

Tres días más tarde Catalina y su madre escucharon el timbre sonando incesantemente:

- ¡Están dañando el rosal! Gritó su madre cuando entraba el camión de mudanza.

- Señora tenemos que movilizar los muebles, además, estas cosas ya no son suyas.

Catalina fue por su madre y al escuchar esa frase comenzó a sentir terror y a darse cuenta de todo. Pero lo que más le dolía era no poder calmar a su madre que comenzaba a lagrimear con cada mueble que era obligado a abandonar la casa.

Entonces pensó que, tal vez debería mudarse nuevamente, y a un lugar pequeño, tanto como el departamento donde había nacido y vivido los primeros años de su vida, donde «parar la olla» no era cosa fácil, pero su madre se las ingeniaba para que nada les faltara y de hecho nunca le faltó nada, sin embargo Catalina podía oler la falta de dinero, la necesidad y la angustia de su madre.

- Señores por favor, no comiencen con los muebles.

- Nosotros venimos con la ley en la mano a cumplirla. Decía el hombre de las botas negras, mostrando un papel sellado.

Catalina se preguntó durante largo tiempo qué era la ley ¿Algo con lo cual se despoja a la gente de sus bienes preciados?

Todos los objetos más bellos de la casa eran subidos al camión, con apuro y sin cuidado.

La deuda de juego de su padre era tan grande que dejó a la casa casi vacía.

El recuerdo de su infancia asociado a la falta de dinero, que mayor angustia le causaba era cuando iba a la librería. No poder comprarse ese cuaderno con forro «papel araña color rosa de tapas duras» que tanto le gustaba o el lápiz con «goma en la punta», porque no quería causarle dolor a su madre con ningún pedido, así que había aprendido a callar sus deseos y morderse los labios antes de entrar a un negocio, mirando para abajo para que su madre no la vea deseosa de nada. Lo que ella no podía saber era que su madre sufría tanto como ella, al regresar a ese pequeño departamento, luego de cada paseo.

Y mientras recordaba, solía acariciar su paladar con la lengua, para reconocer que ya no había ampollas por la leche hirviendo de la merienda en el colegio de monjas.

Entre su infancia y su juventud había vivido toda clase de situación económica que le dejaron huellas. La opulencia le refregaba en la cara lo que no se había podido comprar en los años de sequía. Una espiral que parecía no terminar nunca.

Muchas décadas después sentada en un bar recordó ese día con una sonrisa vengativa:

- Pablo cubrí con papel de diario el jarrón de cristal grandote, que ese me lo llevo a mi casa.

- Se dice florero de cristal _ dijo Catalina al hombre alto de botas negras-

- Mirá nena, nada de esto es tuyo y ya me estoy cansando _ le aguijó al oído-

Catalina caminó hasta donde estaba el florero y le dio un puntapié, con tanta fuerza que hasta mucho tiempo después se encontraron los pedazos de cristal en el piso del living, dejando marcas indelebles en la madera por años.

Sonrió en el bar, sin saber por qué vino a su mente ese recuerdo, miró el reloj y llamó al mozo.

- Señora ¿Le sirvo lo de siempre?

- Sí por favor, café pero no se olvide que es con leche fría.

Silvia Stella, abogada



Me resulta tan difícil dar opinión sobre el dolor como sobre el amor. Son dos palabras a las que solo el que lo experimenta puede darle significado y dimensión. Cada persona sufre y ama a su manera.

Sin embargo me ha interesado siempre la consecuencia del dolor del alma. Como ese dolor emocional influye en nuestra vida.

El dolor físico, es un aviso que algo no anda bien en nuestro organismo, pero una vez superado lo olvidamos de alguna forma. Pasamos de pacientes a espectadores de nuestro dolor pasado.
Podemos describirlo con objetividad.

Con el dolor del alma sucede algo muy diferente. Basta recordarlo para volver a sufrirlo de la misma manera. Lo llevamos en el alma para siempre en toda su dimensión.
Me he preguntado muchas veces por que y para que el ser humano, la criatura más perfecta de la Creación, trae en su naturaleza esta reacción al dolor.

Sabemos que después de un gran sufrimiento, algo cambia en nosotros.

El Cristianismo nos dice que Dios mando su hijo a la tierra para que, através del doloroso sacrificio de la crucifixión y muerte, nos redima del pecado original y nos asegure la salvación del alma. La imitación de Cristo es el camino hacia la salvación del alma, nos dice la religión Católica. La aceptación del dolor, aun sin comprender. Pero inclusive en los que no creen, el dolor muchísimas veces abre una puerta a la creatividad, a la solidaridad, en muchos, en otros al resentimiento y venganza y aun en otros a un disfrute amoral de los placeres del momento. Pero en todos lleva a una construcción de vida. Una razón de vida, y eso no es poco!

Según la Psicología, el mayor dolor para una persona es la muerte súbita de un ser amado. Hay tantas reacciones a este dolor como personas que lo han sufrido.

Al nivel social creo que el Holocausto ejemplifica todos los posibles dolores del hombre.
Estos dolores también han provocado un fuerte encuentro con la espiritualidad en sus víctimas.

Elie Wiesel, luego de presenciar una masacre de niños en un campo de concentración, perdió la Fe en Dios. Imposible para el creer que un Dios todopoderoso y bueno pudiera permitir semejante monstruosidad. Pero fue justamente por esta espantosa experiencia que el encontró el camino hacia la solidaridad. Su lucha incansable en pos de la fraternidad universal, de la paz y la comprensión entre los hombres, le valió el Premio Nobel de la Paz.

Para Monseñor Lustiger la reacción ante el horror del campo de concentración fue diferente. El encontró en el Cristianismo la vía hacia la reconciliación con sus semejantes y con la vida. Aun cuando su conversión le provocó dos grandes dolores. Su padre juzgo su conversión como una traición a sus orígenes, y por otra parte los católicos lo miraron siempre con desconfianza.
Sin embargo es imposible hablar de dolor espiritual y psicológico, sin evocar esa gran arma de capitalizaron que conlleva y que se conoce como resiliencia. Entiendo como resiliencia, la capacidad y la fuerza de convertir un hecho doloroso, en una experiencia enriquecedora.

Pero este es otro tema consecuente.

Monica de Vitton



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