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"Tentación de poeta".

En el próximo número, mis otros artículos sobre "el tiempo" serán traducidos.

Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti



Entre las mundanas cosas a las que nos somete la vida, el paso del tiempo se encarna como un tirano implacable, incapaz de detener su marcha. Cual bólido celeste, arrastra todo a su paso, y desde lo inerte a lo más vivo, toca y desgrana en su misión aniquiladora.

Cualquier poeta podría explicar de un modo semejante el efecto del tiempo sobre todas las cosas. Todo lo que existe está sometido al tiempo y es verdad que nada escapa de él. Podríamos personificarlo con la muerte que avanza sobre todo lo que vive y porqué no también, sobre lo inerte, porque también las piedras se transforman y mueren a su forma original para pasar a ser otra cosa diferente (pequeñas piedras o bien polvo para ser desparramado por el viento).

Una visión que aparenta ser realista es la de pensar que todo envejece y muere. Desde cierta perspectiva no puede oponerse ningún argumento válido que refute este proceso.

Pero me gustaría contraponer a este concepto implacable una visión un poco más optimista.

Si apreciamos que las piedras con el tiempo se desgranan y se "mueren" podemos ver también que en realidad no mueren del todo sino que se transforman. Tal vez podríamos inferir, a partir de este hecho, que nada muere sino que todo se transforma. "Nada se pierde: todo se transforma" es un predicado fuerte de la física.

Pero además de hipotético, ésta última, es una formula que no mejora la situación en las que nos pone el tiempo, respecto al cuerpo, y a las cosas que nos rodean. Nada en un determinado estado específico es eterno.

Pero ¿que pasa con la mente humana, con las cualidades humanas que nos hacen vivir y hacer cosas maravillosas, como también deplorables?

El paso del tiempo en algunos espíritus genera crecimiento, experiencia y la capacidad para vivir mejor, más sabiamente.

En otras personas genera lo contrario, más maldad y destrucción.

El libre albedrío humano en este aspecto se cumple y parece no ser afectado en mayor medida por el tiempo. Puede haber un humano muy viejo de cuerpo pero con la maldad muy fuerte.

Si la vida nos hace cada día más sabios, bien en la bondad o en la maldad, es de suponer que eso se transforma en algo diferente cuando el tiempo de transformación llega.

Si todo se transforma, y tenemos en cuenta que el poder del pensamiento es muy grande, ya que es la base con la que generamos acciones, cuando nuestro paso por el mundo llega a su fin, podemos llegar a inferir que ese pensamiento o saber, también se convierte a algo diferente, con otras cualidades.

Sería interesante analizar el avance o retroceso de la humanidad teniendo en cuenta los pensamientos que generamos. Tal vez es difícil pensar en cuestiones de este tipo, pero también es lógico creer que cuando hay una fuerza imperante de pensamiento (por ejemplo la violencia en la que vivimos, o bien las ansias de poder o de dinero), se generan actitudes o culturas que tienen como antecedente las formas mentales (de pensamiento) que le dieron origen. Se dice que el que siembra trigo, cosecha trigo y el que siembra vientos cosecha tempestades…

El tiempo, tiene consecuencias reales sobre las culturas, el mundo físico o bien nuestro cuerpo y nuestras almas.

El tiempo es la variable que menos podemos controlar, pero si prever en nuestros planes de vida.

Si hacemos estrategias para vivir plenamente, y con fines específicos, en cierto modo estaríamos desafiando al gran tirano.

Puede parecer poco, contra un gran poder, pero cuando llegue el tiempo de transformación tal vez nos encontremos beneficiados con ésta.

Vale la pena abstraer un poco, con lógica, para impulsarnos a llevar una vida sabia, que no tema el paso del tiempo, y lo aproveche a favor propio, para vivir más plenamente y feliz.

Licenciado Alejandro Giosa



H. P. Blavatsky dijo que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad.

Coincido con ella y con el criterio de que se trata de un concepto social, sin existencia real.

Sin embargo, sí existe la evolución de los astros en el cielo y la sucesión de las estaciones.

El tiempo que surge de las agujas de nuestro reloj, destinado a que estemos temprano en todo y a generarnos más stress del necesario, es un factor relacionado con la explotación de los recursos humanos, la cual necesita de una coordinación extrema para lograr una mayor producción.

El tiempo de las estaciones, las evoluciones de la Luna y el Sol, de la nieve y la tibieza, en cambio, está relacionado con acontecimientos naturales de los cuales nos hemos alejado, hasta casi olvidarlos.

Para producir más, hemos convertido todas nuestras horas en segmentos iguales y predecibles, y las de descanso en momentos de recapitulación y planeamiento.

El devenir psíquico, en cambio, carece de un fundamento de medición. Paradójicamente, los malos momentos siguen pareciendo eternos y los buenos, demasiado fugaces.

Al tiempo envasado en instantes repetitivos lo llamamos monotonía.

Y la monotonía es el fundamento de nuestra existencia actual.

No hay estaciones, ni descanso, ni diversión que no estén ligados al consumo.

En el modo imperialista de vivir, es necesario un orden impuesto por las exigencias de la producción, en el cual el manejo del tiempo juega un papel de vital importancia.

Este modo, sin embargo, produce, como consecuencia, el estancamiento de la vida personal, con la consiguiente pérdida de entusiasmo y vitalidad.

La motivación, entonces, se traslada a los objetos de consumo y estos se convierten en metas de la propia existencia individual.

La gente enferma. Los corazones y las mentes se trastocan y alejan de sus funciones naturales.

Queremos resolver muchos problemas que, en sí mismos, no son enfermedades, sino reacciones ante una forma de vivir errónea.

Los desórdenes emocionales y hasta el cáncer son parte de una protesta silenciosa que parte del interior de nuestras vidas.

Lo sabemos y, al mismo tiempo, lo ignoramos.

Cemento y zapatos con suela de goma. Para alejarnos de la tierra.

Relojes y gabardinas, para alejarnos de la eternidad.

Teléfonos celulares para comunicarnos a la distancia evitando el trato personalizado.

Las civilizaciones antiguas utilizaron diferentes formas de medir el tiempo. Algunas tenían calendarios solares, otros lunares.

La cultura celta, origen de la moderna cultura europea, utilizó una forma original. El año se dividía en 8 períodos de 45 días y uno corto de 5 días. Estos períodos estaban relacionados con las estaciones (solsticios y equinoccios) y los cambios que éstas imponían en la forma de vida. Los periodos productivos tenían sus festividades y el trabajo estaba relacionado con la siembra, el cuidado y la cosecha. En tanto, el invierno era una etapa de concentración y desarrollo espiritual, propicio para escuchar a los bardos y descansar.

El hombre estaba íntimamente ligado a la tierra y al tiempo (al verdadero tiempo dictado por la evolución de los astros) y, por lo tanto, era vital y creativo.

Muchos creen que los hombres de la antigüedad vivían poco menos que pobremente, hacinados en cuevas y aterrorizados por las circunstancias del medio ambiente.

Pero estos son temores inducidos por la moral imperial. Nuestros antepasados eran personas capaces de grandes tareas (como acumular rocas gigantes con técnicas inimaginadas) y de una sensibilidad tal que les permitía acceder a las verdades universales por simple empatía con ellas.

Eran fuertes, longevos, alegres y vitales. Y tenían tiempo para todo.

Casi toda nuestra medicina actual se basa en descubrimientos de aquellos hombres primitivos, a los cuales miramos desde la distancia con cierto desprecio.

Y sus obras arquitectónicas nos asombran aún en la actualidad.

Y creo entender que, una de las razones por las cuales ellos nos superaban es porque eran dueños de su tiempo, lo que equivale a decir que ERAN HOMBRES LIBRES.

Y es por esto que, desde la relativa seguridad de mi apartamento en San Juan, pienso en el círculo de rocas en Stonhenge y no puedo evitar cierta nostalgia de tiempos mejores, que, algún día, tendré el valor de recuperar.

Puerto Rico, noviembre del 2005
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
Juan Carlos Laborde



En estos tiempos de guerras, enfermedades, muerte, pobreza, corrupción, lo único que nos queda es luchar por un mundo mejor en donde estas desgracias no existan más y podamos empezar todo de nuevo.

Para que esto sea realidad tenemos que unirnos todos y pelear para que vengan tiempos de tranquilidad, no seamos egoístas, la felicidad no es solo estar bien uno con los seres queridos sino engloba al mundo en donde vivimos.

Si fuéramos más solidarios, tal vez tantas desgracias no pasarían porque ayudaríamos al que más necesita, no seriamos tan ciegos y veríamos que cada vez estamos más bien.

Yo sueño y deseo un tiempo de amor y paz, ustedes se preguntaran cómo. Es tan sencillo y hermoso que con solo imaginarlo daría todo para que la humanidad sienta lo mismo.

Sueño con un tiempo sin poderes viciosos en donde la corrupción perjudica a los demás y las autoridades se benefician, llenándose los bolsillos con lo que nos sacan. Prometen un país distinto pero tendríamos qué pregúntales a que le llaman diferente.

Sueño con un tiempo en donde las guerras que provocan muerte y más pobreza se conviertan en luchas de amor, caridad por los que más necesitan.

Sueño con un tiempo en que las personas enfermas puedan tener un lugar en donde se puedan curar, con mucho cariño. Y en donde las muertes producidas por desnutrición, el HIV, cólera, meninigitis, etc. puedan prevenirse, pero para esto no se necesita solo campañas sino que les faciliten los medios, como salas donde tengan lo que se necesita para atender a una persona con estas enfermedades y les suministren lo que necesiten para vencer estos padecimientos o prevenirlos.

Tal vez ustedes sientan lo mismo porque aman la vida, aman que todos sean felices y buscan tiempos excelentes. Como cuando se espera el año nuevo, en que uno tiene expectativas tan fuertes como para que cambie todo para bien, para que sea mejor que el año que se esta dejando.

Mi propuesta es que nos unamos todos y que pongamos un granito de amor para que los tiempos que nos esperan sean mucho más lindos que los de ahora.

Prof. Carla Manrique



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